octubre 13, 2013

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 1)

Cuaderno I - (páginas 1 a 6)

Jueves 8/11/2001, hora 10:30. Llevo algún tiempo sentado a la mesa de un café-bar esperando a mi colega para comenzar este nuevo oficio compartido de 'perder el tiempo'. Cuando ya pensaba que se había arrepentido de su ofrecimiento, se oscureció repentinamente la puerta de ingreso al lugar y allí estaba; lo reconocí no porque pudiera ver sus facciones, ya que estaba a contraluz, sino por su silueta transversalmente macrosómica.

Traía en sus manos un pequeño libro de tapas verdes, que dejó caer pesadamente sobre la pequeña mesa, diciendo - vamos a empezar por esto que es genial. En la portada se leía: Mente y Conjuntos Infinitos, Aproximaciones a la bilógica de I. Matte Blanco. Mal completaba aquella escueta presentación, una ilustración de Escher (ilustraciones que no sé por qué razón extraña siempre se usan para representar, gratuitamente, cuestiones que tienen que ver con la mente), muy mal dispuesta y de escasa calidad gráfica.

- Lee vos - espetó mi colega. Con menos entusiasmo que pereza, comencé la lectura de aquello que era, para mí, totalmente desconocido. No voy a aburrirlos con tan enigmática proclama, oriunda de no sé qué delirio místico; simplemente me limitaré a mencionar algo de los apuntes que tomé inaugurando mi cuaderno I; comenzando así la crónica de mi destierro.

La referencia a la obra de este psicoanalista chileno, que se formó en Londres, trabajó en EEUU y terminó sus días como profesor en la Università Cattolica del Sacro Cuore (único término en común entre la actividad de este profesional y la mía) de Roma, además de crear en Chile el Centro de Estudios Psicoanalíticos que luego se transformará en la Sociedad Psicoanalítica Chilena, se inicia con una caracterización del inconsciente freudiano, algo que recién comenzaba a conocer. Allí me enteré, por ejemplo, que Freud define al inconsciente como ese sistema psíquico en donde no existe la contradicción y la negación, en donde hay desplazamiento y condensación de 'cargas', en donde la realidad externa es reemplazada por la realidad psíquica, y en donde, todos estos procesos no se manifiestan con el paso del tiempo, es decir, son atemporales.

No voy a negar que todo lo anterior me fascinó, aunque no alcanzara a comprenderlo muy bien. Ahora, lo que realmente no pude descifrar (después, investigando un poco, supe que Matte Blanco tampoco lo hizo), es la propuesta de Matte Blanco, interpretada claro, por los autores del libro. Para no extenderme demasiado, diré que este autor proponía, que desde el punto de vista lógico, el inconsciente trataba solo con conjuntos infinitos (en menudo barullo se metió, uno que ni siquiera los más eminentes matemáticos han logrado solucionar del todo). Para 'probar' esto inventa una lógica simétrica que sumada a la lógica clásica, daba como resultado la tan mentada bilógica; un engendro quasimatemático con el que nunca pudo realizar un cálculo que fuera coherente.

Así pasó por mi vida intelectual, la tan mentada obra de Matte Blanco, sin pena ni gloria, y sin menguar en un ápice mi desesperanza.

Otra tarea que mi colega me endilgó en estas etapas iniciales, fue que comenzara a leer por mi cuenta el Proyecto de Freud; y así se despidió de nuestra segunda jornada de 'trabajo'. En primer lugar, no sabía a qué se refería cuando me dijo el Proyecto, pero una mezcla de pudor y soberbia me impidieron preguntarle; y en segundo lugar, no tenía nada de material al respecto. Salí a buscar en las librerías en donde vendían libros usados (total ahora tenía todo el tiempo del mundo), para ver si encontraba algo. A poco de andar encontré algunos volúmenes de esas colecciones que salen periódicamente sobre temas relevantes de autores conocidos en distintas disciplinas. De Freud han salido varias, y justamente, di con el volumen 2 de una colección de editorial Losada en donde figuraba: Proyecto de una psicología para neurólogos. Sin estar muy seguro si era lo que tenía que leer, lo compré y me puse a estudiarlo. De esta primera lectura surgieron algunos esquemas que, después con el tiempo valoré y mucho, porque para ser la primera vez que entraba en contacto con un tema tan escabroso, no salieron tan mal. (la figura muestra alguno de ellos).



Cuando nos volvimos a reunir con mi colega y le mostré lo que con tanto trabajo había hecho, me dijo, con un aire de profesor emérito, - eso que has leído no es la versión oficial de la obra de Freud, por tanto, tenemos que revisar qué es lo que has entendido sobre el tema - Reconozco que yo le hice algunos agregados propios (no podía con el genio; durante más de 15 años estuve acostumbrado a realizar diagramas de flujo cuando iniciaba un trabajo en computación y encaraba lo que se conoce en la jerga informática como análisis del sistema a automatizar). De todas maneras, ni siquiera revisó el esquema. Dudo que él estuviera acostumbrado a ver esto con ese grado (aún muy incompleto) de sistematización.

Nos vemos mañana. ¡Hasta el próximo capítulo!