agosto 24, 2016

Nace un modo de pensar

Como preludio al siglo que nos regaló un sinfín de laberintos, heresiarcas, tigres, compadritos, bibliotecas, traidores, espejos, talismanes, premoniciones, filología, sueños, ...; nace en un Buenos Aires distante, quien nos enseñó del murmullo particular del empedrado cuando se lo sabe inquirir.

Nace quien, en ese mismo Buenos Aires, se permitió inventar, no solo un abstracto teorema literario, sino una inquietud metódica y audaz por los entresijos del relato.

Nace, en fin, quien de una forma distinta aunque rigurosa, en ese Buenos Aires, decide llevarnos de la mano en pos de aquilatar la expresión misma, no solo como una determinada fijación en palabras de razonamientos o imaginaciones, sino como una manera muy inteligente de eludir acechanzas e inventar en nosotros un espíritu alerta, pronto a tratar con el mayor desparpajo, cuestiones de índole verbal, gramatical o metafísica.
Un día como hoy, pero de 1899, nace un modo de pensar...

(Fuente: "Borges, enigma y clave", M. Tamayo - A. Ruiz Díaz, 1955)