julio 25, 2014

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 286)

Cuaderno XII (páginas 1719 a 1724)

(En este capítulo continuaremos con la herencia socio-cultural; y retrocediendo un poco, desarrollaremos un punto que había quedado pendiente en el capítulo 3: "La ironía como modelo de comprensión lingüística")

En un artículo que Baldwin publicara en 1896a bajo el título de "A New Factor in Evolution" ('Un nuevo factor en la evolución") está planteado, conceptualmente, lo que después se conoció como efecto Baldwin. Un trabajo importante, porque allí nos propone, no solo lo que trascendió en el tiempo, sino una serie de conceptos que nos van a ayudar a percibir más claramente la enorme influencia de lo biológico y lo evolutivo en lo social, e inclusive, cómo ve el autor la herencia social, la cual define.

Nos dice Baldwin que el desarrollo orgánico se puede abordar desde tres aspectos distintos:
1. Ontogénico 2. Filogénico 3. Hereditario

1. Ontogénico (selección orgánica): Hay dos tipos de hechos que se pueden distinguir desde el punto de vista de las funciones que un organismo lleva a cabo en el curso histórico de su vida: a) el desarrollo de su impulso hereditario junto a las variaciones congénitas que lo caracterizan o variaciones filogenéticas que le son constitucionales, y b) una serie de funciones, actos, etc., los cuales aprende en su transcurso vital, en especial, las modificaciones que un organismo sufre durante su ontogenia, las que en conjunto, son conocidas como: caracteres adquiridos y que el autor llama: variaciones ontogenéticas.

Se asume que estos caracteres adquiridos surgen por la ley del ‘uso y desuso’. Ahora, ¿cómo puede modificarse un organismo durante su historia?

La respuesta a la pregunta anterior la podemos encontrar en tres tipos distintos de medios ontogénicos que producen modificaciones, adaptaciones o variaciones. Estos son: i) el medio físico y las influencias del entorno que actúan sobre el organismo produciendo modificaciones de sus formas y funciones. Están aquí incluidos todos los agentes químicos, físicos, contactos, obstáculos al crecimiento, etc. Todos los cambios producidos por los agentes anteriores son considerados como fortuitos o accidentales, y el autor los llama: físico-genéticos; ii) hay una clase de modificaciones que surgen de las actividades espontáneas del propio organismo mientras lleva a cabo sus funciones. Estas variaciones que son evidentes en todo ser vivo son consideradas como propiedades selectivas. En los animales las caracteriza como neuro-genéticas, y iii) una gran cantidad de adaptaciones del medio conciente que involucran la inteligencia como son: imitación, influencias gregarias, instrucción material, lecciones de experiencia, razonar de los medios a los fines, etc.

Adecuando lo anterior a nuestros propósitos (que el autor caracteriza como selección orgánica) podríamos decir que las modificaciones ontogénicas son de tres tipos: psico-genéticas, bio-genéticas y socio-genéticas, por lo que la herencia los afecta a todos por igual a través de los frenes, genes y remes, respectivamente y que representarían la adquisición, por parte de los organismos, de nuevos modos o modificaciones de la función adaptativa que influyen sobre su estructura y que traen como consecuencia la posibilidad de sobrevivir.

