septiembre 10, 2014

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 333)

Cuaderno XIV (páginas 2003 a 2008)

(Hoy comenzamos con el último grupo de teorías lingüísticas que consideraremos respecto a cómo tratan el tema de la categorización)

ENFOQUE NEUROLINGÜÍSTICO-PSICONEUROLINGÜÍSTICO-NEUROCOGNITIVO

INTRODUCCIÓN

Este enfoque, más que tratar de mostrar cómo se manejan las categorías desde las neurociencias, tiene como objetivo remarcar el inquietante uso y abuso del prefijo ‘neuro’, pero no en el ámbito de la neurología, sino en el de las neurociencias que surgieron con las ciencias cognitivas, ámbitos que de ninguna forma son ‘sinónimos’ y en donde el segundo ha cobrado un desarrollo desmedido en desmedro del primero. Lo serio de esta situación, que ya puntualizáramos en parte, en el prólogo de este libro, es que se la esgrime como un cambio de paradigma en la ciencia, que con una vocación universalista, interdisciplinar y multidisciplinar, se proyecta en una suerte de ‘neuro-cultura’, de la que se esperan y comunican todos los días, grandes beneficios para la humanidad, como productos de esta alocada e irresponsable aventura pluridisciplinar.

El núcleo fundamental de esta irrupción mediática, según yo lo veo, tiene como sustrato, por un lado, la pretensión de dilucidar los viejos enigmas de la humanidad desde la nueva parafernalia tecnológica que promete desentrañar el ‘órgano oculto’ y por otro, darle un supuesto apoyo científico al único medio de abordaje que siempre han tenido estos temas: las ciencias humanísticas y sociales, aunque en realidad lo único que ha ocurrido es que los medios se han transformado en fines, luego este ‘espectacular’ avance exploratorio y el soslayo de las barreras humanas y sociales que prometen y aseguran una explicación automática del funcionamiento cerebral, han resultado solo en un uso y abuso de lo aportado por la neurología en todas sus ramas. Este reduccionismo abusivo y trivial al que está siendo sometida la subjetividad atenta con la posibilidad cada vez más lejana de que alguna vez podamos desentrañar lo que el hombre es.

Por supuesto que no veo mal el ímpetu inquisitivo, de él se nutre la verdadera ciencia, pero creo que sería muy positivo el poner algo de moderación en las intervenciones de las ciencias cognitivas que hasta ahora, y en este sentido, lo único que han aportado son falsas expectativas con las que solo se logra confundir, ocultando así las tremendas dificultades que comporta el estudio de la psiquis y de la vida humana que de ello depende.

EL LENGUAJE EN EL CEREBRO DE SCHNELLE

He seleccionado este autor para analizar los aportes de la neurociencia funcional del lenguaje, porque representa quizás el mejor ejemplo de cómo enfocan, las ciencias cognitivas, este aspecto fundamental a la hora de tratar de desentrañar el papel que juega el cerebro, mediante su biología y su fisiología, en el manejo del lenguaje, ya sea tanto en su producción como en su comprensión.
Schnelle no es médico, ni neurobiólogo, sino físico y filósofo y ha realizado trabajos en lingüística computacional, en la arquitectura del cerebro basado en las redes neuronales computacionales y en inteligencia artificial. Desde esta plataforma interdisciplinaria comienza una serie de detallados estudios en neurociencia cognitiva que están reflejados en su obra.

Tres son las perspectivas desde las cuales el autor aborda el lenguaje: a) desde el punto de vista formalista, en términos de un sistema mental formalizado, b) desde las imágenes verbales y las reflexiones conscientes, en términos de actos de habla organizados y c) desde lo biológico, a través de la compleja arquitectura y actividad cerebral. Con este método pretende lograr una unificación funcional desde los aportes de la lingüística (con el lenguaje), de la psicología (desde la mente) y la biología (desde el cerebro).

