septiembre 11, 2014

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 334)

Cuaderno XIV (páginas 2009 a 2014)

(En este capítulo veremos el enfoque Neurocognitivo y su consideración de las categorías)

LINGÜÍSTICA NEUROCOGNITIVA DE LAMB

La teoría de las redes relacionales de Sydney Lamb heredera de su  lingüística estratificacional de la década de 1960, será abordada aquí solo en lo atinente a la conceptualización o categorización. Baste decir como para situarnos en el enfoque general, que esta teoría se considera un método de
exploración para acceder a la mente mediante el lenguaje. Con este antiguo prejuicio como sustento, se desarrolla un modelo lingüístico de orientación cognitiva, absolutamente abstracto y que prescinde del sustrato neurológico. Esto se justifica diciendo que el modelo pergeñado se construye solo como un mecanismo ‘cognitivamente plausible’ para producir y comprender el lenguaje (Lamb, 2011, p. 189) y que además representa un cúmulo de predicciones respecto de lo que ‘debería arrojar la evidencia neurológica’. Por lo tanto, ‘cualquier correspondencia’ que se halle (y por supuesto que se halló, aunque no se probó como luego veremos) respaldará el modelo.

Partiendo de su propuesta estratificacional, Lamb separa la estructura lingüística en distintos sistemas o niveles. Como el sistema lingüístico, en su totalidad es definido como una red relacional, cada uno de los sistemas planteados constituirá una 'subred' interconectada a las demás. Uno de esos sistemas es el significado, considerado como un sistema superior, que por convención se sitúa en ‘la cima’, es decir, el la parte alta de la red y al que por momentos llama ‘sistema conceptual’.

El sistema lingüístico es de naturaleza jerárquica, según lo testifican supuestas evidencias lingüísticas, psicológicas y neurológicas y esta estructura estaría dispuesta aparentemente, como un árbol invertido, de tal modo que a medida que ascendemos hacia el ‘tronco’ del árbol, nos aproximamos al sistema semántico/funcional. En este proceso de ‘abajo hacia arriba’ se parte del sistema fonológico y antes de tocar la cima, se transita por el sistema léxico/gramatical.

Un concepto, de acuerdo con esta visión del problema, podría definirse como una congregación de perceptos de distintas modalidades (op. cit., p. 194). De acuerdo con esto entonces, es lícito colocar la estructura conceptual en la cima de los varios subsistemas perceptivos. Luego, si el significado de un lexema es un concepto, el concepto está por encima del lexema, o sea, en la cima del lenguaje, lugar de integración con todos los subsistemas perceptivos.

Dice Lamb que no se asciende infinitamente por este árbol invertido sino que se llega al límite establecido por lo que él llama pintorescamente: el 'gran arco cognitivo' que se curva hacia abajo a través de la estructura perceptiva, correspondiéndole la parte más alta, por ser ‘más abstractos’, a los subsistemas conceptuales.

Por considerar que el término concepto es ‘pretécnico’ y que esto trae no pocos problemas terminológicos, prefiere utilizar el neologismo técnico 'ideonexión', ya que según el autor, lo que ‘burdamente’ llamamos conceptos en realidad son nexiones [En esta teoría se le da el nombre de nexión a estructuras modulares recurrentes que ‘contienen’ todo lo referente a un concepto (nodos y relaciones) y que se conectan, a su vez, entre sí, constituyendo una red jerárquica mayor] del sistema conceptual. Se reserva el neologismo técnico semológico para identificar todos los sistemas cuyas conexiones con los lexemas representan los significados de estos últimos.

SIGNIFICADO (op. cit., p. 219): Dice Lamb que aceptar la teoría semántica ingenua en donde las palabras representan cosas del mundo es ignorar la mente. Para solucionar este problema comienza cambiando el término palabra por lexema y aceptando que este lexema no representa cosas directamente, sino conceptos y otras entidades mentales, alejándolo de esta manera de la realidad extra-mental.

'Solucionado el problema anterior' se ocupa en considerar otro de los grandes dilemas que afligen a la semántica: ¿Hay alguna diferencia entre el sistema conceptual y el sistema léxico?

