abril 24, 2014

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 194)

Cuaderno IX (páginas 1165 a 1170)

(Hoy comienzo a cursar Lingüística Teórica, una de las tres materias de la Carrera de Licenciatura en Letras (orientación lingüística), que me exigen para homologar una especie de 'Título de Grado' en Lingüística que me permita justificar mi Doctorado. El cursado lo hago junto a los jóvenes alumnos del Segundo Curso de la Carrera. Como Profesora Titular, una de las compañeras en el Equipo de Investigación del Instituto de Lingüística a quien yo he aprendido, en el poco tiempo que la conozco, a admirar por sus enormes conocimientos sobre el tema, pero sobre todo, por su gran inteligencia. Para que sea más llevadera mi exposición, en vez de pormenorizar todos los estudios que tengo que realizar en la Bibliografía exigida, voy a ir mostrando los textos propios (a modo de artículos) que me aceptarán a cambio de no rendir los Exámenes Parciales que se le exigen a los alumnos regulares de la Carrera. Como mi situación es muy particular, propuse esta modalidad para que se me evaluara y así lograr la regularidad necesaria para poder rendir el Examen Final y aprobar la materia. Serán seis meses de arduo trabajo, fundamentalmente, porque estos son temas que, a pesar de haber leído por curiosidad algunos de ellos, están muy alejados de mi actividad habitual.)

Unidad 1

Panorama de los estudios lingüísticos en Occidente

Describir linealmente, en forma secuencial la cronología de los hitos en el conocimiento del lenguaje y de las lenguas, no nos daría la verdadera dimensión ni nos explicaría lo que la Lingüística es hoy, habida cuenta que el lenguaje es una preocupación del hombre desde que es hombre y que el tratar de explicarlo o comprenderlo, siempre fue, es y será un objetivo del conocimiento humano.

Antes bien, podríamos trazar un panorama que contemple la ‘sustancia’ de las distintas etapas temporales de su historia y enmarcarlas en tanto que tendencias contextualizadas, en una visión integral que no tendría que actuar en desmedro ni en apoyo de ninguna tendencia en particular.

Dado que no es posible separar lenguaje de filosofía (es más, el origen de su estudio así lo atestigua), es fácil caer en la tentación de sobrevalorar o subvalorar y aún desdeñar, algunas de las etapas históricas por el simple hecho de no coincidir o hacerlo demasiado, con distintas tendencias que hasta pueden tener origen político, religioso y hasta económico; pero que, toman el ‘abordaje filosófico’ del lenguaje para excusarse de una postura que nada tiene que ver con el estudio objetivo de las distintas etapas por las que pasó la disciplina como tal. No se puede relegar al olvido a los escolásticos por considerarlos oscurantistas, ni ponderar a los renacentistas por promover el racionalismo; esto sería pretender un abordaje de la historia, con una concepción actual que por ser tal, está totalmente descontextualizada.

Cada tiempo en el desarrollo del estudio del lenguaje fue consecuencia directa de las circunstancias que lo rodearon y de los objetivos planteados en ese momento que en forma alternativa (como bien lo puntualiza Coseriu) teóricos o pragmáticos, marcaron una tendencia y una evolución determinada; pero que en todo caso fue un aporte que cimentó el importante despliegue lingüístico actual.

La Lingüística en la actualidad entonces, no es mera acumulación de hechos más o menos trascendentes en el intento de conocer mejor el lenguaje y las lenguas, sino el resultado de un enfoque multifacético que se fue desarrollando a distintos niveles y atendiendo a aspectos realistas e idealistas en el devenir del hombre.

El lenguaje, como el bien más preciado del hombre y por el hecho de intervenir en todo quehacer humano se torna habitualmente en algo tan natural como el respirar o el comer; no obstante, siempre concitó una curiosidad especial.

Fue a esta curiosidad a la que decidieron dar curso los griegos cuando se preguntaban por ellos mismos, por su lugar en el mundo y por el sentido de la realidad. En todas estas inquietudes siempre había un factor común: el lenguaje. Como estas eran cuestiones diversas pero que utilizaban el mismo elemento para ser elaboradas o comunicadas, surge entonces dar un sustento a tal elemento. ¿Era tan natural como la vida?; o ¿era producto de mera usanza y tradición?

El cualquier caso, era evidente que constituía un modo de expresar la realidad y como tal, comienza de alguna manera su estudio e indagación.

Los naturalistas aseveraban que era posible demostrar que todas las palabras son apropiadas por naturaleza a las cosas que describen y esto era así por el hecho de captar la realidad que subyace bajo la apariencia de tales cosas.

