abril 29, 2014

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 199)

Cuaderno IX (páginas 1195 a 1200)

(Continuamos con Lingüística Teórica, y la segunda parte sobre el Estructuralismo)

2.1 Teoría saussureana


2.1.1 La lengua y el habla

Sausurre basa su teoría en la oposición fundamental, que él mismo estableció en su obra, entre el concepto de lengua (langue) y el concepto de habla (parole). Esta es “la primera bifurcación” (Curso, p. 34).

Para él la lengua se distingue del lenguaje ya que éste es la facultad común a todos los hombres, aquélla es “producto social de la facultad del lenguaje” (ibid., p. 22). Entiende por lengua el producto específico de la facultad universal de hablar, tal como se lleva a cabo en una comunidad dada. La lengua es un producto social en el sentido durkheiniano: el individuo la registra, es decir, la adquiere, la aprende pasivamente.

Establece, como otras características propias de la lengua, que “es un todo en sí y un principio de clasificación” (p. 23), y por otro lado es “una cosa adquirida y convencional” (p. 23).

El habla por el contrario, la establece como un acto individual de voluntad y de inteligencia. Deja así establecido que, lengua y habla, son dos realidades bien distintas y Saussure encuentra prueba de ello, en ciertas afasias, en el curso de las cuales el enfermo conserva el manejo de la lengua (comprendiendo todos los mensajes recibidos), habiendo perdido no obstante, el uso del habla. El estudio de la lengua y del habla representa la ‘primera gran elección’, “hay que escoger entre dos caminos imposibles de tomar a un mismo tiempo” (p. 34). El habla es siempre un fenómeno secundario, subordinado a la lengua. [la Teoría final demostrará que esta imposibilidad no es tal]

La influencia del habla es teóricamente importante en lo que se refiere a la evolución del lenguaje; ya que, según entiende Saussure, toda innovación lingüística es en primer lugar individual.

Más allá de los antecedentes que puedan existir sobre esta división, la originalidad de Saussure está en el lugar central y en el carácter operatorio que le otorga a esta distinción. Además, al distinguir entre lengua y habla, al acentuar vigorosamente la primacía de la lengua, da fundamento a la distinción científica entre código y mensaje y delimita la noción científica de sistema lingüístico, que era un tanto vaga. Por otra parte, al insistir en el carácter subordinado del habla, de la realización fisiológica, de la fonética, se sitúa en el camino que conduce a la actual fonología.

2.1.2 Sincronía y diacronía

Saussure señala a ésta oposición, como la segunda bifurcación de la lingüística, la segunda gran ‘elección’ teórica, la segunda “encrucijada de rutas” (Curso, p. 120), después de la oposición lengua-habla.

La lingüística sincrónica estudia la lengua haciendo abstracción de la acción del tiempo sobre ella. Toma la lengua durante un lapso de tiempo lo más limitado posible, de manera que se la pueda considerar al margen de la evolución y del movimiento. Estudia la lengua respecto al ‘eje de las simultaneidades’; es decir, considera ‘estados de la lengua’ a los cuales también llama ‘equilibrios’; o sea, momentos inmóviles o tratados como tales, datados y circunscriptos en el tiempo (también la llama por esto, lingüística estática). En fin, “la lingüística sincrónica se ocupará de las relaciones lógicas y psicológicas que unen términos coexistentes y que forman sistema, tal como son percibidos por la misma conciencia colectiva” (p. 122).

La lingüística diacrónica estudia la lengua respecto al ‘eje de las sucesiones’. Su objeto es la acción del tiempo. Su dominio es el del cambio lingüístico, el de las fases sucesivas de la evolución de una lengua. (la llama también lingüística dinámica).

Para mostrar a la vez la autonomía y la interdependencia de lo sincrónico y de lo diacrónico, lo segundo lo asimila a un cuerpo y lo primero a su proyección geométrica.

