agosto 13, 2014

BABEL, la biblioteca infinita (II)


En la figura anterior podemos apreciar una de las infinitas galerías hexagonales que componen la biblioteca, por ahora vacía, sin anaqueles y sin libros en ellos. Se destaca en la imagen el vasto pozo de ventilación en el centro mismo de la galería.


Vemos en la imagen anterior, la misma galería vacía, pero ahora desde el zaguán.


Como un plus, o tal vez como una infidencia ante el misterio que rodea la construcción de esta maravilla de la ficción o de nuestra más íntima realidad, les dejo esta vista aérea del empalme entre el zaguán y la galería hexagonal; debería mantener estos detalles ocultos en las sombras, porque no es procedente desvelar el secreto de algo infinito, el cual se supone, no tiene 'partes'.

Dijimos por allí que no hay nada infinito. Esto, a primera vista, es cierto si nos referimos a la apariencia que nos ofrecen los cuerpos materiales; pero, no lo es tanto si pretendemos justificar otras cosas. Entonces nos percatamos que pueden definirse, al menos, tres infinitos: a) un infinito por suma, que es el concepto de Número; b) un infinito por división, que es el concepto de Espacio; y c) un infinito en ambos sentidos, que es el concepto de Tiempo. Luego, tendría sentido presuponer una infinitud corpórea que ha de entenderse como lo contrario a evidente, superficial y discreto. Este es un infinito que se alcanzaría paulatinamente, en forma oculta, en ‘las profundidades’ de la realidad, y que surgiría explosivamente a la apariencia (se manifestaría como ‘verdad’) en un ir haciéndose; en un alcanzar el límite; en un provocar catástrofes; en un producir bifurcaciones; en una palabra: en un definirse. Esta definición lo es a modo de una perturbación variable (cambio) aunque con cierta estabilidad que en cada instante del tiempo irreversible tiene dimensiones finitas, a pesar de manifestarse por un Número y ocupar un Espacio en un Tiempo determinado, que no lo son.

El maestro del género fantástico, nos lleva de su mano por los caminos desconocidos, aunque no por eso menos obvios, de una realidad que nos lastima con su filosa ambigüedad. Un planteo directo que simula extrañeza; una franqueza atrevida que nos arropa y nos mima; una verdad obstinada que nos enfrenta al eterno fantasma de la posibilidad; en fin, una apariencia que deja de ser tal cuando nos muestra sin tapujos que la realidad lo dijo primero.

Ante esta infidencia mía, entonces, decidan ustedes a qué infinito pertenece nuestra querida Biblioteca de Babel.

[continuará ... ]