mayo 27, 2014

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 227)

Cuaderno X (páginas 1363 a 1368)

(Hoy veremos la primera parte del trabajo final presentado en la Cátedra de Psicolingüística, necesario para aprobar la materia. El tema propuesto por la Cátedra: "La adquisición del lenguaje. Teorías de la adquisición y el desarrollo del lenguaje. El enfoque conductista. Enfoques vigentes: innatista, ambientalista o constructivista y conexionista. El modelo de Karmiloff- Smith." Dada mi condición de cursado especial (Alumno Vocacional), propuse la presentación de un avance de lo realizado hasta ahora en mi Tesis, que en buena parte, abarca estos y otros temas del campo de la Psicolingüística; algo que fue aceptado. Por esta razón, presento el siguiente trabajo.)

SOBRE LA REALIDAD


INTRODUCCION

En el sentir popular la realidad (R) está estrechamente ligada a lo material; a aquello que es por peso propio. Menos apego a lo real tienen la vida, el transcurrir o un proceso dado; y definitivamente etéreos aparecen, la actividad psíquica y el fenómeno socio-cultural.

Lo vivo y lo inerte no se diferencian por su grado de R. Es un saber empírico, el que algo vivo es una formación inmensamente superior a algo inerte pero ello no coadyuva para que se le asigne más R a uno que a otro. Ambos comparten la individualidad, la existencia (ambos son perecederos y destructibles) y los mismos rasgos exteriores de cosa sensible y tangible. Ambos son de la misma manera.

Algo similar es válido para las formaciones psíquicas: de la conciencia y los actos, de las personas y los caracteres, las palabras y las obras; los individuos y las comunidades; el proceso histórico, la cultura y el saber. Obvio es que aquí, la apariencia no es la misma; no se dispone ‘en mano’ de un arreglo espacial o de una concreción aprehensible por los sentidos; de una materialidad aparente. Sin embargo su comportamiento temporal es el mismo: todas ellas surgen y terminan (tienen una determinada duración), son irreversibles (suceden solo una vez) y son individuales. Además todas comparten el pertenecer a un orden, mostrando a la vez que además de la dependencia, también las caracteriza una relativa autonomía. Tan solo son entidades de distinta índole y distintos son los sistemas en los que están insertas.

No hay ninguna duda que la decisión humana de llevar a cabo un acto intencional y la evaporación del agua son fenómenos distintos. Pero el carácter de estos fenómenos es el mismo. La estructura general de una toma de decisión y de la evaporación es la misma, y no es otra que la de la R.

Lo particular de la R es justamente esto: que entidades tan aparentemente disímiles como lo inerte, lo vivo, lo psíquico, lo social y lo cultural, coexistan y se influyan mutuamente. Se condicionen, se toleren, se incomoden, se combatan y hasta se exterminen. Todo esto es posible tal vez porque todas tengan una estructura común; una misma organización y todas, simultáneamente, hagan de la R una ‘unidad’ poseedora de una verdadera sintaxis.

Una teoría de la R entonces, no puede limitarse a proveer una ‘visión convincente’ de algunos aspectos del mundo; debe tener también, alguna fuerza explicativa. Si bien la ciencia dicta que una teoría debe proporcionar predicciones que se puedan probar y en un lenguaje adecuado, ello no obsta para que permita el disenso, porque quizás sea éste el único salvoconducto para el arribo de nuevas ideas y ampliar así, la visión del panorama que se pretende abarcar. En ningún caso por supuesto esta ‘ampliación’ sugerida, tendrá que atentar contra el dominio de la teoría en cuestión, el cual siempre debe permanecer absolutamente claro en toda su extensión.

Planteamos un marco referencial, un dominio concreto proponiendo que la R impregna las cosas y la vida. Que sería como una finísima trama que ‘soporta’ y da sustancia a todo lo que existe y a todo lo que hacemos y decimos pero, no a modo del lienzo de un cuadro que está como telón de fondo de nuestra existencia sino, como una organización activa y dinámica de variaciones miles y tornadizos encuentros. Hablando en abstracto, no sería la R una variable dependiente o independiente o un elemento finito que pueda ser manipulado en un laboratorio bajo pretenciosas y arbitrarias ‘condiciones basales’. La R sería un todo, continuo y sistémico. Dijimos también que sería una organización y esta es una de las características básicas que harían de la R un legítimo sistema.

Si hablamos de sistema, hablamos de estructura y si hablamos de estructura, hablamos, según Piaget, de un todo provisto de transformaciones que se auto-regulan. Dicho de otra forma: un todo cuyos elementos al interactuar (transformarse) hacen posible su existencia o acción (autorregulación, reorganización, cambio, expresión).