2. Filogénico (herencia física): o variación determinada que trata de explicarla el neo-lamarckismo por medio de su principio de la herencia de los caracteres adquiridos pero que el autor, lo hace a través del instinto como estrategia de supervivencia. Propone ciertos resultados obtenidos sobre la filogenia y que tienen como origen la selección orgánica, como son: a) el asegurar la supervivencia de ciertas líneas de variación filogenética en la dirección de determinadas adaptaciones ontogénicas de las primeras generaciones. En la medida que esto ocurre, hay tiempo para que surjan otras habilidades que luego se transmitirán, y b) las modificaciones filogenéticas logradas son nuevamente utilizadas ontogénicamente. Las dos consideraciones anteriores alejan la propuesta de Baldwin de la idea de Lamarck {Jean Baptiste de Lamarck en su Filosofía Zoológica (de 1809 – año del natalicio de Darwin) expuso su teoría de la evolución (capítulo VII – Lamarck, 1986: 165) según la cual los órganos se adquieren o se pierden como consecuencia del uso o desuso y los caracteres adquiridos por un ser vivo son heredados por sus descendientes. Para Lamarck el principio que rige la evolución es la necesidad o el deseo, que él llamó Besoin (necesidad) y que Darwin luego cambiara por la selección natural. A esta teoría también se la conoce como la herencia de los caracteres adquiridos. La propuesta de Baldwin en cambio, gira en torno a una versión conductual de la teoría de la evolución de Darwin, sugiriendo que las innovaciones culturales y el aprendizaje podían ampliar y predisponer el curso de la selección natural} sobre la herencia de los caracteres adquiridos. A la influencia de la selección orgánica, el autor la llama el 'nuevo factor'. Las adaptaciones ontogénicas son realmente nuevas y no preformadas y ellas, efectivamente, se reproducen en las sucesivas generaciones, pero no a través de la herencia biológica, sino, y esto lo agregamos nosotros, a través de la herencia social.

3. Hereditario (herencia social): según lo propone Baldwin, lo aprendido puede hacerse innato a través del instinto que deviene en hábito. Así dicho parece la idea de Lamarck, pero se diferencia de ella en que opera mediante mecanismos puramente Darvinianos. Se sustenta en la similitud básica que supuestamente existe entre la arquitectura cerebral innata, formada por conexiones sinápticas reforzadas, y el aprendizaje que en sí, supuestamente consiste en crear y reforzar determinadas conexiones sinápticas. En nuestro caso, sin afirmar exactamente lo anterior, proponemos que existe una homología entre lo psíquico, lo biológico y lo social y que el motor fundamental de esta homología, tal como lo propusiera Lamarck, es la necesidad (de sobrevivir) y no la selección natural. Según nuestro punto de vista, a nivel cerebral, el instinto de supervivencia permite que la experiencia genere hábitos y socialmente, estímulos favorables para la aparición de ciertos comportamientos y sus efectos, permiten que la difusión de tales comportamientos en resonancia con una predisposición genética (social) en ciertos individuos (o sujetos sociales), faciliten su ejecución. Así, estos individuos serán beneficiados con la supervivencia social. Un caso paradigmático de estos comportamientos es la cortesía. [que en este trabajo será invocada como ejemplo de estrategia evolutiva, y que en el escrito final, es una transcripción del trabajo de pragmalingüística, que ya hemos analizado. Lo mismo ocurrió, aunque tardíamente, con la ironía como modelo de comprensión del lenguaje (que veremos en este capítulo), aunque allí, no solo es una transcripción del trabajo sobre filosofía del lenguaje, que también ya hemos visto, sino con importantes agregados (que luego veremos) que le dieron, a este punto en el escrito, una gran relevancia]

El efecto Baldwin se conoce también como asimilación genética y constituye un perfecto sucedáneo de la herencia de los caracteres adquiridos. Baldwin, en el caso del hombre sobre todo, hace hincapié en la imitación como el elemento fundamental de aprendizaje.

¿Por qué REMES y no MEMES?

En "Heredity and Instinct" (I) (1896b) Baldwin nos dice que hay dos grandes influencias hereditarias: a) la herencia natural por medio de la cual son transmitidas, congénitamente, las variaciones con sus fundamentos originales, y b) la herencia social por la que se transmiten las funciones socialmente adquiridas imitativamente y que cubren todas las adquisiciones conscientes que surgen de la interrelación entre los animales. La primera es filogenética, mientras que la segunda es ontogenética. Estas dos líneas hereditarias se influyen mutuamente: las variaciones congénitas, por un lado, mantienen vivo al animal y lo hacen efectivo para el uso consciente de su inteligencia y de la adaptación imitativa en su vida individual. Por otro lado, la adaptación inteligente e imitativa se hace congénita por posterior progreso y refinamiento de la variación en la misma línea de la función adquirida por el individuo no siendo necesario, en ningún caso, asumir el factor adquirido de Lamarck.

