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¡Yo quiero ser anónimo!

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¡Yo quiero ser anónimo! Solía decir; y cuando un periodista le preguntó si había escrito sobre su muerte, el dijo, sereno como siempre - solo una vez - refiriéndose al siguiente pasaje de La Biblioteca de Babel: " ... ahora que mis ojos casi no pueden descifrar lo que escribo, me preparo a morir a unas pocas leguas del hexágono en que nací. Muerto, no faltarán manos piadosas que me tiren por la baranda; mi sepultura será el aire insondable; mi cuerpo se hundirá largamente y se corromperá y disolverá en el viento engendrado por la caída, que es infinita ." Su deseo no se cumplió; jamás podrá ser anónimo alguien que nos enseñó a ver una realidad que nadie percibe, pero que existe. Su figura, su obra, sus palabras entrecortadas y a media voz, su color amarillo, sus luces y sombras, sus tigres, sus pasos cansados iluminando las veredas de Buenos Aires, su luz propia, su autonomía y libertad, que eran a su vez, su prisión; todos ellos conspiran para sacarlo del anonimato. En...

Nos ha dejado una mente brillante

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El título de este artículo, nada original por cierto, ya que debe ser casi idéntico a cientos de publicaciones de todo el mundo, no deja de ser intensa y dolorosamente verdadero. Ayer me enteré por las noticias que dejó de existir, junto a su esposa, como consecuencia del accidente de tránsito en el que estuvo involucrado el taxi en el que se trasladaban; John Forbes Nash tenía 86 años. Mi contacto con sus ideas, más allá del tenue panorama que se pinta en la película de Ron Howard, que por supuesto he visto ya varias veces y la seguiré viendo muchas más, surge cuando escribí en el capítulo 4 de mi libro PSIQUIS - Estructura y Función (que puede ser descargado desde este sitio), sobre la Filogénesis del aparato psíquico, y en donde propongo sustentado, en parte, en las ideas de Freud, sobre la injerencia de la figura del padre ancestral en la herencia de ciertos patrones relacionales (facilitaciones heredadas de Freud), como son: el principio de displacer, considerar propio lo sa...

Solitario

Siento que camino y sin embargo no escucho mis pasos. Siento que me hablas y sin embargo no te veo. Percibo la luz de la luna y sin embargo no a mi sombra. Nadie me sigue, y no voy en busca de nadie. Me gana la ansiedad de lo infinito y de lo desconocido. Me señala la desesperanza y me asedia tu recuerdo. Persiguiendo el desconsuelo me hundo en la noche. Solo me acompaña mi soledad. Nada quedó de la luz que irradiabas cuando te conocí. La frescura de tu sonrisa se esfumó entre mis pensamientos. Tus ojos claros me negaron una vez más su mensaje. Tus manos, nunca más me regalaron su húmeda pasión. La lluvia ya no te trae en el aire, desde donde estés. La brisa ni se acuerda de tu pelo alborotado y suave. Tus caléndulas recuperaron sus pétalos, porque ya no me quieres. Mis golondrinas ya no migran en busca de tu calor. Qué poco duró ese amor que se decía eterno. Qué tenue y sutil la diferencia entre lo propio y lo ajeno. Me parece lejana y extraña tu sonrisa y tu voz...

El preferido de la familia

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Sigmund Freud nació a las 6.30 de la tarde del 6 de mayo de 1856, en la calle Schlossergasse Nº 117, en Freiberg, Moravia. Fue el mayor de seis hijos vivos - entre su único hermano y él había diez años de diferencia y cinco hermanas, y la familia depositó en él todas las esperanzas, esas grandes ilusiones que las familias judías se complacen en forjar con respecto a sus hijos varones. La obligación de triunfar que le había impuesto su familia y su cultura, venía reforzada por el modelo de ética propuesto por una educación tradicional. Ante estas circunstancias, y teniendo en cuenta lo que significaban los griegos y romanos notables para la mentalidad europea de aquel entonces, sus fantasías infantiles de fama militar (imaginando convertirse en Aníbal, el gran enemigo semita del Estado romano), fueron sustituidas por la aspiración a convertirse en un héroe cultural, cuando se imaginaba que algún día su retrato tendría un lugar de honor en el Aula de la Universidad, la inscripción qu...

Artículo original en metodología de la investigación

En este trabajo, por primera vez, se aplica mi método de investigación en una ciencia natural, ya que originalmente fue pensado para investigación en ciencias humanísticas. El hecho de haber sido aceptado por el riguroso comité científico y de árbitros de la publicación, le otorga al mismo un importante respaldo. Su aspecto novedoso, en ciencias naturales, es que permite 'aislar', metodológicamente hablando, al objeto de estudio, con el propósito de contrastar su comportamiento con respecto a un modelo específicamente diseñado para tal fin. Esta técnica que seguramente resultará, tal vez, un poco extraña, tiene el respaldo de un trabajo de investigación realizado a lo largo de 15 años, y ya ha mostrado ser efectivo como alternativa, en un gran número de áreas del conocimiento.

PARADOJAS

Porque veo cómo las naves juegan con los vientos Y el agua navega en un mar de peces, No quiere decir que siempre miento, Ni que estoy cuerdo solo a veces, Quiere decir que por decirlo no interpreto, Ni que por escucharlo me interpretes. Si fuera azul el cielo y blanca la nieve, Da lo mismo que sea vacua la sombra y pleno el silencio, Porque nada tiene que ver con lo que siente, El que supone solo un instante lo que pienso. Si el acercarme a la verdad me diera aire, Seguramente en verdad me moriría, Porque si esa verdad le pertenece a alguien, No seré yo quien se lo diga.

Una vez más la apariencia oculta la trascendencia

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Así dejó su oficina en Princeton, Albert Einstein, el día de su muerte (18/04/1955). Varios Journals abiertos, alguna que otra correspondencia sin abrir, un par de libros esperando a ser consultados, su pipa, una fotografía de algún lugar, probablemente, de la misma ciudad y una nota a medio hacer, son los mudos testigos de ese día, en que a los 76 años y víctima de una insuficiencia cardíaca, nos dejara quien aportó con su imaginación y creatividad una nueva perspectiva desde la que observar nuestro universo. Una nota en BBC Mundo de hoy nos cuenta el periplo, que hace 60 años, inició el cerebro de Einstein, que según variadas historias que yo recuerdo desde que era adolescente, se tejen alrededor de esta supuesta misión recuperadora de los secretos que guardaba Einstein en su cerebro. Este planteo es tan ingenuo, como si pretendiéramos descubrir lo que Einstein estaba pensando en el mismo momento en que se levantó por última vez de su sillón, o sacar una conclusión en función de ...