abril 30, 2014

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 200)

Cuaderno IX (páginas 1201 a 1206)

(En el capítulo número 200 de esta aventura diaria (casi no puedo creerlo), continuamos con Lingüística Teórica. Hoy veremos la tercera y última parte del Estructuralismo)

3. Corrientes y escuelas estructuralistas

De un modo muy esquemático se resume a continuación las distintas corrientes con sus respectivas tendencias y se puntualizan sus integrantes más notorios con sus aportes más salientes.

Cabe destacar que el estructuralismo, basados en lo que se dijo anteriormente, sintetiza y dispone las bases de lo que ya estaba en el ambiente y que de alguna manera, en mayor o menor medida, tiñe todas las corrientes posteriores hasta la actualidad. Por más que haya pasado bastante tiempo desde su auge y las tendencias actuales no se reconozcan como herederas del estructuralismo, tienen en sus bases el estigma de un método de análisis y de observación que hizo posible el estudio del lenguaje, bajo un enfoque científico.

El estructuralismo fue conocido como dos corrientes generales: la europea y la norteamericana.

3.1 El estructuralismo europeo (lingüística analítica)

Escuela de Ginebra: La continuada por los alumnos de Saussure que, paradójicamente, no respeta la dicotomía medular propuesta por su maestro ya que se dedican básicamente al análisis del lenguaje literario. Sus representantes fundamentales: Ch. Bally y A. Séchehaye que fueron por otra parte, quienes redactaron el Curso de lingüística general.

Escuela de Praga: Señala la necesidad de considerar la lengua como un sistema funcional (funcionalismo) cuya finalidad es la realización de las intenciones de los hablantes para expresarse y comunicarse. Tratan de superar la tajante separación entre lo diacrónico y lo sincrónico. Consideran primordial el estudio fonético y fonológico del sistema considerado. Fueron los que mejor aplicaron el concepto de sistema elaborado por Saussure (Cf. p. 8). Sus principales exponentes N. Trubetzloy, R. Jakobson, S. Karcevski, A. Martinet, K. Bühler.

Escuela Danesa: Radicaliza la postura saussereana a través de la creación de una nueva teoría, la Glosemática, acentuando el formalismo. Se ve la necesidad de crear esta nueva teoría para que dé cuenta de todas las lenguas naturales, de una manera independiente de toda experiencia. La descripción lingüística, que ha de ser coherente, exhaustiva y tan simple como sea posible, rebasa los límites de la clasificación y distribución de los elementos para llegar a ser una ciencia exacta, sistemática y generalizadora. Siguiendo a Saussure, distingue entre el sistema (la lengua) y el proceso (la realización del sistema), que se manifiesta en el texto, susceptible de ser segmentado en partes, divisibles a su vez en otras de menor extensión, hasta llegar a la exhaustividad, que es uno de los principios del análisis. Gracias a este análisis, realizado de acuerdo con los principios expuestos en la teoría, será posible dar cuenta de los restantes textos de la misma lengua y predecir la estructura de todos los que sean teóricamente posibles. Sus representantes: L. Hjemslev ( su creador), H. Uldall, Lier, V. Brøndal.

3.2 Estructuralismo Norteamericano (lingüística descriptiva)

La lingüística estructural, aunque nacida en Europa, rebasa los límites de este continente y se desarrolla en Estados Unidos con bastante independencia, en virtud de unos hechos específicos: la necesidad de estudiar un gran número de lenguas indígenas, carentes de tradición escrita, y la aparición de una corriente de base psicológica conductista. Los objetivos del estudio lingüístico son muy similares a los de otras corrientes estructuralistas -descripción de una lengua, clasificación de sus elementos y relaciones-, pero la necesidad de recurrir únicamente a los datos observables para estudiar lenguas complejas y poco conocidas dio lugar a métodos rigurosos de análisis de carácter inductivo, denominados genéricamente descriptivismo.

Dos escuelas representan esta corriente:

Mentalista: Con un enfoque de carácter psicológico y etnolingüístico. Se concibe la lengua como un sistema de símbolos y enfocado desde la sociología y la psicología, considerándola como un condicionante de la visión que se tiene del mundo. Da origen al determinismo y relativismo lingüístico. Sus representantes: E. Sapir, B. Whorf, F. Boas.

Distribucionalismo: Concepción mecanicista del lenguaje con marcada tendencia descriptiva. Sus integrantes: L. Bloomfield, B. Bloch, Fries, Gleason, G. Trager, Ch. Hockett, Z. Harris.
Leonard Bloomfield (padre del distribucionalismo): según su postura para describir una lengua no es preciso ningún conocimiento histórico; las relaciones de una lengua con otra diferente entorpecen su descripción, ya que pueden inducir a creer que ciertos rasgos deben ser universales (concepción muy semejante a la de Saussure). Las similitudes y divergencias entre lenguas deben abordarse una vez hecha la descripción adecuada de cada una, sólo así el estudio será inductivo y no especulativo. «Las únicas generalizaciones útiles que se pueden hacer sobre el lenguaje son generalizaciones inductivas». La teoría bloomfieldiana del lenguaje se basa en unos presupuestos conductistas, por los que sólo tiene en cuenta los estímulos y respuestas observables, desdeñando cualquier alusión a factores no físicos que considera no aprehensibles y el recurso a la introspección. Bloomfield propone el siguiente esquema:



A la lingüística le interesa el estudio de los hechos de habla (el segmento «r ... e» del diagrama), que pueden ser registrados para someterlos a un análisis, pero no tiene posibilidades de hacer un estudio científico del significado, porque entiende Bloomfield que el significado es «la situación en que el hablante emite una forma lingüística y la respuesta que suscita en el oyente». Para conocer el conjunto de estímulos y condiciones del hablante y la situación y respuestas del oyente, se requeriría un conocimiento universal; de ahí que sea imposible un tratamiento científico del significado. El sistema de descripción lingüística utilizado por Bloomfield es el distribucionalismo, que consiste en la descripción de los elementos en relación con las estructuras y contextos según los cuales se organizan y combinan (distribución) hasta llegar a los elementos mínimos no analizables. Este análisis de constituyentes inmediatos, que tanta fortuna haría entre sus seguidores, es extraordinariamente riguroso, pero a la vez insuficiente, porque como él mismo reconoce todos los enunciados pueden ser descritos plenamente en términos de formas léxicas y gramaticales; sólo el significado no puede ser descrito en términos de la ciencia del lenguaje. Son herencia de esta escuela, los conceptos de: corpus, análisis en constituyentes inmediatos (cajas vacías). Este último permite la ubicación o distribución en clases de las unidades identificadas en el análisis, guiado por los enunciados que están contenidos en el corpus. Entre las operaciones empleadas para el análisis están: segmentación, sustitución, reducción, expansión y reposición.

Zellig Harris: llevó la descripción de la lengua a su más alto grado de formalización, aplicando rigurosamente el método de Bloomfield. Esto le permitió demostrar los límites de esta teoría. Propuso la noción de transformación que explicaría la pertenencia de elementos de apariencia diferente a una misma clase de equivalencias; por esta razón puede considerarse el precursor de la gramática transformacional de Chomsky.

Bibliografía

Benveniste, E. (1966), Problemas de lingüística general, Siglo XXI, México 1973.
Ducrot, O. (1968), ¿Qué es el estructuralismo? El estructuralismo en lingüística, Losada, Bs.As. 1975
Köhler, W.; Koffka, K.; Sander, F. (1930), Psicología de la forma, Paidos, Bs. As. 1963.
Lévi-Strauss, C. (1967), Problemas del estructuralismo, Ed. Univ. de Córdoba, Cba. 1967.
Lévi-Strauss, C. y otros (1969), Introducción al estructuralismo, Nva. Visión, Bs. As. 1969.
Lévi-Strauss, C. (1974), Antropología estructural, Paidos, Barcelona 1987.
Piaget, J. (1968), El estructuralismo, Hyspamerica, Bs. As. 1985
Piaget, J. (1964), Seis estudios de psicología, Labor, Colombia 1995
Saussure, F., Curso de lingüística general, Planeta De Agostini, Barcelona 1985 (Curso)



25 de Setiembre de 2006                         DANTE SALATINO

[continuará ... ]

¡Nos vemos mañana!

abril 29, 2014

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 199)

Cuaderno IX (páginas 1195 a 1200)

(Continuamos con Lingüística Teórica, y la segunda parte sobre el Estructuralismo)

2.1 Teoría saussureana


2.1.1 La lengua y el habla

Sausurre basa su teoría en la oposición fundamental, que él mismo estableció en su obra, entre el concepto de lengua (langue) y el concepto de habla (parole). Esta es “la primera bifurcación” (Curso, p. 34).

Para él la lengua se distingue del lenguaje ya que éste es la facultad común a todos los hombres, aquélla es “producto social de la facultad del lenguaje” (ibid., p. 22). Entiende por lengua el producto específico de la facultad universal de hablar, tal como se lleva a cabo en una comunidad dada. La lengua es un producto social en el sentido durkheiniano: el individuo la registra, es decir, la adquiere, la aprende pasivamente.

Establece, como otras características propias de la lengua, que “es un todo en sí y un principio de clasificación” (p. 23), y por otro lado es “una cosa adquirida y convencional” (p. 23).

El habla por el contrario, la establece como un acto individual de voluntad y de inteligencia. Deja así establecido que, lengua y habla, son dos realidades bien distintas y Saussure encuentra prueba de ello, en ciertas afasias, en el curso de las cuales el enfermo conserva el manejo de la lengua (comprendiendo todos los mensajes recibidos), habiendo perdido no obstante, el uso del habla. El estudio de la lengua y del habla representa la ‘primera gran elección’, “hay que escoger entre dos caminos imposibles de tomar a un mismo tiempo” (p. 34). El habla es siempre un fenómeno secundario, subordinado a la lengua. [la Teoría final demostrará que esta imposibilidad no es tal]

La influencia del habla es teóricamente importante en lo que se refiere a la evolución del lenguaje; ya que, según entiende Saussure, toda innovación lingüística es en primer lugar individual.

Más allá de los antecedentes que puedan existir sobre esta división, la originalidad de Saussure está en el lugar central y en el carácter operatorio que le otorga a esta distinción. Además, al distinguir entre lengua y habla, al acentuar vigorosamente la primacía de la lengua, da fundamento a la distinción científica entre código y mensaje y delimita la noción científica de sistema lingüístico, que era un tanto vaga. Por otra parte, al insistir en el carácter subordinado del habla, de la realización fisiológica, de la fonética, se sitúa en el camino que conduce a la actual fonología.

2.1.2 Sincronía y diacronía

Saussure señala a ésta oposición, como la segunda bifurcación de la lingüística, la segunda gran ‘elección’ teórica, la segunda “encrucijada de rutas” (Curso, p. 120), después de la oposición lengua-habla.

La lingüística sincrónica estudia la lengua haciendo abstracción de la acción del tiempo sobre ella. Toma la lengua durante un lapso de tiempo lo más limitado posible, de manera que se la pueda considerar al margen de la evolución y del movimiento. Estudia la lengua respecto al ‘eje de las simultaneidades’; es decir, considera ‘estados de la lengua’ a los cuales también llama ‘equilibrios’; o sea, momentos inmóviles o tratados como tales, datados y circunscriptos en el tiempo (también la llama por esto, lingüística estática). En fin, “la lingüística sincrónica se ocupará de las relaciones lógicas y psicológicas que unen términos coexistentes y que forman sistema, tal como son percibidos por la misma conciencia colectiva” (p. 122).

La lingüística diacrónica estudia la lengua respecto al ‘eje de las sucesiones’. Su objeto es la acción del tiempo. Su dominio es el del cambio lingüístico, el de las fases sucesivas de la evolución de una lengua. (la llama también lingüística dinámica).

Para mostrar a la vez la autonomía y la interdependencia de lo sincrónico y de lo diacrónico, lo segundo lo asimila a un cuerpo y lo primero a su proyección geométrica.

Saussure intenta varios argumentos para justificar esta dicotomía, algunos con más suerte que otros. Ponemos en relieve, el que se considera el mejor de estos argumentos, aquel que es propiamente lingüístico: es preciso separar las dos lingüísticas porque para la masa de hablantes el aspecto sincrónico es la única realidad; porque para el sujeto hablante su sucesión en el tiempo es inexistente; y porque la intervención de la historia solo puede falsear su juicio.

2.1.3 Teoría del signo

El signo para Saussure: es arbitrario, diferencial, funciona en el marco de un sistema de valores y está constituido por una relación entre sustancia fónica e idea; lado material y lado conceptual del signo mismo (metáfora de las dos caras de una hoja de papel).

