mayo 10, 2014

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 210)

Cuaderno IX (páginas 1261 a 1266)

(Hoy continuamos con aportes personales sobre la realidad, pero haremos hincapié en la aparición de la psiquis como fenómeno real)

¿Cómo apareció la actividad psíquica y la consciencia en la evolución?

La psiquis es típica de los seres vivos, y es lo que los distingue de la materia inerte. Ahora, ¿qué es la psiquis? En primer lugar diremos que es lo que faculta la aparición de un sistema. Y, ¿qué es un sistema? Ya dijimos que sistema es una estructura (un todo) que consiste en elementos que sufren transformaciones (cambios) dinámicamente, en sus relaciones, y como un todo organizado, se autoregula; todo lo cual, hace posible su existencia o acción.

La definición anterior tiene limitaciones, pues, bajo determinadas circunstancias puede no distinguir adecuadamente un sistema vivo de uno inanimado. (los sistemas inanimados no lo son tanto como lo suponemos: las estructuras disipativas de Prigogine, por ejemplo, entre otras) Por tanto, debemos agregar algunas características que sí los diferencia: a) un sistema vivo es tal, por su capacidad de reorganizarse y hacerlo autopoiéticamente; b) porque tiene la capacidad de reproducirse (autoreproducirse) perpetuando la especie, transmitiendo a su descendencia su 'estructura básica' y todas sus potencialidades; y c) es fuente de cambio, pero, a diferencia de la materia inerte, este cambio provocado en el contexto es 'intencional'; o sea, con un propósito. Este propósito fundamental es 'sobrevivir'.

La célula, como unidad teórica de la vida tiene límites que la definen. En apariencia, es la membrana celular la que marca la tajante separación entre su interior (su 'cuerpo') y lo externo (el ambiente o entorno), en donde vive. Digo, en apariencia, porque la membrana celular, en realidad, no es una barrera, sino una 'frontera'. Esta distinción es fundamental, pues el concepto de frontera es un concepto dinámico: controla según convenga a su propósito funcional, tanto lo que entra como lo que sale. No es un impedimento, sino una estructura reguladora; un filtro, una estructura que hace al sistema todo, tanto cerrado como abierto, al mismo tiempo. De esta forma, cíclicamente, la célula y su entorno son un solo sistema. Lo cíclico es determinante, dado que es lo que hace posible la individualidad, al mismo tiempo, que las colonias, comunidades o sociedades, y además, es lo que explica la diversificación de propósitos: el individual (sobrevivir) y el grupal (perpetuar la especie). Este tipo de estructura se repite a lo largo de toda la evolución, desde la célula al hombre.

(16/01/07) Resumiendo, diremos: que la psiquis es la actividad reguladora (los procesos dinámicos de reorganización) que hace de un conjunto de elementos orgánicos, un sistema; asegurando así, el cumplimiento del propósito primordial de todo ser vivo: seguir vivo. Esto, desde el punto de vista ontogénico; es decir, desde la perspectiva individual. Desde el punto de vista filogénico (grupal), esta psiquis individual se expande, por así decirlo, al establecer interrelaciones entre pares, a través de la comunicación (para lo cual es imprescindible un lenguaje); su fin primordial: perpetuar la especie. Si bien, en un ser unicelular, se podría pensar que solo existe psiquis individual, hay factores ambientales que pueden enfrentarse, únicamente, si otros seres unicelulares 'ayuden' a modificarlos, permitiendo, así, la supervivencia, y por tanto, la perpetuación de la especie.

La psiquis individual se extiende en toda la escala biológica, adquiriendo distintos grados de integración, a medida que se complejizan los organismos. Esta integración no significa que la 'psiquis celular' se pierde, sino que está tan presente en la ameba como en cada célula que compone al hombre. En este sentido (y solo en este), tiene razón T. Jarvilehto (teoría del sistema organismo-entorno), cuando dice que no tiene más psiquis el cerebro que el corazón. Estos, como órganos (colonias de distintas células) tienen, además de la psiquis de cada unidad, una psiquis grupal que faculta la regulación necesaria para perpetuar la generación y funcionamiento del órgano como tal, y que a nivel de integración mayor, el cuerpo de un animal, por ejemplo, aseguran con su existencia y correcto funcionamiento, una individualidad 'compuesta' que asegure que la especie se perpetúe.

La aparición del sistema nervioso central (SNC) surge, evolutivamente, como una necesidad de coordinación a mayor escala. Ya no alcanza con la mera comunicación de célula a célula, para coordinar la colonia; hay tanta diversificación y especialización (surgimiento de distintos tipos celulares reunidos para una tarea específica), como crecimiento de sus dimensiones. Esto último sobre todo, requiere un sistema de comunicación más eficiente para asegurarse que los distintos grupos celulares, no tengan un comportamiento anárquico; y además, posibilitar una comunicación a distancia.

Si bien se podría pensar que los sistemas vasculares cumplen la misma función (de hecho, en las plantas que no tienen sistema nervioso, la circulación de la savia ayuda a coordinar sus funciones), ya que además de nutrientes (elementos básicos que ajustan el funcionamiento continuo de este motor que es la psiquis), transporta hormonas que son sustancias activas en la regulación orgánica, no se debe perder de vista que todo este sistema hormonal está, a su vez, regulado y coordinado, por el SNC, tanto en el funcionamiento hormonal extra nervioso, como el contacto del SNC con los distintos órganos o grupos celulares especializados. (músculos, por ejemplo)

Vemos, que se sugiere entre líneas, la 'construcción' de una psiquis individual a partir de una psiquis grupal, sin perder la psiquis individual propiamente dicha, que es la celular. Cuando un grupo celular adquiere un determinado grado de complejidad y de organización que le permite, como colonia, llevar a cabo distintas funciones, que exceden la perpetuación grupal, esta psiquis grupal deviene en una psique individual, como un todo, mediante la cual, el 'órgano' así estructurado 'trabaja' en función propia, para asegurar su 'supervivencia', además de hacer lo necesario para perpetuar este órgano, filogenéticamente. Pero, en realidad, este órgano depende más de la función secundaria, que el órgano cumple con respecto a él, y que se transforma en primaria para otro ser más complejo: el animal. Esta progresión evolutiva individual → grupal → individual ... hace que surjan organismos altamente complejos, como los animales y el hombre.

