marzo 07, 2014

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 146)

Cuaderno VII (páginas 873 a 878)

(Comenzamos hoy con el análisis de la Lógica y Filosofía de Gotthard Günther, cuyos trabajos se constituirán en la base fundamental de la LT.)

"Cognition and Volition" (Cognición y Volición) (Una contribución a la teoría cibernética de la subjetividad)

Introducción

Si hablamos de memoria, inteligencia y toma de decisiones, en relación a las máquinas, asociamos rasgos los cuales, de acuerdo a una muy larga y fundada tradición, pertenecen al dominio de la llamada: 'psiquis', con el diseño de computadoras.

La filosofía y las humanidades han tratado con el fenómeno de la 'subjetividad' por largo tiempo. Más allá de las controversias, la Cibernética está involucrada en el problema de la subjetividad.

En las últimas décadas el desarrollo científico ha contradicho el prejuicio que la inteligencia, la memoria y la toma de decisiones, pertenecen enteramente a la esfera subjetiva, ya que ciertos procesos han sido imitados por las máquinas. No obstante, hay algo de consciencia en círculos cibernéticos, que los modestos resultados habidos son consecuencia de que el problema en sí mismo, no ha sido claramente reconocido.

Si la emergencia de la Cibernética tiene como síntoma el concepto del mundo científico tradicional; concepto que ve nuestro mundo dentro de una irreconciliable dualidad: de forma y materia, de información significativa y energía física, de sujeto y objeto, y finalmente, de razón teórica y voluntad práctica, luego, los métodos científicos actuales empleados en Cibernética son 'maravillosamente inadecuados'. Ellos son totalmente insuficientes porque están diseñados sobre la presunción de que esta dualidad clásica reflejada en la división general entre ciencias naturales y humanidades o ciencias morales, es válida.

Sin embargo, no se han hecho intentos serios en Cibernética para desarrollar una lógica general y una teoría matemática de la vida subjetiva, donde la vida no sea juzgada en su núcleo íntimo como un fenómeno sobrenatural, sino tratado como una extensión de eventos físicos dentro de patrones de una inimaginable alta complejidad. [No solo en Cibernética, sino en ninguna otra rama de la ciencia, hasta que en el 2009 aparece 'Semiótica de los sistemas reales', la Teoría final que pone a consideración de la comunidad científica, la Lógica Transcursiva]

Cuando los griegos desarrollaron sus métodos científicos {los que perduran aún en nuestros días}, lo hicieron en un marco ontológico, el cual excluía radicalmente la subjetividad, y por tanto, sus métodos eran y son válidos dentro de ese marco. Los cibernetistas modernos usan varios de esos mismos métodos pero fuera de su marco legítimo. El resultado es que si se diseñan procesos semejantes a los subjetivos en el 'hardware' de una computadora, consciente o inconscientemente, el cibernetista trata de hacerlo lo más 'sin vida' posible, para evitar su tremenda complejidad. [estoy en total desacuerdo con el autor, porque no se puede ser tan soberbio y suponer que 'simular' la vida es potestad de un científico, por más amplia visión que tenga éste sobre los fenómenos que sostienen la vida. El cibernetista y cualquiera, cuando hace estos 'extraviados intentos', lo hace en absoluto desconocimiento de lo que la vida es. Justamente, su ignorancia no le permite ver que esa 'tremenda complejidad' se basa en principios muy sencillos que nunca podrá evaluar, si no se da cuenta que a través de la ciencia es imposible que arribe a una conclusión coherente, porque por respetar los principios científicos está obligado a dejar de lado lo que pretende estudiar o simular: la vida.]

Parte I

El problema de la antítesis entre razón y voluntad es tan antiguo como la historia espiritual de la humanidad. Hay un conocimiento elemental que es rápidamente adquirido por el intelecto humano que es: todo lo que sucede en nuestro universo pertenece exactamente a dos categorías opuestas. Creemos que somos capaces de distinguir bastante bien, por un lado, los eventos impersonales objetivos que tienen lugar en el mundo de la cosas inanimadas y los cuales son disparados por causas físicas; y por otro lado, las acciones motivadas subjetivamente de los organismos vivientes los cuales aparecen dotados de una peculiar espontaneidad. Estas manifestaciones o resultados de la voluntad subjetiva, los llamamos: decisiones.