En 1976 Richard Dawkins en su tan renombrado como polémico libro "The selfish gene" ('El gen egoísta'), en el capítulo XI (p. 189) que titula "MEMES: los nuevos replicadores", afirma que la mayoría de las características que resultan inusitadas o extraordinarias en el hombre, pueden resumirse en una palabra: “cultura” y que la transmisión cultural es análoga a la transmisión genética en cuanto que, a pesar de ser básicamente conservadora, puede mostrar una cierta evolución. Según opina el autor, en esta evolución, el lenguaje es un ejemplo entre muchos otros que incluyen: la moda, los hábitos alimentarios, las ceremonias y las costumbres, el arte y la arquitectura, la ingeniería y la tecnología. Todo evoluciona en el tiempo histórico de una manera que parece una evolución genética altamente acelerada, pero que en realidad, nada tiene que ver con ella. Dawkins, si bien acepta que la selección de parentesco y la selección a favor del altruismo recíproco pudieron actuar sobre los genes humanos para producir gran parte de nuestras tendencias y de nuestros atributos psicológicos básicos, cree que estas ideas no son suficientes para explicar la cultura y su evolución. Entonces, así como propuso una máquina replicadora (el gen) como la responsable de la herencia biológica, propone otro tipo de replicador: el MEME {Un neologismo que deriva de un caprichoso apócope de mimesis}, con la idea de que represente una unidad de transmisión cultural o una unidad de imitación que, semejando un gen, permita la evolución cultural.

Como se puede ver, la imitación es el eje de la propuesta y hay buenas razones para suponer que Baldwin fue el inspirador de tal proposición.

¿En quién se inspiró Baldwin?

Gabriel Tarde, un sociólogo, criminólogo y psicólogo social francés que concibió la sociología como basada en pequeñas interacciones psicológicas entre individuos (de forma muy parecida a la química), siendo las fuerzas fundamentales la imitación y la innovación, publicó en 1890 (1895), quizás su obra más conocida: "Las leyes de la imitación". Allí nos decía que todo lo social es solo invención e imitación y que con la novedad aportada por todo tipo de fenómenos sociales (lenguaje, religión, política, industria, arte), sea esta grande o pequeña, nada cambia en la superficie.
Baldwin menciona en su obra a Tarde y se inspira en él para invocar a la imitación como el motor fundamental del aprendizaje.

El mismo Tarde, en el prólogo de la segunda edición de su teoría de la imitación (1895, p. 10), pide disculpas por la confusión que ha ocasionado con el uso de la palabra 'imitación', la cual usa sin cambios morfológicos (para no utilizar un neologismo) pero con un significado absolutamente distinto al que figura en el diccionario. Aclara que el ‘delito’ de la utilización abusiva del término no se ha cometido, pues esclarece debidamente y en varias ocasiones, cuál es el sentido en que él lo usa; es decir, para dejar constancia de una acción a distancia de un espíritu sobre otro y de una acción que consiste en una reproducción casi fotográfica de un ‘cliché’ cerebral de otro cerebro. Entiende por imitación toda impresión provocada por una ‘fotografía’ inter-espiritual, sea esta intencional o no, pasiva o activa. En cualquier parte que se establezca una relación social hay imitación en este sentido. En este mismo escrito, lo que Tarde sí considera abusivo es la acepción elástica prestada por muchos sociólogos naturalistas a la palabra herencia que utilizan para expresar confusamente, a modo de una transmisión de los caracteres vitales, la transmisión de ideas, de costumbres, de cosas sociales que habitualmente se transmiten por tradición ancestral, por educación doméstica o por imitación-costumbre.

Evidentemente Baldwin no leyó este prólogo y Dawkins tampoco. Con esto queremos decir que la imitación como motor absoluto del aprendizaje no es procedente ya que ni siquiera el origen de su propuesta tiene bases sólidas.