Saussure intenta varios argumentos para justificar esta dicotomía, algunos con más suerte que otros. Ponemos en relieve, el que se considera el mejor de estos argumentos, aquel que es propiamente lingüístico: es preciso separar las dos lingüísticas porque para la masa de hablantes el aspecto sincrónico es la única realidad; porque para el sujeto hablante su sucesión en el tiempo es inexistente; y porque la intervención de la historia solo puede falsear su juicio.

2.1.3 Teoría del signo

El signo para Saussure: es arbitrario, diferencial, funciona en el marco de un sistema de valores y está constituido por una relación entre sustancia fónica e idea; lado material y lado conceptual del signo mismo (metáfora de las dos caras de una hoja de papel).

La tesis de lo arbitrario del signo se la debe a Whitney. Cuando habla de la relación que une al significante con el significado como de una ‘convención’ (Curso, p. 88) o de un ‘contrato’ (ibid., p. 91), lo que quiere expresar es que no existe ninguna relación interna entre el concepto representado y la cadena fónica que lo representa. Tilda a esta falta de relación como inmotivada. En contrapartida, aunque de una manera confusa pues usa el mismo fundamento para más de un concepto, lo motivado o aquello que responde a relaciones que llama naturales, entre significante y significado, lo caracteriza como símbolo.

El carácter diferencial lo establece al afirmar que el signo funciona por su presencia o su ausencia globales, como una unidad discreta (término no utilizado por Saussure; se lo toma prestado de las matemáticas por ser adecuado para representar exactamente el carácter diferencial) y no como una magnitud continua. Un signo es, uno determinado, por oposición a todos los demás. Esto es lo que Saussure afirma cuando dice: el signo es puramente negativo y diferencial. Lo diferencial tiene otra formulación saussureana correlativa: El signo es de naturaleza incorporal; lo que constituye la lengua es la relación que la mente establece entre los signos. La materia de estos signos, en sí misma, puede ser considerada como indiferente. Es por eso por lo que “la lengua es una forma < es decir, un conjunto de relaciones > y no una sustancia” (Curso, p. 139).

Finalmente, mencionamos la linealidad del signo saussureano que es considerado tan importante como la arbitrariedad. Con esto se quiere decir que el enunciado lingüístico – y el signo – se desarrolla en el tiempo, siguiendo la línea del tiempo. De ahí deduce consecuencias fundamentales para el funcionamiento de la lengua: dos unidades no pueden encontrarse nunca en el mismo punto de la cadena hablada; valen pues, por su sucesión, por su contraste en la cadena; y su posición en esta cadena puede ser siempre distintiva. Deja de esta manera señalada, una dirección para las investigaciones semiológicas, estableciendo la diferencia entre sistemas cuyos signos se articulan en el tiempo, como el lenguaje, y aquellos en que, como en los sistemas visuales, se organizan en el espacio, coexistiendo en diversas dimensiones.

2.1.4 Noción de sistema

En lingüística la noción de sistema es muy antigua. La podemos encontrar ya, en la segunda mitad del S.XVIII. En esta época, el término que procedía del vocabulario de filósofos y matemáticos, significaba todo conjunto de cosas que dependen unas de otras, todo compuesto de partes ligadas entre sí.

Saussure no introduce, ni la palabra ni la noción de sistema en lingüística. Pero, de un término esencialmente descriptivo y casi metafórico, hará un término operativo, con una posición central en la teoría del lenguaje.

Esta noción de sistema va madurando con el tiempo hasta que adquiere el sentido del conjunto de relaciones que definen, por oposición, a las unidades, en un estado de lengua dado, considerado sincrónicamente.

Es curioso que el fundador del estructuralismo, descarte como sinónimo de sistema, a la palabra estructura, por considerar a esta última ambigua inclusive para expresar lo que llamó la composición de la palabra. Sí usa como sinónimos, mecanismo y organismo. El primero muy del S.XVIII y el segundo muy humboldtiano (principios del S.XIX).

