mayo 25, 2015

Nos ha dejado una mente brillante

El título de este artículo, nada original por cierto, ya que debe ser casi idéntico a cientos de publicaciones de todo el mundo, no deja de ser intensa y dolorosamente verdadero.

Ayer me enteré por las noticias que dejó de existir, junto a su esposa, como consecuencia del accidente de tránsito en el que estuvo involucrado el taxi en el que se trasladaban; John Forbes Nash tenía 86 años.

Mi contacto con sus ideas, más allá del tenue panorama que se pinta en la película de Ron Howard, que por supuesto he visto ya varias veces y la seguiré viendo muchas más, surge cuando escribí en el capítulo 4 de mi libro PSIQUIS - Estructura y Función (que puede ser descargado desde este sitio), sobre la Filogénesis del aparato psíquico, y en donde propongo sustentado, en parte, en las ideas de Freud, sobre la injerencia de la figura del padre ancestral en la herencia de ciertos patrones relacionales (facilitaciones heredadas de Freud), como son: el principio de displacer, considerar propio lo satisfactorio, la tendencia al orden desde el desorden, la necesidad de identificaciones basadas en un desequilibrio estable, entre otros.

Alguno de estos patrones filogenéticos aparecen luego que en la especie desaparece en forma real o figurada el sistema del padre original y se redistribuyen los vínculos, aunque, bajo la luz de su ausencia se producen los múltiples cambios, leyes y convenios que generan la compleja tendencia a lo social con sustento en lo tradicional o en la herencia social.

Esta diferencia entre el sistema ancestral y el actual cumple, de alguna manera, con la ley del equilibrio de Nash. Nash, en 1950 define los juegos no cooperativos, en su tesis doctoral, lo cual se contrapone con lo establecido por la teoría clásica de los juegos, en donde se analizan las distintas condiciones entre jugadores hipotéticos con el fin de cooperar entre todos para lograr mejores resultados. Nash establece que en los juegos puede haber ausencia de cooperación por lo que cada jugador actúa independientemente y en forma simultánea con los demás, lo cual predice una acción que no es racional. Describe en su teoría una serie de puntos de equilibrio que constituyen el conjunto de todos los pares de 'buenas estrategias' que se dan en oposición; estos puntos de equilibrio se pueden calcular mediante una 'inducción inversa', o algo similar a una abducción, con lo cual podemos afirmar que el 'equilibrio de Nash' responde al lenguaje universal propuesto por la Lógica Transcursiva, o la herramienta y método de investigación de los fenómenos subjetivos.

Les dejo una réplica de la Tesis Doctoral de Nash, que presenta algunos detalles no técnicos dignos de destacar. Son solo 32 hojas escritas a máquina, con todos los símbolos matemáticos hechos a mano y solo dos referencias bibliográficas: una al libro de von Neumann (el padre de la teoría de juegos) y otra a un trabajo suyo, de menos de 30 renglones, en donde propone su 'equilibrio' y que fuera publicado muy poco antes, en el Proc. N. A. S, 36 (1950). Como vemos, no siempre cantidad es sinónimo de calidad, ni pulcritud sinónimo de excelencia.

mayo 19, 2015

Solitario

Siento que camino y sin embargo no escucho mis pasos.
Siento que me hablas y sin embargo no te veo.
Percibo la luz de la luna y sin embargo no a mi sombra.
Nadie me sigue, y no voy en busca de nadie.

Me gana la ansiedad de lo infinito y de lo desconocido.
Me señala la desesperanza y me asedia tu recuerdo.
Persiguiendo el desconsuelo me hundo en la noche.
Solo me acompaña mi soledad.

Nada quedó de la luz que irradiabas cuando te conocí.
La frescura de tu sonrisa se esfumó entre mis pensamientos.
Tus ojos claros me negaron una vez más su mensaje.
Tus manos, nunca más me regalaron su húmeda pasión.

La lluvia ya no te trae en el aire, desde donde estés.
La brisa ni se acuerda de tu pelo alborotado y suave.
Tus caléndulas recuperaron sus pétalos, porque ya no me quieres.
Mis golondrinas ya no migran en busca de tu calor.

Qué poco duró ese amor que se decía eterno.
Qué tenue y sutil la diferencia entre lo propio y lo ajeno.
Me parece lejana y extraña tu sonrisa y tu voz.
Si hasta los amaneceres se hacen perezosos sin tu presencia.

¿Consuelo? No hay consuelo si no te tengo a mi lado.
¿Esperanza? No hay esperanza si tus palabras están distantes.
¿Resignación? No hay resignación para un corazón transido.
¡Soy nuevamente un solitario! Alguien que dejó de serlo solo cuando te conocí.

mayo 06, 2015

El preferido de la familia

Sigmund Freud nació a las 6.30 de la tarde del 6 de mayo de 1856, en la calle Schlossergasse Nº 117, en Freiberg, Moravia. Fue el mayor de seis hijos vivos - entre su único hermano y él había diez años de diferencia y cinco hermanas, y la familia depositó en él todas las esperanzas, esas grandes ilusiones que las familias judías se complacen en forjar con respecto a sus hijos varones. La obligación de triunfar que le había impuesto su familia y su cultura, venía reforzada por el modelo de ética propuesto por una educación tradicional.

Ante estas circunstancias, y teniendo en cuenta lo que significaban los griegos y romanos notables para la mentalidad europea de aquel entonces, sus fantasías infantiles de fama militar (imaginando convertirse en Aníbal, el gran enemigo semita del Estado romano), fueron sustituidas por la aspiración a convertirse en un héroe cultural, cuando se imaginaba que algún día su retrato tendría un lugar de honor en el Aula de la Universidad, la inscripción que consideraba más apropiada era el verso de Edipo Rey: "A quien resolvió el enigma de la Esfinge, y fue el hombre más poderoso."

Sin dudas su premonición se cumplió. Cuando se dio cuenta que las historias de sus pacientes sobre violaciones sexuales que habían sufrido en su niñez eran falsas, y que su primitiva teoría basada en esos relatos tenía que ser abandonada. Su aguda inteligencia le permitió descubrir que no era posible que todos sus pacientes incurrieran en la misma mentira, por lo que las llamó fantasías, lo cual le permitió hallar una explicación y elaborar la teoría de la sexualidad infantil que lo condujo a su más trascendental descubrimiento: el inconsciente.

Fuente: "Vida y obra de Sigmund Freud" de Ernest Jones.