noviembre 03, 2013

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 22)

Cuaderno I (páginas 129 a 134)

Hoy es Domingo y sin embargo me reúno a desayunar con mi 'estimado' colega, en el mismo café a donde vengo a estudiar, a escribir y a rumiar mi bronca, de Lunes a Viernes a las 7 de la mañana. Este es el mismo café que frecuento desde hace..., no sé, varios años; aquí veníamos con mi ex-amigo a desayunar todos los días menos los Sábados, prácticamente desde que nos conocimos. A pesar de tan asidua concurrencia, los Domingos tenían un sabor especial. No se leía otra cosa que no fuera algún diario local o alguna de las revistas que ambos solíamos comprar en un kiosco cercano. Charlábamos sobre algunos de los temas destacados de la semana, ya sea de los surgidos del ámbito hospitalario/asistencial o de cualquier otro que aportaran los infaltables colegas y/o 'amigos' que se acercaban a compartir nuestra mesa (aunque no el pago de lo consumido) ubicada, casi siempre, en la vereda (invierno y verano) y al amparo de una sombrilla, para evitar las poco agradables 'opiniones orgánicas' de nuestros amigos los pájaros que habían pernoctado la noche anterior en los enormes plátanos que bordean la calle más importante de nuestra ciudad.

Este Domingo está muy distante de aquellos que otrora, solían ser agradables, apacibles y un acicate para el cultivo de una, en aparencia, duradera amistad. Hoy, mientras espero que llegue mi 'estimado' colega, que siempre lo hace con retraso, ya he desayunado y escrito, o garabateado mejor, varias cosas en mi cuadriculado cuaderno de apuntes. Enfrascado en esos menesteres no advierto que a unas pocas mesas de distancia, acaba de sentarse mi ex-amigo acompañado por mi 'reemplazante' en la función de 'paño de lágrimas'; un ex-compañero en la empresa de atención de urgencias domiciliarias, en donde mi ex-amigo es el Director Médico, y donde yo mismo supe estar empleado a instancias suyas. Durante la semana nunca lo había visto, evidentemente se escabullía por algún otro café del centro (por suerte), pero los Domingos ha seguido viniendo. El desayuno, aún en proceso de digestión, se me hizo un 'nudo' en el estómago; la impotencia y la rabia se apoderaron de mi rostro y de mi pecho que se me antojaba como insuficiente para contener un corazón que se había acelerado ostensiblemente como producto del brusco aflujo de adrenalina.

Finalmente llega mi 'estimado' colega, por supuesto a desayunar; antes de que se siente, casi le ordeno, - ¡vámonos a otro lado! - ¿qué te pasa? - me pregunta, - nada, pero ya no quiero estar aquí, vámonos a un lugar más tranquilo - le respondí, francamente alterado y ya de pie. - sentáte, tranquilizáte un poco y contáme - dijo con parsimonia cuasi-psicoanalítica mi 'estimado'. Me he sentado de nuevo pero sigo muy alterado y sin poder evitar el dirigir algunas miradas de soslayo a la mesa en donde estaban estos dos 'impresentables'. - ¿Viste quién está en aquella mesa? - le pregunté a mi 'estimado' colega, quien, sin ningún disimulo, giró la cabeza para poder mirar. - ¡Ah!, ya veo, todo este cuadro histericoide es por la presencia de tu amigo, perdón, de tu ex-amigo?, - ¡sí! - le respondí. Adoptando una actitud intermedia fraternal-paternalista-terapéutica, me dijo - mirá, tenés que aprender a superar estas situaciones, que dicho sea de paso, van a seguir ocurriendo. No es posible que después de todo el tiempo que ha pasado, sigas con esta actitud paranoica. Él tiene tanto derecho como vos de estar aquí, por tanto la manera de afrontar el momento es adherir a una absoluta y total indiferencia.

Yo comprendía lo que mi 'estimado' colega, supongo que con buenas intenciones, me estaba diciendo, pero, por lo menos este Domingo, está definitivamente arruinado.

Ayer a la noche recibí una llamada de mi 'estimado' colega mediante la cual me contaba que a la Sociedad Psicoanalítica local había llegado una circular desde la Asociación Psicoanalítica Internacional (residente en Londres), en donde se ofrecía un jugoso subsidio por el término de dos años para realizar un trabajo de investigación en Psicoanálisis, con el cual me entusiasmé. Inmediatamente me comuniqué con la Dra. para comunicarle la buena nueva, y para pedirle que nos trajera a la reunión de hoy, todo lo necesario para la presentación formal de un trabajo de esta características, ya que ella, a diferencia de nosotros dos, tenía amplia experiencia (muchos años, desde que se doctoró en lingüística) en investigación, de hecho es investigadora en la única institución dedicada a estas cuestiones que existe en el país y que depende del estado nacional.

Hoy traigo algunos bocetos sobre este trabajo de investigación, para ponerlos a consideración de mis compañeros. "La intención de la investigación es proveer a la técnica psicoanalítica de una herramienta de fácil uso, que permita hacer más objetivos y sistemáticos, algunos hallazgos presentes en la clínica habitual.

La finalidad de la propuesta es poner de manifiesto algunos 'marcadores' presentes en la comunicación terapéutica, pero no soportados en un análisis 'microscópico' de la comunicación en sí, como un medio para cuantificar aspectos tales como son la reacción del paciente frente al analista, o su reacción frente a otras personas o eventos que le ocurren fuera del análisis, o 'medir' la intervención del analista y su influencia, sino, para poner en evidencia cierta información aportada en el relato pero que está relacionada directamente con los mecanismos psicopatológicos productores de la enfermedad"

Mis compañeros no entendieron nada, o mejor dicho, sí entendieron pero no veían claro cómo podríamos hacer lo propuesto por mí. ¡De todas maneras, ellos no habían traído ninguna idea para aportar! Lo que sí ha traído la Dra. es un formulario vacío, de los que ella utiliza en la Universidad, para presentar los proyectos de investigación cada dos años, en donde estaba muy bien detallado todo lo que había que cumplir; ella estima que en este proyecto que nos ocupa, deben exigirse más o menos los mismos requisitos. Todo está muy bien, excepto una cosa: la presentación del curriculum de cada investigador. Yo, si bien no tenía gran experiencia en investigación, algo había hecho en mis comienzos, e inclusive soy miembro activo de dos sociedades científicas nacionales, y además tengo una frondosa carpeta de antecedentes por mi actividad médica y computacional, pero mi 'estimado' colega nunca había escrito nada , excepto su nombre, por tanto esto resultaba un obstáculo insalvable pues justamente él era el referente por medio del cual, nosotros dos, podíamos participar como investigadores en un campo tan específico y tan distante de nuestras actividades.

Con este problema sin aparente solución y con la promesa, de mi parte, de ordenar más formalmente la propuesta, según las claras indicaciones de la Dra., nos despedimos hasta la próxima reunión.

¡Hasta mañana!