julio 15, 2014

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 276)

Cuaderno XII (páginas 1659 a 1664)

(En este capítulo veremos la segunda parte del capítulo 2 de la tesis, que está dedicada al enfoque lógico-transcursivo de la corteza cerebral, sobre la cual aún, he escrito poco, pero mostraremos una serie de gráficos 3D muy interesantes, que he creado con un utilitario 3dsMax (3D Studio Max), que muestran en una recreación, la estructura celular de la corteza cerebral real, y por otro lado, cómo se la 'imagina' la Lógica Transcursiva. Finalmente, haremos, también gráficamente, un resumen filogenético del Sistema Nervioso Central (SNC), con lo que pienso cerrar el capítulo 2)

En la figura que sigue vemos una representación idealizada de la corteza visual primaria (área 17 - del mono), en donde, la distribución espacial está adaptada del trabajo de Favorov y Diamon, (1990) "Demonstration of discrete place-defined columns-segregates-in the cat" SI. J. Comp. Neurol; 298: 97-112; mientras que la distribución celular está adaptada del trabajo de Peters y Sethares, (1997) "The Organization of Piramidal Cell in Area 18 of the Rhesus Monkey". Cerebral Cortex; 7: 405-421.

Seguiremos la teoría columnar de Mountcastle (1957), quien describe la corteza cerebral como una delgada capa de tejido que recubre todo el cerebro, y que contiene unas 28 x 109 neuronas y otras tantas células gliales66. Las neuronas corticales están profusamente conectadas a través de unas 1012 sinapsis.

La corteza está organizada en seis capas horizontales paralelas; y verticalmente, en grupos celulares interconectados a lo largo de las distintas capas que son ya identificables a las 27a o 28a semanas de gestación.

Este autor establece como unidad básica de la corteza madura, la minicolumna, que está representada por una cadena de neuronas de disposición vertical y que atraviesa desde la capa II hasta la VI. Nos dice Mountcastle que cada minicolumna, en los primates, contiene entre 80 y 100 neuronas; excepto en la corteza visual del mono en donde el número es 2.5 veces mayor; su diámetro en humanos es de 40 a 50 ㎛; y están separadas unas de otras, por unos 60 ㎛ (Buxhoeveden y Casanova, 2002a)

Las minicolumnas están reunidas en estructuras mayores, llamadas macrocolumnas o módulos de 300 – 600 ㎛ de diámetro. Cada macrocolumna contiene unas 60 - 80 minicolumnas y rodeadas por otras seis columnas (Favorov y Diamond, 1990), adoptan una disposición aproximadamente hexagonal (como un panal de abejas, dicen los autores). (figura siguiente)


Hipótesis columnar de Mountcastle - Arriba: medidas, tipos celulares y disposición en capas (adaptado de Peters, 1997) - Abajo: disposición en 'panal de abejas' de la corteza somato-sensorial del gato, en donde se observa un corte del tejido cerebral, una simulación por computadora de dicha disposición, y un esquema idealizado de toda la estructura (adaptado de Favorov y Diamond, 1990)

La disposición descrita se ha podido comprobar en varias regiones de la corteza cerebral y un aspecto importante que hay que destacar es que, los métodos utilizados para su individualización (que son muy variados), han particularizado una serie de indicadores que ponen de manifiesto algunos aspectos funcionales de estas estructuras que serán de peso, a la hora de relacionarlas con nuestra postura. Solo señalaremos los imprescindibles: (Buxhoeveden y Casanova, 2002b) a) mediante indicadores anatómicos: se pudieron detectar circuitos locales inhibitorios (que se extienden en forma radial y a poca distancia de la columna, en cada capa horizontal que esta atraviesa) y que cumplirían la función de ‘aislar’ funcionalmente cada columna de sus vecinas.

Mediante los mismos indicadores, se pudo establecer conexiones excitatorias en distintas capas corticales, entre columnas del mismo lado e inclusive, entre columnas de ambos hemisferios, a través del cuerpo calloso; b) por medio de indicadores fisiológicos: por un lado, fue posible determinar las formaciones columnares al comprobar que las neuronas en columnas separadas pueden sincronizar sus respuestas oscilatorias, constituyéndose así, en verdaderos osciladores espaciales; por otro lado, se pudo establecer que los estímulos excitatorios ‘viajan’ preferentemente en forma vertical (a través de la columna) y en menor medida en forma horizontal mediante conexiones laterales que conectan columnas entre sí; mientras que los inhibitorios, lo hacen preferentemente en forma horizontal a través de las capas pero que a su vez (en menor medida), pueden establecer circuitos inhibitorios (verticales) con otras capas y poner en funcionamiento una genuina retroalimentación (feedback), mostrando un funcionamiento cíclico.

