agosto 24, 2014

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 316)

Cuaderno XIV (páginas 1899 a 1904)

(Hoy veremos la primera parte de un extenso artículo que escribí en Junio del 2010 sobre los universales lingüísticos, luego de nutrirme en varios autores y haber cotejado distintas opiniones. Posteriormente, este artículo formará parte de uno de los capítulos de mi primer libro, en donde plasmo los fundamentos de mi teoría: "Aspectos psico-bio-socio-culturales del lenguaje natural humano - Introducción a la teoría psíquica del lenguaje")

SOBRE LOS UNIVERSALES LINGÜÍSTICOS

El tema de los universales, tan discutido entre filósofos en primer lugar y luego entre lingüistas y filósofos, ha alcanzado, según lo ven Mairal y Gil (2006, p. vii), en lo referente al enfoque lingüístico, un momento de explicaciones adecuadas, al ofrecer respuestas satisfactorias al porqué de las diferencias entre los distintos lenguajes. Estas respuestas están fundamentadas, desde las ciencias cognitivas, en la supuesta demostración de que las diferencias son solo superficiales, ya que al mismo tiempo se encuentran también, supuestas e innegables regularidades que subyacen en sus estructuras profundas.

La apreciación anterior que lleva el indeleble sello chomskiano, en realidad, no constituyó nunca una respuesta adecuada al no poder demostrar concretamente, esa pretendida doble estructura de un simple código, aquella que amparada en la tautológica ‘gramática generativa’, aspiraba ser un reflejo de patrones innatos controlados por el cerebro.

El problema de los universales no es ni filosófico, ni lingüístico, sino psico-bio-socio-cultural y ni siquiera es un problema, todo lo contrario, es una solución subjetiva al verdadero problema: sobrevivir.

Sin embargo, vamos a encarar el tema desde lo lingüístico porque es el enfoque más cercano, en apariencia, a lo subjetivo dado que involucra nuestro medio de comunicación predilecto. No obstante, no caeremos en la tentación cognitivista de considerar la distinción entre universales internos (o teóricos o chomskianos) y universales externos (o empíricos o de los funcionalistas, semanticistas o pragmatistas cognitivos [Langacker, Dik, Van Valin, Bybee, entre tantos otros]). Solo haremos un análisis estéril, por híbrido, por dos razones: en primer lugar, para evitar la reproducción de preconceptos y prejuicios, y en segundo lugar, al invocar el orden de las palabras de una manera muy superficial, porque se asemeja en los términos, aunque no en el significado, a nuestra nomenclatura y porque de alguna manera, tiene connotaciones sintácticas, igual que nuestro lenguaje universal. La segunda razón obliga a considerar también, la propuesta de Greenberg.

Entre los diversos universales lingüísticos propuestos están los referidos a la sintaxis y específicamente, en lo que se refiere al orden de las palabras.

Según un enfoque de este criterio las lenguas se dividen en configuracionales o aquellas que se ajustan rígidamente a una estructura determinada y las no configuracionales o las que, aparentemente, no siguen ningún esquema prefijado. (Greenberg, 1963, pp. 73-113). Entre las primeras, la tipología de Greenberg, hace referencia, entre otros aspectos, a la posición ocupada por el Sujeto, el Objeto y el Verbo. Son ejemplos: el Español (SVO) o el Vasco (SOV). Entre las segundas tenemos, por ejemplo, el Ruso, con secuencias: SVO, OVS y VSO, las que utiliza según el contexto. La propuesta inicial de Greenberg incluyó tres tipos de lenguajes, que identificó como I, II y III y representaban los lenguajes hoy conocidos como: VSO, SVO y SOV, respectivamente. Con el tiempo y ante la evidencia práctica, esta cantidad inicial fue extendida hasta cubrir todas las posibilidades combinatorias entre los tres elementos básicos, es decir, se agregaron: VOS, OVS y OSV.