Respecto a lo biológico (el cerebro) hace una rápida referencia a los elementos de las redes neuronales corticales, pasando por los aportes de Ramón y Cajal, Wernicke y Sherrington, como también algunos más recientes como Hebb y Kandel. Finaliza con los aportes de Mountcastle, Szentagothai y Arbib que completan el panorama de elementos corticales columnares conectados por una abundante red y sometidos a excitaciones e inhibiciones que modulan su funcionamiento. Es importante aclarar que tanto Hebb como Arbid, no son médicos ni neurobiólogos. El primero era psicólogo y se lo considera el padre de la bio-psicología por sus aportes exclusivamente teóricos y el segundo es un ingeniero en informática que, a través de sus investigaciones en redes neuronales artificiales, influyó mucho en las ciencias cognitivas, para que se consideraran los sistemas cerebrales con el mismo rango que los de una computadora.

En realidad, el autor, presta mayor atención a las llamadas redes cognitivas, los supuestos correlatos de ‘piezas de conocimiento’ que son las que se encargarían del manejo de las categorías mentales y a las cuales, siguiendo la denominación de Fuster, las llama cognit.

El Dr. Joaquín Fuster es un médico español especialista en psiquiatría y ciencias del comportamiento, que trabaja en el Instituto de Neurociencias de la Universidad de California, en Los Ángeles, quien ha hecho muchos e importantes intentos para comprender los mecanismos corticales que manejan la función cognitiva. La denominación cognit deriva de la tradición conexionista, de hecho lo utiliza como sinónimo de ‘red cognitiva’ y es definido por su creador como: “un ítem de conocimiento sobre el mundo, sobre mí mismo o sobre la relación entre ambos” (Fuster, 2003, p. 14). Su estructura reticular está hecha de representaciones elementales de lo percibido o de lo actuado, asociado con alguna otra cosa mediante el aprendizaje o la experiencia. Estas pequeñas unidades de representación constituyen los nodos de una red, los cuales, a su vez, tienen una estructura reticular más simple (hay un cognit dentro de otro cognit). En términos neurales, cada cognit está constituido por neuronas y las conexiones entre ellas.

Estos cognits según Fuster, son el sustrato de todas las operaciones cognitivas. Algunos cognits elementales son innatos, los usados para la percepción de los colores, para el manejo del conocimiento gramatical esencial, etc. Estas pequeñas estructuras son dinámicas, sujetas a cambios aportados por la experiencia. Durante el desarrollo cognitivo – continúa Fuster – el organismo forma cognits cada vez más complejos y estos, ya sea por discriminación sensitiva o por ‘razonamiento’ (ambos: inductivo y deductivo), se fraccionan en ‘categorías cognitivas’ de menor magnitud pero de mayor discriminación. El aprendizaje tendría lugar con la formación de nuevos cognits a partir de los viejos.

En resumen, todas las funciones cognitivas consisten en transacciones de información con y entre cognits que están distribuidos a lo largo y a lo ancho de toda la corteza, con lo que se rechaza la consideración de la existencia de diferentes zonas corticales dedicadas a distintas funciones.

El haber hecho este paréntesis en el análisis de la obra de Schnelle responde a querer mostrar su adherencia sin reservas a lo propuesto por Fuster, con lo cual carece de sentido el seguir con él.

Queda claro que usa y abusa del prefijo ‘neuro’, con lo cual le resta la seriedad que supuestamente debería darle su sustrato médico y neurológico de la mano de Fuster considerado como uno de los investigadores que más saben sobre el funcionamiento cerebral en la actualidad.

Aceptar la existencia de ‘categorías cognitivas’ no dice nada de cómo se produce o comprende el lenguaje, ni tampoco de los procesos psíquicos que subyacen.

EMOCIÓN, RAZÓN Y CEREBRO HUMANO SEGÚN DAMÁSIO

El interés de Damásio está enfocado en descubrir las bases neurológicas de la mente, sobre todo en lo que tiene que ver con la memoria, el lenguaje, las emociones y la toma de decisiones; campo que recientemente se ha extendido al neuro-psicoanálisis.

Analizaremos muy brevemente su obra más popular: "El error de Descartes", ya que allí muestra claramente cuál es su punto de vista respecto de la empresa neuropsicológica, como él la llama. Su finalidad es explicar de qué forma, determinadas operaciones cognitivas, se relacionan con los sistemas neurales y sus componentes, aunque este emprendimiento no trata o no debería tratar de encontrar la localización cerebral de un síntoma o síndrome. (Damásio, 2004, p. 74).

