abril 15, 2014

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 185)

Cuaderno VIII (páginas 1111 a 1116)

(Hoy hacemos un replanteo de las bases de la Lógica Transcursiva)

La Lógica Transcursiva (LT) parte desde la consideración de distintos lugares o espacios ontológicos, en donde, tal como lo estableció Günther, operan sistemas clásicos o binarios. Su origen está en la caracterización del comportamiento de estos actores ontológicos. Hay dos comportamientos posibles en la realidad: 'orden' y 'desorden'; convalidando así el carácter dialéctico que Hegel le dio: uno es la negación del otro.

Si quisiéramos definir la estructura lógica de estos 'espacios ontológicos' (lógica en el sentido hegeliano), podríamos disponerlos como sigue:

Esta disposición, en nada se distingue de la propuesta por la lógica tradicional de los opuestos, o de la negación binaria, en donde la negación de un término, lo anula, dándole vigencia al otro, su opuesto.



Ahora, si en vez de expresar los términos binariamente, lo hacemos en forma decimal, tenemos:

Lo cual significa que los opuesto no se anulan, sino que se 'desplazan' ordinalmente, en forma alternativa, de su lugar ontológico.
Queda así caracterizada la primera negación transclásica de Günther, y la segunda fase hegeliana: antítesis (mediante un sistema bivaluado)


Existe una tercera posibilidad de definición de un lugar ontológico, ajustándonos a la dialéctica de Hegel que establece que todas las cosas llevan en sí incluido su contrario. Si esto lo representamos en el esquema binario, tendremos:

Si procedemos como lo hicimos antes y lo expresamos en forma decimal, obtenemos la Tabla #4


Si a este nuevo valor lo consideramos la negación de la negación anterior, queda caracterizada así una nueva oposición que constituye la segunda negación transclásica, y la 3ª fase hegeliana (síntesis) (el 'aufheben' de Hegel, donde no es anulado el contenido del término anterior, sino absorbido y por ende conservado. Aquí, negación es también relación, diferencia, posición, mediación.

Como vemos, queda constituido un sistema trivaluado (3 espacios ontológicos) relacionados y en donde, como demostró Günther, se produce una diferenciación del entorno, al no tener en cuenta la composición binaria de cada espacio [contenido], sino lo que lo rodea. Por otro lado, y según lo estableció Hegel, esta sistema trivaluado constituye un sistema reflexivo (que denota causalidad cíclica), y que Günther caracterizara como el sistema que permite determinar lo indeterminado en la lógica clásica: la subjetividad.

Para que lo anterior se comprenda, vamos a precisar mejor cada espacio ontológico, poniéndole un nombre, no por el solo hecho de asignarle una 'etiqueta' nominalista, sino un nombre que lo identifique por su estructura. Si tomamos como parámetro para definir dichas estructuras, la capacidad de producir una diferencia o una modificación, tenemos:

Aquel que modifica y no es modificado (fuente de modificación)  y que llamaremos sujeto (S); aquel que es modificado y no modifica (destino de la modificación)  y que denominaremos objeto (O), y por último, aquel que es modificado y modifica (relación entre los dos anteriores)  y que definiremos como cambio (V), o en una forma más gráfica: organización (ya que contiene 'orden' y 'desorden', y supera los opuestos, conservando lo positivo de ambos. (aufheben de Hegel)

Estos tres espacios ontológicos siempre están juntos, y aunque, en determinados momentos sean analizados individualmente, constituyen una unidad que llamaremos: PAU (patrón autónomo universal)

Esta unidad es tal que constituye una estructura relacional de características particulares, que más adelante analizaremos. Lo que sí queda establecido desde ya, es que esta realidad que estamos considerando, tal como también lo propusiera Hegel, tiene una estructura, y que para nosotros, el PAU es la unidad estructura fundamental de esa realidad. Estos 'tripletes' de elementos o 'espacios ontológicos', tienen la posibilidad de ser dispuestos de 6 formas distintas (3!), según el siguiente detalle:

De estos patrones posibles, los 3 de la izquierda son dextrógiros (Dx), mientras que los 3 de la derecha son levógiros (Lv). Aspecto dinámico que pasamos a considerar a continuación, sin dejar de destacar que este tipo de disposición de elementos y con esta dinámica, constituye una verdadera 'sintaxis' (en el sentido lato), y por ende, conforma un 'lenguaje' (no en el sentido verbal). Es más, podemos extendernos y establecer que representa el lenguaje genérico y genésico (que genera) de la realidad. En otras palabras, que la realidad es lenguaje; que lenguaje es realidad.

NOTA: la particularidad del sentido de giro es el aspecto clave de estas estructuras reflexivas (o de causalidad cíclica), según lo estableciera Günther. Ya dijimos que al negarse cada uno de estos valores se produce un 'desplazamiento' hacia el valor que representa la negación; o sea, la 1ª negación provoca un desplazamiento hacia el segundo valor, y la 2ª negación hacia el tercer valor. ¿Qué sucedería si negamos una tercera vez? Sorpresivamente, el desplazamiento se produce, no a un cuarto valor, sino al primero, lo cual cierra un ciclo; y esto es lo se llama: reflexión. Esta reflexión, tomando el primer valor de las secuencias de la Tabla #6, puede darse hacia la derecha (dextrógiro), o hacia la izquierda (levógiro), como a continuación probaremos.

Para considerar la dinámica de estos PAUs., nos basaremos en esquemas geométricos, que harán más explícita nuestra intención. Para conducir la demostración, uniremos la Tabla #2 y la Tabla #4. Por un lado tomaremos un PAU dextrógiro, y por otro, un PAU levógiro:



Como se puede apreciar en la Fig.#1 (referencias: p = PAU; N1 y N2 = negaciones) la conjunción de las negaciones clásicas en un sistema trivaluado, determina una serie de fenómenos que permiten establecer dos de los aspectos dinámicos de los PAUs: el 'traslado' y el 'sentido de giro'. Las figuras #2 y #3 muestran la serie de negaciones que permiten obtener los ciclos dextrógiros y levógiros, respectivamente.

¡Nos vemos mañana!