junio 02, 2014

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 233)

Cuaderno X (páginas 1399 a 1403)

(Hoy continuamos con el trabajo de Semiótica)

DESARROLLO PARCIAL

En el capítulo DE LA REALIDAD y en el apartado: "Aspectos lógicos de lo real", se dan las bases de la estructura elemental de la realidad sobre la que se edifica toda la argumentación de este trabajo.

Uno de los propósitos de la investigación es definir, según una interpretación lógica particular, la organización que respalda dicha estructura. Para iniciar el análisis se toman como puntos de referencia dos autores: C. Lévi-Strauss a través de su trabajo “La estructura de los mitos”; y A. J. Greimas en “La Mitología Comparada” y “Las reglas del juego semiótico” que constituyen los capítulos 7 y 8 de su libro “En Torno al Sentido. Ensayos Semióticos”, de 1970. El motivo para comenzar el análisis desde estos particulares puntos de vista, es que fuera de las implicancias metodológicas que dichos trabajos tienen, establecen un marco referencial de la estructura elemental de la significación, que coincide en parte, con la propuesta que aquí se elabora respecto a la disposición estructural de la realidad sobre la que luego se construirá el sentido. Se hace aquí, una reelaboración libre de los trabajos antes mencionados.

La realidad se estructura desde lo simple a lo complejo. Pero aun lo simple, no es homogéneo; no está representado por elementos unitarios, aislados e inconexos. La ‘unidad de medida’ de la estructura real, es a la vez compleja y se podría decir que de alguna manera representa, en su ‘simpleza’, la realidad toda. La realidad ‘está hecha’ de oposiciones que coexisten, y una manera de imaginar su caracterización sería compararla a una historia o un relato; o sea, a una estructura que desplegando su acción en el tiempo, no modificase sus fundamentos. Lévi-Strauss dejó bien claro, que en la caracterización de un mito, aproximarse al lenguaje natural no sirve de nada, pues a pesar de ser este lenguaje el medio por el cual, a través del relato, se lo da a conocer, dar cuenta de los caracteres específicos del pensamiento mítico, está más allá de dicho lenguaje.

Si bien, en nuestro caso, el tratar de poner en evidencia la estructura real, también está más allá del lenguaje natural, proponemos la existencia de un ‘lenguaje de fondo’; una urdimbre que soporte toda la trama real (lenguaje natural incluido). Esta ‘sintaxis’ propuesta tiene la capacidad de dejar constancia, en su estructura dinámicamente estable, de los dos aspectos fundamentales de una historia o un relato (fuera de los actores y las funciones que éstos cumplen): un tiempo irreversible que discurre discretamente, ‘a saltos’ desde un ‘antes’ hacia un ‘después’ pasando por el ‘ahora’; y un tiempo reversible de naturaleza continua que cicla entre un pasado, un presente (que contiene el ahora) y un futuro. El ensamble de estos dos aspectos en el ahora, muestra en su sincronía, la fisonomía, no de un simple relato o de una historia inerte, extraña y externa, sino una realidad ‘viva’ que discurre y está aquí al mismo tiempo.

Veamos cómo es posible definir una estructura que tenga las características que hemos señalado. Siguiendo con la analogía del relato, Lévi-Strauss propuso como expresión del mito, una proporción matemática o algoritmo que era capaz de engendrarlo. Sin entrar en detalles, se rescata de dicha propuesta, la disposición de un número reducido de unidades de significación ligadas por una doble relación: i) cada par de unidades de la ecuación consiste en una pareja oposicional: A vs no-A; ii) las dos parejas que intervienen están ligadas por una correlación. Del estudio que hace Greimas de esta propuesta, rescatamos la identificación en estas parejas, de los dos planos involucrados en el análisis: a) el de las unidades de significado; y b) el de los trazos distintivos.

Sin ajustarnos demasiado a la nomenclatura, nos parece adecuado el plateo anterior, como un punto de partida. Si decimos por ejemplo, que lo que predomina en la realidad es el desorden y caracterizamos su presencia con un ‘1’, estamos autorizados a aseverar que también existe el orden (algo por demás obvio) ya que toda cosa que existe, según lo hemos planteado, tiene su opuesto.

