abril 28, 2014

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 198)

Cuaderno IX (páginas 1189 a 1194)

(Continuamos con Lingüística Teórica. Hoy hablaremos sobre el Estructuralismo)

LINGÜÍSTICA TEORICA
UNIDAD 4
ESTRUCTURALISMO

1. El concepto de estructura

El término estructura reconoce su origen en la palabra latina structura, que a su vez, deriva del verbo struere, que significa construir. En un comienzo el término tiene un sentido ‘arquitectural’. Desde el S.XVII se amplia su significado y así, por un lado se lo vincula al hombre (el cuerpo del hombre se puede comparar a una construcción), y por otra con las realizaciones humanas, especialmente con el lenguaje.

Desde el primer momento y en forma simultánea, estructura significó: a) un conjunto; b) las partes constitutivas de este conjunto; c) las relaciones que ligan estas partes. Esto fundamenta la seducción que este término ha ejercido entre los anatomistas y gramáticos, y, a partir del S.XIX, entre todos los que se dedicaban a las ciencias exactas, de la naturaleza y a las del hombre (aunque en estas últimas, como extensión de las de la naturaleza).

Hacia 1930 el uso del término se generaliza en áreas como la lingüística, la economía, la psicología, la geografía física y humana, etc.

En definitiva, podemos decir que estructura es una ordenación de elementos según una ley que determina sus relaciones. Las características fundamentales de una estructura son, según las establece Piaget, la totalidad, las transformaciones y el autoajuste. Como totalidades, las estructuras son sistemas que no se originan por la simple acumulación de elementos, pero que a la vez, no es suficiente para definirlas el caracterizarlas como ‘algo más’ que la simple adición de sus componentes, sino como resultantes de las relaciones establecidas por su ley de composición. Las transformaciones definen también a las estructuras porque hay que entenderlas, debido a la ley que establece las relaciones entre elementos, como un sistema cuya actividad es estructurarse a sí mismo. (estructura estructurante). Son, en fin, una actividad autorreguladora, o sistema de auto ajuste, porque tal actividad de transformación no se orienta más que a producir nuevos elementos de la misma estructura y solo dentro de ella (estructura estructurada). Estas características no son solo aplicables al campo de la biología (homeostasis), sino que son también propias de diversas clases de estructuras, que pueden distinguirse en los distintos campos de las matemáticas (por ejemplo, el concepto de grupo), de la lógica (por ejemplo, ciertas estructuras lógicas fundamentales), de la psicología (sobre todo en la teoría de la Gestalt, o de la forma), de la lingüística (la lengua como sistema), de la etnología (estructuras elementales del parentesco), de la psiquiatría (Freud y Lacan), de la filosofía (Merleau-Ponty, Foucault, Deleuze, Derrida.), de la antropología (Malinowski), de la sociología (Radcliffe Brown, Parsons, Merton), de la crítica literaria (Barthes), del marxismo (Althusser).

En lingüística, si bien la idea de estructura se desarrolló hace poco más de dos siglos, si entendemos por estructura toda organización regular, entonces es tan antigua como el estudio de las lenguas.

Desde el principio se observó que cada lengua tenía una determinada organización y se clasificaron sus elementos en categorías. El más famoso de estos sistemas, es el de las partes del discurso (nombre, verbo, artículo, etc.). De igual forma se agruparon las palabras en proposiciones y estas, en frases.

En las gramáticas generales del S.XVIII se hace explícita la idea de que la construcción de la frase imita el orden del pensamiento, siguiendo las enseñanzas de Port-Royal.

Algunos lingüistas del S.XVIII, sin dudar que el lenguaje sea una representación del pensamiento, describen en las lenguas naturales una organización autónoma, independiente de lo que representan. Se comienza a considerar la descomposición de la palabra. El análisis que se hace de la palabra consiste en considerar algunas de ellas como complejas, derivadas o compuestas por palabras más simples o partículas elementales; lo que hoy se conoce como análisis en morfemas o monemas.

La palabra, ya en los S.XVII y XVIII, es considerada como la más pequeña unidad con significado propio.