Basado en un análisis detallado de lo que involucran la polisemia y la sinonimia, llega a la conclusión de que la relación entre lexema y concepto no es uno a uno, por lo que tampoco lo es la relación entre nexiones léxicas y nexiones conceptuales y es más, eso mismo ocurre entre las formas fonológicas y los lexemas, o sea, la palabra léxica también es distinta de la palabra fonológica.

No obstante la diferenciación anterior, dice tener evidencia que así como los lexemas aparecen combinados en patrones, los conceptos también lo están, aunque con una modalidad distinta. Así como los lexemas usan como categorías: el sustantivo, el verbo, el adjetivo, etc., los sememas [suponemos que como unidades de significado] por su parte, usan categorías mucho más elaboradas, con el fin de considerar distintas clases de cosas, de procesos, de lugares y de relaciones (op. cit., p. 224). A estas últimas categorías (categorías semológicas, como las llama el autor) le asigna la representación de nuestro pensamiento consciente y de nuestra imaginación, mientras que a las ‘categorías de la sintaxis’, las de los lexemas, son las que tenemos que usar obligadamente si lo que queremos es expresar nuestros pensamientos a través del lenguaje.

Hemos visto que existen nexiones léxicas y nexiones conceptuales, lo cual implica que, aunque sean de distinta modalidad y usen distintas categorías, la estructura conceptual es lo suficientemente parecida a la estructura lingüística como para expresar ambas mediante una misma estructura relacional. He aquí el primer y peligroso acercamiento a las teorías anteriores, en donde el lenguaje expresa el pensamiento o la gramática es conceptualización.

Estructura semántica vs. Estructura semológica: Con el objeto de aclarar la complejidad inherente al dominio semántico, Lamb asigna una serie de términos a sendas estructuras que supuestamente componen este intrincado mundo de la semología. De esta manera, llama estructura semológica a todo el ‘nebuloso’ dominio que se extiende desde el léxico hasta el mundo extra-mental. Dentro de las grandes estructuras semológicas tendríamos al sistema semémico, compuesto por los varios subsistemas de significado que se disponen por encima del léxico y los sistemas perceptivo y motor.

Entonces se puede usar el término estructura semántica para designar las relaciones (en gran parte inter-sistemáticas) que van desde el léxico, a través del sistema semémico, hasta los sistemas perceptivo y motor. Finalmente, a estas relaciones las podemos dividir en dos: a) la semántica interna para las que van entre el léxico y la estructura semémica y b) la semántica externa para las relaciones que van entre la estructura semémica y las estructuras perceptiva y motora, y a través de ellas, a las interfaces con el mundo extra-mental.

Para completar el esquema se puede decir que la semántica interna comprende las relaciones entre nexiones léxicas e ideonexiones y que la semántica externa incluye relaciones hacia/desde las ideonexiones desde/hacia las interfaces con el mundo exterior a través de las nexiones perceptivas y motoras.

Una caracterización global de todo lo dicho nos la daría el considerar, por un lado, un sistema de información humano que incluiría al sistema cognitivo junto a todas sus interfaces, y por otro, al sistema cognitivo humano que abarca la extensa red que conecta todas estas interfaces. El sistema lingüístico, finalmente ocuparía aquí un lugar central y tendría a cargo ‘vitales funciones cognitivas’ tales como: obtener información de los otros para completar aquella que hemos logrado por nuestra propia experiencia (‘a través de lo que oímos’ (sic)); contarles a los otros nuestros pensamientos y organizar, sino manipular, nuestros pensamientos internamente, sin necesidad de hablar, de hecho – concluye – “la mayoría de la gente probablemente usa su sistema lingüístico mucho más para las actividades cognitivas internas [el destacado es propio] que para la comunicación con otras personas” (op. cit., p. 227).

