marzo 13, 2014

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 152)

Cuaderno VII (páginas 909 a 914)

(Continuamos con el trabajo de G. Günther)

El carácter binario de nuestra tradición lógica, desde el tiempo de los griegos y hasta nuestros días, testifica el hecho que nuestra lógica es un fiel intento de formalizar Ontología (On) de la más alta paridad de forma y materia, o sujeto (S) y objeto (O), como ha sido expresada en la antigua máxima metafísica de la identidad entre pensamiento y ser. Mientras nuestros esfuerzos lógicos estén orientados a esta On, no tenemos derecho de hablar de una nueva lógica, a pesar de la enorme cantidad de detalles que han sido agregados al viejo sistema, en el curso de la centuria pasada.

Pero nuestra lógica sigue insistiendo en que es significativo el concebir la idea de un pensamiento O como totalmente idéntico a si mismo y por tanto, capaz de ser aislado. La asumida paridad metafísica de pensamiento y ser, permite un sistema de formalización consistente (la lógica), solo si observamos estos dos componentes primordiales de la realidad como un relación de intercambio simétrica. Pero tal relación, aísla completamente los dos componentes, uno de otro. Mente y materia pertenecen a distintas dimensiones metafísicas; ellas no se mezclan. No hay tal división entre el estado energético y material del universo. La fórmula de Einstein E = mc2 establece que la energía puede ser convertida en masa y viceversa. [si no se agrega otras consideraciones a este ejemplo, parece más de lo mismo, porque está equiparando energía y materia, a pensamiento y ser.] Pero no hay una fórmula análoga para convertir el pensamiento en materia o significado en energía. [lo dicho anteriormente se confirma, basado en la lógica tradicional pretende combatir la ontología lógica tradicional.]

Sabemos, como un hecho empírico, que nuestro cerebro es un sistema físico en donde tienen lugar una gran cantidad de eventos desconocidos (pero físicos). Esto representa, para el observador, una combinación de datos eléctricos y químicos, produciendo misteriosos fenómenos a los que hemos llamado: significado, consciencia o auto-consciencia. [la LT los llama 'psiquis' y no tiene nada que ver con significado, consciencia o auto-consciencia, de acuerdo a cómo toma estos términos el autor, esto es, desde las ciencias cognitivas y desde la lingüística, todas 'ciencias' que están estrictamente basadas en la lógica binaria que quiere desechar.] En vista de estos hechos, o bien debemos adherir a la teología y hablar de un alma sobrenatural, el cual solo reside en este cuerpo como invitado, o bien asumir que materia, energía y mente son elementos de una relación transitiva. [ambas alternativas, por estar respaldadas en una convención, la primera, como regla moral, y la segunda, como regla práctica, responden a situaciones que pueden ser explicadas binariamente. Sobre todo la última, ya que el carácter transitivo es patrimonio de la jerarquía, y nada que sea jerárquico puede 'explicar' la psiquis porque es la base del sistema binario.] En otras palabras, deberíamos tener una fórmula de conversión que se maneje  entre energía y mente, en una estricta analogía con la de Einstein. Desde el punto de vista de nuestra lógica clásica binaria (con una rígida dicotomía entre eventos subjetivos y objetivos) la búsqueda de tal fórmula, podría ser vista poco menos que como una locura.

El denominador común entre mente y materia es metafísico y no físico de acuerdo a la tradición espiritual de la humanidad, que data de varios milenios. La mayoría de la estructura de nuestra lógica implica esta creencia metafísica.