El libro consta de dos partes bien especificadas y un capítulo puente. Esto que parece a priori una observación banal, resultará ser gravitante cuando veamos sucintamente de qué tratan esas dos partes y por qué el ‘puente’. En la primera parte pasa revista a una serie de casos reales (algunos históricos y otros propios) de pacientes que sufrieron daños en el lóbulo frontal, localización cerebral a la que le asigna funciones de control del razonamiento/toma de decisiones y de la emoción/sentimiento. Hasta aquí la evidencia empírica a la que dedica un tercio del libro.

El capítulo puente: "Ensamblar una explicación" es una excusa de 30 hojas en donde aclara que los capítulos que vienen a continuación (los dos tercios restantes del libro) no son un tratamiento de manual de los temas expuestos y que allí no justificará todas las opiniones que exprese. Le recuerda al lector que esto es una ‘conversación’, es decir, que el texto es una exploración abierta más que un catálogo de hechos comprobados. Es una consideración de hipótesis y pruebas empíricas y no afirmaciones de certeza. (op. cit., pp. 107-108).

En la segunda parte, a sus dichos los justifica expresando al final: “El lector puede haberse sorprendido por mi insistencia de que tantos ‘hechos’ son inseguros y de que tantas de las cosas que pueden decirse del cerebro se definen mejor como hipótesis de trabajo” (op. cit., p. 294), aunque lo que realmente sorprende es que al no utilizar el modo verbal potencial, no cumple con dejar lugar para la duda o la probabilidad; sus afirmaciones son categóricas.

De esta extensa exposición solo tomaremos un concepto: el marcador somático, el cual sería algo así como la formación de ‘teorías’ adecuadas de la propia mente y de la mente de los demás, para poder observar un comportamiento personal y social adecuado. Sobre la base de dichas teorías podemos predecir qué teorías están formando los demás de nuestra propia mente. El detalle de dichas predicciones es esencial a la hora de enfrentarnos a una decisión crítica en una situación social. Los marcadores somáticos, entonces, ayudan cribando los infinitos supuestos involucrados, al proporcionar una detección automática de los componentes del supuesto que tienen más probabilidades de ser relevantes, con lo cual se hace aparente la asociación entre los procesos denominados cognitivos y los procesos ‘emocionales’ (op. cit., p. 206). Este desarrollo teórico (aunque con viso pragmático) se parece bastante al propuesto por Sperber & Wilson en su teoría de la relevancia, aunque no son tomados estos autores como referencia.

El autor le asigna una red neural a los marcadores somáticos y estas están, según él, en la corteza pre-frontal que ha alcanzado gracias a este trabajo, la jerarquía de ‘depósito’ de representaciones disposicionales178 para las contingencias adecuadamente categorizadas y únicas en nuestra experiencia vital. Las contingencias categorizadas son la base para la producción de los ricos supuestos de resultados futuros que se precisan a la hora de hacer predicciones y de planificar. (op. cit., p. 215).

Se puede ver que aquí la categorización adolece, no de la dilución prototípica, sino de la miopía pre-conceptual. Por tanto, tampoco podremos encontrar en este aporte, explicación alguna de los procesos psíquicos que soportan, no solo el lenguaje, sino ninguno de los procesos mencionados anteriormente, como objetos de estudio de la neuropsicología.

Un último comentario: ¿por qué el error de Descartes?

No vamos a considerar los aspectos filosóficos que deberían ser tenidos en cuenta para contestar esta pregunta, porque no es este el ámbito para hacerlo, sino que nos limitaremos a señalar que, el prurito que le produce al autor el hecho de que existan colegas que aborden la realidad de la mente sin apelar a la neurobiología, la neuroanatomía, la neurofisiología o la neuroquímica, no justifica el abordaje que él hace de la mente de la mano de todo ese abanico neurológico, pero desde el abuso del prefijo ‘neuro’ de la neurociencia cognitiva; aunque sí, seguramente daría lugar, si Descartes viviera, a la publicación de un libro suyo que llevaría por título: ‘El error de Damásio: o la mente sin cuerpo’.

[continuará ... ]

¡Nos encontramos mañana!