A partir de aquí, Lamb aborda las relaciones semémicas a través de distintos tipos de información con el objeto de demostrar que en estas variadas situaciones también se cumple el principio de organización relacional en red que ha descrito para el sistema lingüístico. De esta forma, se analizan procedimientos, grupos sociales, categorías de objetos y roles sociales, mediante elaborados ejemplos, sobre los que se pueden hacer algunas consideraciones generales. Por ejemplo, todos están estructurados según los distintos aportes perceptivos que se conectan con el concepto central, así para el concepto ‘gato’ tendremos conexiones visuales para su figura, conexiones auditivas para sus maullidos, conexiones táctiles para la sensación que nos produce su pelo y conexiones con otros conceptos que guardan más información sobre los gatos.

En resumidas cuentas, cuando se piensa en un gato se activan todas estas nexiones distribuidas en diversos sistemas perceptivos, además del lexema /gato/ y su realización fonológica. Los nodos superiores (los del sistema conceptual) proveen la activación coordinada a los nodos que integran todas las representaciones distribuidas en los planos inferiores. La integración total y en definitiva, la categorización, es llevada a cabo por un proceso de prototipicidad que comanda un nodo umbral, es decir, un nodo que nos dice ‘cuantas propiedades se deben cumplir’ para que la categoría que estamos buscando se satisfaga.

El ajuste final entre lo conceptual y lo lingüístico se da mediante la consideración de las relaciones entre eventos y procesos (op. cit., p. 243).

Los eventos son definidos como instancias de procesos que se realizan como cláusulas (expresión léxica de las marcas de tiempo, del aspecto y de los participantes), en tanto que los procesos de índole más general, se realizan mediante lexemas verbales. Esto significa que los procesos son categorías generales de eventos y los eventos, procesos individualizados por medio de sus respectivas marcas.

Podemos ver que la estructura responde al esquema general: categoría/instancia [Esta estructura lógica es idéntica a la utilizada en informática para el análisis o la programación de sistemas orientados a objetos, en donde cada objeto de la realidad que se quiere definir, se lo hace mediante una serie de atributos que constituyen la clase (núcleo característico del objeto, algo equivalente a un proceso) y una serie de mecanismos que permiten instanciar dicho objetos (obtener copias de él, algo similar a los eventos)]. Por ejemplo, en el caso de los objetos, la categoría queda denominada por un sustantivo y las instancias por frases sustantivas; de la misma manera sucede con los procesos que son denominados por verbos y los eventos por medio de cláusulas.

La teoría de Lamb en lo referente a la categorización deja enormes vacíos propicios para la especulación sin fundamentos, de hecho esta es la tendencia generalizada a lo largo de todo su desarrollo. Dice rechazar lo representacional simbólico y adhiere sin concesiones a lo prototípico y a lo ‘orientado a objeto’; dice prescindir de la analogía y el nodo central de una categoría conceptual se dispara en cuanto es impactado por un percepto acorde a un ‘recuerdo prefigurado’ que tenemos de tal percepto; dice tener en cuenta la mente (y por tanto el sujeto) y se basa estrictamente en la lógica binaria para estructurar funcionalmente sus redes.

En pocas palabras, un enfoque semejante no es apto para dar cuenta de la realidad subjetiva, ni de su funcionamiento. La mente es invocada como actor principal solo por compromiso [Tal como lo hicieron en sus comienzos las ciencias cognitivas para diferenciarse del conductismo imperante], pretendiendo así justificar sus dichos: “ el foco puesto en las personas, en especial en los cerebros de las personas” (op. cit., p. 32), confundiendo mente con cerebro y persona con sujeto.

Con todo lo anterior Lamb no logra desbaratar la ‘ilusión de transparencia’ que afecta, según él, a la lingüística analítica, esa que se hace llamar cognitiva porque se dedica al aspecto semántico o conceptual para construir modelos de funcionamiento del lenguaje en la mente. En cambio, la ingüística neurocognitiva incluye además, dentro de lo cognitivo, los aspectos fonológicos y morfológicos, con lo que supuestamente, no solo se logra que la mente no sea transparente, sino que permite construir mejores modelos para analizar su funcionamiento, aunque claro, modelos que al fin solo reflejan la evidencia lingüística (lenguaje = pensamiento, gramática = conceptos), tal como lo hace la lingüística analítica, o sea, que en lugar de estudiar la ventana de la mente, sigue mirando plácidamente a través de ella.

¡Nos vemos mañana!