Y a pesar que no podemos puntualizar claramente cuál es la diferencia entre las conexiones causales que ligan los datos de la objetividad y la voluntad con sus decisiones, los pensadores insisten desde tiempos remotos, en que debe haber una diferencia fundamental. [algo que, yo diría, es casi obvio]

Una tradición de larga data establece que el lado objetivo del universo está totalmente determinado por la causalidad, pero que los sistemas vivientes, aunque también están parcialmente determinados por un nexo estricto con la causa-efecto, tienen además, un dominio en el cual son vistos como indeterminados y libres. Un objeto inanimado es totalmente idéntico a sí mismo y representa una contextura intacta, continua. Por esta y otras muchas razones, es exclusivamente un producto de causas determinantes. Un sistema viviente, por otro lado, representa - de acuerdo a la tradición - y funcionalmente hablando, una profunda dualidad ontológica. Es un sistema de conocimiento contemplativo, así como una fuente de volición activa.

En esta capacidad es determinado por el entorno, como si solo pudiera reconocer lo que hay - incluidos sus propias fantasias y errores. Como volición, por otro lado, él mantiene una cierta independencia del entrojo. Puede cambiar sus condiciones ambientales dentro de cortos límites y negar la influencia que el mundo ejerce sobre él. Esta distinción fundamental entre razón teórica y voluntad práctica se asocia con pares antitéticos de otras categorías que nombraremos enseguida. Del lado de la razón teórica están conceptos como: observación, orden, necesidad y verdad objetiva. Asociados con la voluntad práctica, sin embarco, están: las ideas de bondad, esperanza, propósito y autonomía personal.

A la mente humana le ha costado mucho hacer la distinción cuando surge el problema: ¿Qué es primero en realidad y tiene primacía ontológica? ¿Es el objeto (O) conectado con la razón teórica, o es el sujeto (S) como personificación de la voluntad y como el activador de las decisiones creativas? En la historia de la creación toda existencia es el resultado de la incomprensible y misteriosa voluntad de Dios. El mundo viene a través de él, no como una necesidad lógica o física, sino como una manifestación de su decisión primordial que es infundada y más profunda que cualquier razón. Esta es la doctrina de la 'voluntad primaria'.

Si observamos el reporte de la creación en el primer capítulo del Génesis de Evangelio según San Juan, aprendemos, sin embargo, que no es la voluntad sino la razón la fuente primordial de realidad. Porque allí leemos: "En el comienzo fue la palabra y la palabra fue con Dios y Dios fue la palabra". [tener en cuenta que, según se acepta actualmente, la lengua en que está escrito el Evangelio de Juan es el koiné, una variedad del griego:
εν αρχη ην ο λογος και ο λογος ην προς τον θεον και θεος ην ο λογος
"En el principio era el Logos y el Logos era con Dios y el Logos era Dios".
Para los griegos la palabra logos o el Verbo como después se lo interpretó en su traducción al latín, significa 'palabra razonada'; o dicho de otro modo, logos significa tanto palabra como razón.]

Encontramos la misma actitud ambigua hacia el problema de la mutua relación entre voluntad (Vo) y razón (Rz), en la filosofía de Platón. Por un lado, aprendemos de boca de Socrates que el conocimiento determina la Vo y que el pecado no es sino un error teórico. Por otro lado, en sus diálogos (como Philebo o la República) se puntualiza la idea de que Dios es lo más grande, y que lo primero y lo más general y todo (incluida la Rz) deriva de él. Finalmente es también posible extraer del trabajo de Platón el teorema ontológico: que la Rz y la Vo son, dialécticamente hablando, idénticos y que no hay primacía de uno sobre el otro.

Esta última posición se hace mucho más evidente en el último periodo del pensamiento de Platón, donde trata de conectar esta doctrina de ideas con la teoría del número de Pitágoras; igual que la idea de Dios con la unicidad del ser en general y por tanto, con el número aritmético: 1.

La historia toda de la filosofía y del pensamiento científico lo testifican, por que el tema de la primacía de la Rz o de la Vo nunca se solucionó y la controversia va oscilando hacia una u otra por más de 2000 años.

La controversia arranca desde el primer momento en la confrontación entre la religión cristiana y la ciencia griega. Tomada como un todo, la tradición intelectual de los griegos favorecía decididamente la primacía de la Rz, y consecuentemente, un concepto de universo que era básicamente racional y totalmente resuelto en términos de objetividad. En la cristiandad, sin embargo, la idea que prevalecía era que el mundo había sido creado de la nada por la inescrutable Vo de Dios; mientras que la Rz o el logos toma un segundo lugar y fue personalizado por el hijo.