Se crea la Etimología (etymo: verdadero o real) que al intentar descubrir el origen de una palabra, dada la relación con lo natural, trataba de descubrir su verdadero significado; la verdad natural. La relación más evidente entre una palabra y la naturaleza fue la onomatopeya (‘creación de nombres’) a la que los estoicos daban el rango de origen del lenguaje. Inclusive, para explicar la escasez de tales palabras, invocan la metáfora como un nexo entre la aplicación primaria de una palabra a la realidad y alguna aplicación secundaria que aportaba su identificación real.

Se advirtió la existencia de regularidades (analogías o proporciones) y en función de ellas, se trató de establecer modelos para clasificar las palabras (paradigmas: modelos o ejemplos). También se vio que no todo era regular y proporcional. Había anomalías que no encajaban con estos patrones. Los estoicos, como anomalistas, basados en la etimología, sentaron así las bases fundamentales de lo que se conoció luego como Gramática Tradicional.

No todo lo griego fue filosofía sino que surge de ellos una primera gramática estructurada que comienza a darle forma a las partes del discurso. Se identifica de esta manera un Nombre que oficiaba de sujeto sobre el que se decía algo; y un Verbo que decía algo de la cosa indicada como sujeto. Vienen después las conjunciones, el género intermedio (neutro) y los tiempos de verbo. De esta forma se llega a una de las primeras distinciones, entre Forma y Significado (lo que significa y lo que es significado). Los estoicos que no aceptaban que el lenguaje fuera un reflejo de la naturaleza, aportaron además, la flexión (parentesco entre distintas formas gramaticales), el caso (o verdadera forma del nombre) y la consideración del grado de logro de una acción por parte de un verbo, fuera del tiempo (verbos activos, pasivos, transitivos e intransitivos).

Los alejandrinos, siguiendo la tarea de los estoicos, dejaron establecida la Gramática a la que llamamos Tradicional y que constituye la primera gramática sistemática de que se tiene noticia. Los aportes hechos en esta época fueron trascendentes ya que, fuera de la sintaxis (que no fue abordada), se agregaron otras partes del discurso (adverbio y participio) y se clasificó todas las palabras griegas según caso, número, género, tiempo, voz, modo, etc.

Los romanos, al entrar en contacto estrecho con los griegos, se ven influidos fuertemente por ese buen nivel de desarrollo de la lingüística. De alguna manera se limitan a aplicarla al latín, dada la semejanza notable entre ambas lenguas; hecho este, que tuvo importantes derivaciones como por ejemplo, el establecer que las categorías gramaticales que ellos aplicaban provenientes del griego y que tan bien se adaptaban, eran necesarias y universales.

No todo lo romano fue mera copia e imposición, ni tampoco una pura mirada al latín de los clásicos, como lengua pura. Hubo aportes que deben destacarse como fue el considerar en el léxico latino, las palabras flexionadas y no flexionadas a las que se daba distinta función sintáctica. También fue objeto de un estudio profundo el problema antinómico: Analogía-Anomalía; estableciéndose que el lenguaje es básicamente regular (gobernado por reglas) pero, que las excepciones no debían excluirse sino al contrario, aceptarlas y considerarlas ya fuera que éstas procedieran de influencias vecinas, o del uso de la lengua vernácula.

No obstante este enfoque, en general, la gramática latina estaba orientada hacia la literatura y tenía más bien un fin didáctico.

El latín y su enseñanza se constituyeron desde el principio en el soporte principal de la cultura cristiana, y, dado el poderío del imperio romano, se extendió como lengua universal de la educación y del uso internacional.

Así, Europa ingresa a la Edad Media en donde el latín no sólo representa un medio para la educación, sino que su gramática como tal, pasa a ser una disciplina individual y central.

Como lengua oficial de la Iglesia se sostuvo aún después de la caída del Imperio y fue el único reducto ‘culto’ que progresó en lo lingüístico y en otras áreas del conocimiento.

A no dudarlo, fue la alta Edad Media (alrededor del S.XII) la época de mayor florecimiento, tanto en lo lingüístico como en lo filosófico. Los escolásticos como dueños de la cultura y conocedores excelsos del latín, fomentaron un revivir de la cultura griega al traducir textos clásicos originales (como los aristotélicos, por ejemplo).

Aquí la gramática seguía siendo considerada una disciplina filosófica. Mediante una reinterpretación de este enfoque filosófico se da nacimiento a fenómenos que modificaron definitivamente el panorama cultural y del conocimiento.

