julio 03, 2014

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 264)

Cuaderno XI (páginas 1585 a 1590)

(Hoy continuamos con la segunda parte del trabajo sobre Pragmalingüística: "(Des)cortesía lingüística como estrategia evolutiva")

LA ESTRUCTURACIÓN DE LOS SISTEMAS REALES
El PAU como estructura genérica relaciona el parecer y el ser, lo discreto y lo continuo, la apariencia y lo oculto; y el sustrato es la interrelación entre S y O a través del cambio: evidente como expresión del parecer y oculto como expresión del ser.

En cada uno de los sistemas reales arbitrarios se puede definir un S y un O determinado y también, como hemos visto, una unidad operativa que está en todo de acuerdo con el PAU genérico. Esto quiere expresar que se considera la siguiente disposición:

    ⎧psico-interno                                ⎧psico-interno
S ⎨bio-externo                               O ⎨bio-externo
    ⎩socio-cultural                               ⎩socio-cultural

Las unidades que ya fueron establecidas tendrían la siguiente estructura:

Sistema psico-interno: FREN → estructura superficial: idea
                                               ↘︎estructura profunda: pensamiento

Sistema bio-externo: GEN → estructura superficial: fenotipo
                                          ↘︎estructura profunda: genotipo

Sistema socio-cultural: REM → estructura superficial: parecer
                          ↘︎estructura profunda: ser

El propósito de definir estas unidades es establecer la estructuración dinámica de la realidad tomando como modelo la molécula de ADN, la cual, mediante sus constituyentes universales (nucleótidos) es el equivalente lógico de un alfabeto en el que está escrita la estructura de la vida en su infinita diversidad. De esta forma, quedarían constituidas ‘tres hélices’ homólogas producidas por el ciclado de sus patrones universales a través del tiempo (devenir). Cada hélice es doble, con una ‘cadena’ superficial y otra profunda, unidas por sus puntos complementarios. Esta estructura homóloga dice de un LU en el que está ‘escrita’ la lógica del universo que hemos definido, y además caracteriza cómo es que se ‘transmiten’ en el tiempo, las ‘características hereditarias’ tanto psíquicas, biológicas como socio-culturales y sustentan los ‘productos’ típicos de cada uno de esos sistemas: el conocimiento, la vida y el lenguaje.

(DES)CORTESÍA
Habiendo hecho una ligera aproximación a lo que proponemos como un marco real posible en donde el lenguaje humano podría asumir su protagonismo, intentaremos bosquejar un modelo que permita alguna explicación sobre la (des)cortesía.
Como guía para el análisis que haremos de la (des)cortesía hemos tomado el excelente libro de Richard J. Watts ‘Politeness’ (2003), en donde, más allá de hacer un pormenor y crítica de los distintos modelos existentes para explicar este fenómeno, presenta en detalle su propio modelo.

De acuerdo con el autor tomado como referencia, podemos decir que tanto el comportamiento como el lenguaje cortés (que como propondremos tienen el mismo origen) son adquiridos; no es algo con lo que nacemos sino que debe ser aprendido y socializado. Yendo más allá incluso, consideraremos a estos elementos como parte de una estrategia que se debe aprender para poder convivir (sobrevivir socialmente) y que están en total sintonía con los comportamientos que también son materia de un aprendizaje obligado para mantener la vida o el equilibrio psíquico.

Como dice Watts (pág. 23) y reafirmando lo improcedente de la investigación de la cortesía basada exclusivamente en lo ‘superficial’, cuatro son los mayores problemas que enfrenta el intento de localizar la (des)cortesía que ocurre en el discurso natural:
Es imposible evaluar el comportamiento (des)cortés fuera del contexto real, de la interacción verbal continua.
Una teoría del comportamiento (des)cortés necesita tener en consideración, adecuadamente, las perspectivas del hablante y del oyente. En primer lugar porque el hablante también es oyente y viceversa. Y en segundo lugar, porque la interacción social es ‘negociada en el momento’. Esto último implica que aquello que originalmente es interpretado como comportamiento (des)cortés está siempre abierto a una remodificación evaluativa en tanto la interacción progresa.
Como un corolario directo de los dos puntos anteriores, nunca será posible desarrollar un modelo predictivo de la (des)cortesía lingüística.
Consecuentemente no podemos idealizar un concepto científico universal de la (des)cortesía que pueda ser aplicable a las instancias de la interacción social a través de las culturas, subculturas y lenguajes.

