junio 25, 2014

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 256)

Cuaderno XI (páginas 1537 a 1542)

(En el capítulo de hoy retomamos el trabajo de Merrell "Signs Grow: Semiosis and Life Processes")

p#22  Dice que - el universo mecánico clásico es incapaz de describir el mecanismo no-clásico de las estructuras disipativas. Este último requiere un 'proceso descriptivo', {yo diría que un poco más, un proceso explicativo} un lenguaje de cambio continuo, de perpetua mutabilidad - una especie de 'danza de shiva' [La danza cósmica de Shiva Nataraja (según la tradición hindú) es tanto símbolo como realidad. Es el movimiento de la creación, la preservación y la disolución, la tríada, que tomada junta, es el impulso sin fin de Dios, que tiene lugar dentro de cada uno de nosotros y dentro de cada átomo del universo] de los signos, en un mundo de elusivos y fugitivos interpretantes. {¡Linda metáfora! - La danza de Shiva describe, bastante bien, la dinámica de mi PAU} Por tanto, la evolución de las estructuras disipativas requiere el uso de dos lenguajes complementarios: uno microscópico (estocástico) {continuo, cíclico, profundo y oculto; no microscópico}, y otro macroscópico, determinístico, pero impredecible. [¿? Un sistema determinístico es aquel en el cual todo lo que ocurre está determinado por una cadena causal y el estado futuro del sistema y los productos están claramente definidos; por lo tanto, por definición es predecible] {para nosotros es discreto, lineal, superficial o evidente} {En resumen y tal cual ya lo establecí, la realidad subjetiva requiere dos 'lógicas' (que pueden llamarse lenguajes): una discreta (binaria) y superficial, y otra continua (difusa) y profunda} Como dijo Prigogine {¿dónde?} "El universo es demasiado 'rico' como para ser expresado en un solo lenguaje".

Peirce consideraba que los signos pueden desarrollarse, desde una relativa simplicidad (en el extremo icónico), hasta una relativa complejidad (en el extremo simbólico); así, los signos pueden generar cualquier número de combinaciones, de acuerdo a lo que él llamó: 'valencia'; esto es, relaciones entre los componentes que van de 1 a 3. El conector entre elementos se puede clasificar de: única, doble o triple unión, el equivalente a la valencia química.

De lo anterior surge un aporte propio: nuestro sistema de valencias (copiado de Peirce, obviamente), que es superior al presentado por Merrell, porque contempla una valencia '0', que actúa como 'fuerza' de ligamiento entre los elementos. Su valor es '0', porque en ella se reúnen los complementarios. [lo anterior requiere una aclaración. El valor 0 de la valencia surge porque, a ese nivel (el profundo), los complementarios no se 'suman' como en el nivel superficial (en la apariencia), lo cual siempre da 1, sino que se 'restan'; vale decir: 001≣ 110 = 000; 010 ≣ 101 = 000; 100 ≣ 011 = 000; 000 en binario = 0 en decimal]. La figura que sigue muestra cómo evoluciona un PAU, hasta llegar a ser 'funcionante' (simbólico), y cómo 'se ve', esto, en la realidad.





[La figura anterior nos muestra la ‘intimidad funcional’ de un Patrón Autónomo Universal (PAU) y de cómo, evolutivamente, se llega a ella. A diferencia del planteo de Peirce, aquí hemos incluido una categoría más, aquella cuya valencia es ‘0’, pero que, lejos de ser neutra es polivalente. Su valor se justifica, por un lado,porque ‘no se ve’, es decir, no se hace evidente a la apariencia, pero es la ‘fuerza’ que mantiene unidos a todos los demás elementos y por otro lado, que desde el punto de vista lógico, es el ‘lugar de intersección’ de los complementarios, como ya dijimos.

