abril 09, 2014

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 179)

Cuaderno VIII (páginas 1075 a 1080)

(Continuamos con Ockham)

Pasión - El mundo natural (mente) semantizado en el alma

Como lo dice Ockham en la Summa Logicae (I, 37): "es claro que la pasión no es una cosa fuera del alma {psiquis}. El alma misma no es un signo predicable. Pero, la pasión es algo que está en el alma como su atributo esencial, [uno de los aspectos fundamentales de lo psíquico es el afecto, ese que tiene como instrumento pragmático a la voluntad] por lo tanto no inhiere a los individuos de quienes predica, sino, supone por ellos {el ser (idea) está en la psiquis de quien conoce y en el individuo o sujeto (S) conocido} El S y su pasión no son lo mismo realmente, aunque supongan por lo mismo, y aunque la predicación de uno del otro sea necesaria.

La pasión sí predica del alma. Pertenece a ella como elemento contenido en su naturaleza esencial. [todo lo que sea contenido, de cualquier naturaleza, es superficial, es aparente, es objetivo, es científico, es mentira.] A su vez, la pasión pertenece a sus sujetos y éstos a los que la pasión pertenece, están contenidos en la definición de la pasión. Son los estados de cosas en tanto conocidos {por las ideas} y semantizados. {por los pensamientos} [en la realidad subjetiva, los pensamientos surgen como consecuencia de haber encontrado sentido a un hecho real, no el significado de una proposición, como lo hace la semántica]

El trayecto que va del 'lenguaje mental' a los lenguajes hablado y escrito es también el que preserva la pureza de la argumentación lógica natural, residente en el alma {psiquis}, [podríamos, sin ser muy pulcros en las diferencias, aceptar la existencia, de al menos, dos lenguajes: el natural y el convencional. Por supuesto, falta el lenguaje universal, que es el que posibilita los otros dos, y que como ya hemos dicho, es el fundamento de la vida.] de la contaminación con las narrativas institucionales, convencionales, culturales (del cuerpo). {esto hace de Lacan un embaucador, ya que se basa en una semiótica discursivo-narrativa}

A pesar del rescate de la 'cognición sensorial', [si con 'cognición' se refiere a conocimiento, el sensorial (corporeizado) es el único que hay] integrada con nuevos derechos por Ockham a la fundamentación gnoseológica, ésta queda lógicamente subordinada al intelecto. No es fortuito el desencadenamiento histórico del objetivismo teórico, de cierto 'terrorismo' ejercido por la lógica formal, de la crítica estructuralista de la subjetividad. Se trata, en suma, de procesos que potenciaron el mismo efecto contra cada efecto: la expulsión de lo subjetivo, de lo emotivo, de lo pasional-tímico, fuera del campo filosófico, hacia donde conquistará su medio habitual, el arte, la poesía, la polifonía del lenguaje ordinario de la vida cotidiana. {yo agregaría la ciencia, y como paradigma, el psicoanálisis lacaniano} [esta 'denuncia' que hace el autor, sobre el 'abandono' de la subjetividad por parte de la filosofía, en realidad, falla en su argumento fundamental, porque entiende por 'subjetivo' meras variantes de la lógica modal, que en definitiva, es tan lógica clásica como la aristotélica. Todo lo que se diga desde la lógica tradicional y sus variantes, no tiene nada que ver con lo subjetivo. La única que permite hablar 'subjetivamente' y con propiedad, es la Lógica Transcursiva]

Intuitio es una forma verbal de intueor: mirar, fijar, contemplar, observar, considerar.