Por un lado, se concilia la lógica y metafísica aristotélicas (con un enfoque latino) con la fe cristiana heredada de los Padres de la Iglesia (fundamentalmente San Agustín) dando origen al Tomismo; por otro, se interpreta textualmente estas mismas enseñanzas griegas, produciendo el germen de lo que sería la Filosofía Natural (Ciencia Natural).

En lo estrictamente lingüístico había consenso en cuanto a que los escolásticos (tal cual lo hicieron los estoicos) veían en el lenguaje una herramienta para analizar la ‘estructura de la realidad’, pasando al primer plano la cuestión del significado o de la significación.

Los ‘modos de significar’ dieron base a la Gramática Especulativa (de los Modistas), en donde el lenguaje era considerado un ‘espejo’ (speculum latino) que reflejaba la realidad que subyace en los fenómenos físicos. Todo el esfuerzo se centró en buscar los principios por medio de los cuales la palabra, considerada como ‘signo’ (tal cual lo había definido San Agustín), se relacionaba con el intelecto por un lado, y con la cosa representada o significada, por otro. A estos principios se los consideró ‘universales’.

Debido al franco predominio filosófico en la gramática, lo especulativo se extendió en tres niveles distintos: el de la existencia o de la realidad externa, el del conocimiento y el de la comunicación. Estos ‘modos’ quedan integrados fuertemente a la potente filosofía católica que, junto a las demás ciencias conforman la visión del mundo que ofrecía la fe cristiana.

Tres aportes fundamentales surgen de los escolásticos. Una teoría general abstracta de la sintaxis, una teoría de la Gramática Universal (Universales Lingüísticos) y una base sólida sobre la que se edificó la Semiótica actual. La Gramática Universal también es de enorme trascendencia, a tal punto que, llegó casi intacta (aunque con otros fundamentos) hasta nuestros días.

Los especulativos rechazan básicamente lo que representaba la Gramática Literaria (aquella basada en el ‘buen uso’ de la lengua hecho por los clásicos). A pesar de su concepción universalista (el mundo era uno; las disposiciones mentales de todos los hombres eran las mismas; por tanto, el lenguaje era uno y el mismo), consideraron a las lenguas vernáculas aunque, sólo como ‘accidentes’.

La Gramática Literaria, a pesar de haber sido considerada pagana (motivo por el cual fue combatida), siguió su evolución y encuentra a Europa ingresando en el Renacimiento; época ésta en la que precisamente se asiste a un ‘redescubrimiento’ de los clásicos griegos y romanos.

Si bien no se produjo durante esta época ninguna nueva teoría lingüística, sí se asiste a cambios en el pensamiento europeo que modificarán radicalmente no sólo a Europa sino también, toda la parte del mundo que estuvo bajo su influencia. Estos cambios tienen origen primero, en el resurgir del saber clásico y el abandono de los ‘barbarismos’ escolásticos. Centrando como el mejor ‘estilo latino’ el de Cicerón, del que procedía el ideal de ‘humanismo’ (opuesto a barbarismo) como sinónimo de ‘civilización’; hecho que se vio enormemente facilitado con la aparición de la imprenta (final del S.XV). Otro de los orígenes de este profundo cambio, fue el desafío que significó dentro mismo de la Iglesia, la Reforma y por último, de la conjunción del humanismo y del protestantismo, la aparición concreta de las Ciencias Naturales en donde, no era ya el argumento de la autoridad eclesiástica o divina desde donde derivaba el conocimiento, sino de la experiencia y de la observación.

Las bases de la Gramática Especulativa fueron retomadas en Francia y allí, durante el S.XVII, los maestros de Port Royal, en 1660, publican Grammaire Géneralé et Raisonnée con la intención de dejar sentado que la estructura del lenguaje humano es producto neto de la razón. Esto no significó ninguna novedad particular, pues operaba en los límites de la tradición clásica. El gramático debía descubrir el ‘buen uso’ del lenguaje y las reglas gramaticales eran tomadas como derivadas de las tendencias naturales de la mente. Sin embargo su influencia se hizo sentir fuera de los límites de Francia.