Una nueva confrontación surge de la rivalidad entre el tomismo y el scotismo, durante la edad media tardía. De acuerdo con Tomás la Vo está determinada por el conocimiento de Dios, y el intelecto es el motor supremo de la psiquis. Contrariamente, Enrique de Gante, Duns Escoto y Guillermo de Occam, argumentan que, si la Vo recibe sus impulsos motores de las ideas y del intelecto, pierde su carácter básico de continencia y su 'poder de lo contrario'. Con el objeto de ser capaz de decisiones genuinas la Vo debe "movens per se" [en movimiento por sí mismo]. La Vo puede ser soberana solo si no es determinada por los dictados de la Rz.

Para Tomás incluso, la Vo divina debe ser dependiente del saber divino el cual es el maestro indiscutible. [esta astuta argucia se fundamenta en una traducción sesgada al latín de la obra de Aristóteles, con la cual respaldaba todo en la razón y desestimaba los verdaderos principios de la ciencia elaborada por el Estagirita.] Pero Duns Escoto insiste que Dios ha creado el universo como una manifestación de su Vo arbitraria, absoluta y que se esta fue su decisión, bien podría haberlo creado con propiedades exactamente opuestas.

Una de las más conmovedoras formulaciones de esta controversia es ofrecida por Francisco de Mayrone [discípulo de Duns Escoto] que hace la pregunta: ¿Estuvo Dios, cuando creó el mundo, atado por las leyes de la lógica, las cuales limitaron su omnipotencia, o son esas leyes y su validez una expresión de una decisión arbitraria, y podría haber decidido que otras leyes fueran las válidas? Del lado ético, Occam enmienda el argumento meditando si Dios habría decidido que lo que hemos aprendido a llamar pecado, sería el verdadero contenido de las leyes morales de la bondad.

Que la controversia nunca se decidió en favor de un lado o de otro, ya que cada parte aportó argumentos igualmente válidos, como igualmente refutables, está demostrado drásticamente por el hecho que vuelve una tercera vez en la filosofía de alto vuelo; en la diferencia de las actitudes metafísicas de Kant y Hegel.

Para Kant no cabe duda que la filosofía debe insistir en la primacía de la Vo y en la absoluta soberanía de la libre decisión (imperativo categórico). La Rz de acuerdo a este filósofo, no puede dominar la Vo, porque está limitada por una escasez intrínseca de falacias pre-construidas, la llamada: 'ilusión trascendental'. Estas falacias no son un resultado de la incompetencia {¿y torpeza?} humana, sino que pertenece al carácter innato del pensamiento teórico. [pensamiento, que como ya hemos visto, no existe; es decir, esta es una verdadera ilusión]

Esta escasez metafísica o Rz es negada por Hegel, el filósofo del 'panlogismo'. [es una doctrina que afirma que todo lo que es real es absolutamente inteligible, que todo lo racional es real. El sistema filosófico más conocido bajo esta rúbrica es el idealismo de Georg Wilhelm Friedrich Hegel que sostiene que la estructura del ser, del absoluto, es ella misma logoiforme, una vez suprimida, por contradictoria, la cosa en sí kantiana. Todo es pensamiento y nada es apartado de él. Según Hegel, las cosas son lo que son pensadas y las formas subjetivas del conocimiento son también formas objetivas de la realidad. Por ello, las leyes matemáticas de los fenómenos físicos son también leyes del pensamiento; por lo que no hay división entre el hecho y la idea; entre la esencia y el fenómeno, por lo que el pensamiento se eleva de lo concreto a lo abstracto, no se aleja de la realidad sino que se acerca más a ella.]

La Vo como adversario de la Rz tiene sus máximas manifestaciones en el mundo del 'espíritu objetivo', por ejemplo, en la ley, moralidad y estado. Pero sobre el espíritu objetivo reina el espíritu absoluto el cual es una auto-referencia de una Rz que es una ley sobre sí misma.

No divagaremos más en las distintas alternativas que tuvo esta historia hasta hoy, pero el problema sigue sin resolverse, y por tanto, se sigue dentro del marco de los conceptos clásicos sobre el mundo. Dado que la realidad está dividida en un sector natural y otro sobrenatural, el problema no desapareció. La sociedad en sí misma luego se dividió en un componente natural y otro sobrenatural.

