abril 06, 2014

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 176)

Cuaderno VIII (páginas 1057 a 1062)

(Continuamos con Ockham, pero antes, algunas apreciaciones personales sobre 'las ideas')

Las ideas

Igual que Platón, se plantea que las ideas son el auténtico 'ser', aunque, en este caso constituyen elementos psíquicos estructurales, y no elementos 'extra-mentales'. Yo le doy a las ideas el mismo valor ontológico que a lo sensible (no se plantea el dualismo ontológico platónico); son parte ambos de la misma realidad, y por otra parte, las ideas son el 'ser' de todo lo que existe; son el correlato psíquico (y también real) del 'universal'. Claro que aquí, 'universal' (PAU) no tiene la misma acepción que en Platón.

"El mundo de las ideas, aquí, es el mundo del 'ser' de las cosas"

Nuestra realidad no está formada por sombras, ni ecos de voces, como en la caverna de Platón, [debemos aclarar esta afirmación. La Teoría final demostró que las dimensiones de la realidad objetiva, es decir, la realidad aparente que desbroza la ciencia, se podría explicar muy bien si se consideran como una serie 'creciente' de sombras proyectadas. Para comprender mejor este hallazgo, se puede consultar, en este blog, la entrada en 'Filosofía', ¿Estaba en lo cierto Platón?] sino por sistemas interrelacionados que integran lo psico-bio-socio-cultural. {debería considerarse la postura de Einstein: entendimiento + percepción = conocimiento}

Coincido con Platón en que el conocimiento estricto es el que aportan las ideas, el verdadero conocimiento. No confundir esto con: 'conocer la verdad' de las cosas, algo que a mi juicio, es una entelequia dialéctica, para justificar un funcionamiento 'racional' de la realidad (en el sentido del discurso: 'hay tantas verdades como nombres hay' (Aristóteles)).

Lo que para Platón es el sol (en el mito de la caverna), o sea, la idea del bien, fundamento del ser y de la inteligibilidad de las ideas y de todo lo real, para mí es el tiempo.

La temporización de las nociones es lo que da 'vida' a la idea, lo que le da el ser a las cosas que existen. Por tanto, para mí, conocer no es 'recordar', sino 'vivir'. Dar vida a una idea que es en definitiva, nuestra vida. Conocemos, como dice Aristóteles, no por naturaleza, sino por necesidad, para sobrevivir.

Una reconsideración de la 'teoría de las ideas' de Platón

Nuestra realidad está estructurada por sistemas. Estos sistemas se inter-penetran de tal manera, que podríamos, sin hacer distingos conceptuales, decir que constituyen un continuum psico-bio-socio-cultural. No diremos, con Platón, que hay dos conjuntos de objetos en la realidad: los inteligibles (ideas) y los sensibles, sino, antes bien, que hay elementos que estructuran un aspecto de ese continuum (el psíquico) y que son las ideas, y otros que mediante su percepción, permiten dicha estructuración. Estos elementos percibidos pueden ser sensibles o no, ya que pueden proceder desde fuera de la frontera biológica, o desde dentro de ella, e inclusive, desde la misma estructura psíquica.

Como tal, sin caer en el dualismo ontológico platónico, debemos sin embargo, decir que la idea, en nuestro sistema, tiene el valor ontológico del 'ser', a tal punto, que constituye el 'ser de las cosas' y a través de ellas es que se obtiene todo el conocimiento de que somos capaces. Los elementos que proceden de la percepción nos dicen, cuando mucho, de la existencia de las cosas, es decir, de lo que aparentan ser (la opinión o doxa de Platón). Por tanto, nuestras ideas no son abstractas, ni están fuera de la psiquis, son ontológicamente el 'ser' que como tal no pertenece a las cosas u objetos, sino que es patrimonio del sujeto (S) que conoce, y que lo hace en función o dependiendo de 'tener ideas' de las cosas u objetos. No se quiere decir con esto que las ideas tengan una anterioridad ontológica con respecto a las cosas. Los elementos de la percepción existen sin la existencia de las ideas de cada uno de ellas, pero para el S 'no son'.

Queda planteado que entendemos, al aspecto ontológico, como verdaderos 'lugares o espacios' que son ocupados en la realidad toda. Las cosas u objetos tienen el suyo, y es independiente de la existencia de las ideas. Solo podemos hablar de peso ontológico cuando se conozca algo o exista una idea sobre ello, momento en el cual la existencia se convierte en 'ser', si bien idea o 'ser' de la cosa y la cosa misma son independientes, tienen una 'homología estructural' que habla, no de una imagen o 'imago' de la realidad, sino de una disposición relacional (funcional) semejante. De hecho, se propone que la realidad toda tiene una 'homología estructural', y por ende, todos los sistemas que de ella participan, también.