La tesis de lo arbitrario del signo se la debe a Whitney. Cuando habla de la relación que une al significante con el significado como de una ‘convención’ (Curso, p. 88) o de un ‘contrato’ (ibid., p. 91), lo que quiere expresar es que no existe ninguna relación interna entre el concepto representado y la cadena fónica que lo representa. Tilda a esta falta de relación como inmotivada. En contrapartida, aunque de una manera confusa pues usa el mismo fundamento para más de un concepto, lo motivado o aquello que responde a relaciones que llama naturales, entre significante y significado, lo caracteriza como símbolo.

El carácter diferencial lo establece al afirmar que el signo funciona por su presencia o su ausencia globales, como una unidad discreta (término no utilizado por Saussure; se lo toma prestado de las matemáticas por ser adecuado para representar exactamente el carácter diferencial) y no como una magnitud continua. Un signo es, uno determinado, por oposición a todos los demás. Esto es lo que Saussure afirma cuando dice: el signo es puramente negativo y diferencial. Lo diferencial tiene otra formulación saussureana correlativa: El signo es de naturaleza incorporal; lo que constituye la lengua es la relación que la mente establece entre los signos. La materia de estos signos, en sí misma, puede ser considerada como indiferente. Es por eso por lo que “la lengua es una forma < es decir, un conjunto de relaciones > y no una sustancia” (Curso, p. 139).

Finalmente, mencionamos la linealidad del signo saussureano que es considerado tan importante como la arbitrariedad. Con esto se quiere decir que el enunciado lingüístico – y el signo – se desarrolla en el tiempo, siguiendo la línea del tiempo. De ahí deduce consecuencias fundamentales para el funcionamiento de la lengua: dos unidades no pueden encontrarse nunca en el mismo punto de la cadena hablada; valen pues, por su sucesión, por su contraste en la cadena; y su posición en esta cadena puede ser siempre distintiva. Deja de esta manera señalada, una dirección para las investigaciones semiológicas, estableciendo la diferencia entre sistemas cuyos signos se articulan en el tiempo, como el lenguaje, y aquellos en que, como en los sistemas visuales, se organizan en el espacio, coexistiendo en diversas dimensiones.

2.1.4 Noción de sistema

En lingüística la noción de sistema es muy antigua. La podemos encontrar ya, en la segunda mitad del S.XVIII. En esta época, el término que procedía del vocabulario de filósofos y matemáticos, significaba todo conjunto de cosas que dependen unas de otras, todo compuesto de partes ligadas entre sí.

Saussure no introduce, ni la palabra ni la noción de sistema en lingüística. Pero, de un término esencialmente descriptivo y casi metafórico, hará un término operativo, con una posición central en la teoría del lenguaje.

Esta noción de sistema va madurando con el tiempo hasta que adquiere el sentido del conjunto de relaciones que definen, por oposición, a las unidades, en un estado de lengua dado, considerado sincrónicamente.

Es curioso que el fundador del estructuralismo, descarte como sinónimo de sistema, a la palabra estructura, por considerar a esta última ambigua inclusive para expresar lo que llamó la composición de la palabra. Sí usa como sinónimos, mecanismo y organismo. El primero muy del S.XVIII y el segundo muy humboldtiano (principios del S.XIX).

Dotado de una notable habilidad a la hora de hacerse entender y dejar claros sus conceptos, Saussure recurre en varias oportunidades a comparaciones; por ejemplo, el sistema con el juego de ajedrez (dejemos constancia que esta comparación le acarreó, por parte de los lingüistas posteriores, encendidas críticas, fundamentalmente porque fue mal interpretada). La lengua, decía, es un sistema que no conoce más que su orden propio y peculiar. Una comparación con el ajedrez lo hará comprender mejor… Aquí Saussure quería ilustrar el hecho de que el valor de las piezas (o de los signos lingüísticos) no depende ni de la forma ni la sustancia, sino únicamente de su ‘posición’; es decir, de las relaciones que mantienen entre sí (sus reglas de posición, su desplazamiento, su acción recíproca). El valor de las piezas depende de su posición en el tablero, del mismo modo que en la lengua cada término tiene un valor por oposición con todos los otros términos. Entonces, existe un sistema porque las unidades son diferentes, pero sólo en la medida en que estas diferencias las oponen para señalar valores distintos. Existe sistema porque todas estas relaciones de oposición son, por definición, interdependientes. De esta manera, queda incorporada la noción de valor, a la de sistema: “La lengua es un sistema de puros valores que nada determina fuera del estado momentáneo de sus términos” (Curso, p. 101).

La originalidad del concepto saussureano de sistema en lingüística se pone de manifiesto sobre todo en el hecho de que ya no designa clasificaciones de fenómenos considerados como dados por la naturaleza de las cosas: las vocales, las consonantes, los tiempos de verbo, etc., sino que se convierte en el instrumento generalizado de un análisis lingüístico unificado. Saussure no se limita a repetir la cosa obvia de que la lengua es un sistema en donde todo se relaciona. Se pregunta el por qué y el cómo de estas relaciones, lo que lleva al núcleo del funcionamiento del código lingüístico, mediante la elaboración de las nociones de diferencia, oposición, valor, sustancia y forma – nociones operativas sin las cuales, la noción de sistema no habría pasado de ser una clasificación más. Esta noción de sistema, que aunque bastante completa (a mi modesto juicio, le faltó algunas consideraciones sobre los aspectos organizativos propios de todo sistema), no fue bien interpretada y hubo que esperar hasta que Trubetzkoy y la Escuela de Praga le dieran su plena significación al aplicarla en la construcción de los sistemas fonológicos.

2.1.5 Relaciones sintagmáticas y asociativas

La lengua es un sistema, lo acabamos de ver. También vimos que este sistema es definido por los valores que asumen sus términos en un estado determinado y que en un estado cualquiera, todo se basa en relaciones. Saussure caracteriza a estas relaciones en dos esferas distintas que generan un cierto orden de valores que se oponen y que asigna sin más, a parte de nuestra actividad mental.

Por un lado están las relaciones dadas en el discurso que responden al carácter lineal de la lengua y cuyas unidades son los sintagmas (compuesto de dos o más términos, en donde uno de esos términos adquiere su valor en relación de oposición con el otro u otros constituyentes del sintagma). A estas relaciones las llama sintagmáticas.

Por otro lado, existen, al margen del discurso, aquellas palabras que al ofrecer algo en común, se asocian en la memoria y constituyen grupos de diversas características (dicho sea de paso, en este tipo de relaciones se inspiró Vanevar Bush para proponer una disposición de la profusa información producida por la ciencia en 1945, tarea que materializó y que bautizó como hipertexto, Theodor H. Nelson en 1965) y a las cuales bautizó como asociativas y les asignó un orden indeterminado (constante) y un número indefinido (variable).

2.1.6 Algunos comentarios

Sería una falta de comprensión y hasta un acto de mala fe, si no justipreciáramos el valor y los alcances de las tesis sausserianas, que entre otras cosas, proporcionan una solución al problema específico de la lingüística, a este problema que se plantea desde el momento mismo en que se considera el hecho de la expresión por medio de signos. La antinomia latente entre pensamiento y algo distinto de sí (el lenguaje) es tratada de diversas maneras antes de Saussure.

Los primeros lingüistas (comparatistas) en un principio, invocaban la imposición del espíritu sobre la materia fónica de que estaba hecha la lengua y la modelaba según sus fines; luego, al final de su historia, esto se invirtió.

La escuela neogramática no pasó de la superficie del fenómeno postulando solo que la idea de una perfección inicial, era una quimera y que la lengua es forzada entre dos influencias opuestas.

Todas las escuelas psicológicas, en su gran afán de explicar la lengua y el lenguaje como una función del espíritu, tienen una marcada tendencia a explicar todo haciendo desaparecer el elemento irreductible al pensamiento. Aquí aparece Saussure, y no solo recuerda que ese elemento existe, sino que proporciona una definición del mismo completamente nueva. No se trata de la concepción simplista de la materia opuesta al pensamiento – de hecho, los sonidos que emitimos no son en realidad materia, antes de ser actos del habla son ideas en la lengua. No se plantea la oposición de lo fisiológico y lo psíquico ya que, las funciones fisiológicas del órgano vocal, están al servicio de la mente. Es el valor arbitrario, el signo diferencial tal como debe surgir por la acción ciega de una colectividad, lo que se opone a la expresión racional, la cual, por más posible que sea, solo puede surgir del sujeto hablante y pertenece únicamente al habla.

Lo arbitrario, lo no material, lo neutro, lo que sin carácter propio recibe todo de afuera y sobre lo cual la mente no ejerce ninguna acción directa (conciente por lo menos), es según veo, un gran aporte; como lo fue también el presuponer un sistema en el elemento lingüístico.

Lleva a cabo dos tareas muy importantes para el futuro de la lingüística de su época: 1) segmenta el discurso en componentes sucesivos o simultáneos; 2) pensando que las combinaciones lingüísticas están constituidas a partir de una cantidad finita de elementos (aporte humboldtiano), trata de encontrar el mismo componente en distintas ocurrencias, aun en contextos distintos y hasta con distinto aspecto.

Postula que para analizar un enunciado no basta con considerar aisladamente o bien su aspecto fónico, o bien su significación. Ambos se presentan como realidades continuas, imposibles de separar como no sea artificialmente (un sistema en el elemento). Se coloca así en una perspectiva opuesta a Port-Royal. Las gramáticas generales plantean una estructura necesaria de la idea y es ésta, la que constituye la organización profunda del enunciado, modificada luego por transformaciones que la ocultan, aunque sin abolirla.

Para Saussure la idea en sí misma tiene que ser considerada como una nebulosa, una masa amorfa, tan amorfa como la materia fónica que la transporta. Por tanto la única forma de segmentación es tomando en cuenta el nexo establecido entre aspecto fónico y semántico. Compara este fenómeno con el encuentro entre una masa de agua y una masa de aire, que cuando se ponen en contacto, producen una serie de divisiones evidentes (por las olas). Esto mismo pasaría cuando se encuentran pensamiento y sonido: determinan una serie de divisiones que serían inexplicables analizando ambas sustancias por separado.

Con lo dicho anteriormente se pretende probar que la segmentación no está dada antes de la lengua y parece que tampoco con la lengua.

El problema del análisis segmentario lo resuelve (y he aquí otro de sus grandes aportes) a través de los sintagmas. Esto define una serie de estados lingüísticos los cuales, presuponen una organización interna, un orden propio. El sistema lingüístico en fin, no estaría constituido por un ensamble de elementos preexistentes; no es ordenar un conjunto dado en desorden. El descubrir los elementos y el sistema, es una única tarea.

La segunda tarea planteada más arriba, es sin lugar a dudas, la que más problemas le trae a Saussure. La identidad de una misma unidad en dos actos de habla distintos, trata de expresarla a través de lo que llama ‘valor’. Esto pretende probar que cada elemento, si se buscan los rasgos que son constantes en distintas apariciones, solo puede ser definido por referencia a otros elementos de la lengua.

Saussure se apoya en dos tipos de identidades, a las cuales podemos llamar: material y relacional, y que pretendían establecer la pronunciación y la significación de una palabra o enunciado en las distintas ocurrencias en las que se los podía reconocer. Aquí pasa algo similar a lo que ocurre en la segmentación de las frases. Hay una continuidad en los eventos fónicos y psicológicos: existe una imposibilidad (por lo menos por estos medios) de hallar en estos universos, fronteras naturales que separen exactamente lo fónico y lo semántico, ocultos por los significantes y significados, en un lenguaje determinado. Lo intenta desde lo fonológico, variando la pronunciación hasta que se provoca un cambio de sentido. Este método deja ver de nuevo, que está propuesta una organización de la lengua. Esto se comprueba porque , por ejemplo, si se consideran las ocurrencias de un solo signo, es imposible deducir de ellas el sentido y pronunciación de dicho signo. Esto obliga a definir ‘zonas fónicas y semánticas’ que solo terminan donde comienza el dominio de otro signo. A esto Saussure le llama ‘limitación negativa’; “un elemento lingüístico consiste en ser lo que no son otros” (Curso, p. 147).

Estas dificultades en la segmentación y en la identificación hacen caer en la conclusión de que sería imposible hablar de términos de una lengua sin admitir simultáneamente, un orden entre ellos. Esta idea, intuida quizás por Humboldt, marca, con la formulación de Saussure, una segunda etapa en la reflexión sobre la noción de estructura en lingüística. La primera que comenzó a fines del S.XVIII, afirmaba que la organización de una lengua es algo que le es propio, no basado en nada exterior. Saussure reivindica para esta organización, una realidad equivalente a los elementos.

