septiembre 19, 2014

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 342)

Cuaderno XV (páginas 2057 a 2062)

(En este capítulo haremos algunas consideraciones respecto a la 'palabra psíquica')

El caracterizar la palabra desde el punto de vista psíquico, exige tener en cuenta al sujeto y no al individuo (o sujeto social); como así también, al tiempo interno que le da la dinámica a su psiquis y no el tiempo de la alocución. Además, una serie de distintas impresiones que son netamente subjetivas y que se originan en lo visual, lo acústico y lo cinestésico.

 La consideración lingüística de la palabra le asigna un significado que deriva de la asociación con la idea (o concepto, según lo definiera Aristóteles) del objeto al cual se refiere, por ejemplo, cuando la palabra que usamos es un sustantivo, siendo en este caso, tal concepto a su vez, un complejo asociativo de impresiones visuales, auditivas, táctiles, cinestésicas, etc. Así, la idea de un objeto no contiene otra cosa que su apariencia y una serie de 'propiedades' que no pueden ser transmitidas por nuestros sentidos.

Psíquicamente, según la propuesta que se hace en este trabajo, la palabra asociada a un significado genera una una idea (nótese que aquí, idea tiene distinto significado que concepto); pero esta idea, que también incluye todo lo que la apariencia nos muestra del referente, excede y en mucho, la caracterización previa. Vale decir, la idea es el planteo de interrelaciones que se establecen entre ese objeto al que remite la palabra y el sujeto que lo refiere a través del cambio o transformación que esto implica.

Esta disposición, como ya hemos vimos, pasa a formar parte de la psiquis como una idea que representa una parte 'nueva' de la estructura psíquica que se ha 'registrado' en nuestra experiencia y que luego servirá para evocar esta situación en el futuro.

Hasta aquí lo que denota el significado de una palabra, o sea, lo que hemos aprehendido en esta circunstancia al utilizar una determinada palabra para referirnos, por ejemplo, a un objeto. Todo este complejo mecanismo se lleva a cabo, en sus primeras instancias, con la supervisión de la consciencia, pero con los sucesivos usos de la palabra a través del tiempo, pasa a ser manejado por nuestra voluntad de una manera preconsciente, es decir, automática. Como lo dijimos anteriormente, de esta manera se va estructurando la memoria operativa al formarse un PAF (patrón de acción fijo) que a la postre derivará en parte del hábito que implica el hablar y que se relaciona, obviamente, de una manera muy estrecha con la memoria estructural que representa nuestras distintas experiencias al usar esa palabra en particular.

Todo lo anterior no nos dice nada sobre el sentido que esa palabra que hemos usado tiene para nosotros. De otra forma, el tener una idea de lo que una palabra significa no implica ningún proceso cognitivo, es tan solo una especie de 'corporización' de su significado, porque deriva de un conocimiento o de algo vivenciado, pero nada que trascienda nuestra voluntad.

Para que surja un sentido y luego la verdad, o sea, el aspecto cognitivo que lleva implícito el uso de toda palabra para nombrar algo, como todo hecho que invade nuestra realidad subjetiva, la idea formada debe transformarse en pensamiento. Esto último es posible gracias a una proyección de una estructura sobre otra estructura mediada por la relación compleja que existe entre ellas; es decir, se da lugar a la emergencia de una función, como ya hemos visto también, que deriva en dos vertientes, una pragmática a través del pensamiento práctico para dar lugar a la acción específica (hablar); y otra teórica, mediante el pensamiento abstracto que posibilita reconocer el sentido del hecho que una palabra significa, para poder elaborar sobre esto y mediada por nuestra creencia (nuestra verdad), otra situación en donde se promueva una transformación o modificación de una creencia en nuestro interlocutor.

De lo dicho hasta ahora se colige que la palabra lingüística es un símbolo pero incompleto. Lo verdaderamente simbólico del lenguaje natural humano es un ensamble complejo de estructura/función, en donde, el significado (lo volitivo) solo nos dice sobre la vertiente externa de una palabra, mientras que el sentido y luego la verdad, nos cuenta sobre su vertiente interna, o lo que es lo mismo, del pensamiento teórico que refrenda el aspecto cognitivo involucrado.

