octubre 11, 2014

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 364)

Cuaderno XV (páginas 2189 a 2194)

(En este capítulo veremos los procesos operativos que lleva a cabo nuestra psiquis, y que nos permiten explicitar los pensamientos mediante nuestro comportamiento y nuestra conducta)

PROCESOS OPERATIVOS




PROCESOS OPERATIVOS
Referencias: LU = lenguaje universal - LN = lenguaje natural - LC = lenguaje convencional - vértices del triángulo = procesos operativos superficiales - círculo externo = procesos operativos profundos con su dependencia según el sistema real subjetivo que lo sustancia.

Los procesos operativos (figura) dependen directamente de los pensamientos pragmáticos (reproductor, lógico e intuitivo), ya que representan la única forma de explicitar nuestros pensamientos, mediante el comportamiento y la conducta.

Como la necesidad primordial es sobrevivir, y esto solo es posible si aprendo a adaptarme a lo que me rodea, es que el aparato psíquico nos provee de una serie de estrategias, que a nivel biológico son los PAF para lograr la satisfacción de un deseo; a nivel psíquico algo como la ironía que canalizando nuestras expectativas usando el ‘ingenio’ o la intuición, da curso a una creencia o ‘nuestra verdad’; y a nivel social, algo como la cortesía, que convalidando una franca subordinación a la norma establecida socio-culturalmente, nos permite cumplir con nuestro propósito, cual es sobrevivir socialmente, aunque para eso debamos solapar lo que creemos.

Guiándonos por la figura anterior, vamos a realizar un ejercicio en donde se podrá poner en evidencia, cómo funciona nuestro aparato psíquico según las circunstancias.

Así, si observo y luego relato, lo hago mediante el lenguaje natural y estoy expresando un conocimiento producto de una vivencia, aunque para ello utilice el discurso; si observo y luego describo, lo hago mediante el lenguaje convencional y estoy interpretando, es decir, dándole sentido a un hecho y comunicándolo respaldado en sólidas argumentaciones. Si relato y luego describo, estoy haciendo una observación sobre algo aprendido que incrementó mi conocimiento, o sea, estoy narrando según un saber práctico; si describo y luego relato, estoy narrando según mi entendimiento de una idea asida por intuición. En cambio, si relato y describo al mismo tiempo (o sea narro) estoy haciéndolo desde el lenguaje universal, y manifestando una comprensión mediante un pensamiento.

Observo para aprender, describo para explicar, relato para entender. Luego, si me expreso es porque conozco, si uso el discurso (en cualquier modalidad) es porque interpreto, y si narro es porque comprendo.

Cuando observo desde el lenguaje natural, sé; cuando relato desde el lenguaje universal, intuyo; cuando describo desde el lenguaje convencional, colijo, esto es, infiero, deduzco, concluyo, conjeturo, o argumento.

La descripción tiene una connotación espacial y es de naturaleza estática, mientras que el relato está supeditado a lo temporal cronológico y muestra una dinámica afectiva superficial y abigarrada. La narración, por su parte, al estar regida por el tiempo interno o psíquico, denota la actividad manada de la comprensión de un cambio o transformación. En estas definiciones no son tenidos en cuenta los detalles habituales invocados para determinar el género literario respectivo, sino más bien solo el arreglo implícito entre el autor (él mismo o a través de sus personajes), el que narra, relata o describe y el lector, más allá que se utilicen distintos recursos lingüísticos para poner esto en evidencia. Siendo consecuentes con la propuesta transcursiva de la psiquis, debemos decir que, las tres instancias anteriores (autor, narrador y lector) son en realidad, solo uno y el mismo sujeto. Estas tres instancias representan, ni más ni menos, que las etapas evolutivas por las que pasa nuestra psiquis en su desarrollo, y las situaciones que se dan cotidianamente en una psiquis normal, cuando tiene que lidiar con los tres sistemas reales. La novela o un cuento o cualquier otro género literario no es más que el registro concreto de una fantasía que pretende dar a conocer una versión superficializada de nuestro funcionamiento psíquico. Tan cierto es lo que acabo de afirmar que bastaría con revisar algunos de los clásicos de distintas épocas y de distintos géneros para comprobar que un autor determinado proyectó en su obra abundantes evidencias del modo de elaborar su relación con el mundo, y en no pocas ocasiones, marcados rasgos clínicos de severas alteraciones psíquicas [Virginia Wolf, Mark Twain, Hemingway, Charles Baudelaire, Christian Andersen, Herman Hesse, Edgar Allan Poe, Fiódor Dostoyevski, Silvia Plath, Jean Kerouac, Franz Kafka, Antonin Artaud o Guillermo Cabrera Infante, por solo mencionar algunos].

Se debe tener en cuenta que la narración constituye la expresión de un pensamiento producto de un proceso de comprensión, y como tal, permite ‘construir’ una historia o esa estructura temporalizada que es abordada desde la simultaneidad psico-bio-socio-cultural, propia del hombre. Dadas estas características tan particulares de lo narrativo, es que no existen historias ‘reales’, sino solo ‘ficciones’. Esto último que puede resultar chocante y hasta grotesco, se funda en que nadie puede transmitir su experiencia individual; en el mejor de los casos, puedo generar en mi interlocutor, un estado afectivo similar para favorecer un ambiente empático, pero nada más. Tal vez se me podrá achacar un alto grado de necedad, por desconocer las tan comunes historias basadas en ‘hechos reales’, que reproducen a veces pulcramente lo sucedido. Por supuesto que estas historias existen, pero dado que necesariamente deben ser escritas o narradas por alguien, que hasta pudo estar involucrado en esos ‘hechos reales’, tal narración no deja de ser una ‘mirada’ individual que trata de ‘retratar’ lo sucedido tanto a él, como a los demás. Esta composición no es más que eso, ‘un retrato’, que será a lo sumo interpretado por el interlocutor ocasional, pero jamás comprendido. Solo es posible comprender la experiencia individual; más todo lo que nos viene ‘desde afuera’, se comporta psíquicamente, como una fantasía o como una ficción que permite satisfacer momentáneamente nuestros deseos y dar rienda suelta a nuestras creencias, lo que intuitivamente, es suficiente para complacer nuestro ego.