Por lo tanto lo que se está proponiendo es que la R sería un sistema y como tal, tendría una estructura y sus manifestaciones (cualesquiera que sean) representarían un evento genésico, re-organizativo y evolutivo.

Las relaciones simbólicas, así como los compromisos ontológicos derivados de estas, que son reclamados para que algo sea considerado real, pueden ser entendidos a partir de la distinción entre –al menos– dos actos de significación, a saber, el de referir o denotar y el de mostrar –no sólo en el sentido de la ejemplificación o representación sino en el de la puesta en operación de una tesis. Toda tesis necesita de un escenario para ser representada y, por este medio, probada; de manera tal que una tesis sobre la R puede ser la utilización como marco de referencia, de un universo alternativo en donde, bajo el cumplimiento estricto de leyes naturales propias, permita concluir que lo que allí sucede es tan posible de ser real y verdadero como lo es en el nuestro, gozando del mismo valor simbólico y la misma entidad ontológica.

1.1 UNIVERSOS POSIBLES

Desde hace ya más de medio siglo que en disciplinas como la lógica, la filosofía del lenguaje, la filosofía de la mente o la epistemología, siguiendo la vertiente analítica, se ha constituido en norma metodológica, la noción de ‘mundos posibles’. Aunque los ‘mundos posibles’ fueron introducidos por Leibniz, esta tendencia metodológica tiene su origen en la obra de Ludwig Wittgenstein (Tractatus Logico-Philosophicus, 1922) en donde el mundo deja de ser un ‘conjunto de objetos’ con sus distintas propiedades y atributos, para pasar a ser un ‘conjunto de hechos’. Esta visión de Wittgenstein, que fue propuesta para explicar la relación entre lenguaje y realidad, dejaba entrever que a través del lenguaje podemos concebir no solo cómo es el mundo, sino también cómo no lo es; es más, cómo podría ser.

Más allá de todas las críticas de las que haya sido objeto esta visión de la realidad (a mi juicio inmerecidas y en su mayoría por una interpretación errónea), rescatamos este concepto de lenguaje en un sentido lato. Un lenguaje, que como expresión de la trama real en un espacio lógico determinado, constituye una genuina sintaxis; una expresión a la que Wittgenstein compara con la proyección geométrica (TLP, 2.1), ya que una figura geométrica puede ser proyectada de distintas formas, cada una de ellas en un lenguaje diferente pero, las propiedades de proyección de la figura original permanecen inmutables. Esta inmutabilidad de la forma (que en definitiva expresa su lógica) es en sí, un lenguaje universal. Un lenguaje que no solo es aplicable a un determinado universo, sino a cualquier universo posible.

1.2 MUCHOS UNIVERSOS, UN SOLO LENGUAJE

Siguiendo a Wittgenstein entonces, podemos decir que la R (no importando en que universo) está organizada en ‘patrones’ (hechos) o ‘emergentes’, de características autónomas y autopoiéticas. Estos patrones están constituidos por partes a las que llamamos ‘espacios o nichos ontológicos’ que, dadas sus interrelaciones, conforman como patrón, una unidad compleja. Estos nichos son los continentes de elementos generadores de sentido que en definitiva posibilitan un ensamble entre lo particular y lo general. A pesar que esta concepción que apunta a la caracterización de un objeto y un sujeto, pueda aparecer hoy como totalmente superada, aquí se propone entender la R como un ensamble que permita urdir una trama que se geste desde la unidad estructural, dinámica, funcional y trascendente de estos ‘polos’ opuestos; de esta dialéctica. Un lenguaje único que estructure una R que esté caracterizada, no por las cosas, sino por la totalidad de sus expresiones en donde participen ambos polos interrelacionados. A este lenguaje y a todas sus expresiones, los llamaremos R.

MARCO TEÓRICO

Tanto las Ciencias Naturales que se preguntan ¿cómo son los hechos?, como las Ciencias del Hombre que se preguntan ¿qué significan los hechos?, persiguen desde su óptica el caracterizar la realidad. Uno de los pasos trascendentes (entre otros) con el fin de acotar el problema de la realidad lo constituyó la aparición del concepto de estructura: Una ordenación de elementos según una ley de composición que determina sus relaciones (Piaget, 1968). No obstante, este concepto está imbuido de la ambigüedad propia del uso en diversos ámbitos y en distintas épocas. De hecho esta noción fue utilizada en matemáticas, básicamente en Álgebra (Bourbaki, 1957); en Psicología, relacionada con el concepto de la forma (Gestalt) (Köhler, 1930); en Lógica (Piaget, 1949); en Biología, donde a menudo se entiendió como sinónimo de sistema (Bertalanffy, 1968). También en Lingüística (Saussure, 1916) y a partir de aquí se extendió a otras ciencias sociales. Así, surge en Sociología (Radcliffe-Brown, 1952); en Etnología - Antropología (Lévi-Strauss, 1974); en Crítica Literaria (Barthes, 1970); en Filosofía (Foucault, 1966; Deleuze, 1988; Derrida, 1967), en Psicología y Epistemología Genética (Piaget, 1949 y 1970); en Semiótica (Greimas, 1966); etc. Jean Piaget fue sin dudas, el científico más importante en esta corriente que se propone encontrar relaciones firmes entre estructura, lenguaje, biología, pensamiento y realidad.