Para afianzar aún más los conceptos revisados, veamos de una forma esquemática, lo que hemos tratado de decir con palabras.


PALABRA PSÍQUICA
Referencias: S = sujeto - O = objeto - V = cambio aparente o superficial - ∇ = cambio profundo - PAF = patrón de acción fijo (acción específica) - 00, 01, 10, 11 = modalidades discursivas 

La figura anterior nos muestra de una manera integrada los distintos aspectos subjetivos que se condensan en el lenguaje natural humano y que son el sustento del abordaje psíquico de la palabra.

En ella podemos apreciar la neta separación entre un nivel superficial y un nivel profundo. El primero, (izquierda) de naturaleza volitiva, es en donde se ponen de manifiesto los elementos necesarios para hacer viables, tanto la producción como la adquisición del lenguaje. Mientras que en el segundo (derecha), de índole cognitiva, es donde opera como producto final la comprensión. Lo anterior nos quiere decir que a nivel superficial y por él se dan el aprender (aprehender) para enfrentar los cambios propuestos por el entorno; el entender, o la división de la realidad según los distintos sistemas reales, lo que queda plasmado en una idea; y finalmente el explicar o el manejo de conceptos a través del significado, que termina siendo explícitado mediante una descripción. Entretanto, en el nivel profundo tiene lugar el conocer, es decir, reunir por las diferencias; el interpretar o el separar por las semejanzas dándole sentido a un hecho a través de una especie, para llegar así a comprender, o sea, al porqué de los hechos y de allí a la verdad que soporta una creencia.

En la parte izquierda de la figura anterior se muestran aquellos procesos manejados por la voluntad que tienen la tarea de aprehender/producir la palabra, en sus distintas modalidades: primarias: hablada/escrita y secundarias: oralizada/transcrita, es decir, lo escrito hablado (lectura) superficializando lo profundo a través de un significado explícito (lo que se dice), y su opuesto: lo hablado escrito (notas) profundizando lo superficial a través de un significado (lo que se quiere decir).

Desde el punto de vista estrictamente lingüístico, la palabra representa una estructura funcionalizada, es decir, una forma (sintaxis) que se manifiesta a través de funciones sintácticas y semánticas, las que le dan su contenido o su significado en consonancia con el tiempo externo y todo manejado mediante la memoria operativa; algo que se hace manifiesto mediante los mecanismos motores (acciones específicas) que representan verdaderos patrones de acción que se van afianzando a medida que aprendemos y que incluyen tanto los PAF glosokinéticos (la actividad motora necesaria para hablar), como los PAF quirokinéticos (la actividad motora imprescindible para escribir).

En la parte derecha de la figura podemos ver los procesos que dependen finalmente de lo cognitivo y que están dedicados a conocer/interpretar/comprender la palabra. Desde lo cognitivo, el símbolo en su vertiente interna o profunda, representa una función estructurada, o sea, una función representada por el pensamiento que tiene como argumento una estructura o una idea, que le da su sentido (formando una especie) y que en relación con el tiempo interno, está soportado por la memoria estructural, aquella que no se repite y que constituye la experiencia histórica del sujeto.

Hemos delineado así, de manera sucinta, lo que liga lo psíquico y la palabra, pero abordándolo desde otro punto de vista; uno que traspasa la superficie lingüística para mirar la palabra ‘desde adentro’; desde el sujeto pensante y no simplemente desde la perspectiva del individuo que alguna vez aprendió a hablar.

Por todo lo dicho, podemos concluir que la clave de la utilización de la palabra psíquica en la narración o en su equivalente, vale decir, la comprensión que soporta la verdad de nuestras creencias, sin que se ‘contamine’ con lo convencional está en la consideración que hagamos del tiempo, porque es él el rector de la actividad psíquica, como lo hemos demostrado.

El lenguaje, desde el punto de vista psíquico, es el intermediario o el empalme entre los procesos psíquicos y los procesos operativos que hemos descrito.

¡Nos vemos mañana!