agosto 27, 2014

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 319)

Cuaderno XIV (páginas 1917 a 1922)

(En este capítulo, continuando con los aportes para mi primer libro, veremos una introducción al tema de la categorización, de singular importancia según mi punto de vista, en el estudio de la no pertinencia de las Ciencias Cognitivas)

CATEGORIZACIÓN

La lógica clásica logró transformar 
al hombre en esclavo de sus categorías. 
Dante Roberto Salatino

Discriminar adecuadamente los hechos es un acto de descubrimiento, tal como lo sugiriera Charles Peirce (Brunning – Foster, 1997, p. 193) y no la invención de una categoría como dice Jerome Bruner (2009, p. 7); como tampoco es aprender una clase como concepto para luego reconocer en ella los distintos objetos que la integran y mucho menos, que esto represente la forma más elemental y general de conocimiento para adaptarse al entorno.

En la realidad subjetiva, de esta realidad es de la que hablamos en este artículo, no existen categorías sino especies, como luego veremos.

Las categorías tienen un sustento mítico. ¿Por qué equiparo las categorías con un mito? Porque cumplen con las mismas funciones esenciales: a) son explicativas: ya que tratan de justificar o individualizar el origen, razón y causa de algún aspecto de la vida individual o social , b) sirven de representantes afectivos: al estar arraigadas al sujeto, funcionan como un asidero existencial y motivacional, y c) son pragmáticas: por ser la base, tanto de estructuras sociales, como de determinadas acciones, con lo cual delimitan el por qué una situación se da de una determinada manera y no de otra.

Como parte del gran mito que constituyen las categorías se encuentran, entre muchas otras, las categorías de identidad y de equivalencia, que surgen, en todo caso, por no haber interpretado adecuadamente la alegoría implícita en otro mito: el de la caverna de Platón. La identidad como algo único es pura apariencia e ilusión. La realidad subjetiva opera simultáneamente con 'las sombras' y también con los ‘objetos’ que las producen, luego la identidad no es una categoría que identifique 'cosas', sino un ensamble complejo que da lugar a las interrelaciones indispensables para que se sustancie un hecho real.

El ser vivo en general y no solo el hombre, reconoce hechos y no cosas, y lo hace, no por ser idénticos o equivalentes entre sí, sino por la existencia, en primer lugar, de un LENGUAJE UNIVERSAL que estructura toda la realidad, sea esto un hecho o un ser vivo cualquiera y que permite a la postre, encontrarle ‘sentido’ a esa realidad subjetiva en los distintos planos de complejidad en que se dispone la vida y, en segundo lugar, de un LENGUAJE NATURAL que permite dejar constancia de tal sentido y comunicar dicha experiencia mediante un significado. Esta segunda instancia se da en tres niveles: i) instintivo: que con un lenguaje natural táxico atiende a la vida, para seguir vivos, ii) emocional: que con un lenguaje natural sígnico permite reconocer el entorno y iii) emotivo: que con su lenguaje natural simbólico, discrimina pulcramente los avatares sociales.

La visión anterior resuelve definitivamente la falta de correspondencia entre las categorías de equivalencia y las categorías lingüísticas; incongruencia que socava severamente los cimientos de las Ciencias Cognitivas al tener que, o bien interpolar para llenar el abismo que se abre entre ellas, o bien extrapolar para 'fabricar' un nuevo tramo del 'puente' que se pretende tender sobre dicho abismo para soslayarlo. Obviamente, jamás se lograron, ni se lograrán tales objetivos, no obstante la ciencia fabrica esto formalmente, inventando categorías, es decir, especificando arbitrariamente los atributos requeridos para que 'algo' forme parte de una clase, para lo cual se hace imprescindible la construcción de un lenguaje artificial ad hoc que asegure, sin lugar a dudas, que la categorización funcional que pueda surgir desde lo subjetivo, no entre en vigencia.

