octubre 30, 2013

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 18)

Cuaderno I (páginas 105 a 110)

Siendo las 00:08 hs. del Sábado 26 de Enero de 1985, comienza a temblar fuertemente. Estaba en casa junto a mi esposa en la cocina viendo televisión, mientras mi hijo jugaba con el hijo de un vecino, cuando de repente, como consecuencia de un tremendo sacudón, se abrió una de las alacenas y salieron proyectadas fuentes y otros utensilios que se precipitaron sobre nuestras cabezas, además, dada la intensidad del sismo (seguro mayor de 5 grados) se apagó la luz. Yo tomé a los niños y los llevé a la calle, mientras mi esposa fue en busca de su madre que estaba durmiendo. El movimiento, según informes posteriores, duró solo 9 segundos, pero a nosotros nos parecieron una eternidad, porque no dejaba de sacudirse todo de una manera frenética.

Trataba, desesperadamente, de escuchar alguna noticia en una radio portátil, pero era inútil, el corte eléctrico había afectado a una basta zona de la provincia, y solo se escuchaban algunas emisoras de lugares lejanos que daban cuenta de un fuerte temblor cuyo epicentro parecía estar en Mendoza, pero nada más. Permanecíamos en la vereda junto a todos los vecinos del barrio, ya que hubieron innumerables y fuertes réplicas del movimiento telúrico, cuando a las 4:30 de la madrugada finalmente puedo sintonizar una radio local que certifica que nos había afectado un terremoto con epicentro a escasos 100 kms de casa, y como consecuencia se registraron enormes daños en toda la capital y zonas aledañas. Entre estos daños, el periodista informaba con enorme pesar, el derrumbe de mi querido hospital (foto), un edificio muy antiguo que data del 11 de Febrero de 1900, y en donde había permanecido el día anterior hasta las 22 hs. acompañando a mi amigo que estaba de guardia en Terapia Intensiva. El periodista pedía, a requerimiento de las autoridades del Ministerio de Salud, que todos los médicos del hospital y el personal auxiliar, concurriéramos al lugar para ayudar con la evacuación de los pacientes, ya que el edificio había colapsado totalmente. Subí a toda la familia en el auto y partí hacia allí, y aunque queda muy cerca de casa, me parece una eternidad lo que tardo en llegar, asombrándonos a cada paso con mi familia, de la magnitud del fenómeno; gran cantidad de viviendas destruidas y hasta una iglesia relativamente nueva; pero el camino se hace más largo, sobre todo porque no podía evitar pensar en qué le pudo pasar a mi amigo, porque Terapia Intensiva está en la zona del edificio más afectada.


Bomberos, ambulancias, mucha gente de guardapolvo blanco tratando de acomodar a un sinnúmero de pacientes en distintos vehículos dispuestos para tal fin. No sabía muy bien que hacer, cuando reaccioné, me dirigí con gran ansiedad y preocupación, hacia Terapia Intensiva, de la que no quedaba nada, en busca de mi amigo; era en lo único en lo que podía pensar. Luego de un largo rato, de pasar por entre los escombros y dar alguna que otra ayuda a compañeros de trabajo para trasladar algún paciente, lo puedo ubicar. Estaba con su guardapolvo totalmente sucio con tierra, barro y alguna que otra mancha de sangre. No atiné más que a darle un abrazo muy fuerte y preguntarle - ¿estás bien?, a lo que me respondió, - tranquilo, por suerte yo no tengo nada, aunque me salvé de milagro, porque en el momento del terremoto, acababa de salir al patio para ir a Clínica Médica por una consulta; cuando de repente sentí el movimiento y como una fuerte explosión; al mirar hacia atrás, vi desaparecer prácticamente ante mis ojos, todo el edificio. Continué interrogándolo, - ¿Hay algún colega herido? ¿y los pacientes, en qué puedo ayudar?, a lo que serenamente respondió mi amigo, - No, por suerte estamos todos bien, muy asustados, pero bien. En cuanto a los pacientes, ya están todos evacuados luego de mucho trabajo.

