junio 18, 2014

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 249)

Cuaderno XI (páginas 1495 a 1500)

(Hoy interrumpimos el trabajo de Merrell para mostrar el nacimiento de Aprend3r (este portal educativo), a través del primer artículo publicado con el fin de divulgar nuestras ideas y ponerlas a consideración ante el 'infinito' universo de Internet)

¿Estaba en lo cierto Platón? (9/6/2008)

La realidad que nos rodea y que nos tiene por uno de sus innúmeros protagonistas, se despliega allá, ‘afuera’; pero también aquí, ‘adentro’, en lo profundo de nuestro ser y existe como una especie de vaivén misterioso que nos lleva a contemplar estas realidades como una única realidad pero donde, de cualquier forma, necesariamente debemos hacer comparecer infinitamente, la una ante la otra y viceversa. Para no complicar las cosas, analicemos por un instante la realidad externa a nosotros, la de todos los días; la de los objetos, las personas, los animales. Es asumido intuitivamente que todo esto e inclusive nosotros mismos, discurre por un mundo real de tres dimensiones (3D), aquellas que dan forma a nuestro espacio físico común. Sería considerado como un alienado aquel que osara contradecir esta fuerte evidencia; pero, qué ocurriría si esto fuera una mera ilusión?



No, no he perdido la razón. Hagamos una simple prueba. Tapemos uno de nuestros ojos, sin cerrarlo, con la palma de una de nuestras manos. En estas condiciones, observemos la cotidiana realidad externa. ¿Qué pasó con las 3D? Se transformaron misteriosamente en dos dimensiones (2D). Se me dirá, y con razón, que esto sí es una mera ilusión. De acuerdo. Pero tratemos de buscar una explicación coherente a este fenómeno. Nuestros ojos están dispuestos simétricamente en la parte anterior de nuestra cabeza y su separación, nos permite lo que se denomina, una visión estereoscópica. Esta es la única razón por la cual podemos percibir las 3D reales. La retina de nuestros ojos es un telón aterciopelado en donde se proyecta la imagen de lo que estamos observando. Al decir ‘telón’ quiero representar gráficamente, que la retina es un elemento predominantemente bidimensional. Es un plano. Por tanto, la imagen que se forma en ella es de 2D. ¿Y entonces? ¿Cómo es que percibimos las 3D? Cada uno de nuestros ojos nos brinda una imagen bidimensional de lo observado pero, desde enfoques distintos.

La pequeña distancia que separa a nuestros ojos, en relación al mundo percibido, es suficiente para que en cada una de las imágenes haya diferencias significativas entre las proporciones de los distintos elementos que componen lo observado. No obstante ello, lo más trascendente es que también hay una importante diferencia de iluminación. Esta diferencia es lo que hace variar el brillo de los colores. Esta ‘mezcla’ de los colores de los objetos con los tonos de grises ( o sea la sombra) nos da misteriosamente las 3D al hacer posible (composición de por medio) que percibamos la profundidad de los objetos. Que esto es así, lo comprueba el hecho que a medida que oscurece el día, vamos perdiendo la posibilidad de percibir las 3D; y de no mediar una luz artificial, nos quedamos sumidos en un mundo de 2D ya que la iluminación (pobre) de los objetos se transforma en homogénea. Luego, lo que percibimos es una mera ilusión ya que lo que nuestros ojos nos brindan, debe ser ‘compuesto’ (integrado) por nuestro cerebro para que coincida lo percibido con la realidad material.



Ahora, ¿dónde encaja Platón en todo esto? Es por todos conocido el Mito de la Caverna que toma cuerpo en el séptimo libro de la República de Platón. En él y más allá de pintarnos magistralmente sus tres principales teorías (la de las ideas, la epistemológica y la antropológica) nos trata de mostrar la realidad, tal cual la vivimos y tal como se supone que es. Las sombras proyectadas en el fondo de la caverna es todo lo que conocen aquellos que viven apresados e inmóviles en su interior. Al no ver nunca otra cosa que tales sombras, terminan identificándolas con la realidad. Esta extraordinaria metáfora nos enseña que el hombre está limitado por su conciencia para percibir lo que la realidad es. La figura anterior pretende dejar la inquietud de si realmente lo que percibimos es tal, o si no es tan solo una sombra. Están representadas en ella nuestras 3D y una más: una cuarta dimensión (4D) desde donde se originan las otras tres. Un Hipercubo (en donde una dimensión extra es perpendicular a las tres conocidas) en proyección central es iluminado desde el infinito por una luz de rayos divergentes. Su sombra proyectada es un cubo (nuestras 3D); la sombra de éste es un plano (nuestras 2D); la sombra de éste es una línea (1D) y finalmente la sombra de ésta es un punto (0 D). ¿No estará en lo cierto Platón? ¿No será la realidad percibida la mera ilusión de una sombra y nuestro conocimiento de ella, mera doxa u opinión, quedando reservado nuestro conocimiento final (episteme) para una dimensión superior (4D) que podría estar no en nuestro cerebro, sino en nuestra psiquis? Para pensarlo ¿no?

¡Nos vemos mañana!