Lo dicho permite ofrecer la alternativa del REM como unidad social en vez del MEME, en donde la imitación no es tenida en cuenta, sino que se fundamenta su operatividad, en una funcionalidad estructural, que a modo de una ‘proteína social’, permite adaptarse y promover la evolución de una estructura psíquica que absorbe los preceptos tradicionales adquiridos por herencia social y los puede transmitir por herencia psíquica y comunicarlos mediante un lenguaje simbólico. En otras palabras, permite generar una cultura que puede ser transmitida de generación en generación.


LA IRONÍA COMO MODELO DE LA COMPRENSIÓN/PRODUCCIÓN LINGÜÍSTICA

La ironía representa, en su mayor parte, un elemento eminentemente pragmático, prueba de ello lo da el bagaje cultural del que hay que disponer para interpretar una expresión irónica. Lo dicho irónicamente en una cultura y mediante una lengua determinada, puede no resultar irónico en otras circunstancias, aunque lo irónico siempre esté presente. No obstante ello, se toma la figura de la ironía porque más allá del lenguaje mismo, su figura discursiva tiene muy bien demarcados los mecanismos de producción y sobre todo de comprensión lingüística.

La ironía es una de esas ‘raras’ estructuras de nuestro lenguaje que nos muestra, sin veladuras, la realidad tal como es, ya que por debajo de su aspecto superficial (evidente) manifestado en el significado literal, aflora su esencia, lo profundo: el sentido. No hay ninguna otra estructura simbólica que tenga esta propiedad, es decir, la de llevar el ‘pensamiento’ a ‘flor de piel’. Es por esta razón que la ironía constituye un material ideal para investigar los mecanismos cognitivos de nuestra psiquis y entre ellos, los dedicados a la comprensión de nuestro lenguaje natural.

Ironía deriva del término griego εἰρωνεία (eironeia) y significa ‘simulación’. El simulador (eiron) finge ignorar aquello que conoce, velando así su verdadera intención. La estructura psíquica que permitiera la producción de una aserción irónica, evidentemente debería estar facultada para posibilitar su comprensión si se la recorre (por decirlo de alguna forma), simultáneamente, en sentido inverso, de lo contrario, resultaría inadmisible que quien profiera una ironía no comprenda lo que está diciendo. Por otro lado hay que considerar un detalle no menor: un hablante no es solo tal, sino que pasa alternativamente a ser oyente y viceversa, por lo que un mecanismo de ‘ida y vuelta’ tiene que estar asegurado y se debe cumplir simultáneamente. Teniendo en cuenta lo anterior intentaremos analizar en forma sencilla las supuestas bases psicobiológicas de su comprensión.

En una situación discursiva en donde se platee la ironía, frecuentemente, la intención oculta se hace manifiesta por el contexto, la entonación, el lenguaje corporal que intenta dar a entender algo distinto de lo que se está diciendo o en modo verbal (de allí la importancia de lo cultural). Cualquiera sea la manera de hacerse evidente, la ironía es una forma que irrumpe en la comunicación humana desde el mismo surgir del lenguaje.

En los albores del conocimiento ya se tiene registro de ella y desde su lugar como tropo en la retórica hasta su uso persuasivo en un discurso político actual, la ironía es un acompañante incondicional de nuestro lenguaje natural.

Un aspecto lingüístico que haya sido abordado desde tantos puntos de vista nos tiene que llamar la atención. Llevamos más de 2000 años tratando de definirla y aún hoy, no hay una respuesta definitiva, por lo cual, no creo que haya demasiado error si se considera a la ironía como un universal que, más allá de los matices que lo tornasolan, ostenta un núcleo fundamental de naturaleza compleja y absoluta constancia.

La Lógica Transcursiva puede definir ese núcleo a que hiciéramos referencia y lo puede hacer desde que la ironía tiene como base lógica un PAU (Patrón Autónomo Universal). De tal forma que, si se logra demostrar lo anterior, podríamos generalizar el concepto y decir, basándonos en la propuesta presentada en este trabajo, que la realidad toda es irónica.