Por último, se pudo establecer que, aunque las minicolumnas organizadas en columnas mayores (módulos), constituyan una especie de plantilla sobre la cual, los elementos de la corteza están dispuestos, la actividad a nivel de cada capa que atraviesa una columna, no es homogénea; es como si hubiera una cierta especialización del sector de la capa que queda contenido dentro de la columna. Esto último atenta contra la consideración de que cada columna cumple con una sola función (columna = nodo; Lamb, 1999, p. 331) subestimando la estructura y el funcionamiento interno propuesto para cada columna.

Un apartado especial para el concepto de columna temporal:(Buxhoeveden y Casanova, 2002a) todos los procesos biológicos operan en el dominio del tiempo (como todo en la realidad); el tiempo afecta (según lo ven estos autores) a las columnas, como así también a sus células, vías de conducción y sinapsis. Nos dicen que sin una correcta secuencia en la actividad neural, el sistema nervioso degeneraría en un caos y la interfase entre la micro y la macrocolumna se perdería. Se podría argumentar, continúan, que la secuencia temporal afecta más a la organización vertical que a la horizontal. De esta manera, concluyen, el sector horizontal comprendido en cada columna, haría que las capas horizontales estén presentes en todas las fases temporales de la actividad neuronal.

La disposición anatómico-funcional de la corteza cerebral que hemos presentado, sobretodo en lo referente a su distribución vertical (columnas), puede ser contemplada por la Lógica Transcursiva.

En primer lugar describiremos la base logico-operativa a la que daremos el nombre de psicocito (o célula psíquica). Este arreglo de ocho unidades fuertemente interrelacionadas puede dejar constancia del funcionamiento y disposición neurológica, de acuerdo a lo expuesto en este trabajo y preparar la estructura para el funcionamiento psíquico (tema que será abordado en otro capítulo). (figura)


La figura anterior muestra ocho neuronas hipotéticas interconectadas de tal forma que se hace posible ‘representar’ en tal matriz, los niveles superficial y profundo de la realidad planteada anteriormente.

Los planos de la figura (que cortan al cubo en forma ortogonal) representan a su vez, la secuencia de cómo se lleva a cabo el registro. El plano verde que ‘toca’ los ejes 001, 100 y 010 da cuenta del instante en que es ‘percibida’ la apariencia, lo que llega por las aferencias; el plano rojo indica el momento de transición hacia lo profundo (toca todos los ejes) y el plano azul que ‘toca’ los ejes 110, 011 y 101, marca el instante en que se finaliza el proceso unitario de registro de un hecho real, habiéndose alcanzado el nivel profundo; paso seguido se emerge nuevamente al plano superficial, dando origen a una eferencia (movimiento, por ejemplo). Si recordamos que el eje 000 – 111 representa el eje temporal ‘externo’; o sea, en donde toda esta estructura tiene contacto con la realidad externa, bien podemos asignarle a su magnitud, un nivel de ‘conciencia’ determinado. En forma más simple, cuanto más cerca se esté de 111, más ‘conciente’ (más conectada con el exterior) estará la estructura. Por la razón anterior, el plano medio (rojo) aislado tiene el significado de un ‘estado de conciencia’ atenuado pues los extremos del eje 000 – 111 se han aproximado en grado máximo, alejándose de las ‘aferencias sensoriales’ y de las ‘eferencias motoras’; simulando así, algo similar al ‘desacople’ neuronal que se hace presente en el sueño.

En la figura siguiente se puede ver el psicocito desde distintos ángulos. Es de destacar aquí el gráfico central ya que remeda exactamente la celdilla del ‘panal de abeja’ de Favorov, al enfocar la unidad desde arriba (desde la superficie de la supuesta corteza).


En cuanto a la distribución columnar de esta unidad que hemos especificado, podemos decir que se disponen en una especie de microcolumna que aloja 10 de estas unidades. Un total de 7 microcolumnas se reúnen en una estructura que podríamos llamar macrocolumna; y finalmente, 7 macrocolumnas se reúnen para componer las celdillas de un panal de abejas. Esta disposición se repite a lo largo y a lo ancho de toda esta corteza hipotética que hemos creado.

Podemos ver, en la figura siguiente, la organización celular psíquica en columnas.


