septiembre 29, 2014

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 352)

Cuaderno XV (páginas 2117 a 2122)

(En este capítulo veremos un trabajo que escribí el 30/7/2012, pero que nunca publiqué, salvo en Internet. Se trata de un análisis de la psiquis del autista desde la Lógica Transcursiva)


Estructuración y funcionamiento de la psiquis del autista

Las manifestaciones más importantes que caracterizan al niño autista, no derivan de una patología sino de una disposición psíquica distinta.

La psiquis del autista presenta, según lo ve la lógica transcursiva (LT), marcadas modificaciones con respecto a lo que se propone como una psiquis estándar. Tales modificaciones tienen un origen genético y por lo tanto son congénitas, dado lo cual, hagamos lo que hagamos, nunca lograremos modificarla. Por esta última razón, todas las ‘terapias’ utilizadas para ‘corregir’ esta ‘patología’, tienen en el fondo algún grado de desatino.

El niño autista, literalmente, ‘vive en otro mundo’. Otra es la realidad subjetiva que lo sostiene, otras y muy distintas son sus prioridades vitales, y diferentes serán entonces, los aportes que requiera desde medio circundante.

Para el autista el mundo social no existe, y esto es muy importante que se tenga en cuenta, porque de esa manera se comprenderá mejor, por ejemplo, por qué tienen en general, tantos problemas con el lenguaje.

Todos los programas de ayuda [Prefiero llamarlos así en vez de ‘terapias’, pues de esta manera se está más en concordancia con su posible etiología.] que se establezcan como aptos para tratar con estos niños, deberían contemplar en su base, técnicas de reinserción social estructuradas sobre sus reales necesidades y no, como la mayoría de ellos, tratando de ‘aportar’ supuestas soluciones pragmáticas para el uso correcto del lenguaje y de una manera derivada, una ‘mejor’ estructuración de su pensamiento. Esto último responde a los prejuicios sobre los que se basan las ciencias cognitivas, que son el marco de referencia actual para la mayoría de las instituciones que se dedican a ayudar a los autistas.

Por tanto, no vamos a considerar el presunto rol que tienen las cogniciones en el procesamiento de información, ni tampoco vamos a adherir a uno de los axiomas mayores de las ciencias cognitivas, el que afirma: los procesos cognitivos (ideas, creencias, reglas) traducen los hechos externos e internos en representaciones o estructuras de significado (Chappa, 2003, p. 98).

En este trabajo vamos a mostrar un posible origen de la ‘asocialidad’ autista, por llamarle de alguna manera. Aunque siendo rigurosos, un autista no es ‘asocial’ en el sentido estricto del término, ya que ‘asocial’ es un individuo (o sujeto social) que no se identifica de modo consciente (intencionado) con el grupo social en el que está inmerso. El autista en cambio, nunca llega a ser un individuo, es decir, jamás llega a convertirse en un sujeto social; su individualidad es una pura subjetividad y como tal, tiene cercenada de raíz la posibilidad de identificación con su grupo.

Un autista tampoco padece de anomia [No confundir con el desorden neuropsicológico que afecta a algunos afásicos, caracterizado por la dificultad para recordar el nombre de las cosas.], vale decir, de un comportamiento social inadecuado por no observar las normas establecidas. Para el autista, las normas sociales carecen de sentido y el verdadero motivo de esto lo debemos buscar en las causas que conducen a su aparente ‘anestesia afectiva’, ya que el afecto es el único medio socializador del ser humano.

Como ya hemos visto en otros trabajos (Salatino, 2009, 2012), a nivel fundamental, la estructuración psíquica se basa en la administración del cambio. Es bien conocida la marcada resistencia al cambio que evidencian todos los niños con trastornos autistas. Dado que hemos propuesto que la psiquis del autista no es anormal sino distinta, es claro entonces, que el cambio NO ES lo que relaciona sujeto y objeto en su psiquis. Consecuencia directa de lo anterior es su manifiesta dificultad en el aprendizaje de las normas socio-culturales que están dispuestas según la mayoría dominante, es decir, no le es posible caracterizar los cambios que asedian su psiquis. Luego, la clave está en poder determinar qué es lo que liga los constituyentes básicos de su psiquis , es decir, sujeto y objeto. O mejor aún ¿Son sujeto y objeto los elementos que estructuran su psiquis? ¿oOsolo maneja objetos relacionados no por el cambio, sino por las ligaduras estáticas percibidas entre ellos en una primera instancia? Si esto fuera así, evidentemente sus PAF deberían tener otra disposición y ni que hablar de su memoria estructural.

Comencemos por el PAF psíquico. Es evidente que al no acusar recibo del cambio externo dada su aparente indiferencia perceptiva, la única manifestación que promueve la evolución de la estructura psíquica es el cambio interno. Para aclarar lo anterior, veamos la parte izquierda de la figura 1, allí se puede ver la diferenciación del cambio original que estructura habitualmente a la psiquis, y la relación existente entre un cambio somático que genera una urgencia vital (V1), un cambio externo que aporta para corregir el desequilibrio anterior (V2), y por último, un cambio representado por una acción específica como respuesta al cambio externo (V3). Todo lo anterior es a nivel superficial; a nivel profundo, existe parte del cambio original (V0), que cumple la función de ligar y funcionalizar a los demás cambios, es decir, que no se hace evidente salvo por sus inconfundibles manifestaciones que en la superficie, posibilitan la alternancia entre los otros cambios o el predominio de uno sobre otro. En la realidad subjetiva habitual, todo surge de la conjunción entre un deseo y una necesidad, aquí es como si el deseo no existiera, es decir, no se evidencia en la superficie el recuerdo de una vivencia de satisfacción (V1), esto es, no surge el impulso voluntario no heredado que mueve a vivir, solo se hace presente una necesidad o ese impulso involuntario y heredado útil para conservar la vida (V0).



Fig. 1 Estructuración psíquica del autista 
Referencias: V1 = Displacer/Placer - V2 = Cambio externo - V3 = Acción específica (respuesta que capitaliza el cambio externo) - V0 = Cambio inmutable (motor oculto) - V0S / V0V = Cambio interno evertido.

Dado lo anterior, el PAF psíquico queda estructurado de la siguiente forma (parte derecha de la figura 1): la desaparición aparente de V1 es cubierta por una de las instancias en que se desdobla el cambio profundo (V0) que ahora pasa a ser superficial y evidente: V0S. La otra instancia (V0V) ahora reemplaza a V3 que se ha hecho profundo y que es quien representa habitualmente la respuesta específica para vehiculizar el cambio externo, aquel que aparece como auxilio para cubrir la necesidad vital. El cambio externo en sí (V2) no se modifica.

[continuará ... ]

¡Nos vemos mañana!