agosto 26, 2014

Historia de la Lógica Transcursiva (Capítulo 318)

Cuaderno XIV (páginas 1911 a 1916)

(Hoy veremos un proyecto de presentación de una nueva perspectiva de enfoque de la morfología y la sintaxis. El fin de este apunte fue ensayar la aplicación de los principios de la Lógica Transcursiva a la Gramática)

MORFOLOGÍA Y SINTAXIS
Una nueva perspectiva

Dejaremos, en parte, un poco de lado las consideraciones tradicionales (normativas) sobre estos aspectos gramaticales y trataremos de abordarlos desde una óptica algo diferente. El motivo: comprender mejor cómo es que el lenguaje puede reflejar la realidad aprehendida en la comunicación de nuestros pensamientos.

Esta nueva perspectiva obliga a describir, aunque sea sucintamente, el contexto a aprehender. De otra forma, la realidad que nos circunda no es inerte y nosotros tampoco, ergo, de la relación que establezcamos con ella y ella con nosotros, surgirá no la cantidad, sino la cualidad de lo aprehendido.

De una manera arbitraria supondremos que los ‘ejes’ que definen lo real, podrían establecerse a través de estos cuatro elementos: qué, cómo, cuándo y porqué. A su vez, calificaremos el qué como estructural, el cuándo como dinámico, el cómo como funcional y finalmente, el porqué, como trascendental.

Para dejar constancia, en el lenguaje, del qué, del cómo y del cuando, disponemos del sustantivo, el adjetivo, el verbo y el adverbio, estas cuatro categorías léxico-gramaticales que podríamos considerar básicas. Lo causal, es decir, el porqué, reúne como buena conjunción que es, los tres ejes anteriores, que son considerados los ejes aparentes de la realidad (los que se nos muestran cotidianamente). El porqué representaría ‘lo oculto’ de la realidad y lo que integra (a modo de reorganizador) los tres aspectos anteriores, o lo que es lo mismo, el qué de la aprehensión extra-lingüística de la realidad, el cómo de esa aprehensión y cuándo ésta se realiza.

A nadie escapa que los aspectos morfo-sintácticos están profundamente ligados a los semánticos. Ahora, es imprescindible distinguir en cuanto al significado (que aquí no es equivalente a sentido) se refiere, el léxico del gramatical. El significado integral de una expresión, sin dudas, conlleva ambos. En cualquier caso, si hablamos de contenidos semánticos, estamos hablando de categorías o modos de significación. En esta nueva propuesta no hablaremos de categorías, pues estas son constructos (es decir conceptos no empíricos y que por tanto no se pueden demostrar), sino de especies, ya que éstas al tener una estructura interna, permiten su abordaje analítico.

Esta visión distinta de la ontología encaja mucho mejor con las relaciones de las que pretende dejar constancia la gramática a través de sus categorías.

Un vistazo rápido sobre la ‘anatomía’ de una especie, quizás explique mejor a qué me refiero.
(figura adjunta)

Los procedimientos de análisis gramatical se basan en las relaciones que mantienen las unidades en la cadena expresiva y el sistema (determinado por las interrelaciones de las unidades léxico-gramaticales).
Estas relaciones son, en primer lugar, las establecidas entre los elementos coexistentes en la cadena o relaciones sintagmáticas o relaciones Y, y por otro, entre los elementos que pueden aparecer en un mismo punto de la cadena o relaciones paradigmáticas o relaciones O.

Estas denominaciones relacionales obedecen a un planteo formal. Así, las relaciones Y se refieren a la conjunción lógica (la simultaneidad de aparición de determinados elementos, por eso definen, entre otros, la concordancia y el orden dentro de una expresión).

Para nosotros, esta conjunción, o la separación de las semejanzas, determinan la categoría, es decir la relación sintagmática establecida entre el sujeto y el objeto (cualquiera sea la forma en que sean expresados), relación que tiene carácter implícito, o sea, no es evidente o visible a simple vista (por eso una categoría no es empírica).

Por su parte, las relaciones O que expresan formalmente una disyunción lógica (la exclusión de una forma por otra), son para nosotros, la unión de las diferencias que establece, en forma evidente y superficial, las relaciones paradigmáticas entre sujeto y objeto.