La figura anterior deja muy clara la posibilidad de ‘imitar’ la estructura de la corteza cerebral y ‘operarla’ mediante la Lógica Transcursiva. En el aspecto gráfico hay que destacar tres detalles relevantes: 1) en la macrocolumna, las unidades, se disponen siguiendo una espiral que gira en torno a la columna central (algo que tendrá relevancia cuando llegue la hora de representar el tiempo externo); 2) la macroestructura, tal como la microestructura y también la unidad que las compone, quedan inscriptas en sendos cubos, lo cual deja perfectamente establecido, que no importando el nivel de detalle que se tome, siempre está presente esa disposición cúbica, cuya base a su vez, no es otra cosa que la unidad lógico-operativa de toda la estructura; o sea, el PAU; y 3) la vista superior vuelve a remarcar la disposición hexagonal que domina a la corteza cerebral real.

En un intento de resumir los hechos filogenéticos relevantes del SNC (muchos de los cuales tengo que redactar) y de cómo los trata la LT, muestro la figura siguiente. En ella se ha optado por la metáfora geométrica para dejar en evidencia la progresión, nivel a nivel, de la complejidad anatómico-funcional del SNC.


Para interpretar mejor el esquema, diremos que el hilo conductor de su explicación es la proyección geométrica. En este caso la proyección está simbolizada por una geometría que representa la sombra de una figura antepuesta a una fuente de luz.

Están representadas en la figura nuestras tres dimensiones (3D) y una más: una cuarta dimensión (4D) desde donde se originan las otras tres. Un hipercubo (en donde una dimensión extra es perpendicular a las tres conocidas) en proyección central es iluminado desde el infinito por una luz de rayos divergentes. Su sombra proyectada es un cubo (nuestras 3D); la sombra de éste es un plano (nuestras 2D); la sombra de éste es una línea (1D) y finalmente la sombra de ésta es un punto (0D).

Si establecemos que el punto (0D) de la figura representa el mero cambio, la línea (1D) (su sucesor) representa el ser vivo más simple que puede percibir ese cambio; es decir, un efector independiente que reacciona (todo o nada) ante un estímulo o permanece indiferente a él (por eso sus extremos están representados por 0 y 1, respectivamente).

Habiendo caracterizado al ser unicelular (unidimensional), cuyo sistema nervioso es él mismo, el plano (2D) (su sucesor) representa el esbozo de un sistema nervioso más complejo; su portador, un ser multicelular, que presenta dos componentes (por eso es bidimensional y sus extremos están representados por los valores de verdad de la LT: 00, 01, 10 y 11, con lo cual puede manejar contexturas): una especie de neurona sensorial que toma los estímulos del entorno y una especie de motoneurona que en realidad es el mismo viejo efector que viene del nivel anterior; estructurándose de esta manera un sistema neuromuscular. Esta mínima complejidad le da la posibilidad de mantener un estado de alerta o permanecer indiferente pero en forma facultativa.

Si el plano representa un ser bidimensional, el cubo (su sucesor) nos dice de un sistema nervioso básico que consta de tres elementos (por eso es tridimensional y sus extremos están representados por 000, 001, 010, 011, 100, 101, 110 y 111, lo cual le permite manejar algunas de las identidades de nuestro universo): una neurona sensorial, una interneurona y una motoneurona, fuera del efector (músculo, por ejemplo). La presencia de estos elementos, caracteriza al primer SNC propio de los animales superiores, según los hemos definido; no obstante ello, solo se manejan binariamente; es decir, pueden relacionar dos objetos a través del cambio, como todos los seres multicelulares, aunque esto es suficiente como para mostrar actos volitivos, manejarse con distintos niveles de conciencia de la realidad externa, y operar con un Lenguaje Natural sígnico.

El sucesor del ser tridimensional, representado por el hipercubo (4D), presenta los mismos elementos en su SNC que el nivel anterior pero, aquí el manejo es verdaderamente tridimensional ya que pueden relacionar un sujeto con un objeto, a través del cambio. Por otro lado, dado el mayor desarrollo de la corteza cerebral (mediante una complejización de las relaciones entre los elementos neurales básicos), este ser vivo (el hombre) puede mostrar actos volitivos más depurados y además, algo completamente nuevo en toda la serie viviente: la cognición que radica, no en la corteza cerebral (anatómica) en sí, sino en esa ‘cuarta dimensión’ funcional que una disposición nerviosa tan exquisita hace posible: la psiquis. Aquí radica el manejo de ideas, pensamientos, de la autoconciencia, la cognición pura y por su puesto, el lenguaje natural simbólico.

¡Nos encontramos mañana!