marzo 12, 2014

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 151)

Cuaderno VII (páginas 903 a 908)

(Hoy comenzamos con otro de los trabajos importantes de G. Günther: "Cybernetic Ontology and Transjuntional Operations" - 'Ontología Cibernética y Operaciones Transjuncionales')

Según Quine, Ontología es la teoría de 'lo que hay'. Si este es el caso uno espera que la disciplina sirva para representar el conjunto de 'cualquier cosa'. Esta es otra manera de decir que la Ontología nos provee con conceptos básicos y generales de todos los aspectos del ser y de la realidad. Consecuentemente, todas las disciplinas científicas encuentran sus principios 'guía' y máximas operacionales surgidas de la Ontología (On) y legitimadas por ella. La On decide si nuestros sistemas lógicos son juegos vacíos con símbolos o descripciones formales de lo que 'realmente es'.

Las siguientes investigaciones arriban a la conclusión que nuestra On clásica no cubre 'todo' o 'cualquier cosa'. Ella excluye ciertos fenómenos del ser, de la investigación científica, por declararlos como 'irracionales' o 'metafísicos'.

Es incomprensible que Lukasiewicz se base en el soporte ontológico de Aristóteles, cuando fue el que introdujo un tercer valor en la lógica. Es importante encontrar una interpretación filosófica para el cálculo con 3 valores, pero por otro lado, con una innumerable e infinita cantidad de valores. [esto último no es necesario, como lo demostrará la LT.] Esto sucedió entre 1920/30. Es muy significativo que después de 10 años de investigación se vea forzado a admitir que no encuentra alguna significación ontológica para el cálculo entre 3 y un número infinito de valores. Cuatro - cinco y otros sistemas n-valuados han sido utilizados en aplicaciones prácticas, pero sin alguna genuina mirada dentro de su significación ontológica básica. [la LT cumple con todos los principios ontológicos.]

Una On no es otra cosa que una prescripción muy general de cómo usar una lógica en un mundo existente. [¡excelente definición!] El presente ensayo solo tiene que ver con un fenómeno, al que podríamos llamar: 'auto-reflexión subjetiva'.

Aristóteles se hizo una pregunta primordial: ¿Qué es, lógicamente hablando, el ser objetivo? Siguiendo este magnífico ejemplo, trataremos de responder a la pregunta: ¿Qué es, lógicamente hablando, la auto-consciencia subjetiva?

1. Observaciones sobre On clásica:

Según Kant (en "Crítica a la razón pura"), "La ley de la causalidad se nos aparece como un criterio para distinguir entre sujeto (S) y objeto (O), y entre consciencia y mundo. Si observamos nuestras impresiones, sin interpretarlas como causalmente ligadas a otras, la entenderemos solo como: 'un juego de imaginaciones sin referencia a un O.

Heisemberg destaca el pasaje relevante donde Kant demuestra que la causalidad es nuestro mecanismo mental para la distinción entre subjetividad y realidad externa, y admite que si usamos esta interpretación, obtendremos un genuino principio a priori. Como éste es, por supuesto, irrefutable no hace la más mínima presunción sobre el contenido factual de la realidad externa. Él solo establece que, si necesitamos pensar en una realidad que existe independientemente del S, quien es consciente de ella, no podremos hacerlo sin usar la categoría de la causalidad. Puesto de otro modo, si necesitamos establecer una ciencia natural absolutamente objetiva, la cual describa completamente la realidad, sin referencia al origen subjetivo de nuestros términos y conceptos científicos, luego 'cualquier cosa' debe ser entendida en términos de causalidad. El famoso 'demonio' de Laplace muestra en sus ecuaciones diferenciales, un mundo desprovisto de cualquier subjetividad. Esta relación entre S y O representa el 'ideal clásico' del conocimiento científico.

Este 'ideal', según Heisemberg, no puede ser seguido más desde que surge la Mecánica Cuántica. Un sistema radicalmente objetivo de la Física, con una dicotomía: en 'cosa' y 'pensamiento', es ahora imposible: 'un objeto radicalmente aislado, en principio, no tiene propiedades descriptibles'.