Más allá de la tajante 'descortesía académica' que muestran estas afirmaciones, dan sustento a algunas de las dificultades (bastante obvias por cierto) que implica el enfoque desde la ‘apariencia’, de la interacción social en donde, efectivamente, es poco probable que se pueda dar con un patrón universal. El modelo que propone Watts promete aportar algunas soluciones a estos problemas, pero en definitiva, termina siendo una propuesta viciada por el relativismo inherente a la lengua considerada. Dicho de otra forma, en cada lengua, en cada cultura, en cada situación social, la (des)cortesía tiene caras distintas; y dado el enfoque sociológico excluyente (utiliza hasta los mismos términos de la teoría sociológica de Bourdieu), le es imposible cumplir con lo prometido ya que no puede despegar, p.e. mediante su concepto de habitus, la subjetividad del investigador, de la característica formal o cortés de los enunciados analizados en los abundantes ejemplos que nos brinda; y esto solo considerando uno de entre otros muchos aspectos.

Nos dice el autor (pág. 49): "Si necesitamos fabricar un modelo teórico de la (des)cortesía, lo primero que tendríamos que hacer sería encontrar la manera de aislar, a través de las distintas culturas, todas aquellas estrategias, verbales y no verbales, que constituyen, regulan y reproducen formas de interacción social cooperativa. Una tarea obviamente imposible. – e inútil agregaría yo, ya que parte de un prejuicio: la actitud social cooperativa. ¿existe tal cosa? - En segundo lugar una teoría de la (des)cortesía o cortesía lingüística tiene que ser tal que pueda explicarla – he aquí el detalle, sino ¡no es una teoría! – como una faceta universal de la interacción social humana, a través de las culturas. Por tanto tendría que ser una teoría que permitiera interpretar y descubrir las distintas instancias de cortesía que se pueden observar y analizarlas para que nos ayuden a construirla y reproducirla. En el presente no existe una teoría de este tipo." - porque todas se basan en un aspecto meramente superficial: ‘Un intento de explicar la cortesía como una faceta universal de la interacción social’ pero, y esto es relevante, ni el autor que se percata de los errores groseros de que adolece este enfoque, tiene en cuenta el origen, orden y función de este actuar social. Por esta razón y con toda justeza dice que siempre será de naturaleza evaluativa. El único problema es que él cae, quizás por otra vía, en lo mismo.

De las muchas definiciones de cortesía que Watts da en su libro, solo extraeremos detalles de aquellas que aportan a nuestra visión, algún elemento de valor:

Brown y Levinson (1978): Sistema complejo para amortiguar los FTA (actos de amenaza a la imagen (face)). De la cual rescatamos el concepto de AMENAZA.
Kasper (1990): Basada en la anterior, ve la comunicación como un esfuerzo fundamentalmente peligroso y antagonista. Por tanto, cortesía es un término para referirse a las estrategias que los interlocutores tienen disponibles para ‘diluir’ el peligro y minimizar el antagonismo. Extraemos de aquí el concepto de ESTRATEGIA.
Fraser y Nolen (1981): Ven a la cortesía como una ‘propiedad asociada con una acción voluntaria’. Si por voluntaria podemos entender INTENCIONAL estamos de acuerdo y lo tomamos.

Solo a modo de avance intentamos una aproximación diciendo que la cortesía está representada por una serie de conductas intencionales y ‘expresiones lingüísticas’ que capitalizan tales conductas y que se manifiestan con el único fin de mantener el propio Estado Estacionario (estado de desequilibrio estable que permite la vida); o sea, de convivir (sobrevivir en la sociedad). Con esto tratamos de dejar establecido que la cortesía, a nuestro entender, nada tiene que ver con la consideración, ni el negocio, ni el equilibrio de las relaciones. Es la manifestación en el sistema real socio-cultural de lo que hace el individuo, como ser vivo, para permanecer vivo.

Esta postura, aunque parezca teñida de evolucionismo, no tiene relación con el ‘más apto’, sino con la adaptación, el desarrollo y el crecimiento. No hay lucha por el poder en esta dinámica. La lucha por el poder se da cuando, el individuo en cuestión, se percata de que con más poder es más fácil sobrevivir (por lo menos transitoriamente), con lo que se desata una lucha descarnada y cruel por trepar a la supuesta ‘cima’ y así alcanzar la ‘eternidad’ , malinterpretando el impulso innato de mantener ‘la cabeza fuera del agua’. Este detalle promueve que la cortesía sea utilizada, p. e. como una mentira o una simulación. Aquí, evidentemente, no existe cooperación alguna sino todo lo contrario, un egoísmo patológico (muy común de estos tiempos) que sin embargo puede aparecer como ‘la mar de lo cortés’.

