agosto 13, 2014

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 305)

Cuaderno XIII (páginas 1833 a 1838)

(En este capítulo analizaremos el sueño MOR (fase de los movimientos oculares rápidos, que es cuando soñamos) para dejar constancia de la actividad eléctrica oscilatoria cíclica del cerebro. Por otro lado, veremos el oscilador de Llinás que permite, según nosotros proponemos, el manejo de los aspectos volitivos y cognitivos, por parte de nuestra psiquis)


SUEÑO MOR

Toda la actividad psíquica se apoya en las propiedades eléctricas intrínsecas del cerebro, en especial la oscilación rítmica. Varias clases de neuronas muestran una actividad eléctrica intrínseca cíclica y a veces, coordinada entre ellas de tal forma que generan un oscilador o reloj interno que controla en forma coherente, la actividad sincronizada. Se ha demostrado la existencia de una actividad magnética coherente cerebral de 40 Hz en estado de vigilia y durante el sueño MOR; aunque muy reducida durante el sueño NO MOR. Esta actividad se caracteriza por una fase fronto-occipital de una duración máxima de 12 a 13 mseg. Se trata de un ‘mapeo temporal’ global donde las entradas sensoriales (el nexo con el entorno) ligadas por la coincidencia temporal constituirían el mecanismo básico de sincronización. Tanto en vigilia como en el sueño MOR, como lo muestra la animación siguiente, se registra un cambio de fase regular que dura 12.5 mseg. Es decir, hay un desplazamiento de la onda registrada en el sentido rostro-caudal. Se equipara este comportamiento a una especie de quantum cognitivo o periodo de mínima discriminación temporal que nosotros tomaremos como el tiempo durante el cual ‘estamos conscientes’.




OSCILADOR DE LLINÁS

Llinás propone como el mecanismo principal del manejo temporal en el cerebro a la sincronización, mediante la sustancia reticular, de los núcleos talámicos específicos con los no específicos. El ciclo específico manejaría la cognición y el no específico se encargaría de la sincronización temporal necesaria para la unificación de la experiencia cognitiva. Sobre la base de estos hallazgos neurofisiológicos hemos recreado en la siguiente animación, nuestro ensamble. Así, tenemos por un lado, un ciclo dextrógiro (al que hemos caracterizado como superficial) que estaría encargado del manejo de lo volitivo y sería quien permite construir la estructura psíquica a través de las ideas y la memoria; y por otro, un ciclo levógiro (aquí individualizado como profundo) al que se le asignaría el manejo de la tarea cognitiva propiamente dicha a través del pensamiento. Mediante la superposición, en el esquema sugerido por Llinás, de los elementos integrantes de un psicocito se puede ver sin mayor dificultad la llamativa similitud con nuestra célula psíquica.



[continuará ... ]

¡Nos vemos mañana!