{Entonces llego a la siguiente conclusión: dado que 'un sistema de lógica' es una formalización de una On, tenemos que crear una nueva lógica, y obviamente, una nueva On.}

La correspondencia entre teoría de la lógica y las estructuras ontológicas data, al menos, desde los diálogos de Platón, el Organon aristotélico y la lógica de los Estoicos. Durante esta época surgió la pregunta (y la respuesta): ¿cuáles son los requisitos formales y ontológicos para hacer verificables y generalmente válidas las aseveraciones sobre el mundo objetivo? Encontraron que tales aseveraciones son posibles si asumimos que las leyes de la naturaleza (ser) y las leyes del pensamiento son esencialmente idénticas [grosero error que se extendió y se agravó en nuestros días.], pero difieren en su aspecto formal. Esta diferencia formal entre la ley matemática en física y la correspondiente ley en lógica [el autor también comete el mismo error, cuando asimila el pensamiento a la lógica tradicional.] es debido al hecho que en el primer caso, una descripción del mundo externo es pensada, mientras que en el segundo, es una imagen en espejo de este mundo, [claro que no precisa lo que se entiende por 'imagen', ni donde se supone que se aloja.] como si se repitiera en nuestro proceso de pensamiento. Es el motivo y tema semántico de nuestra representación. [¿queda alguna duda de cuál es la postura del autor?]

Cualquier dato de la experiencia es o más o menos objetivo, o más o menos subjetivo, y no hay un tercer término permitido. (tertium non datar). La disyunción es exclusiva y total. {cosa curiosa que sea la XOR lo que ligue también la lógica de los 'sistemas reales', permitiendo sus ciclos recursivos.}

La tradición clásica, en una expresión honrada por el tiempo, habla de una identidad metafísica de pensamiento y ser. En el reino de la última y absoluta realidad, pensamiento y ser son lo mismo. Ellos pueden distinguirse solo en lo relativo al nivel empírico, donde aparecen como opuestos. Pero nuestra tradición ontológica insiste que, aún en esta oposición, ellos expresan el mismo significado y representan solo dos distintos aspectos del mismo S-materia, como lo dice profundamente nuestro lenguaje. Sin embargo, nunca se debe olvidar que estos dos aspectos empíricos de la realidad, constituyen una estricta relación de intercambio de dos conjuntos o subconjunto de una estructura universal enantiomórfica, la cual es como tal, indiferente a la distinción entre S y O. [Es importante saber que, tanto lo que dice la tradición clásica, como la ontológica, tienen algo de razón; lo que ocurre es que no tienen como demostrarlo. La LT posibilita esta demostración, es decir, en donde S y O son realmente opuestos y complementarios, además de presentarse en forma simultánea.]

Sin embargo este sistema de la On clásica (binaria), exitosa como lo ha probado en el desarrollo de la ciencia occidental, sufre de una enorme desventaja. La relación de intercambio simétrica y la equivalencia ontológica resultante de S y O, gobierna solo las relaciones mutuas entre dos subconjuntos como tonalidades opuestas. Esto no es aplicable a cualquier miembro individual de cualquier conjunto. En otras palabras, el contexto de términos que describe la estructura de nuestro mundo objetivo externo, no permite ni la más leve penetración K, conceptos que se refieran al S epistemológico del conocimiento que comprende y es consciente de los objetos. Podemos tener un discurso sobre la realidad objetiva, por ejemplo, naturaleza en términos objetivos; o nos podemos referir al S percibiendo en conceptos logo-lógicos, pero tenemos absolutamente no permitido, mezclar los dos. Si ignoramos esta prohibición invariablemente nos perderemos en una jungla de contradicciones y paradojas. La responsable que hoy tengamos una ciencia adecuada en donde se basa una basta tecnología, es la tradición ontológica, la cual, fue razonablemente estricta en adherir al principio de dicotomía entre materia y forma, y entre S y O.

[continuará ... ]

¡Nos encontramos mañana!]