Dotado de una notable habilidad a la hora de hacerse entender y dejar claros sus conceptos, Saussure recurre en varias oportunidades a comparaciones; por ejemplo, el sistema con el juego de ajedrez (dejemos constancia que esta comparación le acarreó, por parte de los lingüistas posteriores, encendidas críticas, fundamentalmente porque fue mal interpretada). La lengua, decía, es un sistema que no conoce más que su orden propio y peculiar. Una comparación con el ajedrez lo hará comprender mejor… Aquí Saussure quería ilustrar el hecho de que el valor de las piezas (o de los signos lingüísticos) no depende ni de la forma ni la sustancia, sino únicamente de su ‘posición’; es decir, de las relaciones que mantienen entre sí (sus reglas de posición, su desplazamiento, su acción recíproca). El valor de las piezas depende de su posición en el tablero, del mismo modo que en la lengua cada término tiene un valor por oposición con todos los otros términos. Entonces, existe un sistema porque las unidades son diferentes, pero sólo en la medida en que estas diferencias las oponen para señalar valores distintos. Existe sistema porque todas estas relaciones de oposición son, por definición, interdependientes. De esta manera, queda incorporada la noción de valor, a la de sistema: “La lengua es un sistema de puros valores que nada determina fuera del estado momentáneo de sus términos” (Curso, p. 101).

La originalidad del concepto saussureano de sistema en lingüística se pone de manifiesto sobre todo en el hecho de que ya no designa clasificaciones de fenómenos considerados como dados por la naturaleza de las cosas: las vocales, las consonantes, los tiempos de verbo, etc., sino que se convierte en el instrumento generalizado de un análisis lingüístico unificado. Saussure no se limita a repetir la cosa obvia de que la lengua es un sistema en donde todo se relaciona. Se pregunta el por qué y el cómo de estas relaciones, lo que lleva al núcleo del funcionamiento del código lingüístico, mediante la elaboración de las nociones de diferencia, oposición, valor, sustancia y forma – nociones operativas sin las cuales, la noción de sistema no habría pasado de ser una clasificación más. Esta noción de sistema, que aunque bastante completa (a mi modesto juicio, le faltó algunas consideraciones sobre los aspectos organizativos propios de todo sistema), no fue bien interpretada y hubo que esperar hasta que Trubetzkoy y la Escuela de Praga le dieran su plena significación al aplicarla en la construcción de los sistemas fonológicos.

2.1.5 Relaciones sintagmáticas y asociativas

La lengua es un sistema, lo acabamos de ver. También vimos que este sistema es definido por los valores que asumen sus términos en un estado determinado y que en un estado cualquiera, todo se basa en relaciones. Saussure caracteriza a estas relaciones en dos esferas distintas que generan un cierto orden de valores que se oponen y que asigna sin más, a parte de nuestra actividad mental.

Por un lado están las relaciones dadas en el discurso que responden al carácter lineal de la lengua y cuyas unidades son los sintagmas (compuesto de dos o más términos, en donde uno de esos términos adquiere su valor en relación de oposición con el otro u otros constituyentes del sintagma). A estas relaciones las llama sintagmáticas.

Por otro lado, existen, al margen del discurso, aquellas palabras que al ofrecer algo en común, se asocian en la memoria y constituyen grupos de diversas características (dicho sea de paso, en este tipo de relaciones se inspiró Vanevar Bush para proponer una disposición de la profusa información producida por la ciencia en 1945, tarea que materializó y que bautizó como hipertexto, Theodor H. Nelson en 1965) y a las cuales bautizó como asociativas y les asignó un orden indeterminado (constante) y un número indefinido (variable).

2.1.6 Algunos comentarios

Sería una falta de comprensión y hasta un acto de mala fe, si no justipreciáramos el valor y los alcances de las tesis sausserianas, que entre otras cosas, proporcionan una solución al problema específico de la lingüística, a este problema que se plantea desde el momento mismo en que se considera el hecho de la expresión por medio de signos. La antinomia latente entre pensamiento y algo distinto de sí (el lenguaje) es tratada de diversas maneras antes de Saussure.