A partir de fines del S.XIX y principios del S.XX, si bien se acepta que la palabra tiene una organización, esta no necesariamente debe representar lo empírico real o el pensamiento; además se descubre, que la palabra también tiene una organización interna arbitraria; sustento este, del concepto actual de estructura lingüística.

Cabe destacar aunque sea someramente, la figura de algunos estudiosos del lenguaje que cimentaron directa o indirectamente, la idea de estructura que se tiene desde Saussure. El principal, por la influencia que tuvo en la visión saussureana, es W. Humboldt cuyo pensamiento, a diferencia del de Port-Royal, trata de encontrar un tipo de construcción común a todas las lenguas que refleje fielmente el juicio.

Para los representantes de Port-Royal la lengua expresa el pensamiento asociado a las palabras y en el interior de estas, refleja su regularidad; en cambio, Humboldt propone que el principio organizativo de una lengua, por más arbitrario que sea, constituye la manera que tiene para cumplir con la función de representación. Este último criterio no prosperó (hasta que Saussure lo resucitara) debido al aplastante éxito que tuvo el descubrimiento de la transformación de las lenguas.

La otra línea de pensamiento que influyó sobre el concepto de estructura fue la que analizaba la transformación lingüística, la cual establecía que ésta no guardaba relación con la organización interna de una lengua.

En el S.XVIII la única forma que se vio como posible para demostrar el parentesco entre las lenguas fue, la semejanza entre determinadas palabras. A comienzos del S.XIX la analogía fonética entre signos gramaticales de dos lenguas, aunque éstas tuvieran vocabularios claramente distintos, es tomada como prueba decisiva de una relación genética; así, la comparación de las gramáticas ¿en qué sentido? pasa a ser un método seguro para demostrar los parentescos. Lingüística histórica y lingüística comparada pasan a ser, al menos por un tiempo, sinónimos.

Entre los comparatistas, Schleicher y Bopp, son los más notorios. Bopp recurre a distintos argumentos para demostrar el parentesco; inclusive, propone que la organización de una lengua, a los fines de poder compararla con otra, hasta puede ser disuelta y reconstruida luego, para demostrar sus relaciones. Schleicher en cambio, acepta que de alguna manera la organización sintáctica refleja la actividad intelectual, pero sufrida desde fuera; un efecto del pensamiento sobre el lenguaje y no una tendencia interna (del lenguaje) que trataría de representar el pensamiento. Consideraba el paralelismo entre la lengua y el pensamiento, como un hecho lingüístico al señalar la voluntad de imitar el pensamiento y no solo reproducirlo. Esta condición se daba únicamente cuando el paralelismo era, no solo sintáctico, sino también morfológico.

2. Estructuralismo lingüístico

Todo estructuralismo toma como punto de partida la existencia de realidades objetivas estructuradas. Representa la tendencia general a abandonar la separación rígida de lo dinámico y de lo estático, del movimiento y del reposo, así como el aislamiento del todo y de sus partes.

Según puntualiza Ducrot “con el nombre de estructuralismo se agrupan las ciencias del signo, de los sistemas de los signos”. Si bien esta caracterización es demasiado amplia, hay que aclarar que se refiere a los hechos que pasan por la lengua.

Básicamente se pueden considerar dos estructuralismos, aquel que representa una corriente metodológica y el lingüístico (que, de hecho, es la base de aquel).

El estructuralismo como metodología, ha marcado profundamente la orientación de las ciencias sociales y otros ámbitos de la cultura. Tuvo especial importancia en los años ‘60 y ‘70 del S.XX sobre la orientación de la lingüística, la etnología, la filosofía de la historia, la crítica literaria y la sociología, y ha sido un intento de dotar a las ciencias del hombre, de un método científico propio distinto del de las ciencias empíricas.

Hablar de estructuralismo lingüístico, es hablar de F. de Saussure como su fundador, aunque no haya llegado a utilizar el término estructura en sus cursos.

