julio 20, 2014

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 281)

Cuaderno XII (páginas 1689 a 1694)

(En este capítulo iniciamos el capítulo 4 (25/5/09), que tratará sobre el sistema socio-cultural y el lenguaje natural. En él analizaremos los hechos reales como la unidad estructural del Sistema Socio-Cultural y de la existencia del lenguaje universal que subyace a los principios mismos de la subjetividad. Se intentará mostrar la posibilidad de un estrecho paralelo con el mundo biológico el cual dará las bases de un abordaje genético y luego evolutivo del lenguaje natural. La Lógica Transcursiva estará presente para demostrar que el modelo propuesto es operativo como herramienta para la investigación del lenguaje natural, y que además posibilita otras aplicaciones que hacen al entorno de la investigación lingüística en sí misma. Las aplicaciones prácticas que se ofrecerán permitirán evidenciar, no la inhabilidad de los métodos actuales para estudiar el lenguaje, sino los parámetros que hay que tener en cuenta para justipreciar los logros obtenidos y a obtener por estos medios.)

Posible origen del lenguaje universal (basado en apuntes tomados de "Planeta simbiótico", de Lynn Margulis, 2002):

La comparación con la teoría de la evolución la haremos desde una visión más moderna que se separa en algunos aspectos de la ortodoxa y guarda considerable distancia de la síntesis evolutiva actual o neodarwinismo. Tomaremos como referencia la obra de Margulis (desde 1966 al 2009) y aplicaremos, en parte, los conceptos manados de su Teoría de la Endosimbiosis Seriada (TES).

En el “Planeta Simbiótico” Margulis (2002) nos introduce, alertándonos acerca de que las similitudes existentes entre los humanos y otras formas vivas son mucho más importantes que las diferencias (p. 12), en el concepto de simbiogénesis. Por simbiogénesis debemos entender aquel fenómeno natural y común, promotor del cambio evolutivo mediante la herencia de conjuntos de genes adquiridos.

El término ‘adquirido’ en la jerga evolucionista está proscrito. La originalidad de Margulis estuvo precisamente, en convertirlo en moneda corriente en ámbitos evolucionistas. El fundamento básico de esta inclusión fue el ver cómo la vida independiente tiende a juntarse y a resurgir como un todo nuevo, en un nivel superior y más amplio de organización (p.22).

La TES de Margulis (p. 44) es una teoría de reuniones, de mezcla de células con distintas historias y habilidades. Antes de ella, nos dice su autora, no había sexo de fusión celular como el del óvulo fertilizado por el espermatozoide. También el sexo es una mezcla de células con distintas historias de vida. La idea de la TES es simple (p. 46): ancestros alguna vez completamente independientes y físicamente separados se fusionaron siguiendo un orden específico, para convertirse en una célula. El término ‘seriada’ incluido en el nombre de la teoría obedece justamente al orden de esta secuencia de fusión.

En una muy apretada síntesis podemos decir que Margulis propone que la primera célula nucleada (eucariota) evolucionó mediante simbiogénesis.

Los seres independientes que se fusionaron, según lo ve Margulis, fueron una bacteria nadadora y una arquea (Procariota (unicelular sin núcleo) que se reproduce asexuadamente - por fisión binaria). Ambos procariotas que aportaron, la primera un mecanismo de reproducción meiótica (Proceso de división celular que faculta la reproducción sexual al producir células germinales (gametas), una por cada sexo, que al unirse dan una célula completa (cigoto) que es típica de la especie) y la segunda su capacidad metabólica, dieron origen al primer núcleo-citoplasma. Los procariotas fusionados simbióticamente dejan ‘pistas’ de su anterior independencia, ya que 1000 millones de años después de su fusión, aún retienen sus propias reservas reducidas de ADN (p. 52).

Nuestra propuesta, respecto a la formación del primer REM al cual consideramos equivalente a la primer célula eucariota (nucleada), contempla un primer elemento, el cambio (lo dinámico), asociado a un generador: el sujeto (equivalente a la bacteria nadadora) que se unió a un segundo elemento independiente: el objeto (equivalente a la arquea).

El aspecto dinámico merece un análisis más detallado. Margulis dedica una parte muy importante de su teoría para explicar el origen de los primeros nadadores nucleados. El par centriolo/cinetosoma es el responsable de la actividad celular móvil en los animales actuales. En 1898 Henneguy y von Lenhossek llegaron a la conclusión que ambos elementos eran la misma cosa, por lo que nunca se los puede ver juntos en una misma fase reproductiva celular, hay una transformación de uno en otro, según las circunstancias. Margulis (p. 59) los compara con los personajes de Stevenson (Dr. Jekyll y Mr. Hyde (1886)) o con el gato de Cheshire (ese delicioso personaje al que Carroll diera vida en Alicia en el país de las maravillas (1865), y que tiene la capacidad de desaparecer a voluntad, a veces bruscamente o comenzando por el rabo y terminando por su sonrisa, que queda flotando en el aire).