Dado que lo opuesto es la negación o el reemplazo y anulación, podemos caracterizar al orden con un ‘0’; o sea, como la ausencia de desorden. He aquí planteados nuestros trazos distintivos o rasgos mínimos. A la hora de definir nuestros equivalentes a las unidades de significado, procedemos a examinar algunas particularidades de la disposición que adoptan, en la realidad por nosotros considerada, nuestros rasgos mínimos. En nada se modificaría nuestro planteo si decimos por ejemplo, que nuestros rasgos mínimos no son en realidad homogéneos sino que poseen una ‘mitad vacía’; de otro modo, es como si partiendo de una unidad absoluta que contenga en equilibrio ambos aspectos, al dividirla en dos, cada parte posea además del rasgo que la caracteriza, la constancia de la mitad que le falta. Expresemos esto último en una tabla (Tabla 1):


Tabla 1

En la tabla anterior, 1 representa la presencia de un rasgo y 0 su ausencia. Leyendo la tabla en forma horizontal, obtenemos una unidad que llamaremos Sujeto (S) y que identificamos con 01 y otra unidad que llamaremos Objeto (O) y que se identifica con 10. Las unidades así definidas serían las equivalentes a las unidades de significación. Este par de estructuras básicas está ligado por una doble relación: i) son opuestas (una es la negación de la otra); y ii) son complementarias (una es el complemento de la otra); además de representar, S el desorden estructurado y O el orden estructurado. Vueltas a unir, estas dos estructuras (0110), constituyen una unidad más general (una clase) que caracteriza a lo que, en nuestra realidad, tiene permanencia; o sea, lo que aparentemente no cambia. Lo estático.

El construir una clase, no quiere decir, perder las diferencias que individualizan a cada elemento. El hecho de que estas diferencias se hagan explícitas, denota que la presencia simultánea de tales elementos pone en evidencia lo que los distingue, pero a la vez, lo que tienen en común y por lo cual pertenecen a la misma clase. Se hace manifiesto entonces que en esta estructura real básica, hay por un lado, un aspecto discreto, discontinuo, que está representado por lo que separa a los elementos (disyunción) y por otro lado, un aspecto continuo representado por lo que los une (conjunción). “Así la disyunción que los hace irreductibles se apoya sobre la conjunción que los hace comparables”.

Los aspectos discreto y continuo, reunidos, constituyen una nueva clase: la de aquello que en nuestra realidad, refleja el cambio. Lo dinámico. Su representación es 1100; en donde, 11 representa a su vez la disyunción, o lo que es lo mismo, lo evidente de la co-presencia de los rasgos mínimos que identifican individualmente a cada elemento; y 00 representa la conjunción, o lo que es equivalente: a lo no evidente de la co-ausencia de los rasgos mínimos que definen el complementario de cada elemento. De esta manera entonces, con esta nueva clase se deja testimonio de dos fenómenos que ocurren simultáneamente en este universo ‘creado’ por nosotros: i) la presencia del aspecto discreto (disyuntivo), que se mueve ‘a saltos’, mostrándonos un cambio evidente, que podríamos calificar de superficial y que trasciende la mera estructura al dejar constancia de la interrelación entre dos elementos; oficiando a modo de ‘memoria’ y que constituye lo que llamaremos organización; y ii) la ausencia del aspecto continuo (conjuntivo) que registra, aunque no muestra, el cambio que catalogado de profundo, llamaremos desorganización.

La Figura 1 sintetiza de manera simple, todas las relaciones que hemos puntualizado:


Figura 1

ESTRUCTURA ELEMENTAL DE LA REALIDAD

En el apartado anterior hemos mostrado una estructura mínima que puede oficiar de unidad de expresión o medida de la complejidad real. También dijimos que la ‘unidad de medida’ de la realidad tenía que ser a la vez, compleja. Desde el punto de vista estrictamente formal, así es, si nos atenemos a la definición de complejidad que defiende Morin, ya que los elementos básicos planteados (01 y 10) mantienen una triple relación: son opuestos, complementarios y concurrentes (están presentes al mismo tiempo). Ahora, esta no es toda la complejidad que debemos describir de tal unidad, pues si ha de servir para ‘construir’ la realidad, debe necesariamente tener la capacidad de mostrar un aspecto dinámico que refleje el estado estacionario que caracteriza a los hechos reales; o sea, el estado de ‘desequilibrio estable’ que permite que tal realidad evolucione (vaya de lo simple a lo complejo). Lo que tenemos hasta aquí es una estructura estática, un esqueleto ‘vacío’, una ‘instantánea’ carente de vida.