Muchos fueron los méritos del trabajo de Saussure pero, los que considero como verdaderos aportes, tienen que ver con el descubrimiento de los datos básicos sobre los que se debe fundar la lingüística, la naturaleza de las nociones del lenguaje y el modo que tiene éste de articularse. Por otro lado, y no menos importante, restableció un contacto orgánico y profundo entre la lógica y la lingüística. Crea una metodología de estudio y análisis cuando propone fundar científicamente una teoría de los signos en general (la semiología), y anticipándose a su tiempo, se muestra como un investigador preocupado por el trabajo interdisciplinario.

Antes de esbozar las aristas principales de la teoría saussureana , hay tres aspectos que como antecedentes, por ser claras influencias de su época o de sus predecesores, deben ser tenidos en cuenta para situarse adecuadamente en su encuadre. Por un lado, lo aceptado ampliamente como el sociologismo de Saussure que se define en relación a los conceptos de Durkheim , que le llegan a través de Meillet y los de Whitney. Hace profusa mención de que “el lenguaje es un hecho social” (Curso, p. 19), que “tiene un lado social” (ibid., p. 22). Habla del “hecho social de la lengua” (p. 26), del “lazo social que constituye la lengua” (p. 27), de las “fuerzas sociales que actúan sobre la lengua” (p. 99 ), la cual “no existe más que en virtud de una especie de contrato establecido entre los miembros de la comunidad” (p. 28), La lengua es “un producto de las fuerzas sociales” (p. 94); “contra toda apariencia, en ningún momento existe fuera del hecho social” (p. 97), “su naturaleza social es uno de sus caracteres internos” (p. 98); “la lengua es una institución social” (p. 113), que “forma cuerpo con la vida de la masa social” (p. 94).

Por otro lado, Saussure en su época asiste a una transformación de la psicología al rango de ciencia social (como oponiéndose a las pretensiones de autonomía de la sociología), y que se convierte en una proveedora de modelos teóricos. Este psicologismo saussureano se soporta en un par de aspectos: a) Saussure es ‘mentalista’ (según lo tilda Bloomfield); o sea, tiene la seguridad que le da la filosofía y la introspección, sobre lo que ocurre en el cerebro cuando pensamos. Explica los hechos del lenguaje por los hechos del pensamiento, que se dan por adquiridos; dice, por ejemplo “el signo lingüístico une no una cosa y un nombre, sino un concepto y una imagen acústica (ibid., p. 86). Emplea dos conceptos que escapan a la lingüística. “Un concepto dado, dice, desencadena en el cerebro una imagen acústica correspondiente” (p. 25). Es por esto por lo que declara también que “en el fondo todo es psicológico en la lengua” (p. 19) y que “el signo lingüístico es, pues, una entidad psicológica” (p.86). b) Junto al mentalismo de la época, el psicologismo saussureano se expresa también de otra forma, aquella según la cual “el lenguaje tiene un lado individual y un lado social; y no se puede concebir el uno sin el otro” (p. 22). Este insistir en el papel del individuo en la ‘ejecución’ del lenguaje lo conduce a la primera de sus dicotomías: oposición de los hechos de habla a los hechos de lengua (“El estudio del lenguaje comporta, pues, dos partes: la una, esencial, tiene por objeto la lengua, que es social en su esencia e independiente del individuo; la otra, secundaria, tiene por objeto la parte individual del lenguaje, es decir, el habla, incluida la fonación, y es psicofísica”, p.33).

Finalmente, y ya no dependiendo de su época sino de sus predecesores, hay que mencionar el ‘acusado gusto’ por la introducción de las matemáticas en lingüística. Si bien hace poca mención, por lo menos en el Curso, de las matemáticas como no sea la presentación de algunos hechos lingüísticos según ‘la fórmula de la cuarta proporcional’ (pp. 198, 200, 201, 202, 206), Saussure demuestra algebraicamente la existencia necesaria de un fonema indoeuropeo. Esto solo expresa que, adelantándose nuevamente a su época, el telón de fondo siempre fue el esperado o soñado encuentro entre lingüística, lógica y matemáticas.

[continuará ... ]

¡Nos vemos mañana!