Ya han pasado 30 días desde el terremoto. Todos los servicios hospitalarios han sido distribuidos en otras dependencias que posee la Obra Social Provincial, e inclusive, en otros hospitales. A mi amigo y a mí nos tocó el mismo lugar, por lo que seguimos estudiando juntos.

Seis meses ya desde el siniestro, cuando viene a nuestro lugar de trabajo, una autoridad de la Obra Social para anunciarnos que se acaba de habilitar un lugar alquilado en pleno centro, en donde funcionará todo el sector de consultorios externos. Como yo, además de cardiología clínica, hago ecocardiografía, debo trasladarme a ese lugar, quedando liberado de atender a los pacientes internados. Por un lado, estoy contento pues voy a poder trabajar más cómodo, pero por otro, apesadumbrado porque me separan de mi amigo. [nunca imaginé que el hecho del traslado a los consultorios externos, iba a cambiar absolutamente mi suerte dentro de la Obra Social Provincial]

Hay mucha ansiedad entre mis compañeros, esperando mi descripción de cada uno de los nodos (reservas) de lo propuesto en la reunión anterior. Aquí está:

1) Reserva subjetiva (Se): destinada a generar en la clase el nodo sensible, y dispuesta para permitirle, a este nodo, que se conecte con el segmento biológico (corporal) del aparato perceptivo. Esta disposición significa, básicamente, la posibilidad de generar una entrada en el nodo sensible para cada necesidad biológica (básica) planteada (hambre, sed, etc.).

2) Reserva ostensiva (O): generará en la clase, el nodo ostensivo. La disposición observada aquí tiene la particularidad, no solo de poseer la capacidad de generar un nodo, sino dotarlo de componentes internos (subnodos o polos). Uno de estos componentes estará destinado a registrar el espacio, y el otro, el tiempo. Es la única reserva que posee (en el germen espacial) un 'preseteo' (un 'valor' ya cargado) que da cuenta del soporte dimensional del espacio. Este 'valor' representa la unidimensión (1D - el largo) (¿es la distancia entre el aparato perceptivo y la metaclase?, y luego, ¿será la profundidad del espacio psíquico?)

3) Reserva objetiva (A): es la destinada a dar origen al nodo objetivo o de los atributos, que cumplirá en la clase, una función solo descriptiva.

4) Nodo motriz (M): daría la tridimensionalidad (3D).

5) Valencia (V): marca de generalización.

La unidimensionalidad (1D) (locus (lugar) = estar) es un atributo provocado por la distancia del eje estructural real al nodo subjetivo (segmento A-Se de la figura).
La bidimensionalidad (2D) (situs (situación) = ocupar) está dada por la interpelación en A del eje A-Se, con el eje A-O (figura).
La tridimensionalidad (3D) (spatium (espacio) = existir) está dada por la incorporación en A, del eje A-M. Esto representa la 'vivencia espacial' del objeto, como el desplazamiento de dimensiones, y no como concepto de espacio. Pasan a formar parte de los atributos primarios, en el núcleo de la clase (lo que veremos en otra ocasión). [Evidentemente hasta aquí, estos desarrollos teórico estaban muy 'impregnados' de la teoría kantiana y de la lógica aristotélica]


En la figura se puede apreciar un detalle de cada uno de los nodos, dispuestos de tal forma como si de un registro computacional se tratara. La activación de cada uno de ellos queda establecida cuando debajo de cada nodo hay un '1'. Un '0' indica falta de activación. Las siglas: To = tiempo ostensivo; V = valencia (marca); A = atributos secundarios; Se = nodo sensible; Eo = espacio ostensivo; (To + Eo = O); M = polo motriz. Núcleo de la clase = atributos primarios.

¡Hasta mañana!