noviembre 15, 2014

La Música, metáfora temporal del pensamiento

La música, como todo lenguaje natural, constituye un modo de comunicación de nuestros afectos, esos que dicen cual trasunto insoslayable del quehacer subjetivo, sobre nuestros deseos y creencias, de nuestras ideas y pensamientos.
Como lenguaje, entonces, no es posible abordar lo musical, sino desde los distintos sistemas que componen la realidad subjetiva, ya que es una manifestación posible desde ella y por ella. Con esto quiero resaltar que el comportamiento musical involucra tres dominios: el biológico, el psíquico y el social.
En este artículo vamos a analizar, desde la Lógica Transcursiva (LT), los aspectos que hacen de la música una auténtica manifestación subjetiva de nuestro pensamiento, el que se lleva a ‘flor de piel’ cada vez que estamos escuchando, ejecutando o componiendo una pieza musical, ya sea ésta instrumental o cantada.

Cualquier manifestación artística, como expresión subjetiva de la creatividad tiene necesariamente, una matriz temporal que la respalda. Esto es así dado que las dimensiones que estructuran y funcionalizan la realidad subjetiva son de índole temporal. Es un error creer que, porque la forma musical es la única que en apariencia está ligada al tiempo, no puede ser comparada a ninguna de las otras formas artísticas (pictóricas, literarias, arquitectónicas, etc.). Error que deriva de confundir la formalización musical (una convención) con la verdadera estructura y función musical, que no dista en absoluto, a las que se ponen en juego cuando, por ejemplo, alguien escribe una novela o pinta un cuadro. Lo mismo ocurre cuando se confunde lenguaje natural con lenguaje convencional.

“La creatividad es una cuestión de tiempo.”

Lo que acabamos de afirmar tan enfáticamente tiene su base en la estructura y funcionamiento de nuestra psiquis, y por ende, del SNC que la sostiene.
La realidad subjetiva puede entenderse como la ‘semiósfera ’ que se despliega entre cuatro dimensiones: 1D) el qué o lo estructural, 2D) el cómo o lo funcional, 3D) el cuándo o lo dinámico, y 4D) el porqué o lo que trasciende la frontera de lo sensible. Estas cuatro dimensiones y sus interrelaciones constituyen el lenguaje universal que engarza la realidad subjetiva toda.
¿Por qué decimos que estas dimensiones son temporales?
La respuesta a la pregunta anterior es sencilla - porque nuestra psiquis está dispuesta y funciona de esa manera y el SNC en donde reside, también. Dado que ‘realidad subjetiva’ es otra manera de decir ‘experiencia de vida’; el sujeto, esto es, todos nosotros como seres vivos que somos, percibimos, comprendemos y elaboramos respuestas adecuadas a las exigencias del medio, ajustándonos a esta modalidad del manejo del tiempo. Dicho de otra manera, la estructura y el funcionamiento de nuestra psiquis son quienes les otorgan la ‘propiedad temporal’ a la realidad y sus dimensiones.
De la confluencia de las dimensiones mencionadas surgen los ‘sistemas reales’ que no son otra cosa que las estructuras que definen el universo semiótico y que emergen de la interrelación compleja (opuesta, complementaria y simultánea) que mantienen sujeto (S) y objeto (O) a través de un cambio o transformación. (Figura 1)

Fig. 1 SEMIÓSFERA O UNIVERSO SEMIÓTICO
Referencias: S = sujeto - V = cambio aparente - O = objeto - ⊽ = cambio oculto
U. = unidad - SBE = sistema bio-externo - SPI = sistema psico-interno - SSC = sistema socio-cultural
1,2, 3, 4 = dimensiones