diciembre 10, 2014

CleCi 2014 (II)

Ficciones, solo ficciones (continuación)

Como en lo estructural, la LT recibió la influencia funcional directa de las mismas corrientes lógicas. Como muestra la figura 4, la confluencia de los aspectos funcionales revisados dan origen a una estructura elemental: el PAU (patrón autónomo universal), que constituye la sintaxis de un lenguaje universal (LU) que engarza toda la realidad subjetiva, en donde se distinguen dos niveles: uno superficial que ‘registra’ la apariencia, de giro dextrógiro y en cuya dinámica impera una XOR; y uno profundo que registra lo que no se percibe, con giro levógiro gobernada por la equivalencia (≡). La LT describe la realidad subjetiva, arbitrariamente, como compuesta por tres sistemas reales, con sus respectivas unidades estructural y funcional: 1) sistema bio-externo, (estructural = GEN, funcional = unidad lógica); 2) sistema psico-interno (estructural = FREN, funcional = unidad de sentido; y 3) sistema socio-cultural, (estructural = REM, funcional = unidad semiótica). Todas las unidades tienen como base un PAU.


Fig. 4 ASPECTOS FUNCIONALES DE LA LT

Vemos además en la figura anterior la conformación de los nichos ontológicos; esas monocontexturas que pueden poseer cualquier contenido. La LT caracteriza las relaciones entre los continentes, aquellos dominios binarios (monocontexturas) que están distribuidos heterárquicamente, por lo que ‘funcionan’ en forma simultánea. Los sistemas reales, con sus aspectos superficiales y profundos, transcurren de acuerdo a las cuatro dimensiones que definen la realidad subjetiva, a saber: 1D) qué (estructural), 2D) cómo (funcional), 3D) cuándo (dinámica), y 4D) porqué (transcendental); todas de índole temporal.

Caracterizados los fundamentos de la LT, cabe la siguiente pregunta ¿Para qué no es útil la LT? No es útil para el estudio de todo lo objetivo producto de la observación empírica, ni tampoco, para tratar con cuestiones formales. De todo lo anterior se ocupan las ciencias de la monocontextura.

ESTRUCTURA PSÍQUICA

La especie representa la base estructural de todo proceso psíquico. La figura 5 muestra la ‘intimidad’ de una especie en donde se puede apreciar las interrelaciones que ostentan las contexturas del sujeto y del objeto, ya sea superficialmente, mediante la unión (U) de las diferencias que llamamos clase o transformación aparente de origen ontogenético; o a nivel profundo, a través de la separación (conjunción) (∩) de las semejanzas que conocemos como categoría o transformación oculta, de origen filogenético.

La especie no es un concepto, es decir, no es una representación intelectual de un objeto que pretende diferenciarse de lo sentido, lo percibido, lo imaginado o lo recordado, sino que es todo eso. Tampoco es un acto mental que podamos expresar mediante el lenguaje convencional, sino que es el núcleo del lenguaje universal que engarza toda la realidad subjetiva. De alguna manera, la especie integra en su seno, las propuestas de Aristóteles, de Hegel y de Günther, a la realizada por la LT.


Fig. 5 ANATOMÍA DE UNA ESPECIE

En LT la unidad lógico-operativa de la corteza cerebral se denomina psicocito o célula psíquica, y desde la metáfora geométrica está representada por un hipercubo 4D.

La figura 6 pretende mostrarnos que tanto la especie como el psicocito tienen en apariencia los mismos elementos constitutivos, pero dispuestos de otra forma y con otro tipo de relaciones; esto es, la especie maneja los aspectos superficiales y profundos (idea y PAF = Patrón de Acción Fijo), que hacen a la estructura psíquica y el sentido de la realidad; mientras que el psicocito, tramita los aspectos objetivos y subjetivos (pensamientos), que hacen a la función psíquica y a la comprensión. Desde el punto de vista lógico-transcursivo el psicocito constituye la unidad de sentido, como una representación 3D de la cuarta dimensión que compone la psiquis.

La relación especie-psicocito es de integración, lo cual asegura que lo percibido y que va a formar parte de una idea (estructura psíquica), dé origen a un PAF acorde para elaborar una respuesta (inconsciente), que luego, bajo el control del pensamiento y de la consciencia, pueda adaptarse y corregirse según las exigencias.

En síntesis, una especie dentro de un psicocito permite relacionar un deseo con una creencia a través de un pensamiento, integrando así los tres sistemas reales: el biológico y el social mediados por el psíquico. En la figura 6 se puede ver cómo, en la especie, cuando pasa a formar parte del núcleo de un psicocito, transforma su clase en una idea y su categoría en un PAF, lo cual da origen en lo subjetivo, a un deseo, y en lo objetivo a una creencia, al proyectarse el PAF en el comportamiento objetivo y la idea en el pensamiento, respectivamente.