Lehmann (1978, p. 3) redujo los seis tipos anteriores, a solo dos: OV y VO, arguyendo que lo verdaderamente importante era el orden que guardaba el verbo (V) con respecto al objeto (O) y que la posición del sujeto (S), carecía de importancia.

Según Lehmann, las lenguas VO incluirían las secuencias: SVO, VSO y VOS de Greenberg; mientras que las OV abarcarían las secuencias: SOV, OSV y OVS.

En la actualidad, de las muchas propuestas surgidas a lo largo del tiempo sobre los universales, estas dos consideradas son las que siguen en vigencia: la funcional de Greenberg, de naturaleza inductiva y la formal de Lehmann, de carácter deductivo. No tendremos en cuenta los aportes de Vennemann y de Dik por ser de manejo restringido.

- Propuesta funcional de Greenberg: muchos de los universales que propone este autor, de un total de 43, los formula en términos de una implicación, es decir: si una lengua X tiene una propiedad A, entonces también tiene la propiedad B. Generalizando podemos decir: si x entonces y, y de aquí llegamos a:

En la tabla adjunta, extraída de Comrie (1989, p. 17), x = absoluto e y = incondicional. Los dígitos binarios son la correspondencia con la Lógica Transcursiva.




Dik (1997, p. 27) muestra la siguiente tabla, en donde se disponen los cuatro tipos de universales que se distinguen desde el trabajo de Greenberg (1963):


TIPO A (11): Absolutos e incondicionales: todas las lenguas tienen la propiedad X. Para nosotros es la propiedad que surge del cambio evidente, o sea, superficial.
TIPO B (01): Relativos e incondicionales: casi todas las lenguas tienen la propiedad X.
TIPO C (10): Absolutos e implicativos: si una lengua tiene X, entonces también tiene Y. Estos son, en nuestro caso, tendencias universales o generalizaciones lingüísticas, más que verdaderos universales.
TIPO D (00): Relativos e implicativos: si una lengua tiene un X, probablemente tendrá un Y. Para nuestra propuesta, aquí están los verdaderos universales, aquellos que permanecen ocultos o que no son evidentes a simple vista, es decir, nuestro sustantivo primigenio y el eje temporal, que sí están en todas de las casi 7000 lenguas conocidas del mundo.

Comrie (1989, p. 18) dice que se cumple la siguiente regla: siempre se dan tres de estos cuatro universales, en cualquier lengua. Es decir, uno siempre queda oculto.

Según nuestra propuesta, los tipos A, B y C son fenotípicos (superficiales y evidentes), mientras que el D es genotípico (oculto y profundo) y el verdadero universal. Esto coincide absolutamente con el modelo ABC de los colores ocultos y la propuesta de Goethe sobre la universalidad de la hoja en el origen de los órganos de las flores, y así se explicaría la regla de Comrie, se cumplen 3 de los 4 tipos; uno siempre queda oculto y ese es, según mi punto de vista, el verdadero universal, porque es el que condiciona a todos los demás, es decir, los hace manifiestos ya sea solos o combinados y aún puede llegar a ocultarlos completamente.

El concebir los universales como una lista constituida por las variaciones superficiales de un número elevado de lenguas, inclusive de todas, es posible que nos lleve a cometer errores al asignarlas a un tipo determinado.

Respecto a lo anterior, en el alemán, por ejemplo, no se pudo resolver la polémica sobre el orden básico de las palabras hasta que no se advirtió el orden subyacente SOV (el alemán es SVO, como otras germánicas; el inglés, p.e.), y mediante las operaciones sintácticas que caracterizan el fenómeno del verbo en 2a posición (SVO), se pudieron explicar sin problemas, todos los órdenes aparentes de esta lengua, sin necesidad de suponer que las cláusulas principales, que son SVO, seguían un orden básico distinto a las subordinadas o adverbiales (entre otras), que son SOV.

[continuará ... ]

¡Nos vemos mañana!