julio 21, 2014

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 282)

Cuaderno XII (páginas 1695 a 1700)

(Hoy continuamos con la genética del Lenguaje Universal (LU))

Según se ha planteado desde el comienzo en este trabajo la realidad está integrada por sistemas adaptativos, y como también se vio, estos sistemas se adaptan evolucionando. Tal evolución se constata de dos formas distintas: por un lado, desarrollándose y creciendo (morfostasis), y por otro, dando lugar a nuevas estructuras similares (morfogénesis). La primera de ellas, se lleva a cabo mediante duplicación, equivalente a la mitosis celular o reproducción asexuada, mientras que la segunda, se consigue mediante la fecundación, que equivale a la meiosis celular previa al apareamiento o reproducción sexual.

Estas comparaciones tan estrechas con la biología, lejos de ser impertinentes, cumplen con el objetivo de permitir la aplicación adecuada de conceptos evolutivos, tales como: adaptación, especiación, herencia, etc.

Dada la similitud que ya hemos establecido entre un subjetivón y una célula nucleada es lícito entonces decir que, al igual que ella, el subjetivón tiene un núcleo (lo superficial) y una gameta (lo profundo).

Cada subjetivón se comporta como una lengua materna universal (LMU) que tiene una tendencia a ser (estructuralmente hablando) de una determinada forma. Esa tendencia la marca el orden de sus elementos a nivel superficial (su sintaxis, la estructura de su núcleo); no obstante ello, admite mutaciones múltiples las cuales radican a nivel de las organelas (a nivel profundo). Como también planteamos en el capítulo 1, el apareamiento y por ende la fecundación, solo es posible entre subjetivones pertenecientes a la misma variante; es decir, o dextrógiros o levógiros, pero no entre variantes.

En el caso concreto de una determinada LMU que se aparea con una segunda LMU, perteneciente a la misma variante, dará origen a modificaciones de la tendencia central que permitirán explicar el por qué una LMU es tan lícita en una ‘región de la realidad’ como otra que teniendo una sintaxis distinta, es parte de su descendencia; o sea, ha heredado parte de su material genético (en un 50%) y por tanto, por el hecho de pertenecer a la misma variante, comparte características con sus congéneres.

Veamos más en detalle esta última situación en la figura siguiente.


La figura anterior nos dice, en su parte izquierda, sobre la manera en que una LMU crece y se desarrolla duplicándose y con ello mantiene intactas sus características básicas a través del tiempo.

En la parte derecha nos muestra cómo el apareamiento con otra LMU de la misma variante, permite engendrar una LMU nueva que tendrá en su ’material genético’, un 50% de cada uno de sus ‘padres’.

En el caso de la duplicación, núcleo y gameta se separan y por un mecanismo de atracción complementaria se ligan a la parte faltante (que se origina en el entorno) dando origen así, a dos subjetivones idénticos. En la fecundación en cambio, las gametas procedentes de dos LMUs de la misma variante se aparean (se ligan mediante las operaciones transcusivas: XOR y Equivalencia), dando origen a un subjetivón nuevo en el cual, su núcleo es el producto de la aplicación de la operación transcursiva superficial (XOR) a las gametas de sus padres y su gameta, el de la aplicación de la operación transcursiva profunda (Equivalencia), respectivamente.

Todo lo anterior explica bastante bien el caso de LMUs que pertenecen a la misma variante pero, ¿qué ocurre cuando una LMU pertenece a una variante distinta?
Ya vimos en el capítulo 1 que el apareamiento entre, en este caso subjetivones, de variantes distintas es impracticable ya que sería el mismo caso del apareamiento de dos especies biológicas distintas, en donde, lo más probable es que se engendre un producto no viable, si es que se engendra. La figura adjunta nos recuerda tal situación.

¿Todo esto quiere decir que es imposible que subjetivones de ‘giros’ opuestos puedan fecundarse?