Es fácil advertir que lo dificultoso de la segmentación y la identificación, está en la imposibilidad de su justificación fuera de la lengua. No es simple encontrar una estructura u organización lógico-psicológica tal que la lengua sea su fiel reproducción

Saussure dice que una lengua natural no es ‘etiquetar’ conceptos con valor universal. La realidad exterior no provee a la lengua ni las etiquetas ni las cosas a etiquetar. La lengua posee, según él, una arbitrariedad fundamental por lo que es imposible fundarla y comprenderla, a partir de algo distinto a ella misma.

Algunos aspectos derivados de este particular punto de vista:
No se ve la posibilidad de reconocer el análisis original que cada lengua hace de la experiencia humana. El solo hecho de tener que proveer de una determinada organización a los términos de una lengua para reconocerlos, no basta para definir el tipo de relaciones de tal organización.

Se basa en distintos principios de clasificación, según convenga. Sus ejemplos, que son muchos, tienen siempre ‘allanadas’ las dificultades esenciales inherentes a estos casos particulares. Es decir, parte de un conocimiento intuitivo y pre-científico de los verdaderos elementos y para justificarlo, invoca un sistema lingüístico. Plantea el problema, en donde ya está incluida la respuesta; por tanto, el camino a recorrer para llegar a ella, no es importante. El camino hacia la respuesta siempre es el mismo: reconocer un orden lingüístico autónomo. No se puede ‘contaminar’ con nada externo, de lo contrario, el sistema lingüístico se derrumba.

Es coherente plantearse que no basta con saber que existe una organización lingüística, sin la cual es imposible justificar las unidades; es necesario también saber en qué está basada tal organización; es decir, poder definir las unidades auténticas, si es que existen.

No obstante lo dicho, volvemos al comienzo. Estas observaciones no mellan, ni empañan siquiera, los aportes hechos por Saussure y en última instancia, estamos cuestionando una teoría basados en escritos que son simples apuntes de clases volcadas con el criterio de alumnos y no del maestro. Quizás, y esto nunca podremos saberlo, otra hubiera sido la historia si el curso de lingüística lo hubiera escrito de puño y letra, y su muerte prematura, no hubiera truncado las realizaciones de una mente brillante.

[continuará ... ]

¡Nos encontramos mañana!

abril 28, 2014

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 198)

Cuaderno IX (páginas 1189 a 1194)

(Continuamos con Lingüística Teórica. Hoy hablaremos sobre el Estructuralismo)

LINGÜÍSTICA TEORICA
UNIDAD 4
ESTRUCTURALISMO

1. El concepto de estructura

El término estructura reconoce su origen en la palabra latina structura, que a su vez, deriva del verbo struere, que significa construir. En un comienzo el término tiene un sentido ‘arquitectural’. Desde el S.XVII se amplia su significado y así, por un lado se lo vincula al hombre (el cuerpo del hombre se puede comparar a una construcción), y por otra con las realizaciones humanas, especialmente con el lenguaje.

Desde el primer momento y en forma simultánea, estructura significó: a) un conjunto; b) las partes constitutivas de este conjunto; c) las relaciones que ligan estas partes. Esto fundamenta la seducción que este término ha ejercido entre los anatomistas y gramáticos, y, a partir del S.XIX, entre todos los que se dedicaban a las ciencias exactas, de la naturaleza y a las del hombre (aunque en estas últimas, como extensión de las de la naturaleza).

Hacia 1930 el uso del término se generaliza en áreas como la lingüística, la economía, la psicología, la geografía física y humana, etc.

En definitiva, podemos decir que estructura es una ordenación de elementos según una ley que determina sus relaciones. Las características fundamentales de una estructura son, según las establece Piaget, la totalidad, las transformaciones y el autoajuste. Como totalidades, las estructuras son sistemas que no se originan por la simple acumulación de elementos, pero que a la vez, no es suficiente para definirlas el caracterizarlas como ‘algo más’ que la simple adición de sus componentes, sino como resultantes de las relaciones establecidas por su ley de composición. Las transformaciones definen también a las estructuras porque hay que entenderlas, debido a la ley que establece las relaciones entre elementos, como un sistema cuya actividad es estructurarse a sí mismo. (estructura estructurante). Son, en fin, una actividad autorreguladora, o sistema de auto ajuste, porque tal actividad de transformación no se orienta más que a producir nuevos elementos de la misma estructura y solo dentro de ella (estructura estructurada). Estas características no son solo aplicables al campo de la biología (homeostasis), sino que son también propias de diversas clases de estructuras, que pueden distinguirse en los distintos campos de las matemáticas (por ejemplo, el concepto de grupo), de la lógica (por ejemplo, ciertas estructuras lógicas fundamentales), de la psicología (sobre todo en la teoría de la Gestalt, o de la forma), de la lingüística (la lengua como sistema), de la etnología (estructuras elementales del parentesco), de la psiquiatría (Freud y Lacan), de la filosofía (Merleau-Ponty, Foucault, Deleuze, Derrida.), de la antropología (Malinowski), de la sociología (Radcliffe Brown, Parsons, Merton), de la crítica literaria (Barthes), del marxismo (Althusser).

En lingüística, si bien la idea de estructura se desarrolló hace poco más de dos siglos, si entendemos por estructura toda organización regular, entonces es tan antigua como el estudio de las lenguas.

Desde el principio se observó que cada lengua tenía una determinada organización y se clasificaron sus elementos en categorías. El más famoso de estos sistemas, es el de las partes del discurso (nombre, verbo, artículo, etc.). De igual forma se agruparon las palabras en proposiciones y estas, en frases.

En las gramáticas generales del S.XVIII se hace explícita la idea de que la construcción de la frase imita el orden del pensamiento, siguiendo las enseñanzas de Port-Royal.

Algunos lingüistas del S.XVIII, sin dudar que el lenguaje sea una representación del pensamiento, describen en las lenguas naturales una organización autónoma, independiente de lo que representan. Se comienza a considerar la descomposición de la palabra. El análisis que se hace de la palabra consiste en considerar algunas de ellas como complejas, derivadas o compuestas por palabras más simples o partículas elementales; lo que hoy se conoce como análisis en morfemas o monemas.

La palabra, ya en los S.XVII y XVIII, es considerada como la más pequeña unidad con significado propio.

A partir de fines del S.XIX y principios del S.XX, si bien se acepta que la palabra tiene una organización, esta no necesariamente debe representar lo empírico real o el pensamiento; además se descubre, que la palabra también tiene una organización interna arbitraria; sustento este, del concepto actual de estructura lingüística.

Cabe destacar aunque sea someramente, la figura de algunos estudiosos del lenguaje que cimentaron directa o indirectamente, la idea de estructura que se tiene desde Saussure. El principal, por la influencia que tuvo en la visión saussureana, es W. Humboldt cuyo pensamiento, a diferencia del de Port-Royal, trata de encontrar un tipo de construcción común a todas las lenguas que refleje fielmente el juicio.

Para los representantes de Port-Royal la lengua expresa el pensamiento asociado a las palabras y en el interior de estas, refleja su regularidad; en cambio, Humboldt propone que el principio organizativo de una lengua, por más arbitrario que sea, constituye la manera que tiene para cumplir con la función de representación. Este último criterio no prosperó (hasta que Saussure lo resucitara) debido al aplastante éxito que tuvo el descubrimiento de la transformación de las lenguas.

La otra línea de pensamiento que influyó sobre el concepto de estructura fue la que analizaba la transformación lingüística, la cual establecía que ésta no guardaba relación con la organización interna de una lengua.

En el S.XVIII la única forma que se vio como posible para demostrar el parentesco entre las lenguas fue, la semejanza entre determinadas palabras. A comienzos del S.XIX la analogía fonética entre signos gramaticales de dos lenguas, aunque éstas tuvieran vocabularios claramente distintos, es tomada como prueba decisiva de una relación genética; así, la comparación de las gramáticas ¿en qué sentido? pasa a ser un método seguro para demostrar los parentescos. Lingüística histórica y lingüística comparada pasan a ser, al menos por un tiempo, sinónimos.

Entre los comparatistas, Schleicher y Bopp, son los más notorios. Bopp recurre a distintos argumentos para demostrar el parentesco; inclusive, propone que la organización de una lengua, a los fines de poder compararla con otra, hasta puede ser disuelta y reconstruida luego, para demostrar sus relaciones. Schleicher en cambio, acepta que de alguna manera la organización sintáctica refleja la actividad intelectual, pero sufrida desde fuera; un efecto del pensamiento sobre el lenguaje y no una tendencia interna (del lenguaje) que trataría de representar el pensamiento. Consideraba el paralelismo entre la lengua y el pensamiento, como un hecho lingüístico al señalar la voluntad de imitar el pensamiento y no solo reproducirlo. Esta condición se daba únicamente cuando el paralelismo era, no solo sintáctico, sino también morfológico.

2. Estructuralismo lingüístico

Todo estructuralismo toma como punto de partida la existencia de realidades objetivas estructuradas. Representa la tendencia general a abandonar la separación rígida de lo dinámico y de lo estático, del movimiento y del reposo, así como el aislamiento del todo y de sus partes.

Según puntualiza Ducrot “con el nombre de estructuralismo se agrupan las ciencias del signo, de los sistemas de los signos”. Si bien esta caracterización es demasiado amplia, hay que aclarar que se refiere a los hechos que pasan por la lengua.

Básicamente se pueden considerar dos estructuralismos, aquel que representa una corriente metodológica y el lingüístico (que, de hecho, es la base de aquel).

El estructuralismo como metodología, ha marcado profundamente la orientación de las ciencias sociales y otros ámbitos de la cultura. Tuvo especial importancia en los años ‘60 y ‘70 del S.XX sobre la orientación de la lingüística, la etnología, la filosofía de la historia, la crítica literaria y la sociología, y ha sido un intento de dotar a las ciencias del hombre, de un método científico propio distinto del de las ciencias empíricas.

Hablar de estructuralismo lingüístico, es hablar de F. de Saussure como su fundador, aunque no haya llegado a utilizar el término estructura en sus cursos.

Muchos fueron los méritos del trabajo de Saussure pero, los que considero como verdaderos aportes, tienen que ver con el descubrimiento de los datos básicos sobre los que se debe fundar la lingüística, la naturaleza de las nociones del lenguaje y el modo que tiene éste de articularse. Por otro lado, y no menos importante, restableció un contacto orgánico y profundo entre la lógica y la lingüística. Crea una metodología de estudio y análisis cuando propone fundar científicamente una teoría de los signos en general (la semiología), y anticipándose a su tiempo, se muestra como un investigador preocupado por el trabajo interdisciplinario.

Antes de esbozar las aristas principales de la teoría saussureana , hay tres aspectos que como antecedentes, por ser claras influencias de su época o de sus predecesores, deben ser tenidos en cuenta para situarse adecuadamente en su encuadre. Por un lado, lo aceptado ampliamente como el sociologismo de Saussure que se define en relación a los conceptos de Durkheim , que le llegan a través de Meillet y los de Whitney. Hace profusa mención de que “el lenguaje es un hecho social” (Curso, p. 19), que “tiene un lado social” (ibid., p. 22). Habla del “hecho social de la lengua” (p. 26), del “lazo social que constituye la lengua” (p. 27), de las “fuerzas sociales que actúan sobre la lengua” (p. 99 ), la cual “no existe más que en virtud de una especie de contrato establecido entre los miembros de la comunidad” (p. 28), La lengua es “un producto de las fuerzas sociales” (p. 94); “contra toda apariencia, en ningún momento existe fuera del hecho social” (p. 97), “su naturaleza social es uno de sus caracteres internos” (p. 98); “la lengua es una institución social” (p. 113), que “forma cuerpo con la vida de la masa social” (p. 94).

Por otro lado, Saussure en su época asiste a una transformación de la psicología al rango de ciencia social (como oponiéndose a las pretensiones de autonomía de la sociología), y que se convierte en una proveedora de modelos teóricos. Este psicologismo saussureano se soporta en un par de aspectos: a) Saussure es ‘mentalista’ (según lo tilda Bloomfield); o sea, tiene la seguridad que le da la filosofía y la introspección, sobre lo que ocurre en el cerebro cuando pensamos. Explica los hechos del lenguaje por los hechos del pensamiento, que se dan por adquiridos; dice, por ejemplo “el signo lingüístico une no una cosa y un nombre, sino un concepto y una imagen acústica (ibid., p. 86). Emplea dos conceptos que escapan a la lingüística. “Un concepto dado, dice, desencadena en el cerebro una imagen acústica correspondiente” (p. 25). Es por esto por lo que declara también que “en el fondo todo es psicológico en la lengua” (p. 19) y que “el signo lingüístico es, pues, una entidad psicológica” (p.86). b) Junto al mentalismo de la época, el psicologismo saussureano se expresa también de otra forma, aquella según la cual “el lenguaje tiene un lado individual y un lado social; y no se puede concebir el uno sin el otro” (p. 22). Este insistir en el papel del individuo en la ‘ejecución’ del lenguaje lo conduce a la primera de sus dicotomías: oposición de los hechos de habla a los hechos de lengua (“El estudio del lenguaje comporta, pues, dos partes: la una, esencial, tiene por objeto la lengua, que es social en su esencia e independiente del individuo; la otra, secundaria, tiene por objeto la parte individual del lenguaje, es decir, el habla, incluida la fonación, y es psicofísica”, p.33).