La definición formal de las categorías y de todo el sistema que las sustenta, lleva como objetivo poder manejar todo este complejo simbólicamente {Quedan incluidas aquí las propuestas que reniegan de tal representación simbólica (p.e. la lingüística neurocogntiva de Lamb), asignándole el peso de la representación a las relaciones entre nodos agrupados en una especie de red, que en realidad se trata de una distribución jerárquica de lexemas, morfemas y fonemas (que son símbolos) relacionados, en lugar de palabras, con lo cual tratan de diferenciarse radicalmente de los sistemas conexionistas que son subsimbólicos, es decir, operan con ‘microrasgos’ y no con clases o categorías, por más que estas surjan de una red de relaciones} y así lograr alguna representación de él. Esto hace que, frecuentemente, estas definiciones formales tengan poca relación con aquello que supuestamente representan, o sea, no tienen muy en cuenta la falta de encaje que se suele producir entre las categorías especificas formalmente definidas y su contraparte empírica. Quizás este fenómeno tenga mayor relevancia en Psicología Cognitiva, ya que aquí, mediante este artilugio se definen conceptos, ideas, pensamientos y todo otro aspecto que hasta el mismo sentido común (aquel que fuera rechazado como motor de categorización) convalide como mental.

Sin dudas, la invención de las categorías tiene que ver con lo que nuestra vida intelectual ha heredado del realismo ingenuo que defiende el dogma de la existencia de la verdad en la naturaleza. La ciencia al no resolver el enigma de cómo los eventos están agrupados en el mundo, inventa categorías para poder operar con él; en otras palabras, crea un sistema que permita una descripción del mundo acorde con su conveniencia.

La búsqueda de tal sistema se basa en los descubrimientos que se han hecho en diferentes campos donde los investigadores han recopilado información de las formas en que las personas usan el lenguaje para describir el mundo natural. De esta manera, fue relativamente sencillo encontrar el hilo que hilvana los diversos aspectos que abordan, tanto la ciencia tradicional como las ciencias sociales y humanísticas para llegar, guiados por esta ‘brújula’, a una explicación de nuestros problemas. Por supuesto que esta explicación no soluciona el problema de cómo agrupar el mundo, sino que, simplemente, aparenta disipar nuestras dudas.

Al inventar las categorías basadas en el lenguaje nos invade la sensación de tener un amplio manejo de la diversidad infinita que nos propone el mundo y por tanto todo el problema quedará resuelto cuando logremos una ‘aproximación natural’ al lenguaje, esto es, cuando examinemos el lenguaje de una manera en la que no necesariamente debamos asumir una relación particular y precisa entre las palabras y los distintos aspectos del mundo real a los que se refieren. Todos resabios de la filosofía analítica, cuyo factor común es el análisis lógico del lenguaje, que, o bien puede ser reductivo al eliminar las ambigüedades inherentes al lenguaje ordinario creando un lenguaje ideal lógicamente perfecto, o bien puede ser parafrásico, volcando el análisis al lenguaje ordinario en busca de establecer reglas de su buen uso para evitar las ‘trampas’ a las que se ve sometido el pensamiento cada vez que el lenguaje no es bien usado.

Con todo lo anterior, en el mejor de los casos, podremos lograr una buena definición, pero con esto no es suficiente. Aristóteles nos enseñó que definir es tender a un límite, pero precisamente es en los límites alcanzados por la definición en donde nos aguardan las más incómodas ambigüedades. Por tanto, si pretendemos transitar por los senderos de la ciencia, toda definición deberá estar respaldada, indefectiblemente, por una teoría.

Revisaremos a continuación algunas teorías que desde distintas ramas de la lingüística han pretendido dar soporte a definiciones sobre las categorías. A pesar de la diversidad de enfoques, hay una serie de aspectos que son comunes a todas ellas: 1) Las categorías existen en la mente de las personas y pueden ser expresadas a través del habla y de otros modos del lenguaje, 2) Una categoría es el componente principal de cualquier proceso de organización o clasificación, y 3) Una categoría es útil para cuando se repiten circunstancias similares o potencialmente similares a las que le dieron origen.

[continuará ... ]

¡Nos vemos mañana!