Para aclarar lo anterior, intentaremos una definición un tanto diferente de morfología, diciendo que sería el estudio de la composición y estructura interna de las palabras (de lo que se ve, como de lo no que no se ve) que permite identificar las distintas especies; y de sintaxis, como el estudio del orden y combinación de esas especies.

Debemos aclarar que aquí sintaxis se aborda desde dos puntos de vista. Por un lado estaría la sintaxis a la que podríamos llamar endomórfica o interna y que define la función primaria de un morfema y por otro lado, tendríamos la sintaxis exomórfica o superficial o tradicional que asignaría una función secundaria a las especies.

En mi trabajo de tesis dejo constancia de la posible existencia de dos tipos de lenguajes: un lenguaje universal, en el que estaría argumentada toda la realidad y un lenguaje natural que oficia de reorganizador de esa realidad para poder comunicarla como experiencia vivida, que es patrimonio de cada ser viviente y poseedor de una complejidad acorde a la biología del ser de que se trate.

Así, definimos los siguientes lenguajes naturales: el táxico, propio de los seres unicelulares y plantas; el sígnico, propio de los animales (seres vivos multicelulares con sistema nervioso central); y finalmente el simbólico, propio del hombre. Las diferencias básicas entre estos lenguajes son: el táxico solo puede aprehender el cambio; el sígnico puede aprehender la relación de dos objetos a través de ese cambio y el simbólico permite aprehender la relación entre un sujeto y un objeto a través de tal cambio. El primero es de naturaleza instintiva, el segundo es de carácter volitivo y el humano es de índole cognitivo, es decir, es interpretativo. El hombre sería un ‘compilador’ de los tres lenguajes naturales y estaría representado el manejo de cada uno de ellos en su sistema nervioso central (básicamente en su cerebro): el táxico en los ganglios basales, el sígnico en el sistema límbico y el simbólico en la corteza cerebral.

El lenguaje universal propuesto tiene SOLO SINTAXIS, o sea, atribución de funciones primarias. Como el lenguaje natural derivaría del lenguaje universal, su morfología derivaría de la sintaxis. El lenguaje natural parte de la morfología y sus variantes genéticas (hago en mi tesis un símil del lenguaje con la genética biológica) determinan la sintaxis, o sea, las funciones de cada especie según su posición o combinación. Por esto es posible aplicar, aún dentro de una palabra, una especie de sintaxis o relaciones de dependencia entre sus componentes endomórficos.

El proceso, en forma muy resumida sería así: la sintaxis interna o función primaria (o genotipo en su símil biológico) deviene en forma (morfología) y luego se produciría el proceso inverso, la morfología condicionaría la sintaxis superficial o función secundaria (fenotipo biológico).

Finalmente y para ver lo ‘sintáctico’ de la morfología vemos algunos ejemplos:

[[[der[i[[respetu]os]]der o]flex s]flex

En la palabra la afijación derivativa precede a la flexiva. Los sufijos derivativos preceden a los evaluativos y estos, a su vez, a los sufijos flexivos.

[[[[moned]er]der it]ev o]flex

Esta sería la sintaxis oculta que define la morfología y es la que se heredaría del lenguaje universal.

Que esto sea posible, es decir, que constituya una sintaxis básica no proyectada o expandida como sucede a nivel sintagmático, se debería tal vez, a que carece de procesos predicativos evidentes.
En general se hablaría de morfología antes que de sintaxis pues, si bien se propone un hipérbaton, éste estaría oculto o implícito y porque consideramos que es lo universal, a diferencia de la sintaxis que, de una u otra forma, es su derivado y no es universal. Lo morfológico tiene mayor grado de cohesión.

Se acepta que el hipérbaton es impensable en morfología, pero en realidad (y esta es la nueva propuesta) es porque NO SE VE, no surge a la superficie.

A partir de aquí, entonces, tenemos tres mecanismos fundamentales que expliquen la variabilidad lingüística: la derivación, en lo léxico, la flexión, en lo gramatical y el hipérbaton endomorfico, que afectaría a ambos aspectos. Por otro lado se propone, que aún el núcleo morfémico tiene un origen que no es único, esto quiere decir que para nosotros, no existen las palabras simples, sino que cuando menos, son todas complejas y su constitución estaría dada por formantes léxicos y no gramaticales. ¡Espero poder demostrar esto algún día!

¡Nos vemos mañana!