diciembre 23, 2013

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 72)

Cuaderno III (páginas 429 a 434)

(Continuamos con "La naturaleza de la naturaleza" de Edgar Morin)

La relación orden/desorden es a la vez:
- Una: indistinta en su fuente genésica y de su caos formador.
- Complementaria: todo necesita el desorden para organizarse; todo lo que es organizador, trabaja en y por sus transformaciones, también para el desorden (incremento de entropía).
- Concurrente: el desorden, por una parte; el orden (organización) por otra, son dos procesos concurrentes, es decir, corren al mismo tiempo, el de la dispersión generalizada y el del desarrollo de la organización.
- Antagonista: el desorden destruye el orden organizacional (desorganización, desintegración, dispersión, muerte en los seres vivos, y equilibrio térmico); y la organización rechaza, disipa, anula los desórdenes.

A partir de aquí se puede esbozar una teoría; no partiendo desde cero ni del punto 'inicial', sino genésico del caos, o sea, del bucle tetralógico, produciendo correlativamente, nociones de orden, desorden y organización.

La organización es un fenómeno de relativa clausura (Varela, 1975); representando una protección contra lo aleatorio del entorno. Construye sus propios constreñimientos, su propia estabilidad, que puede ser muy fuerte o muy flexible, permitiendo múltiples asociaciones o intercambios (p.e. metabolismo). La organización y el orden, que le es aferente, constituyen un principio de selección que disminuye las ocurrencias posibles de desorden, aumenta en el espacio y en el tiempo sus posibilidades de supervivencia y/o desarrollo, y permite edificar sobre un fondo de improbabilidad difusa y abstracta, una probabilidad concentrada local, temporal y concreta.

La psiquis nace por un evento y se genera como cascada de eventos. No es el nacimiento el evento; es el evento el que es nacimiento, ya que es accidente, ruptura, catástrofe.

Tiempo complejo: no hay una psiquis congelada. Todo ha nacido, todo ha aparecido, todo ha surgido alguna vez. La materia tiene una historia. El tiempo es único y múltiple. Es a la vez, continuo y discontinuo. Vale decir, evenencial, agitado por rupturas, sobresaltos {interrupciones}. El tiempo de las reiteraciones, repeticiones, bucles, ciclos, son tiempos repetitivos, nutridos y contaminados por el tiempo irreversible; igual que están perturbados por el tiempo evenencial, su movimiento es siempre 'espiraloide', y está sometido siempre al riesgo de ruptura.

Todo ser viviente lleva en sí el tiempo del evento/accidente/catástrofe (nacimiento/muerte), el tiempo de la desintegración (senectud → muerte → descomposición); el tiempo del desarrollo organizacional (ontogénesis del individuo); el tiempo de la reiteración (repetición cotidiana, estacional, ciclos) de los ritmos y actividades; y el tiempo de la estabilización ( homeostasis).

Del objeto al sistema: en un universo físico como el que conocemos por nuestras percepciones, y de nuestras representaciones, bajo las especies de materia fluida y sólida, de formas fijas o cambiantes sobre nuestro planeta, donde las apariencias son infinitamente diversas y entremezcladas, aprehendemos objetos que nos parecen autónomos en su entorno, exteriores a nuestro entendimiento, dotados de una realidad propia.

La ciencia clásica se fundó sobre la objetividad, es decir, en un universo constituido por objetos aislados (en un espacio neutro), sometidos a leyes objetivamente universales. Así, el objeto es una entidad cerrada y distinta, que se define aisladamente en su existencia, en sus caracteres y sus propiedades, independientemente de su entorno. Se determina tanto mejor su 'realidad objetiva' cuando se lo aísla experimentalmente. Así entendida, la objetividad del universo de los objetos se sustenta en su doble independencia, con respecto del observador humano y del medio natural.

"El conocimiento del objeto es el de su situación en el espacio (posición, velocidad), de sus cualidades físicas (masa, energía), de sus propiedades químicas, y de las leyes generales que actúan sobre él. Lo que caracteriza al objeto puede y debe ser llevado a magnitudes medibles; su misma naturaleza material puede y debe ser analizada y descompuesta en sustancias simples o elementos. En este sentido, los objetos fenoménicos son concebidos como compuestos o mezclas de elementos primarios que detentan sus propiedades fundamentales. Desde aquí se impone una explicación llamada 'científica', por sus promotores, y 'reduccionista' por sus impugnadores. Pudiendo ser definido todo objeto a partir de leyes generales, a las que está sometido, de las unidades elementales por las que está constituido, todas las referencias al observador o al entorno, quedan excluidas, y la referencia a la organización del objeto no puede ser más que accesoria" (pág. 117)

Las partículas tienen las propiedades del sistema, aunque el sistema no tenga las propiedades de las partículas. Todo lo que era objeto se convierte en sistema. Toda 'unidad' se convierte en sistema.

La naturaleza no es más que una extraordinaria solidaridad entre sistemas, entrelazados, edificándose los unos sobre los otros, por los otros, con los otros, contra los otros. No existen, realmente, más que sistemas de sistemas; no siendo, el simple sistema, más que una abstracción didáctica.