Dada la trascendencia que actualmente tiene el abordaje del discurso irónico desde la pragmalingüística, tomaremos una de las tantas teorías sobre la ironía de las que se han elaborado en esta especialidad para contrastarla con el enfoque lógico transcursivo.

Se ha elegido la teoría de la relevancia propuesta por Sperber y Wilson en 1986, básicamente, porque más allá de ser una teoría con una importante vigencia, intenta hacer un aporte a la comprensión de los procesos cognitivos que se suponen aportan elementos que permitirían determinar lo implicado a través de lo dicho. Los autores tratan de cubrir la brecha que, en el uso diario de nuestro lenguaje, se da entre lo que se dice textualmente y lo que realmente se quiere comunicar, y lo hacen desde la aplicación de distintos mecanismos inferenciales.

Antes de abordar lo que la teoría propuesta nos dice sobre la ironía, vamos a ubicarla en el contexto científico. Adepta sin reservas a la teoría modular de la mente de Fodor (1983) (Sperber y Wilson, 2004, p. 268) constituye un bastión importante de la psicología cognitiva; rama de la psicología, recordemos, que supone que la mente funciona de manera análoga a una computadora, aunque arguyendo un no-mecanicismo, al suponer que el hombre construyó las máquinas a imagen y semejanza de sus estructuras mentales innatas (Gil, 2005).

Un enfoque tan dirigido, necesariamente, queda anclado a una perspectiva lógica estrecha, y que no es otra, que la de la lógica clásica. Sperber y Wilson nos hablan desde su teoría, de inferencias, como los únicos representantes genuinos de los procesos cognitivos o mentales, es decir, del pensamiento.

Aceptar a discreción los principios lógicos que rigen a la lógica aristotélica como leyes del pensamiento es como mínimo, una descripción inconveniente (Stebbing, 1965, p. 529) pues sugiere una referencia directa a las uniformidades del pensamiento (a los aspectos psicológicos). Para que sea pertinente hablar de pensamiento cuando invocamos el punto de vista lógico tradicional, solo podemos hablar de pensamiento lógico cuyo único propósito es llegar a conclusiones a través del razonamiento; razonamiento este, que surge cuando partimos desde algo que conocemos para llegar a algo que, antes de tal razonamiento, nos era desconocido. Conocer algo, ante esta perspectiva, se deriva de una creencia. Para que una proposición sea conocida debemos creer que ella es verdadera.
El problema crucial que se plantea es que no es sencillo hacer la distinción entre creencia y conocimiento.

Hay al menos cinco formas de llegar a una creencia (Stebbing, 1965,p. 526):
a) Que siempre hayamos creído en algo, a lo cual no cuestionamos y ante lo cual estamos inermes frente al error.
b) Basados en la autoridad, que reconoce dos variantes: i) aceptación de una verdad por respeto, y ii) aceptación de una verdad por venir de un experto.
c) Ante la evidencia directa (aparente).
d) Por persuasión (que casi siempre está supeditada al engaño).
e) Por convicción o razonamiento. Mecanismo que es patrimonio de la lógica.

Si hablamos del pensamiento lógico debemos decir que una de sus características fundamentales es la pertinencia, aquella que permite establecer conexiones, pero que a la vez, no exime del juicio que hay que imponer para detectar incoherencias.

Sperber y Wilson extrapolan la pertinencia antes aludida a una relevancia como patrón cognitivo universal.

Concretamente, la teoría de la relevancia se sustenta en el pensamiento lógico, es decir, aquel fundamentado en principios lógicos que no pueden ser probados sin presuponerlos. En otras palabras, aporta pruebas relativas a algo no probado.

Los principios lógicos solo pueden ser probados por sí mismos (prueba circular) y por tanto, dan origen a la auto-consecuencia que los transforma en leyes fundamentales que no pueden ser transgredidas. Esto es lo mismo que decir, según ya lo hemos visto, que se está anclado en una monocontextura.

