agosto 29, 2014

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 321)

Cuaderno XIV (páginas 1929 a 1934)

(En este capítulo continuamos con los Prototipos como categorías)

Rosch, basándose en los principios de economía y organización que supuestamente cumplen las categorías y cuya relevancia cultural y psíquica destaca, propone concebir un sistema de categorías de dos dimensiones. Una dimensión vertical que tiene que ver con el nivel de inclusión de términos en las categorías (estructuración intercategorial) y una dimensión horizontal, que nos dice de la segmentación de las categorías en un mismo nivel de inclusión (estructuración intracategorial). Esta disposición es idéntica a la propuesta por Zadeh trece años antes: dimensión vertical = grado de pertenencia y dimensión horizontal = variable lingüística.

Analizaremos con más detalles la dimensión horizontal y la presunta estructura de las categorías: los prototipos, los cuales son considerados por Rosch como aquellos miembros de una categoría que mejor reflejan la estructura de la categoría como un todo. O sea, si las categorías representan la manera de maximizar la información sobre ciertos atributos que las distinguen del medio ambiente, los prototipos al agrupar estos atributos parece que permiten aprovechar al máximo tal información, convirtiéndose en una señal de ello dentro mismo de la categoría, señal que termina siendo un reflejo de la frecuencia de uso.

La categorización por medio de prototipos (prototipicidad), si bien no se destaca respecto de la categorización habitual, al aplicarla a procesos particulares ni al tratar de explicar la teoría de las representaciones cognitivas de las categorías, es bastante claro para Rosch que sí afectan virtualmente todos los resultados obtenidos en las variables analizadas en la investigación psicológica. Entre ellas: modifican, acortándolo, el tiempo de reacción ante una tarea determinada, lo cual se interpreta como un aumento en la velocidad de procesamiento; aumentan la velocidad de aprendizaje de categorías artificiales por los adultos y las naturales por los niños; mejoran el almacenaje, recuerdo o búsqueda categorial, es decir, sirven de punto de referencia cognitivo; mejora el manejo de la lógica natural del lenguaje; etc.

Rosch aclara en su trabajo, que hablar solo de prototipos es simplemente una ficción gramatical conveniente, y que en las categorías del lenguaje natural, hablar de una sola entidad que es el prototipo puede constituir o un grave desconocimiento de la información empírica o alguna teoría secreta de la representación mental. Los prototipos, según la autora, no constituyen algún modelo de procesamiento particular, ni tampoco una teoría de representación de las categorías y aunque deben aprenderse, no constituyen una teoría del aprendizaje de las categorías. En resumen, para Rosch, los prototipos solo limitan pero no especifican los modelos de representación; es más, esos modelos se limitan a sí mismos.

Más allá de las pertinentes aclaraciones realizadas por Rosch, su propuesta adolece de severas limitaciones y no tanto referidas a su difícil aplicabilidad lingüística o a su escaso poder descriptivo de la organización conceptual, alrededor de lo cual se han estructurado muchas de las críticas que ha recibido esta teoría, sino las que hacen a cuestiones más básicas, como por ejemplo, el no diferenciarse sustancialmente de la propuesta aristotélica.

La teoría de los prototipos roschiana sugiere que no hay un conjunto único de atributos que definan y conformen de manera suficiente y necesaria, un concepto determinado. Esta postura rechaza de plano, tanto el género como la especie aristotélica, pero acepta de hecho lo propio y el accidente con los que Aristóteles completa la definición de sus categorías. En otras palabras, la propuesta de Rosch y la de Aristóteles no son opuestas y excluyentes, sino en todo caso, complementarias.

De todas formas no creo que sea ocioso el aclarar qué son y qué representan las categorías aristotélicas, ya que supuestamente toda la corriente cognitivo-semántico-conceptualista se distingue por rechazar férreamente las ‘condiciones suficientes y necesarias’ que según dicen, son las impuestas por Aristóteles para definir una categoría.