Estoy convencido de que la cortesía siempre tiene un fin ganancial (sobrevivir). En otras palabras, que es un conjunto de estrategias adquiridas a través de la experiencia, que transformándose en HÁBITOS, son utilizadas (de allí el sentido eminentemente pragmático que tiene), en las expresiones lingüísticas, con un propósito y para lograr un efecto determinado (remedando las acciones establecidas por Austin para los actos de habla). Usando y modificando el concepto de Competencia Pragmática que incluye R. Lakoff en su modelo, podríamos decir que es una expresión adecuada para describir la Capacidad de Adaptación al contexto que le es inherente al mecanismo antes descrito.

De una manera muy general: cortesía≅sentido. O sea, que cortesía podría asimilarse a un conjunto de medidas que yo tomo, para que el ‘otro’ le encuentre sentido a lo que yo expreso; que es una forma de imponer una intención: sobrevivir; intento de imposición del que puedo salir dominando, sometido (dominado), o permanecer indiferente por demostrar una ‘potencia’ equivalente.

Dado que consideramos a la cortesía como una estrategia, viene a propósito, un párrafo del libro de M. Victoria Escandell Vidal, “Introducción a la Pragmática” (1993), que en el capítulo 8 dice: “Por tanto, la explicación del funcionamiento de la cortesía estratégica presupone, de un lado, una clasificación de los tipos de discurso y de los actos que pueden realizarse; de otro, una descripción de los tipos de relación social que resultan relevantes; y, finalmente, una caracterización detallada de las diferentes estrategias (especialmente en sus repercusiones lingüísticas) y de las condiciones que gobiernan su adecuación al contexto y la situación. Esta tarea se ha abordado desde perspectivas algo diferentes, pero todas tienen en común el considerar que el papel fundamental de la cortesía es el de servir a las relaciones sociales.” Por esta última afirmación se puede adivinar el porqué todos los modelos y prácticamente todos los análisis que se hacen de ellos están ‘separados’ de sus actores principales (hablante/oyente, sujeto/objeto; como roles alternantes). Se encara el análisis por la parte inadecuada: desde la apariencia; desde lo puramente fenomenológico y ya sabemos que no todo es lo que parece ser. Por eso, el fin utilitario que se le da a la cortesía de ‘servir a las relaciones sociales’, no nos dice nada si no tenemos claro para qué sirven estas relaciones. Estas relaciones tienen un único fin: convivir; ergo, la cortesía puede ser planteada como una estrategia, sí, pero como una estrategia para ‘seguir vivos socialmente’.

Arriesgaremos una definición más precisa que trataremos de fundamentar más adelante:
"(Des)cortesía es un conjunto de estrategias psico-bio-socio-culturales, adaptativo-evolutivas, cuyo único fin es la supervivencia."

CORTESÍA SOCIAL Vs TACTO
Este título que hace directa alusión al trabajo en el que R. W. Janney y H. Arndt aportan un enfoque distinto, nos servirá de guía para plantear el fundamento de nuestra definición.

Los autores hablan de tacto a la vez que de cortesía, y discuten algunas raíces psicológicas y biológicas del tacto, destacando que, mientras los conflictos son disparados en forma similar en todos los grandes animales por ‘sentimientos’ innatos de agresión, atracción, compromiso, etc.; el tacto es únicamente humano y representa una solución posible, no instintiva, sino adquirida culturalmente para enfrentar el problema del rechazo de un conflicto – conflicto que según hemos planteado está representado por el hecho de sobrevivir.

Rechazando de plano la definición de la cortesía como un ‘comportamiento adecuado’, los autores sugieren que se preste más atención a cómo las personas expresan sus sentimientos entre ellas en la conversación cotidiana. Dicen que se debe hacer el cambio desde un enfoque lógico a un enfoque socio-psicológico – algo que compartimos aunque, para nosotros, el enfoque psico-bio-socio-cultural tiene una base estrictamente lógica, claro que no de una lógica binaria, sino multivaluada. Agregan que, desde el punto de vista socio-psicológico, la cortesía no es un concepto lógico estático – por esta razón nuestro sistema lógico tetravalente – sino una actividad interpersonal que puede ser observada, descrita y explicada en términos de una interacción funcional.

Dentro de una determinada cultura – puntualizan – cualquier adulto normal puede ser ‘cortés de una manera descortés’, o ser ‘descortés de una manera cortés’. La primera situación configuraría la cortesía social y la segunda la cortesía interpersonal. Además especifican que ambas son adquiridas culturalmente y están interrelacionadas con el discurso.