Si el problema surge una vez, y otra vez y vuelve a surgir y no le encontramos solución; por qué no preguntarse entonces, si ¿estos puntos de vista opuestos, no tienen algo en común?

Ocasionalmente, muy ocasionalmente, una tímida voz de duda se levantó en la historia de la filosofía, sobre la legitimidad del problema, pero, estas dudas permanecieron sin serias consecuencias, porque durante el periodo clásico de la filosofía y de la ciencia no habían herramientas disponibles para desarrollar una teoría que negara la presunción de que la Vo y la Rz fueran dos capacidades de la mente, separadas y operativamente independientes. [aquí estoy en desacuerdo con mi, de alguna manera, mentor. Siempre, el ser humano, tuvo a la mano lo poco que necesitaba para llegar a un planteo de la subjetividad como lo que unía la Rz y la Vo, los dos aspectos opuestos de una misma entidad: la psiquis.]

Esta, sin embargo, es la posición que vamos a adoptar.

Nuestra tesis será que la Vo y la Rz son prácticamente la misma actividad de la mente, pero vista desde dos puntos de vista distintos. O podemos ponerlo en forma diferente: Rz y Vo, o reflexión teórica por un lado y decisión contingente por el otro, son solo manifestaciones recíprocas de una y la misma configuración ontológica que es producidas por el hecho que los seres vivos tienen una actitud cambiante permanente con respecto a su entorno. {para sobrevivir}

No hay pensamiento a menos que esté permanentemente soportado en la voluntad de pensar. Y no podría haber un acto de volición a menos que hubiera una percepción teórica de algo que sirviera como motivación para la Vo. Una Vo sin propósito, por sí misma, no es objetivo como para disparar una acción; y un pensamiento que es una mera imagen mental sin un proceso volitivo que la produzca y mantenga, es igualmente inconcebible. [¡cuánta razón llevan estas palabras! Luego lo veremos.]

Bajo estas circunstancias es inconcebible que, aunque no dispongamos de una teoría científica de la toma de decisiones, si la Vo no puede ser tratada como una capacidad separada y no existe como tal, no hay manera de desarrollar una teoría separada para ella y sus mecanismos de toma de decisiones. Pero, contradictoriamente, tenemos una teoría del pensamiento, la cual fue originalmente concebida por Aristóteles [sinceramente creo, que aquí Günther, comete un grueso error, porque la propuesta de Aristóteles es muy clara y directa: la lógica no tiene nada que ver con la realidad, ni tampoco es un tratado de Psicología. Tal vez un atenuante sea que Günther como lógico formado, en parte, en la cuna de las ciencias cognitivas, no se pudo desembarazar de los efluvios desnaturalizados del pensamiento lógico. En pocas palabras, no fue Aristóteles quien dio las bases falsas para una teoría del pensamiento, sino Boole basado en Aristóteles.], desarrollada y refinada hasta nuestros días. La respuesta a este argumento es que se ha perpetuado un 'colosal error'. No tenemos una teoría del mecanismo del pensamiento. [¡ahora sí!]. Si la tuviéramos ya habríamos construido computadoras con hetero-referencia y auto-referencia que pensaran como lo hacemos nosotros. Pero nuestras computadoras actuales son solo auto-referenciales. Esta es la mejor prueba que aún somos incapaces de desarrollar una teoría exacta del proceso del pensamiento. [me parece que nuestras computadoras ni siquiera pueden ser auto-referenciales, porque para que así fuera, tendrían que auto-reconocerse como tales, y esto que yo sepa, tampoco lo hemos logrado.]

Lo único que hemos adquirido durante el curso de la historia científica occidental es una mera teoría de los contenidos o resultados del pensamiento, pero no del proceso activo del mismo. [nuevamente aflora la 'deformación profesional' del autor. La lógica de Aristóteles y la concepción mejorada por Boole y refinada por Peirce, no constituyen ni contenido ni resultado de pensamiento alguno. Esto es la mejor prueba que Günther seguía pensando en el 'pensamiento lógico', permítaseme el juego de palabras.]

El error de nuestra lógica actual con respecto al mecanismo del pensamiento es más o menos del mismo nivel, que si confundiéramos nuestros muebles con las personas que los ubican en nuestro nuevo departamento. [yo diría que es mucho más que eso. Pero el error no es de la lógica, la cual no tiene ninguno, sino del hombre de ciencia o el filósofo, que como él, asume que 'eso' tiene algo que ver con el pensamiento.]