Finalmente, y ya no dependiendo de su época sino de sus predecesores, hay que mencionar el ‘acusado gusto’ por la introducción de las matemáticas en lingüística. Si bien hace poca mención, por lo menos en el Curso, de las matemáticas como no sea la presentación de algunos hechos lingüísticos según ‘la fórmula de la cuarta proporcional’ (pp. 198, 200, 201, 202, 206), Saussure demuestra algebraicamente la existencia necesaria de un fonema indoeuropeo. Esto solo expresa que, adelantándose nuevamente a su época, el telón de fondo siempre fue el esperado o soñado encuentro entre lingüística, lógica y matemáticas.

[continuará ... ]

¡Nos vemos mañana!

abril 27, 2014

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 197)

Cuaderno IX (páginas 1183 a 1188)

(Continuamos con Lingüística Teórica, y en esta oportunidad, con la segunda y última parte sobre el Generativismo de Chomsky)

2. Teoría estándar (1965)

En 1965 publica "Aspectos de la teoría de la sintaxis" (Aspectos), que como él mismo dice en el prefacio “…es un estudio exploratorio de los varios problemas que han surgido en el curso de las investigaciones sobre gramática transformacional” (Aspectos, p. 3).

Por el hecho de plantear aquí cómo debe ser formulada esta teoría, se la conoce como teoría estándar.

En esta obra deja sentado una serie de conceptos, que si bien, en apariencia, no modifican nada sustancial de lo planteado en el modelo anterior, sí fijan posturas básicas desde un punto de vista metodológico. Así, aclara la distinción que él hace entre competencia (conocimiento que el hablante-oyente tiene de su lengua) y actuación (el uso real de la lengua en situaciones concretas). Deja bien establecido que, dado que solo en una situación ideal, la actuación es fiel reflejo de la competencia, entonces, el problema básico es determinar las reglas subyacentes a los datos de la actuación concreta. Forzosamente entonces, debe ser mentalista⁸ y no debe asignar a cada una de las infinitas oraciones una descripción estructural de cómo la entiende el hablante-oyente ideal, sino proporcionar un análisis explícito que no dependa de la inteligencia ni de la comprensión; o sea, una gramática generativa.

En suma, el uso lingüístico adecuado incorpora como base una gramática generativa que expresa el conocimiento de la lengua del hablante-oyente, pero que nada dice del funcionamiento de un modelo perceptual del oyente o un modelo productivo del hablante.

Junto a los conceptos anteriores están: el de aceptabilidad que asocia a la actuación y el de gramaticalidad que asocia a la competencia. De acuerdo con esto, por tanto, hay enunciados que tienen baja aceptabilidad y alta gramaticalidad o viceversa; en cualquier caso, es obvio que ambos aspectos son “cosa de grado”⁹ (Aspectos, p. 13)

Vuelve a rescatar lo creativo del lenguaje destacando la propiedad que éste tiene de proveer los medios para expresar infinitos pensamientos. Esta característica, para que se dé, necesita de una gramática universal (GU) que explique el aspecto creativo del uso lingüístico y muestre las regularidades profundas que no son evidentes en la gramática misma. Por supuesto, esta GU es innata (Aspectos, p. 8).

Analizando lo estrictamente gramatical, deja intacto el componente sintáctico que debe seguir especificando en una oración, una estructura latente (subyacente o profunda) que determina la interpretación semántica, y una estructura patente (superficial) que determina su interpretación fonética. Sin embargo, esto que es mencionado textualmente al comienzo de la obra (en preliminares metodológicos), constituye la diferencia sustancial con el modelo anterior como bien deja expresado en el capítulo 4 (algunos problemas residuales) en el párrafo dedicado a las fronteras de la sintaxis y la semántica. Aquí, con motivo del análisis de un ejemplo en donde acepta no disponer de ningún mecanismo que lo explique basándose en los rasgos léxicos o relaciones gramaticales de la estructura profunda, le hace asumir a la estructura superficial, si bien no todo, por lo menos en parte, la ‘responsabilidad semántica’ de la oración. Esto lo asocia también al grado de gramaticalidad y dará origen luego (1971), a lo que el mismo Chomsky llamó una teoría extendida.

En cuanto a las reglas transformacionales, las sigue conservando aunque con algunas diferencias; específicamente las facultativas generalizadas, las elimina (Aspectos, p. 127).

3. Teoría estándar extendida

En el artículo “Deep structure, surface structure and semantic interpretation” (1971), Chomsky modifica la teoría estándar en un aspecto clave: la interpretación semántica. Ahora se hace definitivo lo esbozado en la teoría estándar (ver más arriba) de quitarle a la estructura profunda el monopolio de la información necesaria para la interpretación semántica. A partir de aquí, la interpretación será realizada también por la estructura superficial.

Las ‘cargas semánticas’ quedan ahora de la siguiente forma:

- En el nivel profundo, fuera de las significaciones léxicas, se definirán las relaciones funcionales (sujeto, objeto directo, etc.); esto se hará siguiendo reglas similares a las planteadas en la teoría estándar.
- En el nivel superficial, se analizarán la significación de los operadores ‘lógicos’ (cuantificadores, situación espacio-temporal, etc.). Aquí también se analizan tanto la entonación como el juego de acentuaciones a los que se les asigna una concreta indicación de sentido.

Esta ampliación constituye también un intento de explicación de la GU a través de la organización general de un sistema de reglas, según se muestra a continuación:



4. Modelo de principios y parámetros o modular (1985)

La multiplicación excesiva de las transformaciones que hacían la teoría prácticamente inmanejable, y, la exigencia que se le imprimía a la misma sobre explicaciones de la adquisición del lenguaje, desembocaron en la publicación de "El conocimiento del lenguaje" (1985) (Conocimiento) en donde se plantea un giro significativo de la gramática generativa. Éste pasa por el conocimiento del lenguaje al cual hace mención el título y que se transforma en el objeto de la investigación. Aquí plantea a la gramática generativa (GG) como un desplazamiento desde la conducta o los productos de la conducta a los estados de la mente/cerebro que integran la conducta.

Del conocimiento del lenguaje resalta tres aspectos fundamentales que representan los caminos que conducirán esta investigación y que quedan explicitados en el subtítulo del libro:
a) Naturaleza
b) Origen
c) Uso

La GG nos dirá sobre la naturaleza del conocimiento del lenguaje, ya que es una teoría que versa sobre el estado de la mente/cerebro del sujeto que conoce un lenguaje particular.

La GU nos dirá sobre cómo se adquiere este conocimiento del lenguaje, ya que es una teoría del estado inicial de la facultad lingüística, previo a toda experiencia.

Una teoría sobre la expresión del pensamiento, la comprensión y comunicación de una lengua, nos dirá en fin, sobre los usos del lenguaje (Conocimiento, p. 17).

Chomsky expresa que esta investigación es viable solo si se parte de al menos, dos supuestos (idealizaciones) básicos:

1) La existencia de una cierta propiedad de la mente (que llama P) que permita a una persona adquirir una lengua bajo condiciones particulares de experiencia. En esta situación, P (caracterizada por la GU), funciona como mecanismo de adquisición del lenguaje.
2) La propiedad de la mente descrita por la GU es característica de la especie (común a todos los seres humanos).

El hecho de considerar el lenguaje como una colección de acciones o formas lingüísticas, relacionadas con determinados significados o un sistema de sonidos asociado a un sistema de conceptos, es caracterizado por Chomsky como casos de una ‘lengua exteriorizada’ (lengua-E), en el sentido de que estos ‘constructos’ son concebidos independientemente de las propiedades de la mente/cerebro.

Como contrapartida debe existir, dice Chomsky, una ‘noción de estructura’ a la que llamó ‘lengua interiorizada’ (lengua-I) que constituya un elemento de la mente de la persona que conoce una lengua, que adquiere el que la aprende y que utiliza el hablante-oyente.

“Si se toma la lengua como la lengua-I, la gramática sería entonces una teoría de la lengua-I, el objeto que se investiga” (Conocimiento, p. 37).

Por consiguiente, la GU constituiría la teoría de las lenguas-I humanas, derivadas de la dotación biológica.

Queda argumentado en forma clara entonces, que el desplazamiento a que se hizo alusión anteriormente, se refiere al que se produce de pasar del estudio de la lengua-E al estudio de la lengua-I. De esta manera, una GG pretende averiguar lo que alguien sabe cuando sabe una lengua; o sea, qué aprendió de acuerdo con los principios innatos, y en donde la GU es una especificación de estos principios como un componente de la mente llamado ‘facultad lingüística’.

Hay un estado inicial común a toda la especie, que es esa facultad lingüística que se constituye en un sistema y cuya teoría es la GU. La experiencia faculta que este estado inicial pase a otro estado de relativa estabilidad y con modificaciones periféricas. Al involucrar la lingüística como objeto de estudio, la lengua-I y la GU (una con ubicuidad mental y la otra con sustento genético), pasa a formar parte de la psicología y aun de la biología.

En este panorama teórico, Chomsky, establece que la teoría de la GU debe cumplir con determinados requisitos. Por ejemplo:
- Ser compatible con las diversas gramáticas particulares.
- Pero a la vez, lo suficientemente restringida, como para explicar su desarrollo particular, con escasa experiencia.
- Debe expresar principios universales que sean capaces de restringir las clases de gramáticas posibles y los parámetros que se deben fijar con la experiencia.

Aparece así lo que le da sustento a la denominación a este modelo: los principios que son las reglas de la GU, y los parámetros que son la forma que adoptan aquellos principios.

Gramática modular

Frente al nuevo enfoque planteado, ya no se considera la GU como si aportara un formato para los sistemas de reglas, antes bien, se la contempla como formada por varios sistemas de principios; poseedora de una estructura modular similar a la que se describe en los sistemas cognitivos. Varios de estos principios están asociados con parámetros que se van fijando con la experiencia.

Estos sistemas autónomos o módulos, operan sobre los distintos niveles de la representación estructural.

En este modelo, el papel de las transformaciones es reducido. Está constituido por dos subsistemas: uno de las reglas y otro de los principios. El subsistemas de reglas encargado de las operaciones está integrado por la sintaxis con sus tres componentes: la base, las transformaciones y el léxico. Las relaciones con el subsistema de principios o teorías, se muestra en el gráfico siguiente:


En apretado resumen, la función de cada uno de los componentes del modelo sería: El léxico da la estructura morfológica y fonológica de un ítem léxico; también los rasgos sintácticos. La teoría de la X con barra especifica las reglas de estructura de frase de la GU. La EP equivale a la estructura profunda y es producida por el léxico y las reglas de estructura de frase. La regla Mueva α especifica las transformaciones (las que quedaron como lícitas) que se pueden aplicar a la EP para generar ES (equivalente a la estructura superficial). El componente fonético asigna a ES una forma fonética (FF) y el componente lógico, una forma lógica (FL – representación semántica). La teoría de los límites determina la extensión de una construcción sintáctica. La teoría de la rección especifica las relaciones entre núcleo sintáctico y sus modificaciones. La teoría θ determina los roles temáticos. La teoría del ligamiento apunta a las relaciones entre constituyentes y sus antecedentes. La teoría del caso produce la asignación de casos a los elementos fonéticos. La teoría de control determina el funcionamiento de las categorías vacías (huellas).

Aparentemente quiere expresar que es una lingüística teórica que usa datos de la actuación para la determinación de la competencia, que es el objeto primario de la investigación.
Esto es trascendente pues abandona el criterio tajante (todo o nada) de gramaticalidad postulado en su método inicial.


Bibliografía

Bronckart, J.P., (1977), Teorías del lenguaje, Herder, Barcelona – 1980.
Chomsky, N., (1965), Aspectos de la teoría de la sintaxis, Aguilar, Madrid -1971.
- (1966), Lingüística cartesiana, Gredos, Madrid – 1972.
- (1968), El lenguaje y el entendimiento, Planeta-De Agostini, Bs. As. -1992.
- (1975), Reflexiones sobre el lenguaje, Planeta-De Agostini, Barcelona – 1985.
- (1979), Teorías del lenguaje – Teorías del aprendizaje – El debate Piaget – Chomsky, Crítica, Barcelona – 1983.
- (1980), Reglas y representaciones, Fondo de Cultura Económica, México – 1983.
- (1985), El conocimiento del lenguaje – Su naturaleza, origen y uso, Alianza, Madrid – 1989.
- (1995), El programa minimalista, Alianza, Madrid – 1999.
Gil, J.M., (1999), Introducción a las teorías lingüísticas del siglo XX, Melusina – 2001.
Jespersen, O., (1924), The philosophy of grammar, George Allen & Unwin, London – 1958.