A pesar de las incipientes aproximaciones a la sensibilización, la pasión suprema es el conocimiento de la verdad. Intelecto recipiente y percipiente que mira, señala y nombra; que consagra así la experiencia evidente. [todos epítomes de la apariencia, y nada más] Las pasiones del cuerpo son múltiples, remiten al desorden de los sentidos y de las comunicaciones cotidianas. Lo lógico impera en el 'lenguaje mental' articulado con los conceptos-signos naturales que suponen en sintaxis proposicionales objetivas evidentes. [por más que el autor se esfuerce en ligar la lógica tradicional con el epíteto 'natural', no está hablando de la subjetividad, y menos cuando le quiere dar, explícitamente, un carácter objetivo.] Este es el campo tradicionalmente asociado por la metafísica occidental a la razón, a la vida, a la claridad, a la armonía, a lo celeste, a la universalidad, a la regularidad, a la distintividad. [en esta larga lista de características destacadas, deberíamos excluir un par: vida y universalidad; ya que en ambos aspectos carecen de todas las otras; precisamente, por eso se distinguen de lo objetivo, de lo científico, de lo aparente, de lo previsible, de lo regular, de lo razonable.] Como contraparte, lo pático [relativo a la pasión o al padecimiento] se asocia, ahora, con la locura, con la muerte, con la oscuridad, con el caos, con la falta de armonía, con lo subterráneo, con la variabilidad, con la particularidad, con la irregularidad, con lo indistinto. {agrego: con lo difuso} [toda esta última lista está relacionada con la vida, inclusive, la muerte, ya que vivir no es evitar la muerte, sino y simplemente, aceptarla cada día. Cada día vivido es un día muerto. Sobrevivir le cuesta al sujeto un gran trabajo y esa es su única intención. Precisamente, porque lo que caracteriza a la vida es su finalidad: la muerte. Nunca mejor evidencia del juego de los opuestos y simultáneos]

Tras esta dicotomización se perfila una 'esquizia', una escisión entre la racionalidad argumentativa y la racionalidad narrativa. [¡Es mucho más que eso! La racionalidad argumentativa o narrativa, o como quiera llamársele, tiene que ver con lo objetivo; esto es, con la forma ficticia y tergiversada de ver la realidad. La realidad subjetiva, es cierto, también tiene dos niveles opuestos y complementarios, pero también simultáneos (y no excluyentes como los anteriores), que no constituyen ninguna 'esquizia' (esto se da cuando hay alguna patología psíquica), sino todo lo contrario, un ensamble dinámico (evolutivo-genésico) que explica la lucha por la vida y el postrer triunfo de la muerte.]

Pragmática del sujeto-signo

Intención, pasión, concepto, semejanza de la cosa, se refieren a lo mismo. El mundo es significado en el alma; recae en ella (pasión). [la realidad es sentido y recae en la psiquis] El signo se parece a su significado. {es cierto, la idea se parece al pensamiento} La cosa y el intelecto propician un signo-concepto. Ya que "en vano se hace con más lo que puede hacerse con menos" (navaja). Estos cuatro nombres son asumidos por uno solo: intelecto {psiquis} en acto. Aquello en el alma que es signo natural no es otra cosa que el acto mismo de intelección. [si bien fui haciendo alguna que otra adecuación para que mi propuesta se aproximara a estas elucubraciones, la Teoría final demostrará que expresiones como 'intelecto', 'concepto', 'intención', carecen de sentido por carecer de fundamento.]

El modelo realista del concepto-imagen {imago-mundi} es desplazado por el modelo 'semioticista' {igual que yo} de la suposición personal: el acto del intelecto hacer-ser naturalmente signo al concepto.

El universal es, en definitiva, singular. En el plano metafísico no existen realmente naturalezas colectivas o múltiples. En su fundamento ontológico el universal es definido como entidad individual, por consiguiente, el efecto de la universalidad es semiótico, es decir, es causado cuando el universal, en tanto signo, es aplicado a las sustancias singulares. O en términos más exactos, supone personalmente por ellas.

Solo hay universalidad por (y en) la significación. Independientemente del modo natural (concepto) o del modo convencional (palabra hablada o escrita) es en tanto significación que el universal solo existe, en el camino de aquellos para quienes significa en acto. El postulado lógico de base es que el universal, en tanto signo, no es una cosa sustancial, sino que significan sustancias. {son relaciones que posibilitan significar} [todo lo anterior solo tiene el valor que pueda tener un axioma, vale decir, sin valor subjetivo. Todo esto se resuelve comprendiendo que la universalidad se refiere solo a relaciones, y nada más]

Explicando esto en términos acuñados por Peirce, podemos decir que en el modelo realista medieval estandarizado, el conocimiento descansa en un iconismo en continuo tránsito entre la realidad y la mente. {de una manera muy laxa, algo similar a lo nuestro}

En Ockham puede leerse cómo el paso del ícono al índice (o señal) pasó del gesto mimético del 'espejo', al gesto referencial del señalamiento. Entonces, desde que se considera una teoría del signo (no como ser sino como signo) resulta esencial distinguir el signo de la imagen, la designación de la figuración. La tesis de Ricoeur de que el lenguaje procede de la no figuración, esto es, de que el lenguaje en tanto no figurativo es designativo, explica en mucha medida la solución final de Ockham. [esto es igual que decir que no explica nada.]

[continuará ... ]

¡Nos vemos mañana!