Lo anterior tiene una particular importancia para nuestra propuesta pues nos permite tomar como comparación una estructura real para explicar lo que queríamos decir cuando, en el capítulo 1, hablábamos de identidad; sobretodo de una identidad en especial: Vo/Vs. Ambos mecanismos tienen que ver con lo dinámico (el cambio), tanto visible, como oculto. Nunca ‘son vistos juntos’ y uno se transforma en el otro cuando hay que crecer (desarrollarse por multiplicación) o reproducirse y por último, dejan ‘rastro’ igual que la sonrisa del gato de Carroll.

El cinetosoma es una estructura que se presenta en la base de los cilios o flagelos eucariotas que constituyen su aparato locomotor. Es decir, que lo podemos equiparar a nuestro Vo porque se encarga de la acción (cambio) evidente. Cuando se transforma en centriolo participa en la movilización (arrastre) del paquete de cromosomas que irá a alojarse en cada célula hija, cuando se produce la división celular. Por tanto, lo podemos relacionar con Vs, pues está encargado del cambio oculto.

El ADN del centriolo distinguible del resto del ADN nuclear, en algunas fases del desarrollo de la célula, se junta con el resto del ADN cromosomático durante la división celular mitótica (La mitosis (del griego mitos, hilo) es un proceso de reparto equitativo del material hereditario (ADN) característico de las células eucariotas. Normalmente finaliza con la formación de dos núcleos separados (cariocinesis), seguido de la división del citoplasma (citocinesis), para dar origen a dos células hijas. La mitosis completa, que produce células genéticamente idénticas, es el fundamento del crecimiento, de la reparación de los tejidos y de la reproducción asexual. (Diccionario Médico Salvat, 1990: 714)) (p. 62). De esta manera podemos hacer un paralelo con la relación que establecimos en el capítulo 1 entre el tiempo externo (Vo) y el tiempo interno (Vs), representados por  en el ahora, cuando ambos tiempos se sincronizan.

No obstante lo anterior, la teoría de Margulis no alcanza para completar el paralelismo que queremos establecer. En el 2002, Hartman y Fedorov se propusieron ‘demostrar’ la validez de la TES, en donde según su autora y como ya lo vimos, la primera célula eucariota (que solo tiene núcleo pero no organelas (Las organelas u orgánulos son diferentes estructuras suspendidas en el citoplasma (lo que media entre el núcleo y la membrana celular) de la célula eucariota y que tienen diferentes funciones (locomoción, metabolismo, etc.) - Diccionario Médico Salvat, 1990, p. 827)) se formó de la ‘suma’ de una arquea (que aportó el metabolismo) y una bacteria (que aportó el mecanismo de replicación del ADN). Se supone que el genoma (el capital genético) básico de toda eucariota (que hoy se sabe que contiene 2.136 genes) tendría que tener todos los genes de cada uno de sus precursores, sin embargo, no es así.

Los autores mencionados anteriormente pudieron determinar que 1.789 genes (≈ 84%) existen en arqueas y bacterias, pero los restantes 347 genes, no. ¿a qué se dedican estos genes?

Hay tres procesos esenciales que poseen todas las eucariotas y ninguna procariota:
1.- Endocitosis: mecanismo para ‘engullir’ otras células o segmentos de estas, virus o moléculas grandes para ser degradados dentro de una vesícula.
2.- Sistema de Transducción de Señales: (modulador) para comunicar los mensajes recibidos del exterior (hormonas, contacto con otras células, factores que estimulan la división celular, etc.). Oficia de receptor de señales.
3.- Factoría del Núcleo: al estar el genoma empaquetado en el núcleo, se necesita un sistema de ‘puertas’ (canales) que den paso selectivo y regulado a los componentes celulares que se fabrican en el citoplasma y luego deban entrar al núcleo (centenares de proteínas, p. e.); y los que, fabricados en el núcleo, deban salir de él hacia el citoplasma (como el ARNm (ARN mensajero. es el ácido ribonucleico que contiene la información genética procedente del ADN para utilizarse en la síntesis de proteínas), p. e.).

Los procesos detallados son una ‘marca de fábrica’ de toda eucariota y precisamente los 347 genes restantes, se encargan de ellos, según lo determinaron Hartman y Fedorov. Estos autores proponen que la primera célula eucariota no se formó desde dos microbios, sino de tres: una arquea, una bacteria y el bautizado por ellos como cronocito (más allá de lo que motivara a los autores para elegir el nombre, en nuestro caso, el término es muy oportuno ya que, según lo vemos es el encargado de poner de manifiesto el tiempo), que sería el responsable de aportar los 347 genes faltantes.