Mendoza, 23/8/2006                         Dante Salatino

[continuará ... ]

¡Nos encontramos mañana!

abril 26, 2014

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 196)

Cuaderno IX (páginas 1177 a 1182)

(Continuamos con Lingüística Teórica, hoy vamos a iniciar el estudio de la obra de Chomsky)

LINGÜÍSTICA TEÓRICA
UNIDAD 5
GENERATIVISMO

Como sinónimo de gramática contemporánea, la gramática generativa de Noam Chomsky constituye, desde hace casi 50 años, una modalidad de estudio del lenguaje que sumó numerosos adeptos en todo el mundo a tal punto, que se convirtió prácticamente en un dogma.

Abordar este movimiento exige necesariamente tener en cuenta dos aspectos fundamentales. Por un lado, el profuso desarrollo de estructuras asignadas al lenguaje con miras a describir, en última instancia, cuál es el proceso mental que hace el ‘milagro’ de posibilitar la comprensión de una lengua y así fundar el conocimiento; y por otro, los fundamentos filosóficos y epistemológicos en los que se basa tal desarrollo técnico.

Ambos aspectos mencionados representan las antípodas del Generativismo, o mejor, los dos polos no necesariamente opuestos, sino prácticamente disociados.

No se abordará en este trabajo el aspecto filosófico/epistemológico, que a mi juicio, es donde Chomsky es más creativo y agudo, sino la secuencia de planteos que fueron surgiendo a través del tiempo y que dieron sustento a un conjunto muy abundante de conceptos, de los cuales, algunos trataron de cambiar, oponiéndose al punto de vista que primaba en la época en que Chomsky hace su aparición; me refiero básicamente, al estructuralismo y sobre todo al norteamericano de la mano de la taxonomía de Bloomfield y que, tanto a la hora de definir el objeto de la lingüística, como de explicar la adquisición del lenguaje, tenía una marcada tendencia conductista derivada de Skiner. Esta postura disidente se conoce como ‘revolución chomskyana’, que quizás sea la única explicación de su descomunal éxito.

Tras haber estudiado en la Universidad de Pennsylvania con el lingüista Zellig Harris, Chomsky se doctora con la tesis ‘Análisis Transformacional’ en 1955 y ese mismo año, es nombrado profesor agregado del M.I.T. Su teoría, la formula por primera vez, en Estructuras Sintácticas de 1957, donde defiende que una teoría lingüística debe poder dar cuenta de la aptitud que todo hablante tiene para producir o para comprender oraciones que no conoce; se trata de un estudio de la competencia del emisor, que requiere la construcción de una gramática concebida como un mecanismo generador de las frases de una lengua.

Como toda teoría, la de Chomsky parte de una serie de presupuestos teóricos que dan sustento a su objetivo principal: construir un modelo formal, que dé cuenta de los principios y procesos según los cuales se construyen las frases en las lenguas particulares.

Para Chomsky, la creatividad, como principio rector, entendida como la capacidad de producir y comprender un número infinito de frases mediante un número finito de elementos,  deja en evidencia el verdadero comportamiento de todo ser humano frente al lenguaje. El hecho de que cada frase emitida o recibida, sea nueva cada vez, atestigua la necesidad de la existencia de un mecanismo (‘facultad del lenguaje’) que posibilite la producción de todas las frases posibles en una lengua determinada.

Para que el modelo pueda funcionar es condición básica que el análisis lingüístico determine la pertinencia gramatical (gramaticalidad) de un enunciado¹. Esta pertinencia debería decirnos si el enunciado que estoy considerando, pertenece o no a la lengua que estoy estudiando².

Apelar a un corpus como reservorio de todos los enunciados gramaticales, no es pertinente por el solo hecho de que la creatividad anteriormente aludida, produce un número infinito de ellos y pueden existir perfectamente, por una cuestión meramente combinatoria, enunciados gramaticales que están desprovistos de sentido. Como la óptica generativista reniega de hacer referencia al significado, queda como único criterio de gramaticalidad, la aceptación por parte del hablante. Chomsky habla aquí de una intuición (una pertinencia) de la gramaticalidad, aunque hace mención también de la buena o mala formación y de la identidad como elementos utilizados por el hablante para determinar si un enunciado es o no gramatical.

Habiendo determinado que un enunciado es gramatical, el sujeto debe elaborar un modelo o una gramática de la lengua. Este modelo no puede ser cualquiera, sino el mejor posible: la mejor gramática. Según Chomsky, esta elaboración no podía ser fruto del descubrimiento, como lo postulaban los estructuralistas (en especial Hjelmslev), ya que en definitiva, éste, se limitaba a generar gramáticas descriptivas y taxonómicas. Los criterios de evaluación de estos modelos se resumen en tres principales: adecuación a los datos (lo producido debe ser aceptable para el hablante), generalidad (la construcción gramatical debe ser independiente de la lengua estudiada) y simplicidad (característica de la complejidad interna del modelo propuesto).

Otro elemento fundamental en la teoría chomskyana es la noción de ambigüedad³. Utiliza esta noción para demostrar que la gramática sintagmática (de constituyentes inmediatos) es incapaz de discernir entre dos sentidos distintos de una misma frase a través de solo reglas de reescritura, por lo que propone la introducción de las reglas de transformación.

En resumen, para explicar el ‘mecanismo’ que subyace a la creatividad, se elabora un modelo o gramática. Esta gramática no es un inventario de las unidades lingüísticas extraídas de un corpus, sino que representará la ‘intuición de gramaticalidad’ del hablante. Chomsky califica a esta gramática de generativa en un sentido proyectivo (el análisis se hace extensivo a toda la lengua) y en un sentido explícito (en el sentido que se le da en matemáticas: hay generación de un número finito de reglas⁴).

Otros presupuestos teóricos incluyen:

Gramática universal y universal lingüístico: tratan de caracterizar propiedades comunes a todas las lenguas y un conjunto de principios lingüísticos que también las lenguas naturales comparten. La Gramática Universal sería una especie de ‘molde’ o ‘patrón’ lingüístico básico que tiene carácter genético (innato) y al cual se amoldarían todas las lenguas; mientras que el Universal Lingüístico, una serie de disposiciones que serían adoptadas de igual forma en cualquier lengua, dependiendo de la situación.

Estructura superficial y estructura profunda: La presencia de ambigüedad y la existencia de aparentes diferencias semánticas reconocidas por el hablante, lleva a Chomsky a postular la existencia de una organización sintáctica aparente (estructura superficial) y una organización sintáctica subyacente (estructura profunda). La solución a estos problemas estaba en estudiar el significado de los enunciados en la estructura profunda y no en la superficial, a  la cual le asigna el componente fonológico, como lo hacían los estructuralistas⁵.

Representación: Simbología que constituye el modo de denotar entidades (categorías gramaticales) o relaciones entre ellas.

Regla: Operación a realizarse sobre uno o más símbolos. Concepto que viene desde la gramática sintagmática y continúa en parte en las reglas de reescritura que también utiliza Chomsky, aunque, con una función modificada. Agrega a las anteriores, las reglas de inserción léxica, las de transformación, las semánticas, las de segmentalización y las de modificación fonológica.

Árbol sintagmático: representación gráfica que deja explícita las relaciones entre los elementos de la frase final y la jerarquía de tales relaciones⁶.

Distintos modelos de la gramática generativo-transformacional (GGT)

En los casi 40 años que separan Estructuras sintácticas de El programa minimalista, la teoría chomskyana ha sufrido una marcada modificación no solo de forma sino también de fondo como su mismo autor lo deja ver en ese último bastión de este andamiaje teórico. No obstante esta profunda alteración de los esquemas iniciales, es útil revisar al menos, en una forma esquemática, estas distintas modificaciones pues esto ayudará a justipreciar el total de la obra y vislumbrar de alguna manera, la serie de influencias que produjo en el desarrollo de las hoy conocidas como Ciencias Cognitivas.

1. Modelo estrictamente sintáctico (1957 – 1964)

Este modelo queda presentado en Estructuras sintácticas (1957) y complementado en “On the notion “Rule of Grammar” (1964) y en “A transformational approach of syntax” (1964).

El objetivo principal de este primer modelo es elaborar un mecanismo que explique la creatividad del sujeto hablante⁷. Este mecanismo será formal puro y contará con reglas absolutamente explícitas. Aquí sigue el método de Z. Harris pero establece que el análisis será estrictamente sintáctico. Adopta como unidad de análisis (como en los modelos sintagmáticos) la frase.

Veamos un ejemplo: Los niños juegan bien en este parque
Esta frase la podemos analizar linealmente: (el + plural)(niño + plural)(jugar + presente + 3ª persona + plural)(bien)(en)(este + singular + masculino).

Este tipo de análisis, fuera de caracterizar una serie de lexemas y morfemas, nada nos dice de la organización de la frase. Podemos analizar la frase mediante el método distribucional que procede desde la frase completa, por niveles, hasta llegar a las unidades gramaticales (constituyentes inmediatos). Así:





En reglas de reescritura sería:

a → b F es reescrito como S. Nominal y S. Predicativo
F → SN + S. Predicativo
b → c El SN es reescrito como Artículo y Nombre
SN → Art + N
c → d El S. Predicativo es reescrito como S. Verbal y S. Preposicional
S. Predicativo → SV + S.Prep … y así sucesivamente.

Este método da una idea de cierta organización en la disposición secuencial de la frase. Las reglas de reescritura se limitan a ser una forma más de expresar el análisis y de llegar a la conclusión de que la frase analizada es una frase real para obtener de ella un inventario de sus unidades. Chomsky toma estas reglas, pero modificándolas, no serán un método de inventario y certificación, sino, un modelo o representación de cualquier enunciado de la lengua. Un aporte significativo es el proponer la elaboración de un mecanismo formal que defina una gramática teórica y no una meramente descriptiva.

Veamos como funciona:
El niño juega en el patio.
El hermoso paisaje me emocionó.

En 1) el SN (sujeto) se describirá mediante la regla:
r1 --- SN → Art + N
En 2) mediante la regla:
r2 --- SN → Art + Adj + N

Ambas reglas se aplican a frases reales o sea, son sintagmáticas.

El método generativo consiste en proponer una regla única que sea capaz de analizar cualquier SN de una lengua. Esta regla será una de las etapas de generación de las distintas frases de dicha lengua. Un enfoque global como éste hace surgir la necesidad de definir componentes obligados, en este caso de un SN, y otros que serán facultativos (pueden o no estar).

Luego, la regla de reescritura en gramática generativa, podría ser:
SN → Art + (Adj) + N - el elemento entre ( ) es el facultativo

Chomsky les da a estas reglas, además, la función de inserción léxica, que consiste en la obtención de la frase real mediante la correlación de cada elemento del análisis, con el elemento léxico correspondiente (que en definitiva es una reescritura).

Un análisis de estas características, pronto encuentra importantes límites (complejidad creciente, imposibilidad de caracterizar algunas generalizaciones y regularidades que existen en la lengua real). Esto motiva a Chomsky a introducir un segundo nivel de análisis: el transformacional.

Las reglas transformacionales son de un carácter totalmente distinto de las de reescritura. En éstas se opera sobre un solo símbolo; en aquellas, sobre una serie de símbolos.

No vamos a ahondar en la complejidad que representa el análisis de la aplicación de cada regla de transformación. Solamente diremos que ante la obtención de una serie de elementos, como resultado de aplicar reglas de reescritura de función sintagmática y función de inserción léxica, que no constituyen una frase, para llegar a ésta, deben aplicarse una serie de transformaciones.

Supongamos que partimos de una frase dada y de su forma pasiva. Si queremos obtener la frase en pasiva, lo primero que hay que hacer es aplicar, a la primera frase, la transformación pasiva que permite el ‘reordenamiento’ de los distintos ‘segmentos’ de la frase original a fin de aproximarse al formato de la voz pasiva. Con esto es probable que lo que se obtenga nuevamente, no sea una frase. Hay que hacer nuevos ajustes, a través de otras transformaciones. Por un lado está el problema del sintagma verbal en el que hay que ajustar o adecuar la raíz del verbo con sus determinantes (tiempo del auxiliar, participio pasado); esto se logra mediante la transformación de afijación. Por otro lado, hay problemas de concordancia en el número ya sea dentro del sintagma nominal (entre Art y N), como así también, entre el sujeto y el verbo. Las distintas transformaciones de concordancia, dan cuenta de ello. Finalmente, es posible obtener así una frase en pasiva coherente con la frase de partida. A este mismo tipo pertenecen las transformaciones de desplazamiento (para el reordenamiento de sintagmas en frases complejas), las transformaciones de desaparición y las morfofonológicas.