Definen a continuación la cortesía social como basada en la necesidad de las personas de mantener una interacción flexible y manejable con otros miembros de su grupo – necesidad que nosotros hemos enfocado hacia el uso de estrategias para ser ‘corteses’, con tal de poder convivir.

A la cortesía interpersonal, que la llaman tacto, la definen como la necesidad que tienen los individuos de mantener la imagen, necesidad que oscila entre el temor a perderla y la renuencia de privar al otro de ella. Enfatizan que, como copartícipes en la interacción social, las personas son más o menos dependientes las unas de las otras, en cooperar para mantener el frágil balance de respeto y consideración necesarios para la preservación de la imagen – algo que no compartimos en absoluto; nuestra postura es clara y está basada en el manejo de la hipocresía (más que de la cortesía); o ¿acaso no se desprende esto de la definición que los autores dan de tacto? Tacto para nosotros es una estrategia hipócrita para defender no solo la imagen, sino el ‘pellejo’ psico-bio-socio-cultural. ¡Sin ‘pellejo’ no hay imagen posible!

En la pág. 24 los autores muestran un cuadro comparativo entre cortesía social y tacto, sobre el que nos tomamos la licencia de adaptar a nuestros propósitos:


Los roles sociales considerados derivan de lo que hemos llamado ‘figuras sociales’ y que representan tipos básicos y universales de acción que dan origen a todo el actuar social que puede derivar del hecho de saldar una carencia: el reconocimiento por parte de los otros. Estas figuras son:

i) Indiferencia: coexistencia sin influencia mutua de dos polos de intereses, lo que genera dos ‘recorridos discursivos’ paralelos que solo se contactan a nivel superficial, sin interferirse.

ii) Acuerdo: coexistencia con influencia mutua de dos polos de intereses que tienen elementos en común que los reúne y elementos distintivos que son adaptados, por ambas partes, para permitir el ‘encaje’ de los dos recorridos discursivos, posibilitando enlaces a nivel superficial (a través del parecer – la mentira) y la aceptación de común acuerdo del nivel profundo (del ser).

iii) Conflicto/Evasión: confrontación de dos polos de intereses para saldar una carencia a través de un mismo objeto. El conflicto perturba el estado estacionario (desequilibrio estable que es mantenido por retroalimentación negativa) en que se desenvuelven sus dinámicas (oscilaciones controladas, entre lo superficial y lo profundo). Esta perturbación se manifiesta como ‘oscilaciones fuera de control’ (se comportaría como oscilaciones físicas incrementadas en su amplitud en forma exponencial por retroalimentación positiva) provocadas por la influencia entre los niveles superficial y profundo en forma cruzada y conducentes a una ‘catástrofe’. Se llega al límite de lo tolerado por la estabilidad dinámica; ambos sistemas se ven obligados a optar (se bifurcan): o se pasa a un nivel de complejidad mayor (quitándole complejidad al contrincante ocasional) transformándose en dominador de la situación; o por el contrario, transformándose en dominado; o aún más, desapareciendo directamente de la situación discursiva.

iv) Sumisión: coexistencia de dos polos de intereses en donde uno de ellos predomina por tener intacta la ‘capacidad de adaptación’ a los avatares, posibilitada por el uso completo del ensamble superficial/profundo (parecer/ser), y poder así influenciar al otro que solo maneja el nivel superficial, en detrimento del nivel profundo. Esta figura puede tener dos variantes: una absoluta, en donde la sumisión es total (tanto en el parecer como en el ser); y la otra relativa, en donde tal sumisión es solo aparente. La sumisión puede ser consecuencia de la figura (iii). Además su evolución puede seguir distintos recorridos discursivos que permiten desembocar en cualquiera de las figuras anteriores por ‘rehabilitación’ del nivel profundo.

Las figuras especificadas ponen en evidencia lo que es relevante a nivel socio-cultural; o lo que es equivalente, aquello que podemos pesquisar en el plano de la praxis discursiva. No obstante es posible sondear a través de ellas, otros planos del comportamiento y elementos que de él surgen, como son: el de las sensaciones (placer, neutralidad, displacer); el de las reacciones (atracción, displicencia, rechazo); el de las emociones (amor, armonía, odio); el de las percepciones (sujeto, acción, objeto); el de lo psíquico (idea, lenguaje, pensamiento); etc. Todas las alternativas anteriores responden al planteo lógico de nuestro PAU genérico.

Los roles personales considerados son: dominador, dominado e indiferente.

[continuará ... ]

¡Nos encontramos mañana!