octubre 19, 2013

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 7)

Cuaderno I (páginas 39 a 44)

Llevo dos horas esperando para que me atienda alguien de los que tienen a cargo la administración de una de las instituciones privadas que existen en nuestra provincia, en donde se puede hacer la carrera de medicina. Digo instituciones y no Facultades, porque en realidad están muy lejos de serlo, por lo menos en el sentido clásico del término.

El motivo de mi espera es uno solo: tratar de conseguir un trabajo. Llevo más de tres meses, desde que me despidieron, y aún no he podido conseguir uno. Si bien mi consultorio privado, al atenderlo más tiempo, ha repuntado algo, no es suficiente; es importantísimo que logre un sueldo concreto y estable. Ya hice varios intentos visitando 'amigos', en la mayoría de los casos ex-compañeros de la Facultad que ahora ocupan cargos importantes en distintas instituciones, pero aún no he tenido mucha suerte. Espero que en esta nueva ocasión, se rompa la 'mala racha'.

Pasadas largamente las 21 hs por fin sale la secretaria de este personaje y me invita a pasar a su despacho, para luego retirarse, pues ya no quedaba nadie del personal, excepto él y yo, por supuesto. Antes de seguir con el relato, resumo rápidamente, quién es dicho personaje y qué ofrezco yo como propuesta para generar en él la necesidad de contratarme.

A quien voy a ver es un ex-compañero de estudios en la carrera, es decir, alguien con quien tengo mucha confianza y supuestamente es o había sido mi amigo. Mi propuesta viene en un CD en donde he grabado un programa realizado por mí y que sirve para administrar medios audiovisuales y utilizarlos racionalmente en la proyección de material didáctico. En otras palabras, un administrador del contenido de una típica clase de las impartidas en esa institución. Me motivó el traer algo tan, en apariencia, insustancial, la mala experiencia que había tenido unos días atrás, cuando, en otra institución similar, en donde también alguien de la administración es un supuesto amigo, me rechazaron cuando me fui a ofrecer para dictar parte de alguna materia específica o inclusive ser un simple auxiliar de trabajos prácticos. Como aquí seguramente iba a ocurrir lo mismo, se me ocurrió hacer esta demostración, bastante espectacular y simple, de cómo manejar la información audiovisual. Lo anterior merece una explicación. En estas instituciones no tradicionales y recientes, por lo menos por ahora, no se cuenta con recursos genuinos para dictar las clases y hacer las prácticas. O sea, Anatomía, por ejemplo, se dicta en una clase teórica y se 'practica' en las figuras estáticas, de un muy buen manual digital, pero nada más. Se me ocurrió que dadas esas circunstancias, si se podía manejar esos gráficos en forma dinámica (3D) y descomponerlos en 'capas' sucesivas, aportaría un poco más de realidad que ayudaría algo en la formación de esos chicos. Dados mis conocimientos de computación, he logrado algo convincente, creo. La propuesta concreta entonces es crear un departamento de apoyo didáctico y ponerme a cargo, aunque más no sea, con un modesto sueldo.

Traspaso el umbral de la entrada al despacho de mi amigo, y allí estaba él, quien saltando prácticamente desde su mullido sillón se abalanzó sobre mí con los brazos abiertos que dejaban ver en todo su esplendor, su acostumbrado e impecable blazer azul marino, y su intención de darme un ampuloso abrazo. [aclaro que este personaje es de los que creen que el ocupar un cargo más o menos importante, le da licencia para hacerse de rogar todo el tiempo que se le dé la gana, o de hacerse llamar mil veces por teléfono para otorgar una audiencia] - ¡Dantecito, mi viejo! ¡qué gusto después de tanto tiempo! [tras fuerte abrazo de por medio, me di cuenta de inmediato que su nivel de hipocresía no había menguado ni un poco, porque hasta utilizó el mismo término casi peyorativo con que otrora se dirigía a mí] - La familia ¿como está?, ¿y la petisa? [por mi esposa, que lo conocía antes que yo porque, cuando niños, vivían en el mismo barrio] - que cosa ¿no?, ¡pero mirá que bien se te ve! ¡vos sí que no tenés problemas! ¡así cualquiera se muere! - En cambio yo, aquí me ves, mirá la hora y todavía en el laburo; qué vas a hacer, así es la vida! [después de esta perorata interminable, anodina y nunca más alejada de mi realidad, finalmente vino la pregunta esperada] - Bueno, ¿qué te trae por aquí? ¿en qué te puedo ser útil?.

