junio 05, 2014

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 236)

Cuaderno X (páginas 1417 a 1422)

(En este capítulo veremos el segundo trabajo presentado a la Cátedra de Semiótica, siguiendo con el plan de adiestramiento impuesto por el programa del Doctorado. Analizaremos la primera parte de este escrito.)

SEMIÓTICA – UNIDAD 2

ANÁLISIS SEMIÓTICO DE UN CUENTO

En el extenso campo del análisis discursivo y narrativo, muchos e importantes son los aportes realizados por el enfoque estructuralista desde que Propp (Propp, 1927) planteara la existencia de ‘universales morfológicos’ en la trama narrativa. Este trabajo no pretende ser superador, ni mucho menos, sino el aporte de un punto de vista algo distinto, en donde se privilegia la economía del análisis, sin sacrificar por ello, los considerandos obligados y necesarios para un examen integral de la narración que incluya además de la lectura semiótica, la psicología de los actores y la poderosa influencia contextual (en sentido lato). En otras palabras, contempla el total de los sistemas reales que en definitiva son los que intervienen en la generación de sentido.

Rápidamente repasaremos la estructura lógica elemental en que se fundamenta este análisis.
Si hablamos de estructura, hablamos de relaciones; y si hablamos de relaciones, estamos diciendo algo sobre elementos que se relacionan; y si hablamos de elementos, estamos resaltando diferencias y además la simultaneidad en la aprehensión de al menos dos elementos distintos.

La concurrencia de la aprehensión de dos elementos exige, por un lado, que ambos tengan algo en común y por otro, que haya algo que los diferencie. Veamos esto último a través de un ejemplo simple: supongamos que tenemos ante nosotros dos pelotas, y que una de ellas es rayada y la otra lisa. Estos elementos están relacionados de dos maneras en forma simultánea: tienen algo en común que los identifica como pelota (p.e. la forma) y algo que los diferencia como elementos distintos pertenecientes a una categoría determinada, el hecho de ser una rayada, y la otra no.


Tabla I

La Tabla I muestra una manera (entre otras) de representar ‘numéricamente’ ambas pelotas. Este método se basa en dejar constancia de las oposiciones que caracterizan los elementos; o sea, de aquello que permite distinguirlos (presencia o ausencia de un atributo dado).

Se puede observar que la cifra que representa cada elemento, tiene dos lugares, entonces, la mitad no ocupada, se la asignaremos a aquel atributo que hace que los dos elementos pertenezcan a la misma categoría (la forma); es decir, para consignar que ambos son pelotas. Esta simple estructura se puede representar como lo muestra la Figura 1.


Figura 1

Desde el punto de vista lógico podemos ver en la Figura 1 que ambos elementos guardan una doble relación: i) son opuestos; es decir, uno es la negación del otro (negar 01 es reemplazarlo por su inverso 10, y viceversa), y ii) son complementarios porque uno tiene una característica que el otro no tiene. Pero además este esquema nos muestra otros aspectos relacionales que subyacen a la aprehensión de ambos elementos. Así, por un lado tenemos la conjunción (∩) por aquel aspecto o atributo que tienen en común (la forma), y por otro la disyunción (∪) por aquel atributo que los diferencia (textura).

La conjunción como operación lógica nos dice que una relación será verdadera (1) cuando ambos elementos de la relación sean verdaderos, de lo contrario será falsa (0); por eso 01 ∩ 10 = 00. En cuanto a la disyunción nos dice que será falsa (0) únicamente cuando ambos elementos disyuntivos sean falsos, de lo contrario será verdadera (1); entonces 01 ∪ 10 = 11.

De acuerdo a lo anterior estamos autorizados para decir, según la lógica de clases, que 11 representa la unión de aquellos aspectos que distinguen un elemento de otro, y que 00 representa la separación (intersección) de aquel aspecto que los reúne (categoría). Es importante notar además, que 11 y 00 guardan entre sí la misma doble relación de oposición y complementariedad. Por tanto, y siguiendo en la lógica de clases, podemos afirmar que en este pequeño universo que hemos caracterizado, hay dos clases o conjuntos: la de los elementos (con su ámbito (01) y su complemento (10)) y la del cambio o transformación (con su ámbito (11) y su complemento (00)) que surge cuando dos objetos se relacionan entre sí.