Esta identidad 'metafísica' de pensamiento y ser es, de acuerdo a Aristóteles, el requisito fundamental de cualquier ciencia que merezca dicho nombre. Y no podemos negar que la fiel adherencia a esta antigua tradición nos ha mantenido en un buen lugar. Sin embargo, esta actitud epistemológica básica, la cual aún domina nuestro pensamiento, supone una fatal debilidad. Todos nuestros términos científicos - como ha sido desarrollados sobre la base ontológica aristotélica - retienen una ambigüedad semántica. Ellos pueden, en su totalidad, ser tomados o bien como una descripción del universo como O absoluto, o como un S absoluto. En otras palabras, no hay nada en nuestras teorías actuales, que nos habilite a distinguir lógicamente, un objeto genuino como una roca, y un S o centro de consciencia que se nos aparezca como un pseudo O, si lo localizamos en el cuerpo de todo animal o humano, y lo llamamos Yo (ego). Este es el significado relevante en la observación de Schrodinger: "que la entidad a la que acostumbramos llamar S no es otra cosa que nuestra imagen del mundo, tomada como una totalidad.

Es interesante notar que, como no ocurrió en Heisenberg ni en Schrodinger, que esta situación hace de sus sugeridas inclusiones de subjetividad (Sb) dentro de la imagen de nuestro mundo científico, algo completamente imposible. Nuestro sistema clásico (binario) de conceptos, representa una estructura enantiomórfica [Enantiomorfa es que está formado por las partes dispuestas en orden inverso como si fuera una imagen reflejada en un espejo] de racionalidad donde el O refleja exhaustivamente el S y viceversa. Este sistema ofrece 2 y solo 2 maneras de proveernos de una descripción ontológica de la relación entre S y O. Esta relación puede, o bien ser interpretada como una 'conjunción', o bien como una 'disyunción. Pero estas 2 interpretaciones están inextricablemente fundidas, mezcladas, unidas, entrelazadas. {por eso uso XOR que es un ensamble de ambas.}

Si consideramos la relación entre S y O, observando la totalidad del mundo, y la definimos como conjuntiva (K), luego ambas forman una disyunción (D) relativa a cualquier parte elegida arbitrariamente del mundo. Pero si adoptamos el punto de vista opuesto y presumimos que su relación ontológica final es disyuntiva, luego su relación dentro del mundo será necesariamente conjuntiva. Esta es la ley de Dualidad que la lógica binaria establece por las dos leyes de De Morgan {1ª ley de De Morgan: "el complemento de la unión (∪ = disyunción) es igual a la intersección (∩ = conjunción) de los complementos". 2ª ley de De Morgan: "el complemento de ∩ es igual a la ∪ de los complementos"}

∼ (p + q) = (∼ p . ∼q) (1ª ley)
∼ (p . q) = (∼ p + ∼q) (2ª ley)

Una conjunción y una disyunción de miembros recíprocamente contradictorios se contradicen mutuamente: ∼ (p + q) equivale a ∼ (p . q) (transformaciones de De Morgan)

{Acotación: la disyunción inclusiva es verdadera si al menos una es verdadera; la disyunción exclusiva es verdadera si al menos una es falsa.} [todas estas apreciaciones lógicas constituyen la base booleana de la LT]

Si uno asume que S y O son los elementos unitarios inversos de un sistema enantiomórfico, luego es posible hacer aseveraciones conjuntivas sobre S y O en un contexto donde todos los términos estén uniformemente designados. Hacemos esto a diario en nuestro discurso y sin pensar en ello. [persiste en el error de basarse en el pensamiento lógico.] Pero, por supuesto, en cualquier cosa que digamos sobre el S es expresada en términos de O designados. No podemos ayudar aquí, porque no hay otros términos disponibles debido a la colaboración entre el principio de objetivación y la lógica binaria. Debemos, entonces, acostumbrarnos a esta deficiencia epistemológica en nuestro lenguaje con el que hacemos automática e inconscientemente las adaptaciones necesarias cuando recibimos información de este tipo.