Usaremos como guía inicial, para describir la dinámica de la unidad real, el ‘cuadrado semiótico’ de Greimas. El tomar este punto de referencia por un lado, obedece al hecho de que establece claramente una semiótica de la acción; y por otro, lleva un doble propósito: i) desplegar las relaciones planteadas entre los elementos básicos de una manera coherente, que permita evidenciar claramente los niveles en los que se da la dinámica propuesta y poder demostrar así, que una tal concepción de las relaciones entre los determinantes del sentido, presta una utilidad que va mucho más allá de un adecuado análisis narrativo del discurso; y ii) reinterpretar la estructura elemental de la significación quitándole el estigma bivalente que menoscabó tan brillante desarrollo.

Recordemos lo propuesto por Greimas (Figura 2):


Figura 2

Dispongamos ahora las relaciones según nuestra propuesta (Figura 3):


Figura 3

¿Qué importancia puede tener esta pequeña modificación?
¡Es trascendente! Básicamente porque: 1) deja de ser una correlación de dos categorías binarias expresada como relación de dos contradicciones homologadas; 2) de esta manera es posible comparar esta estructura con los grupos de Klein y de Piaget, algo que, a pesar de la afirmación de Greimas, no se cumple; por lo tanto según Piaget, no es una verdadera estructura; 3) es posible desechar las operaciones de ‘tomar el contrario’ y ‘tomar el contradictorio’ que transforman al supuesto sistema, en una estructura rígida, estática e involutiva; 4) permite describir completamente los niveles estructurales de la unidad de medida, y no solo el nivel profundo. Así entonces, es posible caracterizar un verdadero sistema; 5) pasa de ser bivalente a ser tetravalente, dejando de responder a las exigencias de la lógica clásica; 6) permite definir un sistema dinámico adaptativo; 7) permite redefinir el término semiosis.

Sigamos ordenadamente la demostración de cada uno de los puntos anteriores:
1) Las contradicciones homologadas llevan un solo propósito: ajustar las relaciones a la lógica clásica de las proposiciones categóricas y así dar pie a un razonamiento deductivo. De hecho, el ‘cuadrado’ de Greimas está basado en el tradicional ‘cuadrado de oposiciones’ que se muestra en la Figura 4.


Figura 4

Si bien Greimas aprovechó esta estructura para desarrollar un ingenioso método de análisis de las categorías semánticas, dándole a la negación un supuesto carácter generativo, en definitiva se maneja con proposiciones, y las oposiciones de estas están basadas solamente en dos aspectos: la calidad (una proposición puede ser afirmativa (A/I) o negativa (E/O)) y la cantidad (una proposición puede ser universal (A/E) o particular (I/O). Esta concepción no es suficiente para dejar constancia de los hechos reales (sobre los cuales se supone se elabora el sentido), porque si bien se les puede asignar convencionalmente, una calidad y cantidad determinadas, no las poseen per se. Para eludir estas restricciones, adoptaremos otro concepto de negación y no la ‘fuerte’ y la ‘débil’ o su interjuego.

Como origen del nuevo enfoque, se tomarán dos de las ideas fundamentales de la tercera ley de la dialéctica de Hegel: i) el proceso reflexivo o ‘del retorno al origen’ y ii) ‘la negación de la negación’; y la adaptación que hizo de esta última G. Günther (1962).

Los vértices del ‘cuadrado’ propuesto representan lo que llamamos nichos o lugares ontológicos, que igual a lo propuesto por Greimas en sus categorías sémicas, como por Günther en sus lugares de distribución de sistemas binarios (1962), serán ocupados por elementos de sentido (contenidos) concretos; contenidos que, en la elaboración de la dinámica, no son tenidos en cuenta.

Si a 0110 lo negamos, obtenemos su opuesto: 1001. Sus constituyentes no desaparecen, solo cambian de lugar. Si volvemos a negar, obtenemos (según la lógica clásica) la estructura inicial. Se establece así una dinámica cíclica que podría caracterizarse como la tendencia de ir hacia el orden (10) a través del desorden (01). Esta dinámica se puede asimilar a una función (una estructura proyectada en otra estructura) que llamaremos: organización y que representa una transformación o cambio evidente y no significa otra cosa que la disyunción entre ambos polos de la relación(11). Ahora, si negamos 01, no desaparece pasando a 10, sino que ‘pasa’ a 11; y si esta última se niega, ‘pasa’ a 10. Luego, 11 se transforma en una clase mediadora entre los polos opuestos y cambia entonces, el concepto de negación. Es como si se negara los continentes (nichos) y no el contenido y de esta forma, hay un ‘desplazamiento conservador’ de un extremo a otro obtenido por la ‘negación de la negación’.