Cuando analizamos otras oposiciones relacionadas con los mismos objetos, descubrimos algo interesante. Por ejemplo pelota grande vs. pelota pequeña. Esta última oposición ya no es binaria (no tiene solo dos términos: el elemento y su opuesto), sino que al menos, admite un término intermedio como lo es pelota mediana. En realidad este tipo de atributos, acepta infinitos valores entre sus extremos. De esta manera, si pretendemos ‘describir’ lo que ocurre en la realidad de este nuestro limitado universo, debemos poder caracterizar todas las posibilidades. Una forma de hacerlo es ampliar el esquema anterior, profundizando en su estructura y mostrar así, que en definitiva todo se restringe a un inter-juego entre el ‘ser’ y el ‘parecer’ (Greimas, 1973, p. 108). El ‘parecer’, aquello que se ofrece directamente a la aprehensión y que tildaremos de ‘superficial’, es de tipo binario o discreto; se pasa de un extremo al otro de la comparación sin valores intermedios, siendo así un atributo absoluto y evidente. El ‘ser’ en cambio, es aquello que ‘no se ve’, que permanece oculto y por lo que lo llamamos profundo y admite infinitos valores intermedios entre sus extremos; esta última característica lo convierte en un atributo continuo o analógico y relativo pues resulta su valoración, de una comparación.

Hipotéticamente y de una forma genérica, se puede utilizar como base de la descripción semiótica, la relación sujeto/objeto (Courtés, 1980: 62). Aquí sujeto (S) es considerado como la ‘fuente’ del cambio y el objeto (O) como el ‘destino’ del cambio, y ambos están relacionados precisamente por ese cambio que queda expresado por una operación de disyunción (cambio aparente = V) en la superficie y por una operación de conjunción (cambio oculto = ∇) en lo profundo. (Figura 2)


Figura 2

Los vértices del ‘cuadrado’ propuesto representan lo que llamamos nichos o lugares ontológicos, que igual a lo propuesto por Greimas en sus categorías sémicas (Greimas, 1973, p. 151), serán ocupados por elementos de sentido (contenidos) concretos; contenidos que, en la elaboración de la dinámica, no son tenidos en cuenta.

Si a 0110 (clase de los elementos) la negamos, obtenemos su opuesto: 1001. Sus constituyentes no desaparecen, solo cambian de lugar. Si volvemos a negar, obtenemos (según la lógica clásica) la estructura inicial. Se establece así una dinámica cíclica que podría caracterizarse como la tendencia de ir hacia el objeto (10) a través del sujeto (01). Esta dinámica se puede asimilar a una función (una estructura proyectada en otra estructura) que llamaremos: organización y que representa una transformación o cambio evidente y no significa otra cosa que la disyunción entre ambos polos de la relación (11 = V). Ahora, si negamos 01(S), no desaparece pasando a 10(O), sino que ‘pasa’ a 11(V); y si esta última se niega, ‘pasa’ a 10(O). Luego, 11(V) se transforma en una clase mediadora entre los polos opuestos y cambia entonces, el concepto de negación. Es como si se negara los continentes (Günther, 1962) (nichos) y no el contenido, y de esta forma, hay un ‘desplazamiento conservador’( Hegel, 1985(T1), p. 163) de un extremo a otro obtenido por la ‘negación de la negación (Hegel, 1985(T1), p. 189). Alcanzado 10(O); si se vuelve a negar, se obtiene 00(∇), lo cual significa otra transformación o cambio (en este caso oculto) que representa ahora, la conjunción de los extremos la que llamaremos desorganización. Si negásemos 00(∇) llegaríamos a 01(S), completándose un ciclo reflexivo (Hegel, 1985(T1), p. 189). En realidad, son dos ciclos completos ‘ensamblados’ que ‘giran’ en sentido opuesto (Figura 3).


Figura 3

El ensamble definido recibe como nombre PAU (Patrón Autónomo Universal) y es considerado como la unidad de complejidad real. Queda constituido un verdadero sistema como manifestación concreta de la mínima expresión de realidad que se pueda concebir. Su complejidad reside en que las dos ‘triadas’ que lo componen: SVO y O∇S, están ligadas por una triple relación: i) son opuestas, O∇S (100001) es la negación de SVO (011110); ii) son complementarias, cada una tiene a su vez una característica de la que la otra carece y viceversa; y iii) son simultáneas o concurrentes, se producen al mismo tiempo. Por otro lado, son complementarias bajo dos aspectos: a) en el ya mencionado, y b) en el que surge dado su ‘sentido de giro’.

Finalmente podemos decir que a este sistema lo animan dos lógicas: una superficial y binaria, ya que ‘gira a saltos’; por ‘pares’ de elementos; y una profunda y continua, con infinitos valores intermedios entre 1 y 0, a la cual le llamamos difusa o borrosa. Todo el sistema a su vez, está regido por una única lógica polivalente (tetravalente, cuyos valores de verdad no son 1 y 0, sino  00, 01, 10 y 11), que da la posibilidad de representar el devenir de los hechos o procesos reales (en cualquier nivel que se considere esta realidad), razón por la cual la llamaremos lógica transcursiva o del transcurrir.

La lógica transcursiva, por el hecho de servir para representar integralmente la realidad, de acuerdo a lo aquí propuesto, también es apta para representar cualquier manifestación lingüístico-semiótica del discurso: frase, relato mínimo, programa narrativo, esquema canónico, etc., que se supone representan distintos aspectos reales de un universo determinado (sea éste concreto o virtual).