Atendiendo a esta última aseveración se puede decir, no que las ideas son externas como decía Platón, sino que siempre son funcionalmente iguales, porque parten de un patrón universal que abarca toda la realidad. Los objetos o cosas sí varían; están sometidas a un cambio permanente y es justamente por esto, que el poder establecer la fuente de cambio y el destino del mismo, establece una estructura relacional que se dispone en función de un patrón universal del cual, la idea (o unidad psíquica estructural) es un homólogo natural.

Queda claro pues, que las ideas no se parecen a las cosas u objetos de los cuales son el ser o conocimiento, y que hay ideas de todo cuanto existe, vale decir, de todo cuanto pueda ser percibido, no importando desde dónde venga, inclusive aunque sea desde la misma psiquis. La psiquis es lo que permite la existencia de las ideas (son el material del que está hecha su estructura básica), y por lo tanto, del conocimiento. Las ideas no son valores en sí mismas, en nuestro caso. Por supuesto que existen ideas de justicia, bondad, belleza, etc, pero, estas no surgen desde el comienzo en el S singular per se, sino cuando pasa a constituirse en individuo, o sea, cuando pasa a formar parte de lo social y cultural de la realidad.



Desde Aristóteles y Boecio, 'natural' es todo lo independiente de la voluntad. La observación de los procesos naturales hace que la naturaleza justifique, primero, la semejanza de cosas y pasiones del alma, y luego, su relación de causalidad. Esta causalidad de cosas y pasiones del alma (ya mucho después de objetos y conceptos) queda así presupuesta como 'operación de la naturaleza'.

El conocimiento se da naturalmente, con independencia de la voluntad de quien conoce. Los signos orales y escritos son 'expulsados' del reino de la naturaleza (como si el hombre no formara parte de él). En contraste con Abelardo y los gramáticos especulativos, Ockham pone el lenguaje en el 'alma' {yo en la psiquis}. Entonces, cuando el conocer se transforma en un decir {¡!}, es necesario que los conceptos aparezcan como signos de un lenguaje-natural. [esto es justamente lo que postula la Teoría final]

Quedan así determinadas dos dimensiones de la significación: la de los procesos naturales (entre los que se incluye el conocimiento mismo), y la de la 'industria humana' (en donde hay intercambios convencionales o artificiales). [los procesos naturales no tienen nada que ver con el significado, sino con el sentido. Significado siempre es sinónimo de superficial, aparente, artificial.]

La tesis del autor es que el concepto como signo natural en Ockham es algo así como una 'bisagra' natural, como imágenes y vestigios, pero también, lingüística, como las palabras orales y escritas. Hay, de algún modo, una conciliación entre naturaleza y artificio. {esto plantea una aproximación muy buena a nuestra propuesta de lo continuo (natural) unido a lo discreto (artificial) en el símbolo} Participa de la semiosis natural anterior a cualquier intervención o imposición humana, pero (y aquí la noción de suposición es clave) a la vez es algo así como un 'modelo' según el cual se organizará naturalmente la coherencia de cualquier semiosis convencional.

El concepto signo-natural ocupa la misma posición epistemológica que en el paradigma aristotélico, las 'pasiones del alma'. [esto sí es relevante, porque como demostrará la Teoría final, el lenguaje natural es aquel que tiene que ver con los afectos y es de índole exclusivamente volitiva]

CONOCIMIENTO = SEMIOSIS NATURAL {con lo cual coincido stricto sensu}

Definir semiosis como 'acción de los signos' presupone que cualquier cosa, en tanto cosa conocida, puede llegar a ser signo y que el término (o fin) del ser (signo) es la 'pasión'. {en mi caso es la idea}

La primera noción que aparece como consecuencia del estudio del concepto signo-natural es el de 'pasión'. Habría pasiones que no necesariamente son signos, pero ante todo, el concepto signo-natural es una pasión del alma. El correlato de esa pasión es la acción de las cosas del mundo (y del alma) sobre el alma.

Dos tipos de 'hacer' confluyen: el de la cosa que actúa naturalmente sobre el alma y el del intelecto que la hace ser naturalmente signo.

El signo implica dos relaciones: 1) entendimiento, y 2) significado

El aporte histórico-semiótico de Ockham está en la tesis de la suposición. Este modelo semiótico de la suposición se halla entre el modelo de la inferencia natural (estoica) y el modelo la equivalencia convencional (desarrollado a partir de Aristóteles).