Según sean indispensables u optativas, las transformaciones se dividen en obligatorias y facultativas; y estas últimas, en simples y generalizadas, según se apliquen a una sola sentencia o a más de una, respectivamente.

Resumiendo, en este método podemos distinguir dos niveles básicos de análisis:
El sintagmático y el transformacional.

El nivel sintagmático está integrado por una serie de reglas de reescritura de aplicación cíclica y secuencial que, siendo independientes del contexto (no importa el entorno del símbolo, para su reescritura), posibilitan la generación de una serie de símbolos o indicador sintagmático; luego, la aplicación de reglas de inserción léxica, convierte a este indicador en una secuencia de elementos o serie terminal. Presenta dos niveles de descripción: Estructura superficial de la que se pueda obtener la representación fonética y la estructura profunda a la que se le asigna el componente semántico.

En el nivel transformacional se aplican reglas que son dependientes del contexto (dependientes del análisis estructural o de contenidos particulares). El objetivo de estas reglas es convertir un indicador sintagmático en un indicador sintagmático derivado (mediante una transformación facultativa), o una serie terminal en una frase (a través de una transformación obligatoria). Estas reglas permiten derivar la estructura superficial de la estructura profunda.

¹ El concepto de enunciado que propone Chomsky, quizás sea su mayor aporte extralingüístico. Cuando define el enunciado tipo (que el considera, por lo menos inicialmente, como el objeto de la lingüística) como un objeto descontextualizado, da fundamento a todo un desarrollo de la informática que posibilitó la generación de compiladores y analizadores sintácticos para los intérpretes automáticos de lenguajes artificiales; sin contar, todas las derivaciones que esto trajo en el inmenso campo de la traducción automática, aunque esto no estuviera en las intenciones de Chomsky.
² La noción de gramaticalidad fue variando con el tiempo (en sus distintos modelos) y desembocó, antes de casi desaparecer, en un grado de gramaticalidad. Esto deja entrever la no pertinencia de la rigidez inicial.
³ Es de destacar que esta consideración introduce, aunque sea lateralmente, un criterio de sentido o significación en un modelo que en su inicio fue postulado focalizándose radicalmente en la sintaxis de la creatividad.
⁴ Toda frase representable por dichas reglas pertenece a la gramática, de lo contrario es agramatical.
⁵ La historia que cuenta Chomsky hace ver que fundamentalmente Port Royal en su Gramática General hace explícita esta distinción de superficial y profunda de las estructuras del lenguaje. En ningún momento, en todo el texto, como lo demuestra el trabajo de Xavier Laborda Gil (cf. bibliografía), se explicita esta teoría aunque, hay evidencias para admitir que estas estructuras se hallan incluidas en la Gramática.
⁶ Este tipo de estructura es muy usada en matemáticas y constituye lo que se conoce como dígrafo con raíz (o árboles enraizados). Lo de dígrafo viene porque estas estructuras tienen básicamente dos componentes: los elementos (representados por los vértices o nodos) y las relaciones (representados por los arcos o ramas) entre ellos. Queda así planteada una jerarquía de las relaciones entre los elementos, que están distribuidos en niveles. El nivel más alto es la raíz, que tiene un solo elemento y luego, mediante un grado variable de arborescencia, se distribuyen el resto de los elementos (hijos) del de la raíz. Se llega así al nivel más bajo (elementos sin descendencia) que se denominan hojas.
⁷ Este concepto de ‘creatividad’ no es novedoso, ya que era sostenido desde antiguo; lo novedoso fue plantear que este aspecto podía explicarse por la existencia de procesos recursivos en el lenguaje, y para ponerlos en evidencia, propone el uso de las funciones recursivas matemáticas (teoría de la computabilidad) que mediante aplicación de reglas específicas, podían generar un conjunto infinito de cadenas de símbolos. Algo parecido podría suceder con una lengua natural.

[continuará ... ]

¡Nos vemos mañana!

abril 25, 2014

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 195)

Cuaderno IX (páginas 1171 a 1176)

(Hoy continuamos con Lingüística Teórica. En este capítulo trataremos sobre las estructuras neurales que soportan el lenguaje. Dada mi profesión principal (Médico) la Profesora (mi compañera) me pidió que yo dictara esta clase, y así lo hice)

DIMENSIÓN BIOLÓGICA DEL LENGUAJE

El arraigo biológico del lenguaje trasciende el lenguaje humano. Como instrumento para la vida, está alojado en todo el mundo viviente. Una poderosa herramienta de comunicación que no fue nuestro invento y que se manifiesta desde los taxismos hasta la simbolización de nuestras palabras.

Existen distintos niveles de desarrollo del lenguaje los cuales tienen estricta relación con la función de comunicación que cumplen. Sin duda, un rango superior tiene el lenguaje de los animales del que hay distintos tipos. Así la Prosodia Biológica que es de naturaleza gestual; muy extendida en el reino animal y por supuesto, el lenguaje simbólico que es patrimonio exclusivo del hombre.

El lenguaje humano, como tal, integra las funciones cognitivas del hombre (procesos psíquicos superiores) y de hecho, se da por sentado que su adquisición, comprensión y producción tienen como base el cerebro. [la primera afirmación fue hecha por una cuestión de compromiso; no olvidar que en ese momento, yo oficiaba de alumno del doctorado, y por tanto, no podía sugerir mi propia teoría, de lo contrario hubiera sido reprobado, ni bien comenzaba el curso]

Por lo arriba mencionado, el lenguaje puede ser abordado ya sea, desde un punto de vista puramente lingüístico o, tratando de establecer una relación con los procesos mentales (Psicolingüística); o con el cerebro propiamente dicho (Neurolingüística). Existe una Neuropsicolingüística que partiendo de patologías del lenguaje, pretende descubrir los mecanismos lingüísticos normales.

Cualquiera que sea el nivel de abordaje, es necesario tener algunas nociones básicas del que se supone, es el soporte principal del lenguaje humano: el sistema nervioso.

Sistema Nervioso Central (SNC)

Todos los animales, no importando el lugar que ocupen en la escala zoológica, están dotados de la capacidad de sentir, moverse y alimentarse. Los que ocupan las ramas superiores, agregan una serie de facultades que integran lo que conocemos como psiquis y que, de una manera general, caracterizamos como facultades afectivas e intelectuales. Al conjunto de órganos destinados a dar soporte a tales funciones, se lo denomina sistema nervioso.

El sistema nervioso, considerado en conjunto, comprende dos clases de órganos: a) órganos centrales que se alojan en el conducto craneorraquídeo, que constituyen el SNC; b) órganos periféricos, situados fuera de este conducto y que se denominan sistema nervioso periférico.

El SNC tiene la misma forma del conducto óseo que lo aloja; por tanto, se ofrece en la forma de un tallo cilíndrico largo, la médula espinal, que se encuentra coronado por una masa voluminosa, el encéfalo.

La médula espinal ocupa el conducto raquídeo (columna vertebral); el encéfalo, la cavidad craneal. Estas estructuras extremas están unidas entre sí por una parte intermedia, el bulbo raquídeo.

La masa encefálica comprende una primera parte (la más voluminosa) que ocupa por sí sola, el 90% de la cavidad craneal: el cerebro; una segunda porción, más pequeña y alojada por detrás de la anterior: el cerebelo; una tercera porción, el istmo del encéfalo, que une el cerebelo con el cerebro y este con el bulbo raquídeo.

Cerebro

De todos los órganos del SNC, el que ofrece mayor interés para nosotros hoy, es el cerebro. Este órgano comienza a desarrollarse a partir de la segunda semana de gestación y lo hace a partir de una formación embrionaria que se llama cresta neural. Es interesante destacar que el sistema nervioso en general, tiene el mismo origen embriológico que la piel (el ectodermo) y esto permite que, cuando se forme el tubo neural (futuro SNC), por invaginación, quede conectado el SNC con la periferia, que será la puerta de entrada de las percepciones del entorno, a través de más de 100 millones de receptores.

El cerebro pesa unos 1.250 grs.; mide unos 17cm de largo x 14cm de ancho x 13cm de alto y tiene un volumen de unos 1500cc. (en la mujer, estas medidas son levemente menores). Consta de dos hemisferios, uno derecho y otro izquierdo, aproximadamente iguales. Estos hemisferios están separados por una hendidura, la cisura interhemisférica; aunque permanecen unidos en el fondo de dicha cisura por medio del cuerpo calloso, a través del cual se relacionan.

Ambos hemisferios se dividen en lóbulos:
Frontal
Parietal
Temporal
Occipital

Neurona

El SNC consta de dos tipos de elementos nerviosos: fibras y células. Estos dos elementos se encuentran en la sustancia gris; la sustancia blanca no posee más que fibras. En la médula espinal, la sustancia gris está en su centro y la blanca, en la periferia. En el cerebro en cambio, es exactamente lo contrario: la sustancia gris es lo más externo (corteza cerebral), y la sustancia blanca, es predominantemente central. Aquí, la relación entre sustancia blanca y sustancia gris, es cercana a 60%/40%, respectivamente.

La célula nerviosa o neurona no es solamente una unidad anatómica, es una unidad funcional; toda fibra nerviosa representa una prolongación de este elemento, y mientras las fibras desempeñan el papel de simple conductor, la neurona es un verdadero centro: centro de recepción de impulsos periféricos, centro de emisión de estímulos motores, centro de elaboración para los fenómenos que constituyen la vida psíquica. Así, esta célula, es el elemento fundamental del eje encéfalomedular.

Las neuronas se encuentran casi con exclusividad en la sustancia gris y son de muy variadas formas: globulosas, ovoides, piramidales, estrelladas, etc. Pero tienen un carácter común: el de dar origen en su periferia a cierto número de prolongaciones (dendritas). Se distinguen así las células unipolares, con una sola prolongación, células bipolares (dos) y células multipolares (múltiples). Su tamaño varía de 4 a 150 µ y la longitud de sus prolongaciones (axón), puede llegar a más de 1 metro.

Las funciones de las neuronas son variadas, entre ellas:

Motoras: envían estímulos a los órganos contráctiles (excepto el corazón, que tiene un sistema de estímulos propio).
Secretorias: envían estímulos a distintas glándulas para que produzcan sus secreciones.
Sensoriales: reciben estímulos del exterior.
Psíquicas: recibe los estímulos, los elabora y transforma.

Las neuronas del mismo tipo y aún de tipos distintos, se relacionan entre sí, constituyendo verdaderas redes que pueden llegar a un alto grado de complejidad (fenómeno que se ve habitualmente con el desarrollo que se produce en las distintas edades). Estas relaciones no son de continuidad anatómica sino, de contigüidad o por simple contacto. A esta relación particular, se la llama sinapsis.

Actividad Neuronal

La vida es un fenómeno eléctrico. La diferencia de concentración iónica entre el interior celular y el medio circundante, posibilita que todos los procesos que mantienen la vida, estén operativos. Esta diferencia hace que, a ambos lados de la membrana celular (la frontera que separa el protoplasma del ambiente), se genere una diferencia de potencial eléctrico que es el responsable en gran parte, del intercambio de sustancias entre el interior y el exterior. Un equilibrio estático de estas cargas eléctricas, significa una sola cosa: muerte.

La neurona, como toda célula del organismo, posee un potencial eléctrico de base, a través de su membrana; pero además, como ocurre también con otras (las del corazón, por ejemplo), tiene la propiedad de producir un estímulo eléctrico cuando es alcanzada por otro que viene desde su exterior. Este curioso hecho, permite que un estímulo generado en una célula, se regenere una y otra vez en una cadena intrincada de neuronas y de esa manera el estímulo ‘viaje’ sin prácticamente pérdidas, hasta alcanzar su objetivo (que puede estar muy distante).

La membrana celular de la neurona tiene una serie de ‘poros’ (canales iónicos) por donde pasan hacia adentro o hacia fuera, distintas sustancias que son las que provocan una descarga eléctrica potente (potencial de acción) que constituye el comienzo , o la continuación, de un estímulo. En el sistema nervioso, estas sustancias son básicamente: Sodio y Potasio. El paso se produce porque el canal iónico se abre y esto a su vez se puede lograr por la acción de una corriente eléctrica o por la mediación de una sustancia química.