Antes de analizar el cuento, haremos algunas precisiones que ayudaran a comprender la posible utilidad del método y su ubicación respecto de las propuestas actuales.

El sistema presentado tiene un comportamiento dispar frente a los esquemas narrativos canónicos tradicionales. El esquema de la Prueba no es considerado como necesario para la interpretación de un discurso, no porque no se esté de acuerdo con el ‘encuentro’ de dos programas narrativos sino, porque la lógica aquí aplicada, no es una ‘lógica en reversa’ (Courtés, 1997, p. 125) que obliga a comenzar el análisis por el final; antes bien, es transcursiva y por lo tanto, se comienza el análisis por el principio y se va ‘gestando’ su estructura con el devenir.

El esquema de la Búsqueda (Greimas, 1971, p. 270) es aceptado en sus planteos básicos: transferencia de objetos de valor, los cuatro tipos de actantes (sujeto, objeto, destinador y destinatario) que, de a pares, juegan un papel trascendente e inmanente en forma alternativa justificando de esta manera, el sacar a la superficie lo profundo, haciendo evidente una acción; contrato, competencia, performance, son aspectos que con algunos matices pueden ser manejados por la lógica transcursiva.

Respecto al enfoque de los esquemas canónicos en general, se está más cerca de las alternativas propuestas por Fontanille (Fontanille, 2001, p. 103) aunque, a diferencia de lo que señala el mismo autor (Fontanille, 2001, p. 102), y dado que los esquemas narrativos son productos de la praxis enunciativa y por tanto de un arraigo cultural insoslayable, sí es posible establecer un esquema universal del sentido de la acción a través del amalgamado de los esquemas de prueba y búsqueda, bajo los siguientes considerandos: se unifican las relaciones polémicas o contractuales con los tipos de presencia, quedando todo restringido a solo cuatro ‘figuras’ que pueden ser manejadas por el PAU.

Prueba y Búsqueda quedan entonces definidas bajo las siguientes alternativas (que siempre están supeditadas a una carencia, lo que las transforma en intencionales): i) Indiferencia: coexistencia sin influencia mutua de dos polos de intereses, lo que genera dos recorridos narrativos paralelos que solo se contactan a nivel superficial, sin interferirse; ii) Acuerdo: coexistencia con influencia mutua de dos polos de intereses que tienen elementos en común que los reúne y elementos distintivos que son adaptados, por ambas partes, para permitir el ‘encaje’ de los dos recorridos narrativos, permitiendo enlaces a nivel superficial (a través del parecer – la mentira) y la aceptación de común acuerdo del nivel profundo (del ser); iii) Conflicto/Evasión: confrontación de dos polos de intereses para saldar una carencia a través de un mismo objeto. El litigio perturba el estado de ‘desequilibrio estable’ (mantenido por retroalimentación negativa) en que se desenvuelven sus dinámicas (oscilaciones controladas, entre lo superficial y lo profundo). Esta perturbación se manifiesta como ‘oscilaciones fuera de control’ (incrementadas en su amplitud en forma exponencial por retroalimentación positiva) provocadas por la influencia entre los niveles superficial y profundo en forma cruzada y conducentes a una ‘catástrofe’. Se llega al límite de lo tolerado por la estabilidad dinámica; ambos sistemas se ven obligados a optar (se bifurcan): o se pasa a un nivel de complejidad mayor (quitándole complejidad al contrincante) transformándose en dominador de la situación; o por el contrario, se degrada el nivel de complejidad por no ser capaz de adaptarse, transformándose en dominado; o aún más, desapareciendo directamente de la escena; y iv) Sumisión: coexistencia de dos polos de intereses en donde uno de ellos predomina por tener intacta la ‘capacidad’ de adaptación a los avatares, posibilitada por el uso completo del ensamble superficial/profundo (parecer/ser), y poder así influenciar al otro que solo maneja el nivel superficial, en detrimento del nivel profundo. Se debe dejar constancia que esta figura puede tener dos variantes: una absoluta, en donde la sumisión es total (tanto en el parecer como en el ser) y otra relativa, en donde tal sumisión es solo aparente. La figura de la dependencia, puede ser consecuencia de la alternativa anterior (iii). Por otro lado, su evolución puede seguir distintos recorridos narrativos que permiten desembocar en cualquiera de las figuras anteriores, por una ‘rehabilitación’ del nivel profundo.

Las modalidades anteriores ponen en evidencia lo que es relevante a nivel socio-cultural; o lo que es lo mismo, aquello que podemos pesquisar en el plano de la praxis narrativa. No obstante es posible sondear a través de ellas, otros planos como son: el de las sensaciones (placer, neutralidad, displacer), el de las reacciones (atracción, displicencia, rechazo), el de las emociones (amor, armonía, odio), el de las percepciones (sujeto, acción, objeto), el de lo psíquico (idea, lenguaje, pensamiento), etc.

[continuará ... ]

¡Nos vemos mañana!