Es importante conocer que Aristóteles nunca escribió un tratado sobre las categorías propiamente dichas, sino de formas de predicación y esto es trascendente a la hora de entender a qué nos referimos cuando pretendemos categorizar algo, ya sea por la vía aristotélica, por la senda de los prototipos o por cualquier otra alternativa de las muchas propuestas.

El tratado de Aristóteles es sobre la doctrina de los predicables, esto es, de las maneras que tienen de relacionarse sujeto y predicado. Cinco son los predicables propuestos: género, especie, diferencia, propio y accidente. Ahora, hay que hacer una distinción entre predicables (categoremas) y categorías (predicamentos), aquellos indican las formas fundamentales a través de las cuales éstas son atribuidas a las cosas (Aristóteles, 2004, p. 1).

El Tratado sobre las categorías (título que le pusieron los primeros discípulos aristotélicos) está dentro de sus tratados de lógica, ya que la lógica representaba para Aristóteles la doctrina del pensar metódico el cual se funda en las leyes de la deducción, la que a su vez, opera a través de proposiciones formadas de términos (conceptos). La lógica tiene una teoría de la proposición (juicio) y otra del concepto, que es de la que habla el tratado de las categorías.

Los conceptos aristotélicos son las ideas o nociones de los objetos.

Por tanto el estudio de las categorías es un tratado de lógica que habla sobre la metodología y la técnica del pensamiento, pero no indaga sobre qué es la realidad ontológica, ni tampoco representa un estudio de psicología, ya que no intenta averiguar cómo y por qué se originan los conceptos en la conciencia humana y qué relación tienen estos con las cosas externas.

En resumen, el Tratado sobre las categorías lo único que pretende es individualizar los conceptos supremos y encontrar las leyes que rigen su operación para llegar a conocimientos verdaderos. Todo lo anterior deja bien en claro que este tratado es de índole estrictamente metodológico y que su sustento es exclusivamente gramatical.

Aristóteles asegura la evolución de una lógica gramatical a una lógica noética y así la gramática pasa a ser una actividad creadora de categorías, permitiéndole a la mente asociar atributos y relaciones en un término léxico. Luego estas categorías lógicas derivaron en categorías gramaticales queriendo hacer ver que el pensamiento era reflejado por la gramática. El nivel semántico otorgado a los distintos tipos de palabras propició el paralelismo entre lo lógico-gramatical y el pensamiento y así la gramática lógico-noética se transformó en una gramática psicológica.

La lógica y la psicología marchando juntas intentan llegar, por esta cercanía, a la comprensión de la función cerebral en la adquisición, comprensión y producción del lenguaje y esto lo sustentan en función de la aparente vinculación de las formas verbales respecto a funciones mentales tales como: capacidad de memoria, entendimiento, creación de hábitos, etc., lo que supuestamente demarca una fuerte dependencia entre el código lingüístico y la conceptualización. Todo esto deriva en patrones que influyen en las relaciones psíquicas, que condicionan las consecuencias que ciertas patologías del pensamiento reflejan en la producción verbal, dándole entidad a una Psicolingüística y a una Sociolingüística que pretenden abordar el lenguaje desde lo profundo de la personalidad del hombre o desde el hombre inmerso en un medio social.

Como es fácil de ver, la categorización sea cual sea la investidura que calce, tiene bastante poco que ver con los procesos psíquicos, como no sea el de establecer relaciones entre los términos de un lenguaje que gracias a una ingeniosa propuesta lógica adquirieron el rango de conceptos.

En cuanto a los prototipos, específicamente, solo podemos decir que terminan siendo una forma ‘más elegante’ de categorizar, con lo que ciñen aún más las ataduras, aquellas de las que pretenden liberarse. Esta misma suerte alcanza a todas las variantes prototípicas elaboradas a posteriori de Rosch y que tuvieron en manos de prestigiosos lingüistas como Givón, Kleiber, Taylor, Langacker, Lakoff, entre otros; y que fueron ‘suavizadas’ al bautizarlas como efectos prototípicos y al invocar y malinterpretar, en muchas de ellas, el concepto de ‘semejanza de familia’ propuesto por Wittgenstein en sus Investigaciones Filosóficas.

[continuará ... ]

¡Nos vemos mañana!