La fuerte adherencia de los autores considerados, a los preceptos fodorianos, les obliga a plantear una arquitectura mental que en nada se distingue de la de un compilador {Compilador es un programa de computación que traduce un programa fuente o código de alto nivel, en un programa objeto o código de bajo nivel o ejecutable, en una determinada computadora (Gries, 1975,p. 16).} (Fodor, 1983: 41). Estos programas son modulares igual que la mente que pergeñara Fodor inspirado en la frenología de Gall (Domenech, 1977, p. 12).

Al tomar como respaldo la teoría computacional, la teoría de la relevancia, en sus rasgos básicos, puede ser tratada por el álgebra de Boole (2005), es decir, por una formalización algebraica de las operaciones lógicas: y (conjunción), o (disyunción) y no (negación), o sus equivalentes en la lógica de clases (Colacilli de Muro, 1979, p.192): intersección, unión y complemento.

Haremos un análisis de la ironía según la ve la teoría de la relevancia, la cual afirma que “la tendencia cognitiva universal a maximizar la relevancia hace posible que, al menos en cierto grado, se puedan predecir y manipular los estados mentales de los demás” (Sperber, Wilson, 2004, p. 244).

La figura siguiente muestra un análisis sobre una supuesta producción irónica analizada desde el álgebra de Boole.


Un caso de producción irónica

[para la explicación del esquema, remito al lector al Adendum del capítulo 267]

De acuerdo a la aplicación del análisis lógico propuesto se llega a una ambigüedad entre engaño e ironía. La producción lingüística no permite diferenciar estas dos situaciones porque no hay forma de representar lógicamente esta diferencia, como no sea presuponiendo la inducción de inferencias en el oyente, a través de premisas implicadas (implicaturas), transmitiendo conclusiones implicadas (Sperber y Wilson, 2004, p. 252), lo cual es absolutamente arbitrario ya que se extrapola a un evento psíquico las conclusiones derivadas de un análisis del pensamiento lógico. Se debe aclarar que en este análisis no se ha tenido en cuenta el ‘contexto’; aspecto este, que en la teoría de la relevancia es ‘fabricado’ (ad hoc) siguiendo las mismas pautas lógicas que en el caso del pensamiento.

¿Cuáles son las posibles causas de esta ambigüedad?

1. Una disposición jerárquica, transitiva y binaria de la información (por adherir a la lógica clásica), lo cual la vuelve ESTÁTICA.

2. Un problema con la IDENTIDAD de cada situación. Solo se tiene en cuenta lo cuantitativo (en donde ambas situaciones son iguales), en desmedro de lo cualitativo (en donde se diferencian). En otras palabras, a pesar de tratar con la intención ostensiva y lo inferencial, se excluye el sujeto (recordar la no designación de la lógica clásica), considerando solo el objeto.

3. El no tener en cuenta el tiempo (que es la única forma de certificar una simultaneidad, según ya lo vimos). Engaño e ironía se ven como sendas fotografías tomadas en un tiempo tn. Entonces, ‘se ve 00’ y se lo considera como 0 (por hacerlo en forma secuencial), en vez de ‘ver 01’, si se consideraran simultáneamente. En cuanto a la IDENTIDAD se puede agregar, que el no tener en cuenta al sujeto (como corresponde a un análisis lógico tradicional)

4. La base metafórica de las ciencias cognitivas {Tanto duras (en las que mente = computadora), como blandas (en donde mente = metáfora computacional). Fodor adhirió a ambas (duras: 1983, blandas: 2000a y 2000b)} la cual queda actualizada con las siguientes expresiones anónimas extraídas de la jerga informática: ‘Las computadoras no son inteligentes, solo piensan que lo son’; ‘Las computadoras son de esos aparatos odiosos que nunca hacen lo que queremos, sino lo que le decimos que hagan’; ‘Si torturas lo suficiente a los datos, confesarán’;’Pasa suficiente tiempo confirmando una necesidad y la necesidad desaparecerá’; y por último, una con un apropiado tono irónico: ‘La confusión está clarísima’.

[continuará ... ]

¡Nos vemos mañana!