Los primeros lingüistas (comparatistas) en un principio, invocaban la imposición del espíritu sobre la materia fónica de que estaba hecha la lengua y la modelaba según sus fines; luego, al final de su historia, esto se invirtió.

La escuela neogramática no pasó de la superficie del fenómeno postulando solo que la idea de una perfección inicial, era una quimera y que la lengua es forzada entre dos influencias opuestas.

Todas las escuelas psicológicas, en su gran afán de explicar la lengua y el lenguaje como una función del espíritu, tienen una marcada tendencia a explicar todo haciendo desaparecer el elemento irreductible al pensamiento. Aquí aparece Saussure, y no solo recuerda que ese elemento existe, sino que proporciona una definición del mismo completamente nueva. No se trata de la concepción simplista de la materia opuesta al pensamiento – de hecho, los sonidos que emitimos no son en realidad materia, antes de ser actos del habla son ideas en la lengua. No se plantea la oposición de lo fisiológico y lo psíquico ya que, las funciones fisiológicas del órgano vocal, están al servicio de la mente. Es el valor arbitrario, el signo diferencial tal como debe surgir por la acción ciega de una colectividad, lo que se opone a la expresión racional, la cual, por más posible que sea, solo puede surgir del sujeto hablante y pertenece únicamente al habla.

Lo arbitrario, lo no material, lo neutro, lo que sin carácter propio recibe todo de afuera y sobre lo cual la mente no ejerce ninguna acción directa (conciente por lo menos), es según veo, un gran aporte; como lo fue también el presuponer un sistema en el elemento lingüístico.

Lleva a cabo dos tareas muy importantes para el futuro de la lingüística de su época: 1) segmenta el discurso en componentes sucesivos o simultáneos; 2) pensando que las combinaciones lingüísticas están constituidas a partir de una cantidad finita de elementos (aporte humboldtiano), trata de encontrar el mismo componente en distintas ocurrencias, aun en contextos distintos y hasta con distinto aspecto.

Postula que para analizar un enunciado no basta con considerar aisladamente o bien su aspecto fónico, o bien su significación. Ambos se presentan como realidades continuas, imposibles de separar como no sea artificialmente (un sistema en el elemento). Se coloca así en una perspectiva opuesta a Port-Royal. Las gramáticas generales plantean una estructura necesaria de la idea y es ésta, la que constituye la organización profunda del enunciado, modificada luego por transformaciones que la ocultan, aunque sin abolirla.

Para Saussure la idea en sí misma tiene que ser considerada como una nebulosa, una masa amorfa, tan amorfa como la materia fónica que la transporta. Por tanto la única forma de segmentación es tomando en cuenta el nexo establecido entre aspecto fónico y semántico. Compara este fenómeno con el encuentro entre una masa de agua y una masa de aire, que cuando se ponen en contacto, producen una serie de divisiones evidentes (por las olas). Esto mismo pasaría cuando se encuentran pensamiento y sonido: determinan una serie de divisiones que serían inexplicables analizando ambas sustancias por separado.

Con lo dicho anteriormente se pretende probar que la segmentación no está dada antes de la lengua y parece que tampoco con la lengua.

El problema del análisis segmentario lo resuelve (y he aquí otro de sus grandes aportes) a través de los sintagmas. Esto define una serie de estados lingüísticos los cuales, presuponen una organización interna, un orden propio. El sistema lingüístico en fin, no estaría constituido por un ensamble de elementos preexistentes; no es ordenar un conjunto dado en desorden. El descubrir los elementos y el sistema, es una única tarea.

La segunda tarea planteada más arriba, es sin lugar a dudas, la que más problemas le trae a Saussure. La identidad de una misma unidad en dos actos de habla distintos, trata de expresarla a través de lo que llama ‘valor’. Esto pretende probar que cada elemento, si se buscan los rasgos que son constantes en distintas apariciones, solo puede ser definido por referencia a otros elementos de la lengua.