De todas las variantes planteadas del concepto de estructura, destacaremos la de grupo, descubierta por Evariste Galois (Galois, 1832). La trascendencia que se le asigna a esta estructura se fundamenta en primer lugar, en la posibilidad de ‘recorrer’ la estructura mediante una operación de composición y poder regresar al inicio del recorrido; y en segundo término, la posibilidad de alcanzar el mismo objetivo por caminos diferentes y sin que dicho camino modifique el punto de llegada.

Si bien esta estructura del grupo es coherente con los principios lógicos clásicos, se plantean en este trabajo, principios lógicos distintos como reglas alternativas de regulación interna y auto-organización y que constituyen en sí una lógica alternativa que permite ensamblar a una estructura una dinámica compleja.

Por otro lado, el manejo que se hace del grupo, permite constituir como unidad lógica, una Conexión de Galois; vale decir, el planteo de la oposición de dos elementos, a través de otra oposición. La oposición entre Sujeto (S) y Objeto (O) (la de tener o no tener una propiedad) no se hace en forma directa sino a través de otra oposición (conjunción/disyunción), lo que la asimila así al concepto de ‘negación mediada’.

ASPECTOS FILOSÓFICOS DE LO REAL
“Lo que se opone es concorde, y de los discordantes [se forma] la más bella armonía, y todo se engendra por la discordia”
Heráclito
“De los contrarios el que conduce al nacer se llama guerra (pólemos) y discordia, el que conduce a la aniquilación se llama concordia y paz”
Heráclito
“La única verdad es la realidad”
Aristóteles
“La verdad es la propiedad de ser real”
Zubiri

Desde que el hombre hizo manifiesta su existencia, lo hizo en una realidad que interpretó de diversas formas. La magia, el mito, el ritual, la leyenda, su alma, su pensamiento, su conducta, sus sentidos; en fin, el estar vivo, fue el artífice de algo que conectaba directamente su espíritu con el mundo natural y dotando a eso que se ‘sentía’ exterior, de una voluntad particular, proyectaba su deseo a lo objetivo desdibujando el límite que había con su subjetividad. Este fluir de lo subjetivo a lo objetivo imprime en toda su experiencia una dinámica continua que no se platea un detallado análisis, sino por el contrario, opera una captación íntegra de lo que acontece en sí mismo.

El abarcar lo real íntegramente sin plantearse distinciones hace presa al hombre de un espectro que pronto lo anuló, tornándose inmanejable aquella armonía entre lo alborozado y lo aterrador, de lo exterior en lo interior, de lo emotivo en lo sensible; sus propias ocupaciones (afines a su preocupación por sobrevivir), le hizo percibir fuerzas y tensiones extrañas que lo arrastraban y superaban perdiendo así, por lo menos en parte, un dominio que parecía asegurado. Surge la conciencia de su ignorancia e inventa formas de paliarla; en un principio lo intenta invocando la ‘protección’ de aquellas fuerzas que aunque desconocidas, le habían demostrado su supremacía; luego, y en salvaguarda de saberse un ‘algo’ individual que es dependiente no solo de lo que juzga como supremo, absoluto y misterioso sino de lo que lo rodea, esboza los prolegómenos de un intentar conocer y conocerse.
Ardua tarea constituyó esta aventura sin límites que aun hoy no termina.

En ese largo camino recorrido y en el que le queda aún por recorrer, surgieron, surgen y seguirán surgiendo intentos de explicación que le ayuden a paliar su ancestral ignorancia, no solo sobre su existencia sino también sobre su muerte y de la diacronía que esto implica.

Se ha progresado mucho: del mito a la religión, de la alquimia a la ciencia, del sentido natural de conocer el mundo a la filosofía; pero se ha perdido otro tanto. La cultura humana con su grado superlativo de desarrollo, ha logrado en gran medida, ‘embotar’ aquel sentido natural para conocer el mundo. En este aspecto, el animal quizás aventaje al hombre porque jamás se plantea su ignorancia y conoce de la muerte solo el mismo día que deja de existir; por tanto, no necesita de la religión, ni de la filosofía, ni de la ciencia.