Por siempre, todos los intentos de descubrir las leyes del evento subjetivo al cual llamamos 'reflexión teórica' han fallado. Y ellos fallan siempre por la misma razón: nunca hemos tenido éxito en desarrollar una teoría de la voluntad y la toma de decisiones; porque Vo y Rz no son dos capacidades operativas independientes. Ellas constituyen una única facultad de la subjetividad, la cual sin embargo, puede asumir aspectos contrarios, bajo condiciones ontológicas opuestas.

Dado que el enfoque clásico identifica la cognición y la volición, separadamente, en la unidad cerrada de la subjetividad individual, nos imposibilita aproximarnos al problema desde un lado distinto.

Vamos a asumir que el fenómeno de la subjetividad, como manifestado por el proceso del pensamiento y la toma de decisiones no puede estar encerrado bajo la piel de un cuerpo viviente individual - sea este animal u hombre - Proponemos en cambio, el siguiente teorema:

"La subjetividad es un fenómeno distribuido sobre una antítesis dialéctica del Yo (ego), como el 'sujeto subjetivo', y el Tú (thou) como el 'sujeto objetivo', de los cuales ambos, tienen un entorno mediador común"

Si tratamos de descubrir la situación desde el punto de vista de un observador neutral, podríamos decir que somos conscientes de nuestra propia subjetividad, por auto-referencia. En esta actitud mental auto-reflexiva, el propio 'ego' aparece simplemente como una entidad pasiva. Somos conscientes de ello en el sentido de un 'seudo-objeto, porque toda acción que adscribamos a la subjetividad viviente es ahora absorbida en el proceso auto-referencial, el cual toma una dirección hacia 'adentro' (al interior). Luego, el 'ego' personal aparece, para nuestra auto-reflexión como un objeto pasivo hacia el cual es dirigida nuestra atención activa.

Nuestro propio Yo es - por así decirlo - una 'cosa alma'. Sin embargo, si vamos de la auto-referencia hacia la hetera-referencia, y dirigimos nuestra atención hacia nuestro entorno, encontraríamos la subjetividad de nuevo, esta vez, en la forma de otro 'ego'. Pero el 'thou' no es una 'cosa alma' para nosotros, solo el cuerpo específico del 'thou' es la ligadura presente de él mismo con nosotros como una cosa. En nuestro entorno la categoría de la 'cosidad' se refiere solo a los objetos físicos. La subjetividad en la forma de un 'thou' es concebible para nosotros y observable exclusivamente como la manifestación de un 'evento' al cual podemos - en contraposición a los eventos objetivos que tienen lugar entre las cosas inanimadas - llamarlo 'evento volicional', y es la expresión de la Vo subjetiva, lo cual no es nuestra, y es totalmente inaccesible para nosotros, lo que da al 'thou' su peculiar posición ontológica; es que él tiene una localización física en nuestro entorno en cuanto a cómo él se aparece como un cuerpo orgánico animado, ocupando un lugar específico en el tiempo y el espacio.

Por otro lado, el 'thou' se resiste a identificarse con este cuerpo, el cual es alcanzado por los métodos de la ciencia natural clásica y permanece como 'subjetividad interna', totalmente inalcanzable. En este respecto, él 'thou' no pertenece a nuestro entorno porque, por nuestro entorno, entendemos algo que un principio está a nuestro alcance, aún si existieran algunos obstáculos prácticos que nos alejaran de ciertas partes del mundo ambiental.

Lo que da a esta situación, sin embargo, un aspecto intrincado adicional es que no podemos quedarnos satisfechos con la simple fórmula que, el 'sujeto subjetivo' - el cual para nosotros significa nuestro 'ego' - aparezca en un entorno mental como un objeto del pensamiento y el 'sujeto objetivo', el 'thou', en un entorno físico como una manifestación de Vo, en forma de decisión. En otras palabras, no podemos estar satisfechos con la primitiva fórmula de que nuestro 'ego' personal aparezca como fuente de conocimiento y el 'alter ego' como la fuente de decisiones. Sabemos muy bien que nuestro 'ego' debe ser considerado como el principal resorte de decisión y no que el 'thou' pueda manifestarse él mismo como una decisión hecha entidad, salvo que este proceso de decisión sea motivado y dirigido por el pensamiento.