A mayor complejidad orgánica, mayor consumo de energía. Surgen así, otras necesidades a cumplir, con el fin de poder cumplir con los propósitos, individual y grupal (en este orden estricto; sin individuo no hay especie). Estas necesidades básicas que se suman, pasan por el reabastecerse de correlatos energéticos, para poder cumplir con las existencias habituales. Los 'depósitos' de elementos, que mediante su procesamiento, dan la energía al 'motor' se agotan luego de determinado tiempo de actividad, y es necesario reponerlos. A este tipo de actividad pertenece, por ejemplo, la alimentación. Esta actividad, que está presente en cualquier nivel biológico, en determinados grados de complejidad, adquiere características particulares. Así, por ejemplo, es lo que distingue biológicamente a las plantas de los animales, ya que las primeras no necesitan movilizarse (en general) para encontrar su alimento; lo producen ellas mismas, almacenando en moléculas determinadas la energía ambiental, para luego utilizarla en su funcionamiento. Los animales, en cambio, deben buscar el alimento que restituya los depósitos de sustancias energéticas. Entonces, un animal tiene un doble gasto, el inherente a su funcionamiento como organismo, y el necesario para desplazarse en busca de alimento. Este gasto extra (que es de importante cuantía), y el hecho de tener que estar 'alerta' a los distintos peligros que tienen que enfrentar al movilizarse y que pueden malograr su supervivencia, promueven la aparición de una estructura reguladora, que controla a nivel individual este estado de alerta (protopsiquis), y en donde también, de una manera altamente interrelacionada, existe una parte estructural que asegura el funcionamiento básico individual.

No solo la alimentación es necesaria para seguir viviendo, sino que los procesos regulatorios, también necesitan ser reaprovisionados de energía, y todo el sistema necesita detener su actividad con el fin de preservar los distintos mecanismos. Surge, de esta manera, el descanso (el sueño) [y también el soñar en el hombre] como actividad básica reparadora de los sistemas reguladores. Esta actividad básica, no obstante, no queda sin control. La estructura protopsíquica básica asegura que sigan los funcionamientos mínimos indispensables para que el organismo continue vivo mientras se repone; incluso, manteniendo un sistema de vigilancia que es activado en caso de supuestos peligros extremos.

Queda definido así, un mecanismo cíclico de sueño (descanso)/vigilia que permite un funcionamiento adecuado de un organismo complejo, en un medio determinado. Esta protopsiquis es estructurada, como podemos ver,en función de la relación organismo-ambiente. Esta influencia es mutua, y como en el caso de la célula, es cíclica, lo cual, igual que en aquel caso, se produce una conexión (unificación) periódica , en un solo sistema: organismo-entorno, que abre al sistema a la vez que lo mantiene cerrado (individual). Hay , de esta forma, una parte de esta estructura protopsíquica que funciona sola, por decirlo de alguna manera, y que se encarga de controlar la actividad vital mínima, que es de tipo general; y una parte de la protopsiquis que funciona de una manera 'conducida', dirigida, donde la intención es francamente manifiesta, y que se aplica en estado de vigilia (protoconsciencia), la que tiene como fin controlar activamente la interacción con el medio y con los semejantes (consciencia = 'conocer juntos')

El sistema básico que opera durante el descanso, no se inactiva, sino que sigue operativo, ya que regula los PAFs (los patrones de acción fijos de Llinás) que no necesitan del estado de alerta para ser controlados y puestos en función. (hábito, por ejemplo)

Como ya vimos, esta actividad reguladora, controladora, es posible gracias a la aparición, en la evolución, del SNC (cuando, según nuestro punto de vista, surgen los animales no humanos). Esto permitió que se configurara un centro de control del control, como un órgano definido: el cerebro, que no casualmente tiene la mayor densidad de neuronas (la unidad viva, estructural y funcional del sistema nervioso) del organismo, y hacia donde van todas las vías de contacto con el ambiente que posee el organismo como individuo, y desde donde parten todas las vías de producción de actividad (tanto orgánica como individual).

Sin querer decir que hay en el cerebro, distintos centros que regulan distintas actividades, o se encargan de recibir determinados contactos con el ambiente, es evidente, por los estudios realizados sobre el SNC, que hay lugares en el cerebro, en el cerebelo, en el puente, en el tallo cerebral y en la médula espinal, donde la densidad de conexiones que mantienen determinada actividad consciente o no, es mayor. Si a estas áreas las queremos llamar 'centros' o no, es una cuestión semántica.

Lo concreto es que en el cerebro y, de alguna manera determinada, se ejerce la coordinación de la coordinación, la regulación de la regulación, el control del control. Por más que investiguemos dentro del cerebro, además de las neuronas y fibras de conexión específicas, no encontraremos más nada, dedicado a la tarea específica de regular, organizar y controlar, la actividad orgánica. Fuera de la 'psiquis celular', que como vimos, es una actividad y no algo orgánico, y que obviamente, está presente, sino, no habría vida, la protopsiquis, ¿dónde está? Hablamos de estructura, por tanto, tendría que tener 'sustancia', ser algo palpable, sensible. Veremos que no necesariamente debe ser así.

[continuara ... ]

¡Nos vemos mañana!