El axón termina en una dilatación (terminal axónica) que es la que entra en relación de contigüidad con las dendritas de otra neurona (sinapsis). En esta terminal existen unas vesículas cargadas con sustancias químicas (neurotransmisores). Cuando un estímulo eléctrico llega a este lugar se abren las vesículas y dejan salir estas sustancias neurotransmisoras hacia el espacio intersináptico. La membrana celular de la dendrita que está en relación con este espacio, posee una serie de receptores que son específicos para estas sustancias liberadas. Cuando las sustancias alcanzan sus receptores específicos, del otro lado del espacio sináptico, se produce el fenómeno de transmisión del estímulo pero, no de una manera eléctrica sino, química.

Algunos números que impresionan…

Se estima que el cerebro posee más de 100.000 millones de neuronas y unas 100 billones de sinapsis.

En un centímetro cúbico de cerebro hay unas 40.000 neuronas y unas 1000 millones de sinapsis.

Cada neurona mantiene entre 600 y 60.000 sinapsis.

En el proceso de transmisión del impulso nervioso, intervienen más de 30 sustancias químicas.

Todas las neuronas del organismo, colocadas en línea recta, una tras otra, cubrirían una distancia aproximada de 400.000 kms. (unas 10 vueltas completas a la tierra).

Las conexiones aludidas, no son estáticas; de hecho, una de las características funcionales más importantes del cerebro es la plasticidad; es decir, la posibilidad que tiene el cerebro de adaptarse a un entorno cambiante, mediante variación de esta conectividad.

Si la complejidad del cerebro se midiera solamente por la cantidad de conexiones, existe la ligera esperanza que algún día, una computadora pueda alcanzarlas y por tanto sería tan eficiente como el cerebro para procesar la información. La realidad es muy distinta; las redes neuronales artificiales demuestran que la respuesta empeora a medida que se aumenta el número de neuronas y de conexiones (pasado cierto límite).

La computadora es una máquina muy torpe que trabaja secuencialmente. El cerebro lo hace en paralelo. Una computadora es más rápida que el cerebro, pero fracasa rotundamente si pretendemos que procese el fabuloso volumen de información que él procesa. En Inteligencia Artificial es posible resolver problemas de gran complejidad matemática aunque, se falla estrepitosamente cuando se intenta una mejoría (una adaptación) en la resolución de un problema no definido, por simple que este sea. Cada proceso distinto requiere una red neuronal distinta y debe ser entrenada en consecuencia, cada vez en la resolución del nuevo problema. Algo que cambie, y se termina su ‘inteligencia’.

Estructuras Neurales del Lenguaje

Hay evidencias que indican que el procesamiento del lenguaje involucra la corteza de asociación perisilviana.

Todo esto fue confirmado por estudios especiales (Resonancia Magnética, Tomografía de Emisión de Positrones y de Fotones, Potenciales Evocados, etc.).

Hay otras áreas que pueden considerarse relacionadas al lenguaje pero, más bien relacionadas a la escritura y a los movimientos de las manos y de la boca, en el manejo del habla; como así también, en la comprensión auditiva.

Aunque lesiones subcorticales y de algunos núcleos de la base (Tálamo) puedan alterar el procesamiento del lenguaje (parece que por alterar otros procesos cognitivos asociados al mismo), es en la corteza en donde residen los mecanismos más importantes. En general las lesiones subcorticales producen alteración franca del lenguaje cuando la corteza es anormal. Con esto se asume que, las estructuras subcorticales sirven para activar el sistema de proceso del lenguaje, pero no lo procesan en sí.

El otro elemento subcortical importante, es la sustancia blanca. Lesiones a este nivel pueden desconectar las distintas áreas y producir así disturbios. Por ejemplo: la alexia (pura) en donde el paciente puede escribir pero no leer (ni aún su propia escritura); hay destrucción del área visual en el hemisferio dominante y se extiende hacia la sustancia blanca, cortando la conexión de la información que viene del área visual (no dominante), hacia el área del lenguaje dominante.

Resumiendo, hay una gran cantidad de regiones involucradas en el procesamiento del lenguaje; pero por lejos, la corteza perisilviana es la más importante.

Organización de la corteza perisilviana:

Hay dos teorías generales sobre la relación de las partes de la corteza de asociación perisilviana y los componentes del sistema de procesamiento del lenguaje:
Funciones mentales distribuidas (también llamada holista): Según esta teoría, existiría una distribución paralela que haría que, el tamaño de una lesión estuviera en relación directa con el grado de daño de las funciones lingüísticas.
Funciones mentales localizadas (modelo conexionista): Se supone la existencia de tres centros básicos, en el procesamiento del lenguaje:
Centro conceptual: almacena la representación de los conceptos (de localización difusa).
Centro motor: almacena la representación motora, operando en el planeamiento y programación del habla (área de Broca).
Centro auditivo: almacena permanentemente la representación de los sonidos de las palabras (lo que en Psicolingüística se conoce como lexicón fonológico) (área de Wernicke).

Todos estos centros, estarían interconectados.

Los estudios y exploraciones realizados sugieren, que las operaciones del lenguaje están localizadas en pequeñas partes de la corteza perisilviana pero, estas áreas, se distribuyen en forma diferente en cada persona.

La mayoría del procesamiento del lenguaje ocurre en el hemisferio dominante. En el 98% de los diestros, el hemisferio dominante es el izquierdo. En un 60 – 65% de los no diestros, son de hemisferio dominante izquierdo; un 15 – 20%, hemisferio dominante derecho y el resto, procesa el lenguaje con ambos hemisferios.

El hemisferio no dominante también procesa parte del lenguaje y de hecho hay algunas funciones, que se llevan a cabo solo del lado derecho; por ejemplo: el discurso, las metáforas, el tono del discurso (el humor).

Todo parece indicar que hay alguna relación entre localización y lateralización.

Inclusive, se han distribuido los procesos que manejan distintas partes de la sintaxis, en la superficie cerebral. Por ejemplo, los nombres serían procesados en el lóbulo temporal y los verbos, en el frontal. Todas las apreciaciones como estas últimas, carecen de la suficiente evidencia como para tomarlas taxativamente.

Es fácil ver (de acuerdo a lo ya dicho) que, aquellas teorías que invocan distintos módulos y procesos relacionados como responsables del procesamiento del lenguaje por parte del cerebro, como si fuera una computadora, carecen de sentido. Son más bien, una expresión de deseo o quizás, un buen argumento para una novela de ciencia ficción.

Desórdenes del lenguaje

A modo de un incompleto listado, mencionamos algunos de los trastornos en el procesamiento del lenguaje, que tienen relación con lo visto hasta ahora:

Agramatismo: Omisión de la función de algunas palabras, en el habla (prefijos, sufijos, etc.)
Agrafia: Disturbio en la escritura.
Alexia: Disturbio en la lectura.
Anomia: Dificultad en la producción de palabras, fundamentalmente nombres.
Afasia: Desorden del lenguaje debido a una enfermedad cerebral.
Afasia de Broca: Habla no fluida, con comprensión conservada.
Afasia de Wernicke: Habla fluida (con errores) y con alteración de la comprensión.
Parafasia Fonética: Sustitución de sonidos en el habla.
Paragramatismo: Uso indebido de la función de las palabras.

La biología en el lenguaje tiene una connotación distinta a lo que habitualmente se supone. En otras palabras, se esgrime que la causa por la que, por ejemplo, un chimpancé no puede hablar, es la diferencia biológica con el humano; o sea, no posee un aparato fonador como el nuestro. Justamente no lo tiene, porque no lo necesita. Por tanto, un chimpancé nunca hablará como nosotros; pero no solo porque no tiene un aparato fonador específico sino, y fundamentalmente, porque la disposición de su cerebro, es distinta. Está adaptada a un manejo de un lenguaje que no es simbólico, sino sígnico y, le basta para comunicarse, mediante su prosodia biológica; no necesita entonces, atenerse a las reglas de la RAE, ni a las de ninguna otra institución social humana.

31 de agosto de 2006,       Dante Salatino

[continuara ... ]

¡Nos vemos mañana!

abril 24, 2014

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 194)

Cuaderno IX (páginas 1165 a 1170)

(Hoy comienzo a cursar Lingüística Teórica, una de las tres materias de la Carrera de Licenciatura en Letras (orientación lingüística), que me exigen para homologar una especie de 'Título de Grado' en Lingüística que me permita justificar mi Doctorado. El cursado lo hago junto a los jóvenes alumnos del Segundo Curso de la Carrera. Como Profesora Titular, una de las compañeras en el Equipo de Investigación del Instituto de Lingüística a quien yo he aprendido, en el poco tiempo que la conozco, a admirar por sus enormes conocimientos sobre el tema, pero sobre todo, por su gran inteligencia. Para que sea más llevadera mi exposición, en vez de pormenorizar todos los estudios que tengo que realizar en la Bibliografía exigida, voy a ir mostrando los textos propios (a modo de artículos) que me aceptarán a cambio de no rendir los Exámenes Parciales que se le exigen a los alumnos regulares de la Carrera. Como mi situación es muy particular, propuse esta modalidad para que se me evaluara y así lograr la regularidad necesaria para poder rendir el Examen Final y aprobar la materia. Serán seis meses de arduo trabajo, fundamentalmente, porque estos son temas que, a pesar de haber leído por curiosidad algunos de ellos, están muy alejados de mi actividad habitual.)

Unidad 1

Panorama de los estudios lingüísticos en Occidente

Describir linealmente, en forma secuencial la cronología de los hitos en el conocimiento del lenguaje y de las lenguas, no nos daría la verdadera dimensión ni nos explicaría lo que la Lingüística es hoy, habida cuenta que el lenguaje es una preocupación del hombre desde que es hombre y que el tratar de explicarlo o comprenderlo, siempre fue, es y será un objetivo del conocimiento humano.

Antes bien, podríamos trazar un panorama que contemple la ‘sustancia’ de las distintas etapas temporales de su historia y enmarcarlas en tanto que tendencias contextualizadas, en una visión integral que no tendría que actuar en desmedro ni en apoyo de ninguna tendencia en particular.

Dado que no es posible separar lenguaje de filosofía (es más, el origen de su estudio así lo atestigua), es fácil caer en la tentación de sobrevalorar o subvalorar y aún desdeñar, algunas de las etapas históricas por el simple hecho de no coincidir o hacerlo demasiado, con distintas tendencias que hasta pueden tener origen político, religioso y hasta económico; pero que, toman el ‘abordaje filosófico’ del lenguaje para excusarse de una postura que nada tiene que ver con el estudio objetivo de las distintas etapas por las que pasó la disciplina como tal. No se puede relegar al olvido a los escolásticos por considerarlos oscurantistas, ni ponderar a los renacentistas por promover el racionalismo; esto sería pretender un abordaje de la historia, con una concepción actual que por ser tal, está totalmente descontextualizada.

Cada tiempo en el desarrollo del estudio del lenguaje fue consecuencia directa de las circunstancias que lo rodearon y de los objetivos planteados en ese momento que en forma alternativa (como bien lo puntualiza Coseriu) teóricos o pragmáticos, marcaron una tendencia y una evolución determinada; pero que en todo caso fue un aporte que cimentó el importante despliegue lingüístico actual.

La Lingüística en la actualidad entonces, no es mera acumulación de hechos más o menos trascendentes en el intento de conocer mejor el lenguaje y las lenguas, sino el resultado de un enfoque multifacético que se fue desarrollando a distintos niveles y atendiendo a aspectos realistas e idealistas en el devenir del hombre.

El lenguaje, como el bien más preciado del hombre y por el hecho de intervenir en todo quehacer humano se torna habitualmente en algo tan natural como el respirar o el comer; no obstante, siempre concitó una curiosidad especial.

Fue a esta curiosidad a la que decidieron dar curso los griegos cuando se preguntaban por ellos mismos, por su lugar en el mundo y por el sentido de la realidad. En todas estas inquietudes siempre había un factor común: el lenguaje. Como estas eran cuestiones diversas pero que utilizaban el mismo elemento para ser elaboradas o comunicadas, surge entonces dar un sustento a tal elemento. ¿Era tan natural como la vida?; o ¿era producto de mera usanza y tradición?

El cualquier caso, era evidente que constituía un modo de expresar la realidad y como tal, comienza de alguna manera su estudio e indagación.

Los naturalistas aseveraban que era posible demostrar que todas las palabras son apropiadas por naturaleza a las cosas que describen y esto era así por el hecho de captar la realidad que subyace bajo la apariencia de tales cosas.

Se crea la Etimología (etymo: verdadero o real) que al intentar descubrir el origen de una palabra, dada la relación con lo natural, trataba de descubrir su verdadero significado; la verdad natural. La relación más evidente entre una palabra y la naturaleza fue la onomatopeya (‘creación de nombres’) a la que los estoicos daban el rango de origen del lenguaje. Inclusive, para explicar la escasez de tales palabras, invocan la metáfora como un nexo entre la aplicación primaria de una palabra a la realidad y alguna aplicación secundaria que aportaba su identificación real.