No totalmente. Queda un recurso que hace esto posible, algo equivalente a la simbiogénesis de Margulis. La inclusión en el ‘citoplasma’ de un subjetivón de una o más organelas. Estas organelas pueden ser una LMU completa y de cualquier variante; o sea, de la misma que el núcleo o de la opuesta, o como ya veremos, pueden representar LMUs incompletas que no son otra cosa que el equivalente de lenguajes naturales más rudimentarios (el de los unicelulares nucleados o el de los animales).

El caso de la figura anterior se podría solucionar si se forma una célula con la siguiente disposición: SVOSOV; en donde, SVO representa el núcleo (lo superficial) y sov la organela, lo profundo, fuera de la gameta habitual de SVO; o sea, O⊽S.

La reproducción de este nuevo tipo de ‘célula’ se llevaría a cabo de la siguiente forma: por un lado se reproduce el núcleo ya sea por duplicación para mantener las características distintivas de la LMU básica o inclusive puede haber reproducción ‘sexuada’ con otra LMU de la misma variante como habitualmente. Por otro lado, se reproduce la organela que por supuesto, lo hace mediante duplicación (en forma asexual) cuando hay una sola, y en la forma sexual cuando haya más de una y por lo menos dos de ellas pertenecen a la misma variante. Es posible tener como organela un producto de variantes distintas, que aunque sería un producto ‘estéril’, permitiría explicar derivados lingüísticos desde una LMU no conformada de acuerdo a las leyes genéticas propuestas, mostrando una disparidad (ni mejor, ni peor, sino distinta) con respecto a otras lenguas, como la que sucede, por ejemplo, entre otras muchas, en el tratamiento temporal (Ducrot y Todorov, 2003, p. 357), el cual no siempre es patrimonio del verbo (lo puede ser de adverbios, complemento de tiempo o de las fechas), y si lo es, puede que la distinción cronológica fundamental entre el presente, el pasado y el futuro, no se de en el interior verbal, como sucede en el hebreo, el que a pesar de integrar una familia distinta de la indoeuropea, pertenece (según la Lógica Transcursiva) a la misma variante que esta. Otro ejemplo de lo anterior es una célula que tenga la siguiente disposición: SVOVOO en donde, como vemos, su organela carece del elemento S (que representa al sujeto). Esta aparente anomalía surge del apareamiento entre organelas de variantes distintas. La figura siguiente nos muestra todas las variantes posibles de organelas ‘anómalas’.

Entre las nueve organelas posibles que nos muestra la figura adjunta  (en rojo) se pueden individualizar tres tipos de ‘mutaciones’ bien delimitadas: a) aquellas que remedan un lenguaje natural básico (como el de los unicelulares nucleados), cuyo formato puede ser SVOVVV (y sus mutaciones); b) las que recuerdan el lenguaje natural de los animales: SVOOVO (y sus mutaciones) y c) un tipo de mutación que da origen a un posible lenguaje que no es natural: SVOSVS (y sus mutaciones); es decir, en donde dos S (sujetos) están relacionados por el cambio (V). Esta última alternativa podría representar por ejemplo, la incorporación en una lengua natural (en su núcleo), de una segunda lengua pero, en este caso, formal (en su organela). Quizás y llevando estas especulaciones un tanto lejos, podríamos tener aquí el origen del discurso científico que usa como vehículo el lenguaje natural (la lengua materna y sus sucedáneos). Una alternativa no carente totalmente de sentido pues podría explicarnos el que alguien pueda expresarse en un lenguaje formal (que es igual en la misma especialidad y en cualquier lengua natural) en las distintas lenguas maternas y adquiridas.






Siguiendo la misma línea argumental se podría decir que es posible la existencia de organelas incompletas del tipo SV, OV o SO; y aún las del tipo: OO, SS o VV, por haber sufrido una mutación por deleción (mutación que consiste en la pérdida de un fragmento de ADN de un cromosoma - Diccionario Médico Salvat, 1990, p. 302) (figura adjunta); y tal vez explicar así, de alguna manera, algunas 'anomalías' no indoeuropeas que se hicieran tan famosas, como el Hopi, por ejemplo.