Saussure se apoya en dos tipos de identidades, a las cuales podemos llamar: material y relacional, y que pretendían establecer la pronunciación y la significación de una palabra o enunciado en las distintas ocurrencias en las que se los podía reconocer. Aquí pasa algo similar a lo que ocurre en la segmentación de las frases. Hay una continuidad en los eventos fónicos y psicológicos: existe una imposibilidad (por lo menos por estos medios) de hallar en estos universos, fronteras naturales que separen exactamente lo fónico y lo semántico, ocultos por los significantes y significados, en un lenguaje determinado. Lo intenta desde lo fonológico, variando la pronunciación hasta que se provoca un cambio de sentido. Este método deja ver de nuevo, que está propuesta una organización de la lengua. Esto se comprueba porque , por ejemplo, si se consideran las ocurrencias de un solo signo, es imposible deducir de ellas el sentido y pronunciación de dicho signo. Esto obliga a definir ‘zonas fónicas y semánticas’ que solo terminan donde comienza el dominio de otro signo. A esto Saussure le llama ‘limitación negativa’; “un elemento lingüístico consiste en ser lo que no son otros” (Curso, p. 147).

Estas dificultades en la segmentación y en la identificación hacen caer en la conclusión de que sería imposible hablar de términos de una lengua sin admitir simultáneamente, un orden entre ellos. Esta idea, intuida quizás por Humboldt, marca, con la formulación de Saussure, una segunda etapa en la reflexión sobre la noción de estructura en lingüística. La primera que comenzó a fines del S.XVIII, afirmaba que la organización de una lengua es algo que le es propio, no basado en nada exterior. Saussure reivindica para esta organización, una realidad equivalente a los elementos.

Es fácil advertir que lo dificultoso de la segmentación y la identificación, está en la imposibilidad de su justificación fuera de la lengua. No es simple encontrar una estructura u organización lógico-psicológica tal que la lengua sea su fiel reproducción

Saussure dice que una lengua natural no es ‘etiquetar’ conceptos con valor universal. La realidad exterior no provee a la lengua ni las etiquetas ni las cosas a etiquetar. La lengua posee, según él, una arbitrariedad fundamental por lo que es imposible fundarla y comprenderla, a partir de algo distinto a ella misma.

Algunos aspectos derivados de este particular punto de vista:
No se ve la posibilidad de reconocer el análisis original que cada lengua hace de la experiencia humana. El solo hecho de tener que proveer de una determinada organización a los términos de una lengua para reconocerlos, no basta para definir el tipo de relaciones de tal organización.

Se basa en distintos principios de clasificación, según convenga. Sus ejemplos, que son muchos, tienen siempre ‘allanadas’ las dificultades esenciales inherentes a estos casos particulares. Es decir, parte de un conocimiento intuitivo y pre-científico de los verdaderos elementos y para justificarlo, invoca un sistema lingüístico. Plantea el problema, en donde ya está incluida la respuesta; por tanto, el camino a recorrer para llegar a ella, no es importante. El camino hacia la respuesta siempre es el mismo: reconocer un orden lingüístico autónomo. No se puede ‘contaminar’ con nada externo, de lo contrario, el sistema lingüístico se derrumba.

Es coherente plantearse que no basta con saber que existe una organización lingüística, sin la cual es imposible justificar las unidades; es necesario también saber en qué está basada tal organización; es decir, poder definir las unidades auténticas, si es que existen.

No obstante lo dicho, volvemos al comienzo. Estas observaciones no mellan, ni empañan siquiera, los aportes hechos por Saussure y en última instancia, estamos cuestionando una teoría basados en escritos que son simples apuntes de clases volcadas con el criterio de alumnos y no del maestro. Quizás, y esto nunca podremos saberlo, otra hubiera sido la historia si el curso de lingüística lo hubiera escrito de puño y letra, y su muerte prematura, no hubiera truncado las realizaciones de una mente brillante.

[continuará ... ]

¡Nos encontramos mañana!