Solo hay una historia real, nuestra propia historia; las demás hasta pueden tener personajes que existieron objetivamente, pero eso no las hace reales, solo alcanzan para plantear nuestro punto de vista superficial y lógico sobre las relaciones que se dieron en un lugar y en un tiempo determinados entre distintos personajes.

Cuando describimos o relatamos, usamos obviamente, la palabra convencional, sin embargo, cuando narramos, usamos la palabra psíquica y la biológica, el nexo esta última, entre la psiquis y lo convencional.

La palabra biológica es la que permite, por ejemplo, escribir o hablar, por lo que está ligada con exclusividad a lo volitivo; mientras que la palabra psíquica la usamos como instrumento de la comprensión, lo cual la liga irremediablemente a la cognición, es decir, al pensamiento.

CONCLUSIÓN
Hemos podido ver a lo largo de varios capítulos cómo se ensamblan el pensamiento, el pensar, los procesos psíquicos y los procesos operativos para definir la actividad subjetiva. Este entramado muestra la misma disposición que se le ha dado, desde esta teoría, a la realidad subjetiva, esto es, la distribución estructural y funcional en un universo policontextural que justifica las evidencias conductuales y de comportamiento del ser humano, tanto desde el punto de vista biológico, como así también, psíquico y social.

Los procesos ontogenéticos que hemos descrito e intentado interpretar cambian absolutamente los conceptos sostenidos hasta ahora, sobre el funcionamiento psíquico.

Más allá del importante soporte neurobiológico que hemos demostrado, y que se encargan de desmitificar las teorías sobre la mente propuestas hasta ahora, el abordaje ontogenético de la psiquis, desde los principios que rigen la realidad subjetiva, han permitido desbrozar el panorama que nos brindan las neurociencias actuales.

El elemento regente de esta nueva propuesta, sin lugar a dudas, es el tiempo; ese eterno desconocido, que al igual que la psiquis, siempre ha quedado hasta hoy, carente de definición.

El pensamiento visto desde su aspecto temporal nos muestra el verdadero sentido del aparato psíquico y nos pone, por un lado, sobre la pista del descubrimiento de las causas últimas de las diversas patologías que afectan la psiquis; y por otro lado, a cubierto de los innumerables malentendidos que cercenan nuestro acceso científico a temas tan importantes, como por ejemplo, el lenguaje.

A modo de resumen se ofrece la siguiente tabla.


EL PENSAMIENTO Y SUS VINCULACIONES
Referencias: SR = sistema real - B = bio-externo - P = psico-interno - S = socio-cultural PAF = patrón de acción fijo (acción específica)

La tabla anterior nos permite acceder al amplio panorama que nos ofrece el pensamiento y sus vinculaciones; esas que involucran el sistema subjetivo real participante a través de la unidad operativa pertinente, el tipo de palabra utilizado en los pensamientos pragmáticos y los distintos procesos dependientes, la manifestación superficial en cada uno de ellos, y finalmente, el afecto que subyace.

Es importante, al considerar todo lo relacionado con el pensamiento, no perder de vista que, tanto el resultado último de las manifestaciones como el establecimiento de los afectos derivados, tienen un único origen: el deseo. Ese deseo que surge de integrar una idea, producto de una necesidad, a un PAF compuesto para situar al sujeto en circunstancias propicias para la supervivencia y el bienestar, es decir, dar cumplimiento a ese deseo. Freud diría que ese deseo es producto de una libidinización de una idea o de una necesidad.

Según la postura anterior, el que todo pensamiento o proceso psíquico dependa de un deseo, no representa el mero predominio de la reacción sexual sobre la percepción y el pensamiento, sino más bien, un impregnar a toda la actividad psíquica de ese impulso que nos permite adherir a la vida, la única y efímera excepción de una regla infinita.

En esencia ésta última es una formulación neurobiológica de las ideas de William James (1890), quien fue el primero en proponer que la experiencia subjetiva emocional (sentimientos) emerge desde la interpretación de los estados corporales que son suscitados por acontecimientos emocionales. Esto es un ejemplo de pensamiento volitivo, cuyos integrantes son: una intención (psíquica) para consigo mismo, un comportamiento (biológico) para con el entorno, y una conducta (social) para con los demás.

Hasta aquí lo que compartimos en buena medida con el resto de los animales; todo lo demás y que nos caracteriza como humanos, esto es, el pensamiento teórico o abstracto y la comprensión, artífices de la unión de ese deseo originario con una creencia elaborada, pertenece puramente al dominio de lo psíquico, ese que aunque tenga un, ahora evidente, arraigo biológico, aparece ante los demás como etéreo, intangible; a veces sumiso, otras faccioso o indómito; pero que a la postre y ante nosotros mismos, siempre, si no media una patología, está de nuestra parte y nos hace comprender la belleza de la libertad de estar vivos.

¡Nos vemos mañana!