Un desarrollo casi paralelo tuvo la revaloración de las lenguas vernáculas que, sin descuidar el resurgimiento del griego y el latín, hicieron los gramáticos de la época. En varios países europeos surgieron estudios comparativos básicamente históricos de distintas lenguas, y, a finales del S.XVIII con el conocimiento del sánscrito, se opera una explosión de una enorme variedad de estudios con una base esencialmente práctica, que al descubrir las semejanzas entre esta lengua clásica india con el griego y el latín, permiten la aplicación de la mejor desarrollada estructura de investigación con que contaba la gramática sánscrita. Se llevan a cabo estudios fonéticos, fonológicos, morfológicos, sintácticos, léxicos y semánticos.

Todo lo anterior preparó a los lingüistas para que en el S.XIX pudieran establecer los principios y métodos para construir las ‘familias’ de lenguas y poder así desarrollar una teoría general sobre la evolución de las mismas y el ‘parentesco’ lingüístico. Durante este siglo el mundo occidental asiste al nacimiento del estudio científico del lenguaje. Científico aquí se debe tomar como la intención expresa de excluir el razonamiento a priori como argumento, a más de una más precisa observación y recopilación de los hechos. El punto de quiebre se produce al cambiar la teoría ‘providencial’ de la Historia (tradición cristiana) por teorías evolutivas del desarrollo humano. La aparición de "El origen de las especies" de Darwin da un respaldo al propósito de la Lingüística Comparativa recientemente surgida, de aclarar el hecho evidente de que las lenguas cambian y de que las distintas lenguas están relacionas entre sí, en distintos grados. Esto último, hace prácticamente abandonar el supuesto escolástico de que todas las lenguas presentaban la misma estructura gramatical.

Mientras el gramático tradicional, tomaba la analogía como principio de ‘regularidad’ de la lengua, el lingüista comparatista de la última parte del S.XIX, la tomaba como el principal impedimento para la evolución regular de las lenguas. Esta aparente contradicción se diluye si tenemos en cuenta que la lengua está estructurada en un determinado número de niveles. Esto nos introduce a la Lingüística Estructural del S.XX.

Es patrimonio del S.XX el haber establecido que la observación de una lengua no debe estar enmarcada en un análisis ‘secuencial’ en donde sus entidades se van sumando una a una, sino que, debe tener como marco de referencia el todo estructurado en donde, los distintos niveles (léxico, gramatical y fonológico), establecen relaciones heterárquicas (las relaciones que tienen con elementos del mismo nivel).

Otro aspecto importante que surge aquí es la distinción conceptual que se introdujo al plantear el estudio diacrónico y sincrónico del lenguaje (Saussure). El primero contempla su desarrollo histórico (a través del tiempo) y el segundo, el ‘estado’ concreto en algún punto del tiempo. La Lingüística Comparativa del S.XIX prestó atención sólo al aspecto diacrónico. La teoría lingüística del S.XX establece que los aspectos históricos carecen de valor para la investigación de los ‘estados’ concretos de una lengua.

El rasgo más característico de la Lingüística actual es, como también en otras ciencias, el estructuralismo. En otras palabras, cada lengua es considerada como un sistema de relaciones (o sistemas interrelacionados) cuyos elementos, analizados aisladamente, carecen absolutamente de sentido, al perder las equivalencias y contrastes que mantienen entre sí.

Este enfoque le dio a la Lingüística un marcado y preciso rigor que permitió lograr muy buenas aproximaciones en la descripción de numerosas lenguas, pero surge la necesidad de no solo describir sino también de explicar y de entender lo que pasa entre un hablante y un oyente.

Es claro que, bajo estos aspectos y otros que contemplan además el contexto en donde se desarrolla y usa una lengua, se da paso a un punto de vista no sólo estructural sino también psíquico, biológico y social. Resurge la Gramática Universal como un patrimonio biológico que condiciona la adquisición del lenguaje (Chomsky). Es la lengua vista como una manera de acceder a la intimidad de los procesos mentales y se ve al proceso que supuestamente el hombre lleva a cabo para producir el lenguaje, como el paradigma del conocimiento humano. En fin, se ve al lenguaje como el aglutinante de la vida de relación que da paso al elemento que en apariencia, integra lo psico-bio-socio-cultural.


Bibliografía

FERNÁNDEZ PEREZ, M. (2000). Introducción a la lingüística. Barcelona, Ariel
LYONS, J. (1968) Introducción en la Lingüística Teórica. (Trad. cast. Teide, Barcelona. 1973).
ROBINS, R. H. (1988) Historia de la lingüística. En Newmeyer, F. J. Panorama de la lingüística moderna I: Teoría lingüística. Fundamentos. (Trad. cast. Madrid, Visor, 1990).

23 de agosto de 2006

[continuará ...]

¡Nos vemos mañana!