Alcanzado 10, si se vuelve a negar, se obtiene 00, lo cual significa otra transformación o cambio (en este caso oculto) que representa aquí, la conjunción de los extremos. Si negásemos 00 llegaríamos a 01, completándose un ciclo reflexivo. En realidad, son dos ciclos completos ‘ensamblados’ que ‘giran’ en sentido opuesto (Figura 5).


Figura 5

2) Los grupos de Piaget y de Klein (que sirven de base al anterior) son verdaderas estructuras, ya que constituyen un conjunto de transformaciones que entrañan unas leyes en cuanto conjunto (en oposición a las propiedades de los elementos) y que se conservan o se enriquecen por el mismo juego de sus transformaciones, sin que estas lleguen a resultados fuera de sus fronteras o reclamen algún elemento exterior. O sea, cumplen con las tres características básicas de: i) Totalidad; ii) Transformaciones y iii) Autoregulación. La estructura definida en el punto 1) es equivalente a los grupos mencionados ya que además de respetar las exigencias de una estructura, cumple con las pautas básicas de un grupo de estas características, a saber: i) al aplicar la operación de composición a los elementos del conjunto, nos da siempre un elemento del conjunto; ii) existe un elemento neutro; iii) existe una operación inversa y iv) las composiciones son asociativas. En la estructura por nosotros planteada, la operación de composición es la XOR y es la que le permite autoproducir sus elementos (autopoiesis). En el caso de la propuesta de Greimas, no se puede hacer la comparación porque no cumple con la condición de tener una operación de composición definida.

3) ‘Tomar el contrario’ y ‘tomar el contradictorio’ constituyen operaciones, pero no de composición sino de mero ‘rastreo’ de términos, ya que las tres generaciones de términos que se describen, observan taxativamente las leyes de la lógica tradicional. Por tanto, en vez de ‘ciclar’ generando el elemento siguiente (en cualquiera de las dos direcciones), produce una relación paralela y alternante (no hay ciclo, en todo caso oscilación). Estas dos operaciones son involutivas: el contrario del contrario es el mismo elemento desde el cual se partió y otro tanto sucede con el contradictorio del contradictorio. (el principio de doble negación de la lógica clásica). Negar de esta manera, hace ‘perder’ en el camino, los elementos constitutivos (el sistema no tiene ‘memoria’). La negación mediada permite, al no desaparecer ningún elemento (nicho), evolucionar.

4) Con la misma cantidad de elementos (clases) hemos podido caracterizar una unidad estructural con sus elementos dinámicos (y no estáticos como en el cuadrado semiótico) superficial y profundo, con la posibilidad de reorganizarse (complejizarse) a expensas de su nivel profundo. En síntesis, hemos definido un verdadero sistema según lo establece Morin.

5) El esquema de Greimas es estrictamente bivalente: opera con parejas oposicionales. El sistema propuesto es tetravalente: una pareja cuyos elementos asumen una relación compleja (opuestos, complementarios, concurrentes) (clase estática) y una pareja de transformaciones cuyos elementos están ligados por la oposición (sentido de giro) (clase dinámica); ensambladas ambas en una sola unidad o sistema.

6) Un sistema dinámico adaptativo se caracteriza por ser evolutivo. Esto quiere decir que se complejiza en el tiempo, ‘quitándole’ complejidad al entorno en donde se desenvuelve. El sistema aquí propuesto, puede llevar a cabo esta función gracias a la operatividad del nivel profundo que mediante un cambio oculto (acumulativo), permite ante ciertas circunstancias (alcanzado un determinado umbral), generar un cambio evidente (superficial) que hace explícita su reorganización, pasando a un nivel de complejidad mayor.

7) Semiosis entonces, a través de lo analizado, puede entenderse como el proceso de reconstrucción de un sistema; o lo que es lo mismo, un ‘aprendizaje’ de la complejidad del mundo circundante en que vive un determinado sujeto, dotándolo de sentido.

Con lo dicho hasta aquí, según lo establece Greimas, nos hemos ajustado a premisas metodológicas claras. Se ha elaborado una terminología que sirve para describir el contenido de un universo ad hoc, autónomo, en donde hemos depositado los elementos, las clases y las relaciones encontradas; y que, si bien sus términos son arbitrarios, en el sentido de que su elección o creación puedan tener mayor o menor apego a la realidad, presentan un nivel de coherencia que los hace adecuados para intervenir en reflexiones de índole universal. Por otro lado, hemos definido por lo menos en sus lineamientos generales, una ‘unidad de medida’ que, mediante la reconstrucción de conjuntos estructurales más vastos, podrá dar cuenta de la realidad toda, en este universo particular.

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28/08/07                                                                                                                     Dante Salatino

¡Nos vemos mañana!