Más allá de las especulaciones, para nuestros propósitos, el esquema básico se adecua mejor a nuestra propuesta. Entonces:

  Arquea (metabolismo) = O ⎞
Bacteria (reproducción) = S ⎬ PAU superficial
       Cronocito (cambio) = V ⎠

El aspecto profundo  (dinámica oculta) puede seguir a cargo del cinetosoma ya que su versión superficial (centriolo), ubicado en número de dos en el centrosoma, se encarga de los túbulos que intervienen, además de dar estructura a la célula, en toda la dinámica interna (en donde están involucrados los tres mecanismos asignados al centrocito), y en la dinámica externa.

Queda así definido el primer REM que apoya la posible existencia de un lenguaje universal (basado en un PAU).

La evidencia nos muestra que sujeto y objeto tienen diferencias notables pero comparten relaciones en común y que el aspecto subjetivo solo puede analizarse desde la evidencia y mediante la observación de algunas de sus manifestaciones (vida, conocimiento o lenguaje) ya que todas, al parecer, responden a un único lenguaje universal, con lo cual nos percatamos de que, en lo que al hombre se refiere, no se lo puede separar de este lenguaje universal, si se pretende analizar lo que realmente le es característico: la subjetividad.

Nuestros PAUs (seis en total) son patrones universales que constituyen la expresión subjetiva mínima; que sin ser ni objeto, ni sujeto, son el equivalente a las primeras células nucleadas y a los que, abusando de los neologismos, los podríamos llamar: subjetivones (generadores de aspectos subjetivos: vida, conocimiento y lenguaje); los que de alguna manera se establecen como los ‘constructores de subjetividades’.

Es decisivo comprender la profunda relación que existe entre identidad y subjetividad, como así también, someter a riguroso análisis la antigua idea de una identidad esencial, innata y perenne de un conjunto de cualidades predeterminadas (raza, color, sexo, clase social, cultura, etc.), para comprender que una identidad es más bien el fruto de un interjuego policontextural desde donde un complejo entramado psico-bio-socio-cultural da origen al fenómeno de la subjetividad. El subjetivón entonces es propuesto como el molde universal desde donde surgen los patrones subjetivos básicos que no son otros que los que darán sustento a un ADN social.

Sobre tipología y genética del lenguaje universal:

El libro de la realidad está escrito en un lenguaje que no es el del número Pitagórico, ni el de las matemáticas galileanas, ni el inglés, como parece sugerir la ciencia imperante, sino en un lenguaje universal (LU) que es patrimonio de lo natural y de la policontexturalidad.
Este LU está dispuesto según seis dominios, en dos variantes distintas (dextrógira y levógira) y su tipología se basa estrictamente en el orden de sus elementos. Se propone aquí este LU como el presunto origen de nuestro lenguaje natural por lo que lo denominaremos como: urlingua (ur: del alemán - originario; lingua: del latín - lengua), y que a diferencia de la conjetural Ursprache del Tlön de Borges (1941 – 1998: 13), con solo la sintaxis determinaría la forma (la geometría funcional) y gobernaría los ‘accidentes gramaticales’ de cada lengua natural. La urlingua está especificada en su estructura por el dominio real o subjetivón respectivo que representa así, un ‘modo de ver’ la realidad. Aunque este enfoque bien podría tomarse como una especie de relativismo whorfiano (“Las personas que hablan lenguas diferentes ven el Cosmos de un modo diferente, y lo evalúan de otra forma El pensamiento es relativo a la lengua aprendida” (Whorf, 1971, p. 12)), debemos aclarar que lo que trata de reflejar es exactamente lo contrario. Debido a que tenemos una manera de ver la realidad (que está dada por el subjetivon que nos tocó en suerte), surge en consecuencia, una lengua vernácula adecuada para poder expresar esa realidad.

La figura anterior nos muestra la disposición complementaria de los seis dominios en que se distribuye la urlingua de acuerdo a su sintaxis (tipología sintáctica de orden). Estos dominios estarían vigentes en distintas ‘regiones’ de la realidad y desde allí servirían de molde, quizás, para una protolengua determinada.

Si bien protolengua tal vez pueda parecer un término inadecuado, ya que en sí significa una lengua reconstruida o una reconstrucción retrospectiva de una lengua como origen probable de un grupo de otras lenguas, el hecho de utilizar la reconstrucción en base a las coincidencias en rasgos comunes que no signifiquen préstamos o innovaciones y de responder al método comparativo histórico (devenir genético), permite de alguna manera, aunque sea lateral, relacionar los dominios aquí propuestos y las seis protolenguas (Idioma proto-indoeuropeo, idioma proto-japónico, idioma proto-germánico, idioma proto-quechua, idioma proto-semítico, e idioma proto-vasco (Michelena, 1986)) aceptadas, sin que por ello perdamos de vista que esta clasificación comparativa que trata de encontrar un origen común, no es natural ni mucho menos.

[continuará ... ]

¡Nos vemos mañana!