Se han tratado los sistemas como objetos; en adelante, se trata de concebir los objetos como sistemas.

- Primera definición - Sistema: una interrelación de elementos que constituyen una entidad o unidad global.
- Segunda definición - Sistema: unidad global organizada de interrelaciones entre elementos, acciones o individuos. [esta definición es la que será adoptada por la teoría final]

En la naturaleza no hay un principio sui generis de organización, que provoque Deus ex machina, la reunión de los elementos que deben constituir un sistema. No hay un principio sintético anterior y exterior a las interacciones entre elementos. Sí hay un principio organizador que nace de los encuentros aleatorios, de la copulación entre el desorden y el orden; en y por la catástrofe (nacimiento), es decir, el cambio.

Organización: es una disposición de relaciones entre componentes o individuos, que produce una unidad compleja o sistema, dotado de cualidades desconocidas en el nivel individual; luego, transforma, produce, reúne, mantiene.

Toda interrelación dotada de cierta estabilidad o regularidad, toma carácter organizacional y produce un sistema. La relativa autonomía de la idea de organización se verifica en el caso de los isómeros, cuyas propiedades son distintas solo porque hay diferente organización de sus átomos, que son los mismos. {en nuestro caso, p.e., SVO - OVS, o VOS - SOV, o OSV - VSO}

La primaria y fundamental complejidad de un sistema es asociar en sí, la idea de unidad, por una parte, y la de diversidad, por otra. Hay que comprender los caracteres de la unidad compleja. Un sistema es una unidad global, no elemental, puesto que está constituida por partes diversas interrelacionadas. Es una 'unidad original', no originaria; dispone de cualidades propias e irreductibles, pero debe ser producido, construido, organizado. Es una unidad individual, no indivisible; se puede descomponer en elementos separados, pero entonces su existencia se descompone. Es una unidad hegemónica, no homogénea, que está constituida por elementos diversos, dotados de caracteres propios que tiene en su poder.

Todo sistema es uno y múltiple. Uno de los rasgos fundamentales de la organización es la aptitud para transformar la diversidad en unidad. La diversidad es requerida, conservada, mantenida, sostenida e incluso, creada y desarrollada, en y por la unidad sistémica que ella misma crea y desarrolla.

Hay una relación compleja (complementaria, concurrente y antagonista) entre diversidad y unidad, es decir, entre el orden repetitivo y el despliegue de la variedad que resuelve, como dice Atlan (1974), la fiabilidad de la organización, o sea, su aptitud para sobrevivir. Las partes de un sistema tienen una doble identidad, la propia, y participan de la identidad del todo.

Todo sistema presenta dos 'caras', una 'diurna' emergida, asociativa, organizacional, funcional [su apariencia]; y una 'cara de sombra', inmersa, virtual, y que es la negación de la anterior. Hay un antagonismo latente entre lo que está actualizado [lo aparente] y lo que está virtualizado [lo oculto]. La unidad compleja del sistema, a la vez, crea y reprime al antagonismo. Todo sistema cuya organización sea activa es de hecho, un sistema en el que los antagonismos son activos. Las regulaciones suponen un mínimo de antagonismos en 'guardia'.

La retroacción que mantiene la constancia de un sistema o regula una realización es llamada 'negativa'; desencadenada por la variación de un elemento, a la cual tiende a anular. La organización tolera un margen de fluctuaciones, que si no fueran inhibidas y pasaran más allá de cierto umbral {límite de tolerancia}, se desarrollarían en forma desintegrante como retroacción positiva.

La idea de sistema no es solo armonía, funcionalidad, síntesis superior; lleva en sí necesariamente, disonancia, oposición, antagonismo. La idea de antagonismo lleva en sí, la potencialidad desorganizadora. Estos sistemas están sujetos a crisis, las cuales se traducen en un decaimiento de la regulación; es decir, en el control de los antagonismos. Las crisis se manifiestan por transformaciones de diferencias en oposición, de complementariedades en antagonismo, y el desorden se expande en el sistema. Cuando más complejo es el sistema, más posibilidades tiene de caer en crisis; pero a la vez, más capaz es el sistema de superarlas, e inclusive, de sacar provecho de ellas para su desarrollo. {adaptación}

[continuará...]

[En este capítulo se han tocado temas críticos para la teoría final; uno de ellos y lejos, el más importante es el concepto de sistema, del cual se adopta directamente, la segunda definición que da Morin, como definitiva. Además, aunque de una manera un poco desordenada, sienta las bases de lo que será, a posteriori, la dinámica de cualquier unidad compleja (siguiendo la definición de complejidad que también propusiera Morin) que sea parte de la Lógica Transcursiva. En pocas palabras, Morin aporta a la teoría final, nada más ni nada menos, que los fundamentos de un lenguaje universal que, como se tendrá oportunidad de ver, es el que unifica la realidad subjetiva.]

¡Seguimos mañana!