La figura adjunta muestra todas las organelas posibles formadas por deleción (en rojo)
La importancia que tiene el analizar este caso es que, a través de estas anomalías, nos percatamos que es posible manejar directamente las identidades básicas que son en realidad, las raíces mismas de todos los lenguajes naturales planteados en este trabajo.








Siendo muy osados podríamos plantear organelas ‘unitarias’, es decir, en donde solo se manejen especies, con lo cual, su formato podría ser: SVOS, SVOO o SVOV. Aquí, la aplicación de XOR (⊕ = reproducción asexuada) permitiría al hacerlas ciclar, el agregado de subidentidades superficiales (objetivas), mientras que, la aplicación de la equivalencia (≣ = reproducción sexuada) agregaría subidentidades profundas (subjetivas). Un detalle se puede ver en la figura adjunta.





En concreto, postulamos que mediante este método, no sin arduo trabajo, se podría llegar a clasificar cualquiera de las +6900 lenguas vivas conocidas hoy en el mundo (Lewis, 2009).

Un esquema taxonómico debe ser capaz de integrarse a un sistema recuperador de sentido, es decir, debe acertar la lógica que torna vigente el sentido de algo. Los sistemas clasificatorios habituales tienen una marcada tendencia a poner ‘carteles’ a las cosas y a los fenómenos, rechazando cualquier modificación, una vez que semejante identificación hizo de tales cosas o fenómenos, una categoría (por ejemplo: lo objetivo y lo subjetivo y la dualidad que ello conlleva).

Tales clasificaciones nos dejan inermes ante lo natural y se dedican solo a ‘fabricar’ anaqueles en donde guardar unas cuantas ideas preconcebidas (en vez de tratar de reflejar nuestro ‘conocimiento natural’), perpetuando así, por los tiempos de los tiempos, los errores de todas las dicotomías monocontexturales; ya que, podremos fabricar de esta manera millones de categorías, pero la subjetividad siempre logrará evadirlas.

La realidad más temprana, según lo planteamos aquí, no fue ni objetiva, ni subjetiva, solo fue un cambio omnipresente (VVV), luego apareció lo objetivo (OVO) y por último lo subjetivo (SVO), siendo manifiesta esta secuencia tal como lo hemos mostrado en los capítulos anteriores, tanto en la vida como en la psiquis, ratificando de esta forma al PAU como unidad lógica de soporte real.

En Biología ciertas moléculas de ARN no solo se replican sino que actúan como proteínas (Margulis, 2002, p. 100), o sea, se ensamblan a sí mismas, redisponiendo y reorganizando todo su material genético. Este ARN que se llama ribozima (Una ribozima es una molécula de ARN con capacidad catalítica. El término ribozima en sí deriva de la combinación de las palabras enzima (proteína catalizadora) de ácido ribonucleico. La capacidad catalítica se refiere a la posibilidad que tiene un catalizador (regulador químico) de acelerar o frenar una reacción - Oxford Dictionary of Biochemistry and Molecular Biology, 2000, p. 576), puesto en presencia de pequeñas ‘partes de repuesto’ (elementos unitarios; en nuestro caso sería por ejemplo, SVO en presencia de las especies S, O, V) evolucionan por sí solos sin reproducción mediante. Así se propone que se multiplican nuestras ‘organelas subjetivas’; y así como se postula a este mecanismo biológico como el origen de la primera célula viva, nuestras organelas serían el fundamento de nuestra primer célula subjetiva: el subjetivón, que tiene en su núcleo lógico un PAU, y es capaz de dar origen a fenómenos subjetivos propios del humano como lo son el conocimiento y el lenguaje simbólico.

¡Nos encontramos mañana!