Aquí ⊽ (el núcleo del aspecto profundo) actúa como polivalente, tal como ocurre en la química biológica, por ejemplo, con el átomo de Carbono asimétrico, que como ya dijimos, es el que está unido a cuatro elementos distintos, uno por cada valencia y que comúnmente se encuentran en los hidratos de carbono. La presencia de uno o varios átomos de carbono asimétrico en un compuesto químico permite la isomería óptica. Cada una de las dos estructuras diferentes que pueden formarse tienen los mismos átomos y los mismos enlaces pero no pueden superponerse una sobre otra, tal como ocurre con las dos manos de una persona. Se llaman enantiómeros y se diferencian en la dirección en la que desvían la luz polarizada por lo que son formas ópticamente activas. Se registran formas dextrógiras y levógiras, lo que constituye una de las bases de la vida.

Cualesquiera que sean los cambios a los que sea sometida la unidad lógica operativa (PAU), la misma fuerza (⊽) sigue en acción permanente y promueve un cambio ‘reactivo’ oculto que permite, con el tiempo, reorganizar los elementos que liga mediante su polivalencia equilibrada en apariencia, pero que en realidad sostiene una dinámica compleja y explica cómo, elementos tan disímiles (de variadas valencias) pueden formar un sistema estable. Tal como lo sugiere la figura, cada una de las etapas planteadas pueden, de alguna manera, representar las tres categorías Peirceanas, pero como también es evidente, hay una disparidad entre categoría y valencia con lo cual queda clara la no adhesión incondicional al sistema de Peirce]

En la realidad aparente, nuestra unidad estructural (PAU) 'se ve' como lo muestra la figura adjunta.

Así, de esta manera, se cumple con la ley de la 'neutralidad de las fuerzas' (también vigente en la química orgánica), en donde, el nivel profundo (0) que no se ve, hace sentir su fuerza al desplegar, de una forma no evidente, las respectivas fuerzas complementarias (antagónicas), que permiten mantener ligado a todo el sistema, y que como vimos anteriormente, no tiene ninguna manifestación externa, como no sea el hecho que le permita, a este sistema, evolucionar en el tiempo, de una manera que 'aparenta' ser casi mágica. {¡Esto es, sencillamente, genial!}


p#45  La generación {de un signo} supone la secuencia R(representamen) → O (objeto) → I (interpretante) {nuestro VOS, el PAU elegido no interesa}; mientras que la degeneración se da en sentido inverso: I → O → R, {nuestro VSO. Aquí se plantea VSO, porque no se 'imaginó' lo profundo, es decir, contempla solo el sentido de giro, y no lo complementario de los elementos. En pocas palabras, se quedó a la mitad} en las dos modalidades: lineal y no lineal.

La figura adjunta muestra lo anterior, traducido a 'nuestro idioma', y en donde, además, se propone, no solo la generación (superficial) y la degeneración (profunda) del signo, sino también, su regeneración (reorganización), algo imprescindible para la dinámica evolutiva de cualquier sistema; y como nuestro PAU (nuestro signo) es un sistema, necesita de este último paso para 'emerger' a la superficie ya evolucionado.

p#66 Se ha descrito, no de una manera muy adecuada, que un signo y sus sucedáneos no pueden permanecer simultáneamente en la consciencia. Lo anterior se basa, inapropiadamente, en el tiempo que se tarda en hacer todo el 'recorrido' que caracteriza la 'interpretación' de un signo. Más allá de que este no es, ni por asomo, el mecanismo psíquico involucrado en estos procesos, el autor dice - Sin embargo, dado que no hay signo que permanezca igual después de cada 'giro temporal', {¡nunca mejor dicho!} cada signo (como todos) carga con una 'pizca' de contaminación (o mancha) de 'lo que fue'; y esto es una 'anticipación de...'; es decir, siempre está 'algo teñido' con lo que más probable que sea en algún momento futuro. {esto, y muy bien, describe nuestro 'control predictivo basado en modelo'; o lo que es lo mismo, el futuro basado en el pasado}

{¡Es increíble, pero cada vez se aproxima más a lo nuestro! Con lo anterior acaba de describir, casi textualmente, nuestra 'cuña temporal', con la única diferencia (¡Casi nada!), que lo nuestro, no solo contempla la linealidad, sino que la compone en una unidad inseparable con lo cíclico}

[continuará ... ]

¡Nos vemos mañana!