Pero la realidad es actualmente la conjunción de los componentes inversos de S y O, y seguimos insistiendo en un lenguaje científico preciso que no permite las libertades del habla de todos los días; arribaremos por necesidad lógica, a una dualidad de interpretaciones de nuestro sistema de términos objetivo. {pone como ejemplo alguien que busca a otro, pero solo encuentra las indicaciones precisas para ubicar el O, pero no el S}

Heisenberg describió el desbalance epistemológico de términos en la Mecánica Cuántica, haciendo la siguiente afirmación: "la Física moderna comienza desde la división del mundo en el O y el resto del mundo". Pero la dicotomía implica, de nuevo, una referencia a nosotros mismo; y hasta donde, nuestra descripción del mundo, no es completamente objetiva. Es importante que seamos conscientes de las consecuencias ontológicas de esta afirmación.

{Se me acaba de ocurrir esto: "La realidad no es una conjunción entre S y O, sino una disyunción exclusiva (XOR) de su conjunción mediada por el cambio"}

Si la dicotomía separa radicalmente O y S, siendo el primero el representare de todo el mundo, y el segundo solo nuestra descripción de él, luego, esta descripción podría ser completamente objetiva. Nuestro conjunto de términos descriptivos y el conjunto correspondiente de propiedades objetivas del mundo externo, podría representar una equivalencia estructural y no una relación implicativa. [este intento de 'acomodar' la realidad fáctica a los avatares discursivos no le deja ver que, en cualquier caso, siempre hay un trasfondo binario y lógico que no condice con nada que tenga que ver con la subjetividad.]

Lo anterior no es un 'gradiente de reflexión' entre S y O. Pero la división que proclama Heisenberg no es tan simple. Él pone el O por un lado y el 'resto del mundo' por el otro. Pero el 'resto del mundo' significa una conjunción de O y S. Este es exactamente su punto.

Si aceptamos la segunda dicotomía, y no hay razón para no aceptarla, debemos recordar que en cualquier descripción de la realidad objetiva, los dos términos (S y O) son inversamente equivalentes. Esto significa: la dicotomía de Heisenberg es solo aceptable si es suplementada por una dimensión correspondiente que separa el S del 'resto del mundo'. De esta manera arribamos a 3 dicotomías ontológicas, como lo demuestra la tabla siguiente:

Los índices se refieren a lo "als" (como si) categoría de la lógica trascendental. La distinción corresponde burdamente al mundo en sí mismo (en sí), y 'mundo' como contenido de nuestra consciencia, y esto como: consciencia subjetiva interna, y consciencia, como un evento objetivo en el mundo externo. La dicotomía de Heisenberg implica esta distinción pero, se ve que él no es consciente de lo que su 'resto del mundo' significa. La división sobre la línea horizontal se refiere a la dicotomía 'absoluta' de la tradición clásica de la lógica, la cual cree en el ideal de una descripción radicalmente objetiva de la realidad. La interpretación de la Mecánica Cuántica es representada directamente debajo, y más abajo, sus corolarios necesarios. Si representamos los posibles relaciones formales entre O y S en forma simbólica, obtenemos (figura):

La fórmula (1) es siempre verdadera si OO y SS tienen el mismo valor, y siempre es falsa si sus valores difieren.
La fórmula (2) es inválida si y solo si, OS es verdadero y la conjunción de OS y SS no se da.
En la fórmula (3) esta situación es inversa.
Este tipo de implicación no es válida si SS es verdadero; y de nuevo, la conjunción no se da.
Es obvio que si la fórmula (1) se da, la fórmula (2) no se da sola (por sí misma). Debe estar complementada por la fórmula (3).
Por otro lado, la simetría de valores que la interpretación de la Mecánica Cuántica demanda, es destruida. Es significativo que un cálculo de lógica binaria (como el aplicado en la Mecánica Cuántica) no le asigne distintos valores a SS y SO, o a OO y OS. [con toda esta farragosa disquisición lógica pretende dejar sentado el trato, que de la subjetividad, hace la Mecánica Cuántica; llegando a la conclusión que no es suficiente como para caracterizarla según lo ve la Cibernética que el autor propone. Debemos agregar que, aunque está manejando los términos subjetivos que son el núcleo de la LT, su interpretación difiere absolutamente.]

[continuará ... ]

¡Nos vemos mañana!