Plantearse una definición de la R es querer recorrer una gran distancia, llevando a cuestas cada tramo del camino recorrido. Todos los planteos que el hombre se ha hecho, y se sigue haciendo, sobre su existencia y sobre el medio en que esta se da, son variados intentos de esconder lo que ignora. Como el origen común de todos estos planteos es el resabio de su sentido natural: ‘conocer para sobrevivir’, básicamente ninguno de ellos esta radicalmente equivocado, y ya que el parámetro de medida que utiliza para certificar su legitimidad: la verdad, surge del intento de ‘normalizar’ algo ignorado, habría que incluirlos a todos en una misma definición.

Aceptando lo dicho, cualquier postura que se adopte para abordar la R es absolutamente lícita, siempre que se guarde la coherencia necesaria para que las conclusiones provisorias a las que se arribe sean aplicables a cuanto integra un universo determinado; vale decir, en este sentido sean universales y constituyan así un intento de explicación.

3.1 FUNDAMENTO FILOSÓFICO DEL PAU

Quizás una de las maneras más simples de interpretar la R sea, como lo fue en los comienzos de la filosofía, el intento de poner límites, no en el sentido de atemperar una supuesta ‘confusión categorial’, sino en el de diferenciar entre lo que siempre está como indeterminado, exento de cualidad, difuso, continuo y en eterno movimiento y lo finito. Así, el mundo sensible se haría presente como un cúmulo de determinaciones (límites), como negación de lo continuo. Esta separación de ‘contrarios’, de lo ilimitado y lo que tiene límites, puede sustentarse en una ‘pareja de contrarios’ con soporte físico: desorden – orden.

Es posible entonces describir la R como compuesta por lo que ‘se ve’, lo sensible, lo que aparenta, lo finito, lo limitado, el orden; y lo oculto, lo ilimitado, lo difuso, el desorden. Lo anterior nada dice de lo que la R es. No explica nada. Solo define; o sea, se aproxima a un límite.

Un intento de explicación es per se algo dinámico y para explicar la R se debe dar cuenta de esto a través de sus signos de evolución.

El aspecto dinámico estaría representado por un movimiento cíclico de ‘cohesión’ y ‘disgregación’ de estos contrarios (orden y desorden): lo que separa a través de la unión de las diferencias entre ambos ‘polos’, constituyendo así la apariencia, los hechos; y lo que se une como una manifestación de la separación de similitudes entre los mismos (germen de las categorías), que constituye el generador de sentido de un hecho; lo oculto.

Podemos entonces caracterizar como integrantes de lo real cuatro elementos: desorden, orden, la unión de sus diferencias que llamaremos organización y la separación de sus similitudes que llamaremos desorganización. (Diagrama 1)¹



Diagrama 1

Así vista la R, queda planteada como una oposición ‘mediada’ por otra oposición. Esta estructura se puede concebir como formada por dos tríadas: por un lado, la constituida por orden y desorden mediados por la organización, la cual dejaría constancia de apariencia (lo finito) y que se desplegaría en los tres ejes ‘visibles’ de la R (ortogonales entre sí): el estructural (qué), el dinámico (cuándo) y el funcional (cómo). Por otro lado, la tríada formada por orden y desorden mediados por la desorganización, que constituiría lo ‘no visible’ de la R; aquello que se despliega en una dimensión superior (cuarta dimensión): lo trascendente (por qué) (ortogonal a los otros tres) (Diagrama 2)


Diagrama 2

El aspecto evolutivo de esta estructura se sustenta en su complejidad; vale decir, en la triple interrelación que liga a estos cuatro elementos: oposición, complementariedad y concurrencia o simultaneidad. Esta particular disposición estructural permite a esta tétrada funcionar como una unidad evolutiva (un verdadero sistema) ya que se adapta a los cambios continuos que surgen tanto en lo que lo rodea como en su seno, definiendo, de esta manera, un estado (o una tendencia al límite de desintegración absoluta), estableciendo un desequilibrio estable (estado estacionario) que cuando está próximo al límite, obliga a toda la estructura a ‘elegir’ entre dos alternativas (se bifurca): o le ‘roba’ complejidad al entorno y auto-produciéndose reorganiza su estructura pasando a un nivel de complejidad mayor (evolución), o desaparece por no poder adaptarse (desintegración).

A esta unidad dinámico-genésico-evolutiva la llamaremos PAU (Patrón Autónomo Universal) y la concebiremos como la ‘célula’ de lo real.

¹ La razón de utilizar diagramas para expresar aspectos filosóficos obedece a que la figura geométrica bidimensional no solo significa forma, sino relaciones. Las relaciones son de tipo lógico y tienen un carácter topológico. Las propiedades topológicas representan, en cierto sentido, las propiedades fundamentales de las estructuras espaciales. Se busca con un diagrama simplemente, otro modo de simbolizar la misma estructura básica.

[continuará ... ]

¡Nos encontramos mañana!