Luego de un rápido racconto de mi situación de vida, al que no prestó mucha atención, paso a la demostración. Esta discurre según lo planeado, y cosa extraña en una primera demostración de una aplicación informática, no hay ningún inconveniente. Pasados los 30 minutos que demanda el manejo de la presentación, mi supuesto amigo dice estas lapidarias palabras, - bueno, Dantecito, como me tengo que ir, sino mi esposa me va a matar, mejor llamáme mañana o pasado [esta reunión fue concretada un día Viernes, por lo tanto, mañana o pasado mañana eran no laborables] y así te cuento los avances que logremos en esta propuesta, que me ha parecido interesantísima. [levantándose nerviosamente de su sillón, se volvió a colocar el blazer, que se había sacado minutos antes y enfiló hacia la puerta de salida del recinto, diciéndome...] - me apagás la luz por favor, gracias. Ya en la calle nos despedimos con un simple apretón de manos y una mentirosa palmada en mi hombro, de su parte. [demás está decir que nunca más me atendió el teléfono]

Yo seguía medianamente entusiasmado con los trabajos de Grossberg, y esto le estaba comentando a mi 'estimado' colega, cuando comenzó a temblar. En el segundo piso en donde estábamos los dos, ya que la Dra. lingüista no había concurrido, se siente un fuerte e interminable zamarreo que nos obliga a abandonar el edificio. Ya en la vereda, se seguían percibiendo algunas réplicas de temblor fuerte, por tanto nos quedamos allí un buen rato, mientras, una vez recuperado el aliento [yo me asusto mucho con estos fenómenos naturales], continué con los comentarios, a grandes rasgos ya que el cuaderno había quedado arriba, de lo consignado en mis apuntes.

El trabajo de Grossberg que había analizado con más detenimiento, es uno que publicó en 1999 en la revista Consciousness and Cognition, titulado, La relación entre el cerebro, el aprendizaje y la consciencia. Allí, como le comentaba a mi 'estimado', se decía que el conocer implica estabilidad, que la estabilidad implica intencionalidad, y que la intencionalidad implica atención y consciencia. Lindas palabras que solo implican adherir incondicionalmente a una metáfora. Hace referencia a una serie de localizaciones cerebrales en donde, supuestamente, se constatan todas estas aseveraciones [cuestiones que en el mejor de los casos, hoy, están desactualizadas, cuando no totalmente fuera de lugar]. Luego hace una apología de la importancia del sistema ART en el cerebro, que no merecen comentario alguno.

Otro de los trabajos de Grossberg, que recuerdo haber visto, porque todavía seguían algunos sacudones leves y hasta que no se detuviera del todo, yo no volvía a subir, es uno que también publicó en 1999 y habla sobre cómo las alucinaciones pueden surgir desde los mecanismos cerebrales destinados a la atención, el aprendizaje y la volición, el cual por supuesto, está más sesgado que el anterior, por lo que no vale la pena ningún comentario. [seguía en la búsqueda de alguna ayuda para poder armar un 'modelo mental' más coherente, aunque no se pareciera o no correspondiera con lo que yo interpretaba del trabajo de Freud]

Habiendo pasado buena parte de la mañana mirando pasar los automóviles en la concurrida esquina en donde mi 'estimado' colega tiene su consultorio, y poco más, nos despedimos hasta la próxima.

¡Nos vemos mañana!