Se advirtió la existencia de regularidades (analogías o proporciones) y en función de ellas, se trató de establecer modelos para clasificar las palabras (paradigmas: modelos o ejemplos). También se vio que no todo era regular y proporcional. Había anomalías que no encajaban con estos patrones. Los estoicos, como anomalistas, basados en la etimología, sentaron así las bases fundamentales de lo que se conoció luego como Gramática Tradicional.

No todo lo griego fue filosofía sino que surge de ellos una primera gramática estructurada que comienza a darle forma a las partes del discurso. Se identifica de esta manera un Nombre que oficiaba de sujeto sobre el que se decía algo; y un Verbo que decía algo de la cosa indicada como sujeto. Vienen después las conjunciones, el género intermedio (neutro) y los tiempos de verbo. De esta forma se llega a una de las primeras distinciones, entre Forma y Significado (lo que significa y lo que es significado). Los estoicos que no aceptaban que el lenguaje fuera un reflejo de la naturaleza, aportaron además, la flexión (parentesco entre distintas formas gramaticales), el caso (o verdadera forma del nombre) y la consideración del grado de logro de una acción por parte de un verbo, fuera del tiempo (verbos activos, pasivos, transitivos e intransitivos).

Los alejandrinos, siguiendo la tarea de los estoicos, dejaron establecida la Gramática a la que llamamos Tradicional y que constituye la primera gramática sistemática de que se tiene noticia. Los aportes hechos en esta época fueron trascendentes ya que, fuera de la sintaxis (que no fue abordada), se agregaron otras partes del discurso (adverbio y participio) y se clasificó todas las palabras griegas según caso, número, género, tiempo, voz, modo, etc.

Los romanos, al entrar en contacto estrecho con los griegos, se ven influidos fuertemente por ese buen nivel de desarrollo de la lingüística. De alguna manera se limitan a aplicarla al latín, dada la semejanza notable entre ambas lenguas; hecho este, que tuvo importantes derivaciones como por ejemplo, el establecer que las categorías gramaticales que ellos aplicaban provenientes del griego y que tan bien se adaptaban, eran necesarias y universales.

No todo lo romano fue mera copia e imposición, ni tampoco una pura mirada al latín de los clásicos, como lengua pura. Hubo aportes que deben destacarse como fue el considerar en el léxico latino, las palabras flexionadas y no flexionadas a las que se daba distinta función sintáctica. También fue objeto de un estudio profundo el problema antinómico: Analogía-Anomalía; estableciéndose que el lenguaje es básicamente regular (gobernado por reglas) pero, que las excepciones no debían excluirse sino al contrario, aceptarlas y considerarlas ya fuera que éstas procedieran de influencias vecinas, o del uso de la lengua vernácula.

No obstante este enfoque, en general, la gramática latina estaba orientada hacia la literatura y tenía más bien un fin didáctico.

El latín y su enseñanza se constituyeron desde el principio en el soporte principal de la cultura cristiana, y, dado el poderío del imperio romano, se extendió como lengua universal de la educación y del uso internacional.

Así, Europa ingresa a la Edad Media en donde el latín no sólo representa un medio para la educación, sino que su gramática como tal, pasa a ser una disciplina individual y central.

Como lengua oficial de la Iglesia se sostuvo aún después de la caída del Imperio y fue el único reducto ‘culto’ que progresó en lo lingüístico y en otras áreas del conocimiento.

A no dudarlo, fue la alta Edad Media (alrededor del S.XII) la época de mayor florecimiento, tanto en lo lingüístico como en lo filosófico. Los escolásticos como dueños de la cultura y conocedores excelsos del latín, fomentaron un revivir de la cultura griega al traducir textos clásicos originales (como los aristotélicos, por ejemplo).

Aquí la gramática seguía siendo considerada una disciplina filosófica. Mediante una reinterpretación de este enfoque filosófico se da nacimiento a fenómenos que modificaron definitivamente el panorama cultural y del conocimiento.

Por un lado, se concilia la lógica y metafísica aristotélicas (con un enfoque latino) con la fe cristiana heredada de los Padres de la Iglesia (fundamentalmente San Agustín) dando origen al Tomismo; por otro, se interpreta textualmente estas mismas enseñanzas griegas, produciendo el germen de lo que sería la Filosofía Natural (Ciencia Natural).

En lo estrictamente lingüístico había consenso en cuanto a que los escolásticos (tal cual lo hicieron los estoicos) veían en el lenguaje una herramienta para analizar la ‘estructura de la realidad’, pasando al primer plano la cuestión del significado o de la significación.

Los ‘modos de significar’ dieron base a la Gramática Especulativa (de los Modistas), en donde el lenguaje era considerado un ‘espejo’ (speculum latino) que reflejaba la realidad que subyace en los fenómenos físicos. Todo el esfuerzo se centró en buscar los principios por medio de los cuales la palabra, considerada como ‘signo’ (tal cual lo había definido San Agustín), se relacionaba con el intelecto por un lado, y con la cosa representada o significada, por otro. A estos principios se los consideró ‘universales’.

Debido al franco predominio filosófico en la gramática, lo especulativo se extendió en tres niveles distintos: el de la existencia o de la realidad externa, el del conocimiento y el de la comunicación. Estos ‘modos’ quedan integrados fuertemente a la potente filosofía católica que, junto a las demás ciencias conforman la visión del mundo que ofrecía la fe cristiana.

Tres aportes fundamentales surgen de los escolásticos. Una teoría general abstracta de la sintaxis, una teoría de la Gramática Universal (Universales Lingüísticos) y una base sólida sobre la que se edificó la Semiótica actual. La Gramática Universal también es de enorme trascendencia, a tal punto que, llegó casi intacta (aunque con otros fundamentos) hasta nuestros días.

Los especulativos rechazan básicamente lo que representaba la Gramática Literaria (aquella basada en el ‘buen uso’ de la lengua hecho por los clásicos). A pesar de su concepción universalista (el mundo era uno; las disposiciones mentales de todos los hombres eran las mismas; por tanto, el lenguaje era uno y el mismo), consideraron a las lenguas vernáculas aunque, sólo como ‘accidentes’.

La Gramática Literaria, a pesar de haber sido considerada pagana (motivo por el cual fue combatida), siguió su evolución y encuentra a Europa ingresando en el Renacimiento; época ésta en la que precisamente se asiste a un ‘redescubrimiento’ de los clásicos griegos y romanos.

Si bien no se produjo durante esta época ninguna nueva teoría lingüística, sí se asiste a cambios en el pensamiento europeo que modificarán radicalmente no sólo a Europa sino también, toda la parte del mundo que estuvo bajo su influencia. Estos cambios tienen origen primero, en el resurgir del saber clásico y el abandono de los ‘barbarismos’ escolásticos. Centrando como el mejor ‘estilo latino’ el de Cicerón, del que procedía el ideal de ‘humanismo’ (opuesto a barbarismo) como sinónimo de ‘civilización’; hecho que se vio enormemente facilitado con la aparición de la imprenta (final del S.XV). Otro de los orígenes de este profundo cambio, fue el desafío que significó dentro mismo de la Iglesia, la Reforma y por último, de la conjunción del humanismo y del protestantismo, la aparición concreta de las Ciencias Naturales en donde, no era ya el argumento de la autoridad eclesiástica o divina desde donde derivaba el conocimiento, sino de la experiencia y de la observación.

Las bases de la Gramática Especulativa fueron retomadas en Francia y allí, durante el S.XVII, los maestros de Port Royal, en 1660, publican Grammaire Géneralé et Raisonnée con la intención de dejar sentado que la estructura del lenguaje humano es producto neto de la razón. Esto no significó ninguna novedad particular, pues operaba en los límites de la tradición clásica. El gramático debía descubrir el ‘buen uso’ del lenguaje y las reglas gramaticales eran tomadas como derivadas de las tendencias naturales de la mente. Sin embargo su influencia se hizo sentir fuera de los límites de Francia.

Un desarrollo casi paralelo tuvo la revaloración de las lenguas vernáculas que, sin descuidar el resurgimiento del griego y el latín, hicieron los gramáticos de la época. En varios países europeos surgieron estudios comparativos básicamente históricos de distintas lenguas, y, a finales del S.XVIII con el conocimiento del sánscrito, se opera una explosión de una enorme variedad de estudios con una base esencialmente práctica, que al descubrir las semejanzas entre esta lengua clásica india con el griego y el latín, permiten la aplicación de la mejor desarrollada estructura de investigación con que contaba la gramática sánscrita. Se llevan a cabo estudios fonéticos, fonológicos, morfológicos, sintácticos, léxicos y semánticos.

Todo lo anterior preparó a los lingüistas para que en el S.XIX pudieran establecer los principios y métodos para construir las ‘familias’ de lenguas y poder así desarrollar una teoría general sobre la evolución de las mismas y el ‘parentesco’ lingüístico. Durante este siglo el mundo occidental asiste al nacimiento del estudio científico del lenguaje. Científico aquí se debe tomar como la intención expresa de excluir el razonamiento a priori como argumento, a más de una más precisa observación y recopilación de los hechos. El punto de quiebre se produce al cambiar la teoría ‘providencial’ de la Historia (tradición cristiana) por teorías evolutivas del desarrollo humano. La aparición de "El origen de las especies" de Darwin da un respaldo al propósito de la Lingüística Comparativa recientemente surgida, de aclarar el hecho evidente de que las lenguas cambian y de que las distintas lenguas están relacionas entre sí, en distintos grados. Esto último, hace prácticamente abandonar el supuesto escolástico de que todas las lenguas presentaban la misma estructura gramatical.

Mientras el gramático tradicional, tomaba la analogía como principio de ‘regularidad’ de la lengua, el lingüista comparatista de la última parte del S.XIX, la tomaba como el principal impedimento para la evolución regular de las lenguas. Esta aparente contradicción se diluye si tenemos en cuenta que la lengua está estructurada en un determinado número de niveles. Esto nos introduce a la Lingüística Estructural del S.XX.

Es patrimonio del S.XX el haber establecido que la observación de una lengua no debe estar enmarcada en un análisis ‘secuencial’ en donde sus entidades se van sumando una a una, sino que, debe tener como marco de referencia el todo estructurado en donde, los distintos niveles (léxico, gramatical y fonológico), establecen relaciones heterárquicas (las relaciones que tienen con elementos del mismo nivel).

Otro aspecto importante que surge aquí es la distinción conceptual que se introdujo al plantear el estudio diacrónico y sincrónico del lenguaje (Saussure). El primero contempla su desarrollo histórico (a través del tiempo) y el segundo, el ‘estado’ concreto en algún punto del tiempo. La Lingüística Comparativa del S.XIX prestó atención sólo al aspecto diacrónico. La teoría lingüística del S.XX establece que los aspectos históricos carecen de valor para la investigación de los ‘estados’ concretos de una lengua.

El rasgo más característico de la Lingüística actual es, como también en otras ciencias, el estructuralismo. En otras palabras, cada lengua es considerada como un sistema de relaciones (o sistemas interrelacionados) cuyos elementos, analizados aisladamente, carecen absolutamente de sentido, al perder las equivalencias y contrastes que mantienen entre sí.

Este enfoque le dio a la Lingüística un marcado y preciso rigor que permitió lograr muy buenas aproximaciones en la descripción de numerosas lenguas, pero surge la necesidad de no solo describir sino también de explicar y de entender lo que pasa entre un hablante y un oyente.

Es claro que, bajo estos aspectos y otros que contemplan además el contexto en donde se desarrolla y usa una lengua, se da paso a un punto de vista no sólo estructural sino también psíquico, biológico y social. Resurge la Gramática Universal como un patrimonio biológico que condiciona la adquisición del lenguaje (Chomsky). Es la lengua vista como una manera de acceder a la intimidad de los procesos mentales y se ve al proceso que supuestamente el hombre lleva a cabo para producir el lenguaje, como el paradigma del conocimiento humano. En fin, se ve al lenguaje como el aglutinante de la vida de relación que da paso al elemento que en apariencia, integra lo psico-bio-socio-cultural.


Bibliografía

FERNÁNDEZ PEREZ, M. (2000). Introducción a la lingüística. Barcelona, Ariel
LYONS, J. (1968) Introducción en la Lingüística Teórica. (Trad. cast. Teide, Barcelona. 1973).
ROBINS, R. H. (1988) Historia de la lingüística. En Newmeyer, F. J. Panorama de la lingüística moderna I: Teoría lingüística. Fundamentos. (Trad. cast. Madrid, Visor, 1990).

23 de agosto de 2006

[continuará ...]

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