Fig. 6 LÓGICA DE UN PSICOCITO

LA FUNCIÓN PSÍQUICA - EL PENSAMIENTO

El pensamiento se puede definir como una actividad psíquica, fundamentalmente inconsciente, que surge cuando producto de una necesidad emerge un deseo que obliga a ir en busca del objeto deseado, y que se completa cuando encontrado dicho objeto se logra satisfacción. Para cumplir con esta actividad, el aparato psíquico pasa por una serie de instancias que permiten, además capitalizar su estructura, ponerla en funcionamiento.

Como se observa en la figura 7 los pensamientos en general se dividen, por un lado, en primordiales o básicos de índole profunda ya que solo se los reconoce por sus manifestaciones, a saber: los efectos despertados por una vivencia, o una determinada acción específica, en fin, la expresión de una elaboración superior. Estos pensamientos son: el explorador, el práctico y el teórico o abstracto. Por otro lado, están los pensamientos secundarios o correctores, los cuales son evidentes por sí mismos, más no por sus manifestaciones, y comprenden: el pensamiento judicativo, el pensamiento crítico y el pensamiento puro.


Fig. 7 EL PENSAMIENTO

Como hemos visto en otro trabajo (Salatino, 2009) el estado de consciencia no es un fenómeno continuo y permanente mientras estamos vigiles; antes bien, se trata de una intermitencia de estados de consciencia y de inconsciencia de idéntica duración (12,5 mseg) que se alternan. Todo lo que tiene que ver con la construcción de la estructura psíquica sucede durante los estados de inconsciencia, es decir, durante lo que se denomina cuña temporal. Los estados intermitentes de consciencia, los que se abordan durante el Ahora (Ⓐ) se utilizan, fundamentalmente para dos cosas, por un lado, para prestar atención (biológica, psíquica o social), y por otro, para poner en funcionamiento la acción específica o respuesta a lo percibido. Lo anterior nos dice que en realidad la mayoría de la actividad psíquica es inconsciente, y que solo hacemos uso de la consciencia, es decir, dirigimos intencionalmente la atención de algún tipo hacia un hecho determinado, cuando se presentan problemas que impiden una realización automática de una acción específica, sea porque haya que hacer algún ajuste a lo ya aprendido, o bien, aprender algo nuevo.

El estado de consciencia de la vigilia pone en funcionamiento el aparato perceptivo externo, lo cual permite al pensamiento explorador comenzar la búsqueda del objeto que probablemente satisfará el deseo promovido por la necesidad imperiosa de sobrevivir.

El acto perceptivo lo podemos dividir en dos procesos que transcurren simultáneamente. Por un lado, aquel que se encarga de ‘captar’ desde la realidad externa, lo cuantitativo, es decir; lo que genera los estímulos que viajan por las vías particulares de cada uno de los órganos de los sentidos, rumbo a la corteza cerebral, y que constituye en la hipótesis de Llinás (Llinás et al., 1994, p. 261), el contenido (lo espacial). Por otro lado, está el proceso que ‘capta’ lo cualitativo, o aquello que no es aparente, y que tiene una dimensión temporal; el contexto de Llinás, que viajando por la sustancia reticular llega a los núcleos inespecíficos del tálamo. El sistema tálamo-cortical y el pensamiento práctico, unifican el acto perceptivo para establecer la realidad existencial de lo percibido.

El pensamiento práctico posibilita tramitar lo percibido, y lo hace mediante la configuración de dos memorias distintas, una estructural (residente en la corteza) y otra operativa (que reside en el cerebelo). Estas memorias solo ‘retienen’ relaciones. Estas relaciones, cuando se repiten en la realidad percibida, terminan configurando verdaderos patrones para los que el aparato psíquico destina una serie de recursos que permiten llevar a cabo acciones que representan ‘acciones específicas’ elaboradas a modo de respuesta ante lo percibido.

Las relaciones mencionadas son registradas, de alguna forma, dada la modificación en las fuerzas sinápticas entre las neuronas provocada por el impacto del complejo perceptivo, dándose así una forma de aprendizaje. Este aprender se hace en un doble sentido, por un lado, el que podríamos llamar estructural encargado de lo cuantitativo y que se da por afinidad o relación inmediata entre los elementos percibidos de la realidad; y por otro lado, estaría el aprendizaje temporal (o cualitativo), que depende de entradas y respuestas previas. Como resultado de sucesivos aprendizajes se va creando en la trama reticular neuronal una serie de ‘caminos’ facilitados por donde ‘discurren’ los distintos estímulos venidos desde el exterior y así se forman los distintos patrones relacionales que luego pueden ser ‘recordados’. Si el patrón percibido coincide enteramente con algo ya aprendido y conocido (vivenciado), el pensamiento práctico da curso a la acción, es decir, transforma el ‘camino facilitado’ en un PAF que constituye la respuesta motora ante lo percibido. Cuando estas
respuestas se repiten en el tiempo, dan origen a los hábitos que sin participación plena de la consciencia permiten caminar, hablar, etc.