La clave del asunto está en la relación que entre ambas versiones de subjetividad tienen con el entorno no subjetivo {y entre ellas}, y en nuestra consciencia el YO como el 'sujeto subjetivo' (SS) forma con cualquier 'thou' como 'sujeto objetivo' (SO) en una relación de intercambio. Aunque cualquiera de nosotros, desde su propio punto de vista, es el 'ego subjetivo', y cualquier otro S es un 'thou objetivo', la situación se ve revertido desde el punto de vista de cualquier 'thou'. Visto así, somos nosotros los que exigimos ser 'egos subjetivos' denotados de la subjetividad objetiva del 'thou', y localizados en un entorno que no es nuestro - solo está solapado - sino que pertenece a un 'thou' específico que asume el rol de 'observador nuestro'. Todo esto lo sabemos, y esto significa que la división que separa nuestra subjetividad personal de la subjetividad mediada hacia nosotros por nuestro entorno es - estructuralmente hablando - solo una réplica de la división de la que somos conscientes en nuestro propio ser como la fuente simultánea de conceptos cognitivos y decisiones volitivas.

En otras palabras, el cerebro como el órgano de la consciencia subjetiva, repite dentro de sí, la relación entre 'Yo' y 'Tú' como mediada por el entorno. {¡brillante!} Por esta razón vamos , en el resto de este trabajo, a ignorar la existencia del 'thou' en nuestro entorno y asumir en el tiempo y con un propósito de simplificación, una actitud algo solipsista. Vamos a asumir que hay solo un S solitario el cual se encuentra en el entorno como un único habitante de un cosmos sin vida. Aún esta actitud epistemológica, representa algún progreso comparada con el punto de vista tradicional donde, un observador 'escruta' un universo el cual está totalmente desprovisto de vida, porque aún se excluye él mismo.

Luego de alcanzar este punto, ya es tiempo de reflexionar sobre cómo, el análisis ontológico previo, puede ser relevante para la investigación del cerebro.

Hay dos formas de estudiar el cerebro. Lo podemos ver como una nueva pieza física de materia consistente en, aproximadamente, 10.000 millones de neuronas, e investigar cómo la naturaleza ha construido estas neuronas y cómo ellas puede captar y transmitir mensajes y almacenar información. Este es, por supuesto, un procedimiento legítimo y lo es sin la necesidad de decir que es eminentemente necesario proceder en esta dirección. Sin embargo, este método tiene sus límites. Con las técnicas disponibles en este campo de investigación es, en principio, imposible cruzar el límite entre los eventos objetivos y la consciencia subjetiva.

Todas las investigaciones y análisis comenzados en una determinada contextura están inevitable e incondicionalmente confinados a esa misma contextura, en la cual, se unieron al principio. Pero la objetividad y la subjetividad están 'descontexturados'. Por otra parte, hay una dificultad técnica. La descripción del sistema neural es muy difícil desde el análisis combinacional. Dado que el número de neuronas requeridas para producir los eventos mentales es muy grande, el análisis combinacional fallaría en varios aspectos relevantes. Nos mostraría que, cuando hiciéramos la transición desde O al S, el sistema neural debería mostrar algunas propiedades, las cuales solo podrían ser descritas por procesos recursivos. Pero estos métodos no nos llevarían muy lejos.

En pocas palabras, no solo hay razones teóricas sino prácticas por las cuales, la investigación del sistema neural del cerebro, nunca revelará cómo el cerebro contribuye a la solución del enigma de la subjetividad. [este concepto errado sobre el soporte biológico de la psiquis, residencia de la subjetividad humana, hace manifiestas las raíces cognitivistas de Günther.]

Sin embargo, hay otra forma de aproximarse al problema. A pesar de que el trabajo a nivel neuronal es cuesta arriba, podemos responder: ¿cuál es el mayor éxito del cerebro? Esto es, ¿qué mundo conceptual mental él produce? Podemos describir este mundo conceptual en términos estructurales [sintácticos] y semánticos, y trabajar desde aquí el problema: de cómo hace el cerebro para organizarse con el objeto de alcanzar tales imágenes con su peculiar significación semántica. [esta visión netamente superficial de Günther, es la que corrigió la LT, que no es otra cosa que una extensión de la 'lógica policontextural transclásica' que inventó este autor.]

[continuará ... ]

¡Hasta mañana!