INFERENCIA NATURAL - SUPOSICIÓN - EQUIVALENCIA CONVENCIONAL

Este 'medio camino' nos pone ante signos lingüísticos que, a diferencia de los sonidos y representaciones gráficas, tienen significado natural. Esto es calve en Ockham ya que, a ese modo natural se subordina el modo convencional.

Boehner señala que el concepto sería, en parte, efecto del o significado, y en parte, efecto del propio entendimiento, {discreto/continuo} se asemeja al entendimiento por ser inmaterial, y al O por ser imitación {en sentido lato} del mismo.

{He aquí la brecha: ¿de qué manera imita naturalmente el concepto al O?}

Expresado positivamente, la significación se basa en 'una especie de pre-ordenación estructural fundada a su vez, en la estructura psicosomática  del hombre'. Pre-ordenación estructural del hombre al abordar significativo-lingüísticamente la realidad exterior.

El signo mental descansa sobre la pre-ordenación anterior y constituirá una reacción espontánea del entendimiento frente a la realidad. {y aunque Hierro rechaza esta interpretación de De Andrés, pareciéndole una solución meramente verbal, es en lo que se basa todo mi trabajo, y voy a demostrar que no son solo palabras.}

{Comentario fundamental para el trabajo}

Creemos, por nuestra parte, que tanto en la acepción amplia de signo, como en la consideración del concepto como signo naturalmente predicable, Ockham enraíza la naturalidad del signo en la causalidad. {creo, porque adhiere demasiado a las ideas de Aristóteles} El presunto problema surge cuando De Andrés arguye que la relación causal es típica del vestigio, que no es un signo lógico, y en que el concepto no puede ser un nuevo vestigio. De ahí concluye que la causalidad no puede bastar para diferenciar un signo en sentido amplio, de otro en sentido estricto, y en consecuencia, que debe haber algo más. Este plus conduce a lo que De Andrés llama: un 'hecho último', de Psicología Cognitiva; casi indemostrable, como el orden proposicional es la característica típica del signo, en sentido estricto, la reacción espontánea o mecanismo psicofísico es de estructura lingüística. A primera vista, el argumento puede no convencer pero no deja de ser plausible, en tanto no parece haber incompatibilidad alguna entre causalidad y preordinación estructural. En el contexto de la teoría sustentada por Ockham, no es difícil que el alma está semióticamente programada. {coincide en todo con lo mío, excepto que el alma (la psiquis) no está programada, sino estructurada semióticamente, y que esa estructura no es pre-ordenada}

{Nuestra tesis: tratamos de demostrar que existe una psiquis semióticamente estructurada que forma parte de la realidad.}

Refiriéndose estrictamente al lenguaje, para Ockham, habría un lenguaje natural, y por tanto, único para la especie humana, que sería el lenguaje mental, [nosotros, luego de la Teoría final, hemos demostrado que existe un 'lenguaje universal' que rige todo lo vivo, y un lenguaje natural que derivando del anterior, maneja todos los aspectos volitivos.] y una pluralidad de lenguajes constituidos por sonidos y por las representaciones gráficas de éstos. {aquí tendría que haber buscado Chomsky, un apoyo para su propuesta. ¡Nosotros la vamos a tomar!} Este lenguaje mental, universal, común a la especie humana es, además, semánticamente perfecto, pues contiene todo y nada más que aquellos que es necesario para los requerimientos de la significación (a todo término mental corresponde uno hablado y escrito, pero no a la inversa). De aquí que se aluda a este lenguaje como un lenguaje mejor construido que el oral-escrito, al cual este último puede reducirse con propósitos aclaratorios. [debe quedar claro que ese 'lenguaje mental' no existe. En definitiva, tanto Ockham como el autor de este trabajo, adhieren ingenuamente, a una asimilación inadmisible entre ese lenguaje universal y el lenguaje convencional; por eso dicen que es 'perfecto', ¡cómo no lo va a ser, si son la misma cosa!]

[En cuanto a las acepciones de 'significar' en Ockham, no vale la pena revisarlas porque se apartan demasiado de nuestra propuesta]

Teoría de la suposición: apunta a contestar la pregunta: ¿qué son la verdad o la falsedad, en tanto aplicadas a las proposiciones? Porque la verdad está dada cuando y solo cuando el S y el predicado de la misma proposición no es verdadera, pero entra en la definición de verdad.

Autores tales como Boecio, Abelardo o Aquino, preocupados por el problema de la significación, más que por el de la apelación (como Ockham), se interesaron principalmente en los aspectos psicológicos y ontológicos del lenguaje. Hoy diríamos que su temática se orientaba hacia un enfoque cognoscitivo.  {el mismo enfoque que mi trabajo - Ockham está más volcado a la lógica tradicional}

[continuará ... ]

¡Nos encontramos mañana!