Si el patrón percibido no coincide totalmente con uno ya conocido, entra en función algún pensamiento corrector, según en donde asiente la disparidad. Cuando no se puede establecer la identidad del objeto, el pensamiento judicativo activa mediante atención biológica la modificación del pensamiento práctico de acuerdo a lo aportado por el pensamiento explorador (figura 7).
Cuando lo que no se puede establecer es la identidad del sujeto, entonces, el pensamiento crítico a través de la atención psíquica modifica el pensamiento teórico en función del pensamiento práctico. En fin, cuando no se puede identificar la transformación que relaciona sujeto y objeto, el pensamiento puro, por la atención social, modifica el pensamiento explorador dependiendo de cómo el pensamiento teórico debe adaptarse según las circunstancias; un ejemplo paradigmático es la adecuación del discurso a la situación comunicativa.

Con las modificaciones anteriores se busca establecer cuan verdadero es un hecho determinado. Así, se trata de establecer la verdad biológica, que se sustenta en la satisfacción de un deseo; o la verdad psíquica, que radica en el sentido que adquiere un hecho cualquiera, lo que da la posibilidad de comprenderlo; o la verdad social, que es la que vulgarmente conocemos como ‘verdad’ y la que nos permite aparecer como confiables ante los demás y edificar las propias creencias por convicción o certidumbre, es decir, ser científico.

Algo totalmente distinto ocurre cuando el patrón percibido no coincide en absoluto con algo ya aprendido y conocido, es decir, vivenciado.

EL PENSAR (Salatino, 2013, p. 180)

El pensar, como fenómeno, acepta dos modalidades; la primera tiene que ver con una serie de procesos psíquicos que están soportados en la estructura dinámica de la psiquis. Estos procesos, una vez elaborados, habilitan una serie de procesos operativos que canalizan lo aprendido (aprehendido) y conocido (vivenciado) a través de la percepción, que cumple con las exigencias de determinado deseo, hasta alcanzar la comprensión. Esta modalidad del pensar aquí la conoceremos como pensar volitivo.

La segunda modalidad del pensar es aquella que, soportada en el pensamiento teórico, permite darle cumplimiento efectivo o no, a un deseo para que se transforme en ‘nuestra verdad’ frente a los demás, vale decir, en una creencia. En otros términos, la verdad biológica que significa satisfacción o no de un deseo, o esa transformación profunda e innata que no puede ser puesta en evidencia como no sea por sus manifestaciones; esas que determinan el proceder ante las distintas transformaciones aparentes a que es sometido el aparato psíquico, y que denotan su compromiso con la vida.

Esa verdad biológica es transformada en verdad psíquica, la que nos dice del sentido de la realidad, y la que nos da la posibilidad de comprenderla; es la tarea asumida por el Yo para alcanzar la verdad social, nuestra verdad ante el otro, esa que nos permite nuestra vida de relación, pero que además, alimenta nuestras creencias, por lo que termina siendo, finalmente, nuestra propia verdad ante las exigencias sociales. Esta modalidad del pensar se llama pensar cognitivo.

La especie como función interrelaciona, en primer lugar, el pensar volitivo mediante un deseo, y el pensar cognitivo a través de una creencia; y en segundo lugar, incorpora los procesos psíquicos superficiales (aprender, entender y explicar) desde una idea como integrante de la memoria estructural, a los procesos psíquicos profundos (conocer, interpretar y comprender) hechos evidentes por un PAF que forma parte de la memoria operativa, la creadora de respuestas.

El pensamiento lógico es un derivado menor de un proceso psíquico superficial, explicar, el que tiene que ver, por un lado, con la inferencia o la aplicación directa de los principios de la lógica tradicional; y por otro, con la asociación o implicación en base a experiencias y conocimientos previos para poder dar lectura individual a un hecho determinado, y así, encontrarle significado.
La comprensión como fenómeno es el grado más elevado de cognición que se pueda alcanzar y se logra mediante una serie de identidades.

Todo comienza con la formación de una especie. La especie constituye el sustrato adecuado para poder expresar circunstancias, sentimientos, ideas o pensamientos; es un logro perceptivo que dispone de una serie de elementos, como son: a) un sujeto (sujeto superficial - SS), que con identidad propia se encarga, infligiendo cambios o transformaciones, de conceder existencia; b) un objeto (objeto superficial - OS), que al recibir un cambio o transformación, marca contrastes, y c) un cambio evidente (cambio superficial - VS) que establece las diferencias entre los anteriores y la concordancia simultánea entre ellos.

[continuará ... ]